Me adelantaré un poco a mis críticos, y seré el primero en admitir que el título en realidad es muy injusto con lo que aquí voy a contar. Yo personalmente sigo creyendo que el movimiento escéptico es uno de los más importantes movimientos sociales de la actualidad, y su importancia radica en el potencial aun no logrado de llegar a las masas y cuán fácil es mezclar su mensaje (la promoción del pensamiento crítico y la perspectiva científica del mundo) con otros movimientos sociales en favor de la educación, el medio ambiente, la justicia, la salud y la cooperación.
Sigo creyendo que la trinchera desde donde me siento más cómodo aportando mi diminuto (pero espero útil para alguno) granito de arena al escribir y hablar sobre temas como la pseudociencia, la cultura científica y el Estado laico, sigue siendo la del escepticismo científico. El movimiento escéptico no es único ni homogéneo. En realidad es muy distinto, incluso de país en país. En algunos lugares los escépticos están bien organizados, en otros no tanto. En algunas partes, el movimiento escéptico es uno con el movimiento ateo, mientras que hay sectores "tradicionalistas" donde no mezclan ambos. Como no es una religión ni una ideología política, entre los grandes autores el escepticismo moderno se encuentran tanto anti-teístas declarados como teístas, deístas y panteístas; hay escépticos de izquierda y de derecha política. Es así que en el movimiento escéptico no encontrarán dogmas, pero sí personas dogmáticas.
El canon escéptico se encuentra en constante cambio y crecimiento gracias a las nuevas formas de irracionalidad que se generan a partir de los mismos viejos trucos de los vendedores de aceite de serpiente del siglo XIX. Lo que me ha resultado terriblemente decepcionante es que entre los escépticos (incluso entre las "personalidades" del movimiento), podemos encontrar irracionales, dogