"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


domingo, 14 de abril de 2013

El número de Dios. Brevísima historia de la proporción áurea


El siguiente es un ensayo corregido y aumentado que presenté hace tiempo como ponencia en la clase de Fundamentos de las Matemáticas dentro de la carrera en Filosofía. Decidí publicarlo, primero que nada, porque desde mi punto de vista las matemáticas son el ejemplo de la belleza reducida en una ecuación. A través de las matemáticas somos capaces de describir fenómenos impresionantes del Cosmos, y todo desde una hoja de papel. Debo admitir, sin embargo, que aunque soy consciente de la importancia de las matemáticas y sus implicaciones tanto estéticas como epistemológicas, estas nunca han sido mi fuerte, quizás por eso este escrito es bastante escueto en cuanto a cálculos se refiere. Estoy muy seguro que para un matemático verdadero este ensayo divulgativo y ridículamente introductorio le parecerá escrito por un niño de secundaria. En fin, ¿qué se me va hacer?

Cabe señalar que en la última parte del ensayo, dedicado a responder a la pregunta de si phi es prueba de la existencia de Dios, la argumentación es bastante escueta, pues el tema de Dios y las matemáticas no eran el punto central, y viene a verse en este escrito solamente como un dato curioso en el que, en esta ocasión, no profundicé. 

Bueno, esperando lo disfruten, les dejo la brevísima y escueta historia del número áureo, el número de oro, el número de Dios: Phi, una maravilla numérica.

¿Qué tienen en común las semillas de un girasol, una tarjeta de crédito, el Partenón, una concha de nautilo y la Mona Lisa? La respuesta es 1.618033… phi o también conocido como el numero áureo.

 Del mismo modo en que Pi representa el cuerpo geométrico más perfecto (la esfera), phi es el número de la belleza. El número áureo pertenece al conjunto de los números irracionales, esto es, aquellos que no pueden expresarse como cociente de dos números enteros.

Entre la historia, el arte y lo divino

 En el siglo XV el monje Luca Pacioli, influido por la idea de que todo nuevo conocimiento debía adaptarse con las creencias de la iglesia, lo llamó “la divina proporción” dando un porqué. De acuerdo a él, phi “tiene una correspondencia con la santísima trinidad; es decir, así como hay una misma sustancia entre tres personas, de igual modo una misma proporción se encontrará siempre entre tres términos, y nunca de más o menos”.

Se cuenta que fue Leonardo da Vinci quien bautizaría a este número como “el número áureo”. Influido por el humanista Leon Battista y el escultor Antonio Filarete, Leonardo creía que la anatomía y la arquitectura estaban relacionadas. Fue en la década de 1480, mientras trataba de ganarse al duque de Milán y a los arquitectos de la corte, cuando profundizó en esta relación que expresó en su famoso dibujo “El Hombre de Vitruvio” en 1487, basado en la descripción del arquitecto Marcus Vitruvius Pollio, en la que afirma:

“En el cuerpo humano, la parte central es el ombligo. Pues si un hombre se acuesta boca arriba, con los brazos y las piernas extendidas, y se centran un par de compases en el ombligo, los dedos de las manos y los pies tocarán la circunferencia descrita a partir de ese centro. Y también puede inscribirse en una figura cuadrada”. Esto es, si dividimos el lado del cuadrado (la altura del ser humano) por el radio de la circunferencia (o sea, la distancia del ombligo a la punta de los dedos) tendremos como resultado el número áureo.

Leonardo se fue obsesionando con la búsqueda de pautas que relacionaran no solo la anatomía con la arquitectura, sino con la estructura armónica de la música y con la propia naturaleza. La búsqueda de da Vinci por encontrar las proporciones en el mundo que lo rodeaba, al igual que su intento de relacionar la circunferencia de las copas de los arboles con la longitud de sus ramas, fue intensa pero vana.

Algunos siglos antes de da Vinci, en 1202, Leonardo de Pisa, mejor conocido como Leonardo Fibonacci, publicaría su Liber Abacci, donde explicaba cómo sumar, restar, multiplicar y dividir con el sistema decimal. En su obra, que buscaba presentarse solamente como un problema planteado para que sus lectores aprendieran a usar el sistema decimal, aparecería una sucesión numérica que parece más la consecuencia de reflexiones profundas sobre aritmética.

En Liber Abacci, Fibonacci se preguntaba cuán rápido se expandirían los conejos por la Tierra en condiciones ideales. Así, Fibonacci planteó el problema más o menos de la siguiente manera:

 Supongamos que tenemos una única pareja de conejos, que ambos miembros están preparados para procrear al mes de existencia y que dan a luz a una nueva pareja tres un mes de gestación.

¿Cuántas parejas de conejos habrá al cabo de un año? Al final del primer mes la pareja original está dispuesta a procrear, pero sigue habiendo una única pareja. Al final del segundo mes tendremos la pareja original y su primera pareja-hija. Al finalizar el tercero habrá en el campo original, la primera pareja, que ya está a punto para procrear, y una segunda pareja-hija. Al terminar el cuarto mes tendremos la original y su primera pareja-hija, y la segunda pareja-hija, que ya está lista para procrear. La sucesión de parejas de conejos entonces es: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89,144, 233... Esta sucesión de conejos, mas tarde conocida como el código de Fibonacci o números de Fibonacci, es obtenida de la suma de los dos números previos para obtener el número siguiente. ¿Pero que tienen que ver los números de Fibonacci con el número áureo?

Para entender esta relación, hace falta explicar qué es en sí el número phi. Phi, el número áureo, se entiende como aquél que si le sumamos uno sale el mismo resultado que si lo elevamos al cuadrado. Por ejemplo, si tomamos la raíz cuadrada de 5, luego le sumamos 1 al resultado y el total lo dividimos entre 2, resultará el número áureo.

Con este conocimiento, en el año 2,000 y con menos de 3 horas de computar ecuaciones, se encontraron los primeros 1,500 millones de cifras decimales, alcanzando de este modo el récord mundial del mayor número de decimales calculados (récord actualmente superado en cálculos decimales sobre pi).

Pero volviendo a la pregunta anterior, ¿qué tienen que ver los números de Fibonacci con el número phi? Resulta ser que si se toma uno de los números de Fibonacci (cualquiera de la sucesión) y se divide ese número por su inmediato anterior, a medida que se progrese en la sucesión, el cociente se irá acercando mas y mas al número áureo.

En términos matemáticos, esto quiere decir que la sucesión de números creada dividendo un número de Fibonacci por su inmediato anterior tiende, o tiene como límite, el número áureo. Esto quiere decir que la sucesión de números “termina” en el infinito.

Naturaleza y matemáticas

Así cómo es posible encontrarnos con phi en obras de arte y casos idealizados como los conejos de Fibonacci, también podemos encontrar ejemplos de este número presente en la naturaleza misma.

Un ejemplo que suele encantar a los divulgadores científicos es el del árbol genealógico de un zángano de un panal. Los zánganos nacen del huevo no fertilizado de la reina, luego tiene una madre, pero no tienen padre. Por el contrario, tanto la reina como los obreros nacen de huevo, fertilizados por un macho. Tienen, por tanto, padre y madre. Una vez aclarado esto, se tiene en mente que el árbol genealógico de un zángano queda de la siguiente forma: tiene 1 madre, 2 abuelos (macho y hembra), 3 bisabuelos (dos de la familia de la abuela y uno de la del abuelo), 5 tatarabuelos, 8 tatatarabuelos y así sucesivamente. Si lo notamos, la secuencia del árbol genealógico de un zángano es 1, 1, 2, 3, 5, 8… es decir, la sucesión de Fibonacci.

Los números de Fibonacci también los encontramos en el número de espirales a la izquierda de los girasoles y en las piñas de los pinos; en el número de pétalos de las flores (3 el iris; 5 u 8 en ángulos ranúnculos; las margaritas y girasoles suelen contar con 13, 21, 34, 55 u 85), y en el número de flores en las espirales de la coliflor y el brócoli (de hecho, cada una de ellas es una diminuta coliflor en sí). Así mismo, es posible encontrar los números de Fibonacci en el plátano y las manzanas. Incluso las hojas alrededor del tallo siguen este orden.

Si miráramos desde arriba a la molécula del ADN notaríamos que esta se parece a un polígono de diez lados formado, en esencia, por dos pentágonos superpuestos, a uno de los cuales se ha hecho girar 36º. La relación entre la diagonal del pentágono y su lado es el número phi.

Pero tal vez no existe ejemplo más representativo de la proporción áurea que la concha de un nautilo, la cual no es más que la resultante de una espiral logarítmica que puede trazarse con un lápiz y un compás  En este ejemplo, los números son convertidos en figuras geométricas (cuadrados). Primero, se colocan dos cuadrados iguales juntos, de cualquier tamaño, cuyos lados serán tomados como unidad. Encima de ellos, se dibuja un tercer cuadrado cuyo lado sea el doble de los anteriores. A la derecha, se añade otro más, con el triple de lado. Debajo, el correspondiente al número 5 de los números de Fibonacci, y así sucesivamente, de modo que cada nuevo cuadrado tenga de lado la suma de los dos cuadrados anteriores. Después, se dibuja un cuarto de circunferencia dentro de cada cuadrado (empezando por el primero), y de esta forma se obtiene una espiral logarítmica que es, justamente, lo que presenta la concha de un nautilo.

Los ejemplos pueden seguir encontrándose en el sistema solar, en una galaxia o en el propio rostro humano, tal y como da Vinci lo decía.

¿Prueba de Dios?

El número áureo ha sorprendido y maravillado tanto a místicos como a matemáticos por
igual. Las sucesiones de Fibonacci y su resultante tendencia al número phi, hacen que este tema parezca más un asunto de numerología y no de matemáticas. Sin embargo, es fácil demostrar su presencia en las proporciones del universo mismo.

Esto hizo que muchos, tal como era de esperar, supusieran que el Cosmos tenía un orden matemático complejo, solo posible gracias a una mente creadora. Esta mente creadora no podía ser otra que la de Dios. En la tradición filosófica abundan los ejemplos de grandes pensadores que creían justamente en la trascendencia mística de los números y el universo: Pitágoras, Aristóteles, Nicolás de Cusa, Galileo Galilei, Johannes Kepler, Wilhelm Leibniz, Isaac Newton... Incluso en el siglo XX encontramos a grandes pensadores de la talla de Einstein con un sentimiento casi religioso con respecto al Cosmos.

¿Pero son las matemáticas, y más en específico, el número áureo una prueba de la existencia de un diseñador inteligente del universo conocido? Los apologistas y teólogos modernos afirman que sí (tal y como siempre han hecho los hombres de fe), basándose en que los extraordinarios ejemplos del número áureo en la naturaleza no pueden ser explicados sino es “a la luz” de un diseño consciente.

Lo cierto es que hojas, pétalos y semillas se ordenan en las plantas siguiendo un ángulo fijo, pero no necesariamente porque un “alguien” no se le ocurrió otra forma de ordenarlos, sino porque este orden es el mejor sistema de empaquetamiento aunque la planta crezca. Si colocamos el número áureo de hojas por vuelta en el tallo obtenemos el mejor empaquetamiento para que reciban todas ellas el máximo de luz solar sin que unas se oculten a otras y, en el caso de las flores, la mejor exposición para atraer a los insectos polinizadores.
De modo que el número áureo en la naturaleza parece ser más una consecuencia de la teleonomía y no de la teleología, como a muchos les gusta pensar.

Encontrar orden matemático en un universo de aparente belleza caótica es sorprendente, pero no es una prueba de algún diseñador inteligente.

SI TE INTERESA ESTE TEMA 

*The Golden section ratio: Phi, enlace del Departamento de Matemáticas de la Universidad de Surrey

*El sitio The Golden Number posee información divulgativa pero detallada sobre la proporción áurea. En este sitio se asegura que phi es una prueba de Dios.

domingo, 7 de abril de 2013

5 mitos sobre The Beatles


La grandeza de ese grupo está en su atemporalidad, ya que estamos delante de una de las pocas cosas que pueden atravesar tiempo, modas y generaciones: la música", escribe la musicóloga catalana Verónica Surrá en su ensayo The Beatles (una revolución social). Lo cierto es que uno puede pensar lo que quiera, menos que The Beatles no ha sido una de las más grandes bandas en la historia de la humanidad. 

Durante generaciones,  canciones como Help!,  All You Need is Love, Yesterday, Across the Universe, Yellow Submarine, Strawberry Fields Forever, Get Back, She Loves You, And I Love Her, Hey Jude, Let it be, Don't Let Me Down... y una galería de varios éxitos más, sirvieron de inspiración, motivación, tranquilidad, representación y reflexión para millones. 

The Beatles fue la primera banda juvenil en tener éxito internacional, de modo que sobran los mitos y rumores en torno al legendario cuarteto de Liverpool. En realidad, los mitos en torno a The Beatles se cuentan por cientos, y hablar de cada uno de ellos es una tarea solo para un libro, tal y como lo hacen Alan Clayson y Spencer Leigh en La Morsa era Ringo: 101 mitos sobre los Beatles. Libro que habrá que comprar y volverlo uno de mis libros de lectura obligada. Como sea, en esta ocasión les hablaré de los mitos populares sobre The Beatles que tienen que ver con las teorías de la conspiración, lo sobrenatural y las leyendas urbanas.

Así pues, les presento un breve top 5 de los mitos beatlerianos que, si no los habías escuchado antes no tuviste infancia... ni vida.

5. El nombre "Beatles" se le ocurrió a John Lennon. Muchos beatlemaniacos de corazón creen aún hoy en día que el nombre con el que se quedarían para la posteridad el cuarteto de Liverpool se le ocurrió a John Lennon. Sin embargo, parece ser que la verdadera mente que se le ocurrió que aquel grupo de jóvenes cantantes anglosajones se llamara The Beatles, fue la de Stuart Sutcliffe, primer bajista de la banda.

Partiendo de la palabra "beetle" (escarabajo en inglés), se cambió una "e" por una "a" para que se aludiera al ritmo que los caracterizaba (se traduce beat en inglés). El objetivo era tener un nombre con doble significado, igual que The Crickets, uno de los grupos favoritos de Stuart, cuyo nombre hace referencia a un popular deporte de Inglaterra y a un grillo ruidoso. Así pues John Lennon sin duda era un genio, uno de los más grandes compositores de la historia, pero él no invento el nombre The Beatles.

4. Number 9, number 9, number 9... ¿number 666? Las relaciones casuales entre John Lennon y el número 9 no son pocas y han tenido un verdadero significado. Las remasterizaciones digitales de The Beatles y el videojuego The Beatles: Rock Band fueron liberadas finalmente el 9 de octubre (mes 9) del 2009. Esto, obviamente se hizo a propósito recordando el peculiar simbolismo del número 9. La canción Revolution 9 fue probablemente la razón de la elección del día para las remasterizaciones digitales.

Algunos hechos curiosos que tienen que ver con The Beatles -en especial con Lennon- y el número 9 son por ejemplo: John Lennon nació el 9 de octubre en 1940; la primera casa en la que vivió Lennon era la número 9 Newcastle Road, Wavertree, Liverpool (tres nombres que contienen 9 letras); Lennon viajó en el autobús número 72 (sumando ambos números nos da 9) a Liverpool Art College, donde fue su amigo Stuart Sutcliffe (un apellido de nueve letras); la primera aparición de The Beatles en el Cavern Club fue el 9 de febrero de 1961; el contrato del grupo juvenil con EMI Music fue confirmado el 9 de mayo de 1962; su récord de debut en el show de Ed Sullivan fue el 9 de febrero 1964; The Beatles se separaron en 1970, 9 años después de estar juntos. 

La curiosa lista de casualidades con el número 9 continua, y esta azarosa anomalía fue incluso notada por el propio Lennon cuando dijo:


"Yo vivía en el 9 Newcastle Road. Yo nací el 9 de octubre, el noveno mes. Es sólo un número que me sigue a todas partes, pero, numerológicamente, al parecer soy un número 6 o 3 o algo así, pero todo es parte del nueve."
Es claro que si prestamos atención a un número en específico encontraremos una serie de coincidencias a lo largo de la vida de cualquier persona (podemos pensar por ejemplo, que la relación verdadera de los The Beatles y la magia de un número, no sea el 9 sino el 3, porque 9 es múltiplo 3), y que si bien, es chistoso y extraño, no pasa de ser mas que meros hechos aislados que se juntan de forma determinada para querer resaltar un "misterio". Pero la relación de The Beatles con el número 9 se hace cada vez mas oscura conforme se agranda el mito.

Retomando la canción Revolution 9, sobran los sitios web que aseguran que esta tiene un mensaje subliminal que se escucha claramente si oyes la canción al revés. Tal como en este video con subtítulos se muestra:



A muchos les pone la piel de gallina, pues "muestra" que el grupo de rock mas famoso del mundo en verdad era satánico, que al parecer disfrutan de los lamentos y que Paul McCartney está muerto. El mensaje de la canción al revés es evidente ¿no? Bueno, los invito a que escuchen con atención esta misma canción invertida pero sin subtítulos.  Si no lo han hecho, lo mas recomendado es que no continúen leyendo.

Si ya lo hicieron, notarán que en realidad no es posible diferenciar los supuestos mensajes satánicos. Incluso puede que usted haya "descubierto" mas mensajes, pero posiblimente no porque realmente la canción esté invitando  a los beatlemaniacos a volverse satánicos, sino porque nuestros cerebros tratan de encontrar sentido y orden en un marco sin sentido y desordenado. No importa si este orden solo es psicológico, lo encontramos. Y esto es justamente lo que se conoce como pareidolia

Justamente la pareidolia es una ilusión, o mejor dicho, un error en la percepción, en la que un estímulo vago y oscuro se percibe como claro y distinto. Por eso, no es casualidad que los "mensajes" se perciban mejor con los subtítulos (guiando a la mente) que sin ellos. Lo cierto es que, aunque los supuestos mensajes de Revolution 9 hubieran sido en verdad colocado a propósito no causaron que las miles de generaciones que han escuchado esta canción se volvieran satánicos, ya que no existen pruebas que demuestren que la mente humana en verdad puede captar los mensajes subliminales.

3. El asesinato de John Lennon fue un complot para controlar a las masas. De acuerdo a los conspiranoicos, John Lennon era un hombre "demasiado bueno", con mensajes anti-militaristas y anti-elitistas que no convenían para nada a los poderosos. Algunos piensan que la fama de frases como "somos más populares que Jesús" eran evidencia de que se tenía que censurar y reprimir a hippies de este tipo.

Sin duda, detrás de todo mito hay una pizca de verdad, pero muy poca. Los hechos son que John Lennon no era bienvenido en EEUU y había muchos intereses en que el ya entonces ex-beatle influyera en el pensamiento del pueblo. Lennon sí estaba en contra de la guerra de Vietnam y condenaba los programas de armamento nuclear. Canciones como Imagine y Power to the People mostraban el pensamiento de paz en contra de la militarización y la guerra. Lennon estaba teniendo demasiada atención por parte del pueblo estadounidense, y había temor en que su pensamiento expresado en éxitos musicales repercutiera de forma negativa en la reelección de Richard Nixon en 1972.

Lennon era vigilado, en busca de "pretextos" para poder expulsarlo del país. Hasta aquí los hechos, pues la continuación de la teoría conspiracionista asegura que, por estos temores y por la imposibilidad de expulsar a Lennon de Estados Unidos, el gobierno estadounidense opta por matarlo. Así, la CIA elabora un plan bien organizado en el que utilizan a un hombre común para programarlo como asesino por medio de tecnología hasta la fecha desconocida (y posiblemente inexistente, pero continuemos con el cuento). Ese hombre ahora programado en asesino no era otro mas que Mark David Chapman.

Chapman disparó a Lennon pero porque estaba siendo controlado, no porque este realmente quisiera matar a la leyenda del rock. Otra variante de la teoría de conspiración asegura que Chapman no mató a Lennon, sino que un tirador escondido fue el verdadero asesino. Chapman solo se encontraba en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto.


La realidad es que las teorías de la conspiración en torno al asesinato de John Lennon son tan lúcidas y tienen tanta evidencia como la teoría conspiracionista que afirma que a Hugo Chávez le contagiaron el cáncer. O sea, ninguna evidencia y nada lúcidas.

En primer lugar se tiene la confesión del propio Chapman quien dice, básicamente que dentro de él una voz le decía "hazlo, hazlo, hazlo", y no, no se trataba de un agente de gobierno hablándole por radio, pues hasta el día de hoy no se ha encontrado dispositivo alguno en la cabeza de Chapman. Lennon fue asesinado el 8 de diciembre de 1980, pero Chapman (de acuerdo a su propia declaración) acechaba a Lennon desde octubre. Incluso llegó a viajar dos veces con la intención de matar al cantante. De forma simple, Chapman, estando trastornado y confundido llegó a la conclusión que matando a Lennon sería alguien en la vida, al ser famoso. La historia del asesinato de John Lennon y la culpabilidad de Chapman están ampliamente documentados y es improbable que en el futuro cercano o lejano se demuestre que en verdad existió una conspiración.


2. Yoko Ono separó a The Beatles. Posiblemente el mito más polémico sobre la relación de los integrantes de The Beatles, es el que afirma que el principio del fin del grupo fue el día en que John Lennon se enamoró de la artista Yoko Ono. Es la clásica historia en la que o elijes a tus amigos o elijes al amor de tu vida. Y de acuerdo al mito, el buen John se decidió por el amor de su vida, arruinando un futuro lleno de éxitos con la compañía de sus hermanos Paul, Ringo y George.

Yoko ha sido una de las figuras más controvertidas desde siempre. De origen japonés y siendo una artista y crítica de arte desconocida, es imposible dudar que ella tuviera gran influencia en Lennon una vez consolidada su relación. Sin embargo, lo que pocos saben es que Yoko colaboró enérgicamente con The Beatles en sus últimos tiempos. Una vez separados, Yoko inspiró, apoyó y participó en varios éxitos de John (incluso hizo que John  cambiara su nombre a John Ono Lennon) , incluyendo canciones como Oh my love, Stand By MeWomanGod e Imagine.

¿Pero qué tan cierto es que Yoko fue la principal causa de separación de The Beatles? En realidad nada cierto. The Beatles era una banda ya separada por dentro, sacando canciones mas que nada por negocio; los beatles estaban hartos de estar siempre juntos, y de que el público estuviera siempre admirando a una banda como ellos. Para cuando John comenzó su relación con Yoko, The Beatles estaba muriendo. 

Hace unos meses Paul McCartney declaró en una entrevista que Yoko Ono no separó a los Beatles. El mito parece haberse originado entre el escándalo que causó la separación del cuarteto, y gracias a variadas declaraciones negativas de John Lennon sobre The Beatles. En otras palabras, un chisme un vecindad.


1. Paul McCartney está muerto. El mito con mayor extensión y posiblemente con mayor número de creyentes es el de que Paul McCartney, vocalista y compositor de The Beatles, murió en un accidente de auto en 1966, siendo sustituido todo este tiempo por un doble que, hasta la fecha se hace pasar por el difunto beatle.

 ¿Las evidencias de tan extraordinaria afirmación? Los defensores de la teoría de conspiración aseguran que hay numerosas pistas que The Beatles colocaron a propósito. Por ejemplo, se dice que en la portada del famoso álbum Sargento Pimienta se muestra una guitarra con flores blancas (el instrumento de Paul), además que se muestra una extraña "o" junto al nombre de la banda. Los teóricos aseguran que la "o" se refiere a Leso, una isla griega que el cantante supuestamente había comprado. Esto pues, era la invitación a los fans para que se unieran al misterio, pues es justamente después de una grabación para el Sargento Pimienta que Paul "murió".


¿Mensaje oculto dando a entender que Paul McCartney estaba muerto o solo un día caluroso para una sesión de fotografías?
Otra pista se "encuentra" en la portada del disco Abbey Road, la cuál según la teoría de conspiración, representa un cortejo fúnebre. Supuestamente John Lennon va vestido de blanco porque representa al orador o sacerdote del funeral, Ringo Starr va de negro porque es el representante de los familiares en duelo, Paul McCartney está de traje y descalzo, porque se supone que es así como entierran a las personas, y Geogre Harrison en jeans es el sepulturero. Se afirma también que el lugar donde se tomó la foto es la calle donde Paul estrelló su auto y murió. También se asegura que en la imagen se logra apreciar una carrosa funeraria y que los beatles están en dirección opuesta a un cementerio que estaba en la calle, según esto, están saliendo de éste. También, en la placa del Volkswagen que se mira a la izquierda de la imagen, detrás de George, tiene inscrito "28 IF" lo cuál se interpreta como un mensaje en el que nos informan que, de haber seguido vivo, Paul McCartney hubiera tenido 28 años el día en que se tomó la foto (en realidad tendría 27).

Pero el rumor que catapultó este mito fue una llamada hecha a Detroit DJ Russ Gibb el 12 de octubre de 1969 por alguien identificado como Tim Zarsky, un estudiante de la Universidad de Michigan.  Tim informaba que había encontrado un sorprendente mensaje oculto en la canción Revolution 9 del White Album. En la canción se escuchaba (como ya lo hicimos) que Paul estaba muerto. Esto sirvió para que Fred LaBour, un estudiante de periodismo de la Universidad de Michigan, creara un artículo en el que detallaba la nueva teoría de conspiración: Paul McCartney había muerto y sustituido en la banda por un doble llamado William Campbell. La teoría conspiratoria nació en las letras de LaBour.

Durante tres semanas, la muerte de Paul McCartney fue uno de los temas más comentados en EEUU, hasta que en noviembre del 69 la revista Life publicó en su portada a Paul McCartney. A partir de entonces el rumor empezó a decaer.

Si Paul no murió, ¿entonces quién se accidentó en su auto? ¿Y dónde estaba Paul el día del accidente? El verdadero accidentado fue Mohamed Hadjij (quien por cierto, tampoco murió en el accidente); el 7 de enero de 1967, este extraño personaje viajaba en el Mini Cooper de McCartney,  se dice que transportaba drogas con dirección a Sussex. Luego de esto, algunos rumores dispersos ya hablaban de la muerte del cantante, así como la sustitución de éste por un doble en la banda.  Paul McCartney, por su parte,  estaba de vacaciones con su novia Jane Asher, viajando a través de Francia y Kenia del 6 al 19 de noviembre de 1966.

Aunque se sospechó que el engaño pudo haber sido fraguado por la disquera de The Beatles o por los propios Beatles, lo cierto es que no existen evidencias que demuestren que este mito se originara más allá de los sensacionalistas reportajes diversos de la época, y por el escrito de LaBour, quien fuera el que consolidó el mito.

El mayor mito de The Beatles


Con esto llegamos al final de los mitos populares sobre The Beatles, aunque existe un mito auténtico de este grupo, el cual fue desmitificado por el propio John Lennon en diversas entrevistas (las mas significativas recolectadas en la edición especial de la revista Rolling Stone) es el mito de esa banda llamada Beatles. El mito en que hubo un cuarteto de amigos que disfrutaban hacer canciones, eran un ejemplo de moralidad para la juventud.

Lennon llegó a declarar "yo no creo en The Beatles". Lennon no creía en esa imagen que la cultura pop hizo de la banda. No creía en los carteles de presentación, en las caras sonrientes y coloridas de los discos, ni en la imagen de un grupo unido en los conciertos. The Beatles ha sido el mayor mito de The Beatles, y miles, incluso, millones de personas en el mundo siguen creyendo en esta ilusión.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*El sitio web The Beatles Bible, con excelente información sobre biografías, sucesos y mitos sobre el cuarteto de Liverpool.

*"Paul McCartney Really Is Not Dead", artículo de Loren Collins donde expone las falsedades de la supuesta conspiración de la muerte de McCartney, en el CSI.

*La Edición especial de la revista Rolling Stone del natalicio de John Lennon, John Lennon. La última guía para saber sobre su vida, su música y su leyenda.

jueves, 4 de abril de 2013

Pseudociencias "muertas" II



Luego de varios meses de crear la primera parte de pseudociencias “muertas”, por fin me di el tiempo para dar a conocer la segunda parte. ¡Gócenlo! Ok no.

Dejando de lado la carrilla y el cotorreo, y recordando este fenómeno histórico llamado pseudociencia, hay que tener presente que este artículo, junto con su primera parte, es en realidad anacrónico, es decir que desde el punto de vista histórico sería incorrecto llamar a cosas como la demonología o la monadología como pseudociencias, ya que cuando estas disciplinas fueron creadas no existía el término pseudociencia… ni del de ciencia.

Otro punto aclaratorio que hay que tener en cuenta, es que estas pseudociencias “muertas” están muertas entre comillas. Los magufos de la new age y los vendedores de chifladuras devuelven a la vida a cada tontería antes considerada conocimiento serio, que no es imposible que en nuestros días no podamos encontrar uno o dos ejemplos de estas formas de irracionalidad siendo practicadas en algún centro esotérico… o en un centro universitario, ya nadie sabe.

 Con estos puntos aclarados, les presento un top 10 que estoy seguro no se salvará de la controversia al meter conceptos propios de la filosofía y la teología (como la demonología y el marxismo), y tacharlos de charlatanería pseudocientífica pura. Con esto no quiero decir que corrientes o doctrinas filosóficas sean pseudociencias, sino que algunas ideas pueden escapar de la filosofía y venderse falsamente como ciencia, al tratar de interpretar el mundo natural y/o social, y asegurar que dicha interpretación se contrasta con la realidad. Lo mismo pasa con la religión y la teología.

Ahora sí, veamos cuáles eran las magufadas que antes de la segunda mitad del siglo XX se solían vender al público.

10. Demonología. De acuerdo a la Enciclopedia Católica, la demonología se define como “la ciencia o doctrina sobre los demonios”. Siendo esta análoga a la teología o “ciencia o doctrina sobre Dios”. Luego de esta definición tan… “controvertida” (por decir lo menos), la Enciclopedia nos dice que existe una “demonología falsa”, la cual es el estudio místico del diablo y los demonios, que solo busca que el individuo se acerque a las doctrinas de Satanás.

Para nuestra buena suerte, hay una “demonología verdadera”, es decir, una verdadera doctrina católica sobre los demonios y espíritus malignos. Hay que ser francos, y adelantarnos, antes de hacer suposiciones; la Enciclopedia Católica asegura que la teología y la demonología son ciencias, pero también nos dice en qué sentido definen ciencia.

El concepto ciencia con el cual se entiende a la teología y la demonología es el concepto clásico, que nos dice que ciencia es “un seguro y evidente conocimiento obtenido a partir de las manifestaciones.” Esta definición fue dada por el filósofo griego Aristóteles, la cual es complementada con la definición que dio el teólogo Tomás de Aquino, quien aseguraba que la ciencia  es “el conocimiento de las cosas de sus causas”. Todo esto tiene poco o nada que ver con el concepto actual de ciencia.

Si aceptáramos el concepto aristotélico-tomista de ciencia, no solo nos veríamos obligados a aceptar a la teología y la demonología como ciencias legítimas, sino que además cosas como la astrología, la metafísica o las técnicas de artesanías también las consideraríamos ciencias, cosa que evidentemente no son. Para calificar a la demonología de pseudociencia, tenemos que mirarla de forma anacrónica y analizar su cientificidad basados en el concepto actual de ciencia, incluyendo al método científico y al pensamiento crítico para realizar tal juicio.

Si bien, la creencia en demonios y espíritus malignos es tan antigua como la creencia en los dioses, el “estudio” de estos seres no es tan antiguo. La demonología como rama independiente de la teología que especula en base a la doctrina cristiana y el fundamento bíblico sobre el origen, descripción e historia de los demonios, data de principios de la Edad Media.

Uno de los análisis más antiguos de este tema es el de Máximo de Tiro, un filosofo griego que en 180 d.C. calculó que existían 30, 000 demonios. Para este tiempo, la figura del diablo aun no nacía propiamente. La idea de un único espíritu maligno causante de las desgracias humanas no llegaría sino hasta varios siglos adelante. Durante el siglo XVI, el demonólogo alemán Jean Wier afirmó que  el infierno contaba con 72 príncipes y 7, 405, 926 diablos, divididos en 1, 111 legiones con 6, 666 demonios cada una. Los principales demonios, según Wier, eran Malfas, Eurinomo, Leonardo y Ganga Gramma.

En el 447 d.C, en el Concilio de Toledo, 30 sínodos de la Iglesia Católica analizaron, discutieron y determinaron la forma física del diablo: un ser negro, monstruoso, con cuernos en la cabeza, orejas de asno, garras y mirada amenazante, enorme pene y olor a azufre.

La forma física del diablo, el número de demonios que habitan el infierno, los nombres de los demonios, los cultos que adoraban al diablo e incluso las razones por las cuales ocurre una posesión demoniaca, fueron objeto de “estudio” para los demonólogos, que por cierto, nunca vieron un demonio y seguramente no tuvieron alguno en una mesa para analizarlo y determinar características físicas ni nada por el estilo.

Si analizamos la creencia en demonios desde un punto de vista histórico (un punto bastante serio y que sí se basa en la evidencia), encontramos que gran parte de las características descritas por la demonología acerca del diablo y sus secuaces, no son más que la compilación de viejos mitos paganos (como el mito del fauno o los miles de ídolos sumerios que probablemente inspiraron la forma física del diablo, con el único propósito de causar miedo a los fieles), especulación carente de sentido (como el decir la cantidad de habitantes del infierno) y una ignorancia de trastornos mentales como el síndrome de Tourette, la epilepsia y la esquizofrenia (en los casos de posesiones y exorcismos).

Hoy en día, aunque aun podemos encontrar exorcistas y  alguno que otro pseudocientífico asegurando que hay una relación entre las técnicas de exorcismo y la psiquiatría, lo cierto es que las especulaciones airadas de la demonología forman parte de los variados ejemplos en los que filósofos y teólogos medievales que no tenían nada mejor que hacer, realizaban afirmación tras afirmación que en nuestros tiempos no parecen más que un montón de chistes blancos.


9.  Mancias extintas. Una mancia o mántica se define como una técnica o arte de poder adivinar el futuro a través de fuentes sobrenaturales. De este modo, la astrología, lalectura del Tarot y la quiromancia representan las mancias o artes adivinatorias más famosas en la cultura popular. Sin embargo, la necesidad de querer saber lo que ocurrirá antes de que ocurra ha empujado a los seres humanos a crear cientos de técnicas, muchas de ellas, bizarras y ridículas. Aquí les presento algunas:

*Aleuromancia: arte adivinatoria que consiste en adivinar el futuro al leer las formas que se hacen al azar arrojando harina de trigo.

*Amniomancia: predicción fundamentada en el líquido amniótico que se arroja durante el alumbramiento.

*Aruspicina: adivinación a través de la observación de las entrañas de animales sacrificados especialmente.

*Axiomancia: observa e interpreta las formas que produce, en diversas superficies, el golpe de un hacha.

*Bibliomancia: técnica adivinatoria que consiste en hacer una pregunta y abrir al azar la Biblia para encontrar la respuesta.

*Calcomancia: Parte de sonidos que se obtienen al golpear recipientes de diversos metales, como cobre y latón.

*Ceromancia: existen dos variables de este mancia. Por un lado, están los que interpretan la forma de la cera escurrida de una vela, y por el otro, los que interpretan las formas de la cera derretida que cae en el agua.

*Cromniomancia: el arte de adivinar a través de una bola de cristal.

*Dominomancia: interpreta la posición y el valor numérico de las fichas de dominó al ser arrojadas al azar.

*Felidomancia: observa la conducta y aspecto de los gatos, en especial sus ronroneos.

*Hipomancia: registra la forma en que marchan los caballos durante un desfile.

*Nefalomancia: Encuentra mensajes ocultos en la forma que presentan las nubes del firmamento.

*Onfalomancia: Intenta recibir revelaciones a través de la contemplación del propio ombligo.

*Suspiromancia: método adivinatorio que parte de la duración y melodía de los suspiros de un ser amado.

*Traumatomancia: explora la forma que tienen los golpes, heridas y cicatrices para saber el futuro.

*Uromancia: considera que el porvenir está oculto en el color de la orina y la forma de las burbujas que produce.

La lista de mancias  no termina aquí, pero estas son las que me han parecido más chistosas. Existen también técnicas de adivinación mirando estrías, líneas de expresión, huellas digitales de los pies, e incluso líneas y marcas en las nalgas de las personas. Si nos pusiéramos a mirar todas y cada una de estas técnicas tendríamos que hacer un libro entero (y sí los hay).

Por ahora, vayan al baño o escuchen a su gato o mírense el ombligo y averigüen por sí mismos si alguno de estos métodos funciona… claro, luego de que acaben de leer esta cuenta regresiva.


8. Magnetismo Animal Dañino. Si bien, vimos de qué se trataba el mesmerismo y el magnetismo animal en la primera parte de esta serie, el magnetismo animal dañino no tiene mucho que ver, pues es un concepto distinto, creado un rato después de que el mesmerismo se había declarado como fraude. El magnetismo animal dañino se refiere a la acción de manipular "las energías del universo" para causar daño o envenenar una persona.

El concepto, creado a finales del siglo XIX principios del siglo pasado por la legendaria magufa Mary Baker Eddy, fundadora de una extraña religión llamada Ciencia Cristiana, y del curandero magnético Phineas Parkurst Quimby, descansa bajo la idea de que existe un "fluido" en todas las cosas del universo. Este "fluido universal" puede llegar a ser controlado por ciertas personas para causar daño físico.

El magnetismo animal dañino es, la "explicación científica" de cómo los brujos pueden hacer brujería. ¿Cómo es que el vu-dú puede hacer daño? No son demonios, es magnetismo animal dañino. Por supuesto que para ser una hipótesis científica nada más le falta ser verificable, contar con evidencia, explicar un fenómeno auténtico, y tener por lo menos una base teórica bien definida, pero de ahí en más, tiene todas las características de ser una explicación legítimamente científica (sarcasmo).

Tan disparatado como esto pueda sonar, los seguidores de Baker Eddy continúan afirmando hasta nuestros días que el magnetismo animal dañino es parte fundamental de su doctrina .

Como sea, y para no hacerla demasiado larga, en palabras del investigador Robert Todd Carroll, si bien "podría decirse que las ideas de Mesmer representaban la falta de comprensión del efecto placebo, Eddy sería la representante de aquellos que carecen de conocimientos del poderoso efecto nocebo".

Véase más: Malicious Animal Magnetism, entrada del Skeptic's Dictionary.

7. Test de Rorschach. El test psicológico de Rorschach consiste en un conjunto de 10 manchas de tinta distintas sobre hojas de papel, y el objetivo es hacer que el paciente se "proyecte" en dichas manchas. Es decir, se le pide al paciente que interprete, o mejor dicho, que proyecte lo que siente en las manchas. Luego de que el paciente interpreta (o bueno, se proyecta en) las manchas mostradas, debe haber alguien que interprete las interpretaciones (digo, perdón, proyecciones) del paciente, y así "avanzar" con la psicoterapia.

En esta prueba no existen respuestas correctas ni equivocadas (quizás por eso es que se trata de una prueba subjetiva), los intérpretes que interpretan las interpretaciones del paciente sobre las manchas de tinta (o sea, una especie de psicoterapeuta, pues) tienen consigo un conjunto de "respuestas normadas", que es lo mismo que decir "las respuestas más comunes". A partir de este análisis proyectivo, se busca evaluar si el paciente tiene una personalidad "normal" o si padece de alguna enfermedad mental o un transtorno de personalidad.

Ahora, ¿cuál es el problema con este tipo de diagnóstico psiquiátrico? Lo que Herman Rorschach (el creador de este análisis) junto con sus seguidores no pudieron ver en su tiempo, es que la interpretación del psicoterapeuta sobre las interpretaciones que interpretó el paciente sobre las manchas de tinta (demasiado largo, ¿no?) carecen de sustento científico. Dicho de forma simple, este tipo de test no se basa en la evidencia que pueda arrojar el propio test, sino cómo la persona que lo está aplicando interpreta los resultados. De este modo, las interpretaciones que haga el psicoterapeuta no serán más científicas que la lectura del Tarot o el horóscopo del periódico.

Los defensores del Test Rorschach toman como base una falacia, la apelación a la autoridad, pues suponen desde el principio que quien está aplicando el análisis sabe cómo interpretar la personalidad analizada basada en manchas de tinta. Es como decir que confiemos en el astrólogo porque es alguien que sabe interpretar la personalidad de las personas mirando las constelaciones. Los defensores de Rorschach nunca pudieron demostrar la diferencia entre su práctica y la de los adivinadores de circo.

En la actualidad, esta practica es mirada por la mayoría de psicoterapeutas como algo de los libros de historia que ven cuando cursan la carrera. Sin embargo, en tiempos recientes no falta quién siga queriendo interpretar o proyectar las proyecciones que alguien que se proyectó en manchas de tinta. En 2009, por ejemplo, hubo una disputa en la versión inglesa de la Wikipedia sobre si los pacientes podían o no engañar al test, olvidándose por completo de la validez nula de dicho examen.


6. Craneometría. La historia de la antropología forense tiene ciertos baches en su camino hacia su validación como una ciencia. Uno de estos baches que por buen tiempo se miró como un puente para mejorar la circulación, fue la craneometría.

Influenciados por ideologías racistas, los antropólogos del  siglo XIX creían que los rasgos craneales podían determinar la raza, el temperamento, la inteligencia o la posibilidad de ser un criminal de un individuo determinado. De este modo, la craneometría se volvió de vital importancia en estudios de antropología y medicina forense. El supuesto subyacente en esta teoría es que el tamaño y la forma del cráneo de una persona determina aspectos como la capacidad de resolver problemas de racional (inteligencia) o la conducta moral.

Esta idea carece de evidencia alguna, sin embargo, en el siglo XIX nadie pensó que este hecho fuera relevante. Los "estudios" que demostraban que cierto grupo humano (como los británicos, quienes hicieron este tipo de "estudios") era superior racialmente, basados en la craneometría no faltaron en los años 1800s.

Como miembros de una raza superior, no solo los miembros de otros grupos humanos eran inferiores, sino que dentro del grupo de la raza superior también existían "niveles" de superioridad. Por supuesto, el más inferior del grupo que se autoproclamaba la raza superior seguía teniendo más derechos que un individuo de otra raza inferior. A este tipo de disparate se le suele conocer como falacia de la división.

En Francia, el médico y anatomista Paul Broca, llegó afirmar que las mujeres eran inferiores a los hombres, porque el cráneo de las mujeres es más pequeño que el de los hombres. Argumentó que las mujeres no debían recibir educación superior universitaria, porque sus pequeños cerebros no podrían manejar tal demanda de esfuerzo.

A mediados del siglo XIX, el genial arqueólogo August Pitt Rivers inventó el "craneomedidor", con el cuál se podían hacer mediciones más exactas sobre las diferencias raciales en el cráneo de las personas.

Ya en el siglo XX, los nazis, usando craneometría, entre otras pseudociencias, diferenciaban a su población entre arios y todos los demás. Los belgas usaron las mismas teorías para distinguir a hutus y tutsis.

La realidad es que, si bien es posible encontrar ligeras variaciones en los cráneos humanos dependiendo de la zona geográfica de donde se recolecten, lo cierto es que dichas variaciones no demuestran la superioridad de ningún grupo o raza en específico. Esta idea se sustenta en el mito de que, entre más grande tengas la cabeza debes ser más inteligente. La misma falacia se aplica cuando se trata de asegurar que un género es superior a otro. Es cierto que las mujeres, en promedio, tienen un cráneo más pequeño que el de los hombres, pero esto tiene que ver más con la proporción del cuerpo (las mujeres son más bajas, lo que significa que debe de ser un cráneo más pequeño para equilibrar el peso de todo el cuerpo y mantenerlo bien proporcionado) que con la superioridad de uno o de otro.

Hoy en día no es imposible encontrarse a algún craneómetra perdido en la web, pero pasan básicamente desapercibidos. 

Véase más: Craniometry, entrada de The Skeptic’s Dictionary.

5. Rayos N. A principios del siglo XX, la investigación en radiación se popularizó, haciendo de esta área una de las más investigadas y más prolíficas de la época. En 1895 (finales del aun siglo XIX), luego de algunas controversias y estudios dentro de la comunidad de científicos, el físico alemán Wilhelm Conrad Rötngen descubrió los famosos rayos X. Tan solo ocho años después, en Francia un nuevo estudio prometía un nuevo descubrimiento (no me digas).

A principios de 1903, el físico René Blondlot descubrió, luego de ciertos experimentos en la Universidad de Nancy, un tipo de radiación única. Blondlot la bautizó como rayos N (en honor a la universidad y la ciudad en la que hizo el descubrimiento); de acuerdo a esto, los rayos N son un tipo de radiación liberada por cualquier tipo de sustancia, excepto (extrañamente) por la madera y los metales "anestesiados" (empapados con éter o cloroformo). Blondlot nunca supo explicar por qué estas sustancias no irradiaban los rayos N.

Sin importar este punto a los físicos franceses de comienzos del siglo pasado, en poco menos de un año ya existían más de 30 estudios que confirmaban la existencia de los rayos N. Todo iba viento en popa para Blondlot y su gran descubrimiento, hasta que a mediados de 1903 la revista Nature envió al físico Robert Wood a investigar las afirmaciones de Blondlot y sus seguidores.  La principal sospecha era que había una falla en la metodología por la cuál se buscaba corroborar la existencia de los rayos N.

Blondlot utilizaba un espectroscopio con un prisma de aluminio recubierto con hilo en el interior. Los rayos N se refractaban por el prisma hacia afuera en un espectro. La única forma de detectar los invisibles rayos N  era esperar que un hilo tratado (principalmente con sulfuro de calcio) se iluminará luego de que los rayos lo atravesaran; la iluminación del hilo se reportaba entonces como una "detección" positiva de los rayos N. Ya desde hacía un tiempo, diversos laboratorios denunciaban a Blondlot, pues los resultados de sus experimentos eran imposible de replicar de forma controlada. Este hecho pasó desapercibido para los físicos franceses quienes continuaron "experimentando" con los rayos N. Esto cambió luego de la investigación de Wood.

En los laboratorios, cuando las luces se apagaban para comenzar con la detección de los rayos, Wood secretamente quitaba el prisma de aluminio del espectroscopio; se suponía que no era posible "detectar" el fenómeno sin el prisma. A pesar de la pequeña "trampa", los experimentadores aseguraban detectar los rayos N de forma exitosa. Solo podía haber una de dos posibles explicaciones, o los rayos N se podían detectar aún sin instrumentos de detección o simplemente el experimento estaba sesgado.

Wood informó a Nature que los experimentos se encontraban sesgados, los investigadores usaban una metodología muy subjetiva y no se encontró evidencia alguna de la existencia de los rayos N. Luego de la publicación de esta carta titulada The N-Ray publicada en Nature en septiembre de 1903 (y  traducida al francés un mes después en la Revue Scientifique), las investigaciones sobre rayos N decayeron casi al 100%  Luego de esto, solo se volvió a presentar una última confirmación de los rayos N en la Academia Francesa de Ciencia.  El golpe, sin duda alguna fue duro.

Luego de retirarse en 1909, Blondlot continúo buscando, de forma infructuosa, evidencias de los rayos N. Este caso en partícular es recordado por los historiadores y filósofos de la ciencia como un caso que demuestra cómo los prejuicios y sesgos ideológicos (pues los alemanes habían descubierto los rayos X. Francia no podía quedarse atrás) podían llegar a falsear los resultados de la investigación científica. Este fenómeno es conocido como ciencia patológica, en el que el investigador está mas que seguro ante de comenzar los experimentos, de que tendrá resultados positivos. Luego, cualquier anomalía encontrada es supuesta como una confirmación de la teoría ya presupuesta desde antes como verdadera.

Véase más: What Ever Happened to N-Ray? por Terence Hines, con el artículo original de Robert Wood, The N-Ray anexado, en eSKEPTIC.

4. Cosmogonía glacial de Hörbiger. Desde hace un tiempo para acá, se ha venido formando un extenso y complejo debate sobre si la ciencia es mejor que la filosofía para resolver las grandes incógnitas del Cosmos: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Si bien, la filosofía ha sido bastante buena en problematizar sobre estos asuntos, lo cierto es que la ciencia ha sabido proporcionar resultados que explican de manera elegante y coherente teorías que explican algunos de estos acertijos mentales.

Sin embargo, la ciencia y la filosofía no han sido las únicas manifestaciones culturales en tratar de explicar el mundo. También han existido cosmologías pseudocientíficas que intentan explicarlo todo (bueno, también la religión ha intentado explicarlo todo, pero por ahora no es el punto). Una de estas visiones universales que no se basaba en nada más que un sueño y una imaginación frondosa, es la cosmogonía glacial de Hans Hörbiger.

¿De qué se trata? Bueno, para no hacerla muy larga, la síntesis que hace Pablo Fernández en Ojo Científico explica bien sus bases:


Esta teoría sostenía que todo el cosmos estaba formado por distintos anillos de hielo y que dicho hielo caía constantemente hacia las estrellas y los planetas, incluyendo al sol y a la Tierra, y era esto lo que permitía nuestra subsistencia biológica ya que, de no ser por este hielo cósmico, la Tierra se habría convertido en un desierto mucho tiempo atrás.
Para Hörbirger, el hielo se encuentra virtualmente en todo el cosmos y cubre tanto los planetas como los cometas y meteoritos. En el espacio se encuentra algo disperso aunque consideró que era fácil percibirlo mediante cálculos matemáticos y la observación de los rayos de luz.
También desarrolló explicaciones a algunos acontecimientos astronómicos mediante la presencia del hielo. Dijo, por ejemplo, que las explosiones en la superficie del sol se producían por el choque de grandes bolas de hielo contra el sol. 
En tiempos en los que la ciencia astronómica no había sido completamente desarrollada, estas teorías resultaron impactantes y el propio Hörbiger se encargó de popularizarlas. Si bien en los ámbitos académicos y científicos fue muy resistida y refutada, Hörbiger las lanzó al ámbito público y fuera de los círculos científicos.
 Los elementos de su teoría que remiten a la eterna lucha del hielo contra el fuego y algunas consideraciones acerca de problemas que no habían sido resueltos, tanto astronómicos y geológicos, como de la ciencia en general y también algunos de tono espiritual, ayudaron a que la teoría cosmogónica glacial se convirtiera en algo importante y discutido por el público general.
Hörbiger era un ingeniero y aficionado a la astronomía. Sus ideas fueron aceptadas por el público ajeno a la ciencia, especialmente fue una cosmovisión promovida por simpatizantes del régimen nazi como una visión del Cosmos que presuponía la superioridad de la raza aria.

Lo cierto es que la validez científica de esta hipótesis siempre estuvo en duda y fue denunciada como pseudociencia por grandes científicos de la época, entre ellos el físico Werner Heisenberg.

Véase más: La cosmogonía glacial de Hans Hörbiger, entrada publicada por Pablo Fernández en Ojo Científico.

3. Eugenesia. No han sido pocos los casos en los que se ha intentado mezclar la ideología imperante de una cierta época con la ciencia de dicho contexto. Así tenemos los intentos del darwinismo social, el lysenkoismo, la antropología nazi  (expuestos en la primera parte de esta serie) o los casos ya expuestos como los de la craneometría o la cosmogonía glacial (y lo que viene todavía), como claros ejemplos de este tipo de tonterías.

Muchos no tardan en decir que la eugenesia es otra más de este tipo de pseudociencias que buscan sustentar una ideología política, en este caso, el liberalismo discriminador, consumista e imperial. En realidad, la eugenesia nace como un auténtico intento científico de investigar el funcionamiento y mejoramiento de la sociedad con fundamento biológico, o por lo menos, ese era el objetivo que planteaba Francis Galton.

Galton, primo del legendario Charles Darwin, y un entusiasta de la teoría de la evolución por selección natural, estaba interesado en los estudios de la herencia y en la "idoneidad" de la especie humana (áreas que Darwin casi no tocó). De este modo, a finales del siglo XIX, Galton pensó que la selección artificial podía ser utilizada en el ser humano, para así mejorar la raza. En 1883 en sus  Investigaciones de la Facultad Humana y su Desarrollo, Galton bautizó a su idea como eugenesia.

Sin embargo, el entusiasmo que despertaba la libre empresa se mezcló de inmediato con otras ideologías imperialistas y eugenésicas en alza. Tal como nos narra la profesora Janet Browne en La Historia del Origen de las Especies, para los pensadores de esa época "la supervivencia de los más aptos apoyaba la creencia en diferencias raciales innatas y parecía justificar en el plano internacional las continuas contiendas violentas por la conquista de territorios y poder político."

Doctrinas como el darwinismo social y prácticas como la eugenesia justificaban la discriminación de clases, el racismo, el imperialismo, el libre mercado, la represión de pueblos conquistados y la superioridad de algunos grupos humanos (por lo regular, europeos de raza blanca). La eugenesia fue apoyada y practicada por gobiernos europeos variados. En los Estados Unidos, por ejemplo, el biólogo Charles Devenport sentó las bases para el establecimiento de programas de eugenesia.

El movimiento progresista defendía abiertamente la eugenesia, desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, encontrandose en sus filas destacados personajes como los presidentes estadounidenses Theodore Roosevelt y Woodrow Wilson, y figuras políticas internacionales como Herbert Hoover y Winston Churchill.

Pero posiblemente la figura histórica con las que más se suele asociar la eugenesia no sea otro más que Adolf Hitler y la ideología nazi. Bajo la idea de crear la raza pura aria, los nazis llevaron acabo un agresivo programa eugenésico consolidado en la Ley para la prevención hereditaria enfermiza, dando como resultado la esterilización forzada de más de 400 mil personas diagnosticadas con discapacidades físicas y/o mentales. No pasó mucho tiempo para que las campañas de esterilización se convirtieran en campañas de exterminio al diagnosticar a las personas con discapacidad como "no aptos para vivir", dando como resultado de estas campañas a más de 200 mil niños y adultos asesinados en instituciones psiquiátricas.

La máxima difusión de esta idea de purificar o perfeccionar una raza sería una justificante "científica" para el aniquilamiento de millones de judíos, negros, homosexuales y todo tipo de humano "indeseable" en los campos de concentración nazi.

Algunos desarrollaron un sentimiento anti-eugenésico por la asociación casi inmediata de esta práctica con el nazismo, pero este sentimiento en sí es falaz pues se sustenta en un argumento ad hitlerum. No se considera que los estudios eugenésicos principales no consideraban en lo más mínimo al nazismo (ciertamente ni Galton, ni Roosevelt o Churchill eran nazis).

Más allá de un prejuicio histórico por apoyar ideologías criminales, la eugenesia carece de sustento científico. "El defecto más evidente con la eugenesia es que combina rasgos fenotípicos con rasgos genotípicos", nos dice la RationalWiki en lo absurdo de la eugenesia

Otro punto importante es que las teorías evolutivas no pueden aplicarse a una sola especie, sino que se aplican a la diversidad biológica en general. El concepto raza no tiene sentido desde el punto de vista genético, pues un hombre negro no es diferente de un latino o de un hombre europeo blanco. Esto mismo se aplica a las razas de otros animales. También es un sinsentido considerar a personas pobres o de clase baja como "inferiores" en un sentido social o biológico. El concepto de "pureza racial" es una concepción dogmática propia de ideologías obsoletas, no de teorías científicas.

Véase más: Eugenics, entrada de la RationalWiki; La Historia del Origen de las Esecies, de Janet Browne, Edit.Debate.

2. Marxismo científico. Por marxismo se entiende al conjunto de teorías, doctrinas y movimientos derivadas (principalmente)  del pensamiento de Karl Marx. Marx, junto a su amigo, el economista Friedrich Engels, inspirados por la dialéctica de Hegel, la crítica filosófica de Feuerbach y las teorías económicas de Adam Smith y David Ricardo, tomaron "lo mejor" de estas filosofías, y sustentándose en el estudio histórico y crítico, refutaron varias nociones en filosofía, economía y política de su época (es decir, refutaron las filosofías y teorías en las que se inspiraron).

El marxismo, junto al darwinismo y el utilitarismo, suele ser visto por los historiadores como una de las grandes revoluciones intelectuales del siglo XIX. El marxismo es la base de la ideología comunista (consolidada por Lennin, Trotsky y Stalin); ciertamente no se puede hablar de filosofía, ideología o historia de la economía si no se habla de marxismo. La crítica al sistema capitalista y la discriminación de clases, la refutación del idealismo hegeliano y la refutación de nociones absurdas de Feuerbach son algunos de los puntos más valiosos que aporta el marxismo para la cultura.

Marx buscaba sinceramente un marco teórico que explicara la historia y predijera el futuro de la humanidad. Esta idea de que la historia no solo nos ayuda a comprender el pasado sino que también puede predecir el futuro (en un sentido teleológico) se le denominó socialismo científico. Este fue el inicio del marxismo como una pseudociencia.

Antes de continuar, hay que dejar en claro que el marxismo es una filosofía y una ideología que en sus inicios (en los estudios de Marx y Engels, antes que existiera la ideología marxista propiamente dicha) trató de ofrecer una teoría histórico-económica (y por tanto científica) que no solo pudiera dar las herramientas para entender la historia, la política y la economía, sino que además, dicha comprensión fuera el punto de arranque para la revolución social que tendería naturalmente hacía el comunismo (aún se discute si Marx realmente pensaba en un comunismo utópico). Por otra parte, la ciencia marxista es una pseudociencia, prácticamente desaparecida, que afirmaba que el materialismo histórico y el socialismo científico son auténticos métodos de investigación que nos dan conocimientos certeros sobre historia, economía y política.

Los críticos tanto del marxismo como de la ciencia marxista no son pocos. Entre los más destacados intelectuales que buscaron refutar estas ideas se encuentran Bertrand Russell, Karl Popper y Mario Bunge. La principal crítica se centra en el socialismo científico, siendo tachado de historicismo sin sentido. En primer lugar, el socialismo científico busca explicar un alto rango de fenómenos con un solo marco teórico, lo que hace que el marco teórico no sea ni científico ni filosófico (ciertamente, una sola teoría científica o filosófica no puede explicarlo todo). El socialismo científico presenta un sesgo de confirmación, pues en vez de buscar refutar y verificar la validez de la teoría, todo lo que busca son resultados que apoyen la teoría que ya se tiene por cierta antes de siquiera investigar.

La idea de que basados en la historia podemos predecir el futuro de la sociedad, como si existiera un patrón progresivo que puede ser detectado en el pasado y extrapolado en el futuro no tienen ningún sustento verificable; más bien, parece una afirmación metafísica fácil de refutar con la problemática social actual. ¿Cómo podría el materialismo histórico ofrecer una refutación a priori de esta posibilidad?

Otra crítica importante es la que se hace a la doctrina marxista económica. Si bien en su momento El Capital (y obras similares) se miró como una revelación en la economía, lo cierto es que mucho de sus fundamentos son obsoletos para el fenómeno económico del siglo XXI. La teoría de valor-trabajo, por ejemplo: "el trabajo  de una mercancía está mal definido en presencia de trabajo heterogéneo o tareas heterogéneas de trabajo. Asumiendo incluso que el concepto podría ser definido, no tiene un papel útil que cumplir. Los precios en equilibrio y la tasa de ganancia pueden determinarse sin mencionar los valores-trabajo", afirma el analista Jon Elster en su ensayo ¿Qué vive y qué está muerto en la filosofía de Marx?

Ante críticas tan serias a un sistema teórico que prometía ser una auténtica revolución tanto
intelectual como social, los verdaderos estudiosos que reconocieron estas refutaciones decidieron continuar con el análisis crítico del marxismo. Así, desterrando la falsa idea de que el marxismo está muerto totalmente como filosofía, nace el marxismo analítico. El marxismo analítico, basado en los principios críticos de la filosofía analítica, busca aclarar o, mejor dicho, disolver pseudoproblemas dentro de la doctrina marxista; lo que se ha encontrado es que, si bien teorías y afirmaciones como la teoría de la alienación, las ideas de explotación y crítica a las clases sociales aunque apenas rescatables, la mayoría de las nociones del marxismo y la ciencia marxista son inválidas, contradictorias y deben morir en el pensamiento marxista actual.

Ejemplos de conceptos y teorías muertas dentro de la filosofía marxista se encuentran los ya destacados materialismo histórico y socialismo científico; el materialismo dialéctico, principios teleológicos en el materialismo histórico, la teoría económica marxista del valor-trabajo, la teoría de fuerzas productivas y las relaciones de producción son también visiones obsoletas que presentan datos oscuros y pseudocientíficos.

El marxismo analítico no busca revivir al antiguo marxismo o validar al pseudocientífico marxismo científico, sino que busca aclarar conceptos para así llegar a un "meta-marxismo" que en verdad tenga algo que aportar a la problemática social y filosófica.

Véase más: "¿Es el marxismo científico? Una crítica científica (no política) al marxismo", artículo monumental de José María Gallardo Chemazdamundi; Seudociencia e Ideología, de Mario Bunge, Editorial Alianza; La Miseria del Historicismo, de Karl Popper, Editorial Alianza; Una Introducción a  Karl Marx, de Jon Elster, Editorial Siglo XXI.

1. Velikovsky y los Mundos en Colisión. Desde estudios sobre diablos y demonios, hasta ideologías que se hacen pasar por ciencia, llegamos al número uno del top. Considerado por mí como el número uno de las visiones pseudocientíficas extintas por ser una de las concepciones más fantásticas que conozco, Immanuel Velikovsky es uno de los autores magufos que mayor influencia tuvo en su tiempo.    


Las ideas catastrofistas delirantes de este psiquiatra ruso tomaron popularidad con la publicación de su libro Mundos en Colisión, en 1950. De acuerdo a él, Venus no existía sino hasta hace apenas 35 mil años; este planeta sería una parte que se desprendió de Júpiter, convirtiéndose en un cometa por un tiempo indefinido, hasta que la gravedad del sol lo estabilizó en la órbita que actualmente posee.

En vez de basar sus afirmaciones en la observación y la evidencia, Velikovsky usó diversos mitos antiguos para justificar (o demostrar según él) dichas afirmaciones. En la mitología griega, por ejemplo, se habla que la diosa Athena salió de la cabeza de Zeus; Velikovsky interpreta que Zeus es el planeta Júpiter, mientras Athena es Venus, y asegura que el relato mítico en realidad es la interpretación de los antiguos griegos del catastrófico evento. También asegura que eventos como los descritos por el Éxodo bíblico en verdad ocurrieron, pero no como resultado de la intervención divina, sino que las influencias de marea gravitacional que Venus causó al acercarse a la Tierra en su camino hacia su órbita estable, causó que le mar rojo se partiera en dos.

De acuerdo a un capítulo de Mundo en Colisión titulado "amnesia colectiva", Velikovsky "explica" que la separación de Venus del planeta Júpiter y su influencia catastrófica, fue tan traumática que la humanidad "reprimió" estos recuerdos en el subconsciente. De modo que la creación de los antiguos mitos no son otra cosa más que una representación neurótica de aquellos recuerdos reprimidos, recordados en los sueños. Si bien los discípulos de Vewlikovsky piensan que este debería ser reconocido por aportar información relevante a las teorías catastrofistas de la física planetaria, lo cierto es que no existe científico que se le respete que pueda ser capaz de asegurar que Velikovsky tiene una relevancia importante en el castrofismo actual.

Desde sus inicios, las ideas de Velikovsky fueron tachadas de pseudociencia por carecer de cualquier prueba razonable. Sin embargo, Velikovsky logró notoriedad gracias a los grupos de lectura de best sellers. El grupo de los "literatos de Nueva York"  reconocía a Velikovsky como un genio de la talla de Darwin, Einstein o Freud.  Por supuesto, los científicos lo calificaban más bien de la talla de genio que era Ron Hubbard o Erick von Daniken. Es pues, como los que aseguran hoy en día que en los libros de Jodorowsky o de Cohelo existe genialidad y veracidad.

Al igual que el creacionismo y la teoría del antiguo astronauta, Velikovsky busca basar todo su sistema en la interpretación de mitos antiguos, lo cuál no es en lo absoluto una fuente muy confiable de hechos, solo sirve para enriquecer nuevos mitos. La verdadera evidencia astronómica no apoya los sinsentidos de Mundo en Colisión, pues la composición físico-química de Venus es totalmente diferente a la de Júpiter, siendo este último una bola gigante de Hidrógeno en su mayoría. Además no existe razón física para que un cometa saliera disparado de Júpiter hace 35 mil años, y obviamente, no existe evidencia de tal suceso. En conclusión, no hay nada que demuestre que las afirmaciones de Velikovsky sean algo más que un bonito y seductor cuento de ciencia-ficción... más ficción que ciencia.
                                                                                                                                                                                                                                                                 Véase más: Immanuel Velikovsky, entrada del Skeptic’s Dictionary; Top ten Reasons Why Velikovsky is Wrong, de Leroy Ellenberger;  La Ciencia, lo Bueno, lo Malo y lo Falso, de Martin Gardner, Editorial Alianza.

Espero en verdad hayan disfrutado este artículo ya que me tomé mi tiempo para que quedara de lo mejor, buscando exponer de forma breve algunas de las pseudociencias que si bien no están totalmente muertas, son las que se encuentran en peligro de extinción. Sin embargo, las pseudociencias pueden ser como zombis, regresando de la tumba para devorar cerebros, así que mantén los ojos abiertos.

También hay que aclarar que la exposición de estas pseudociencias aquí es ridículamente resumida, por lo que te toca investigar más a fondo sobre estas ideas, teorías y concepciones engañosas.

Para consultar más rápido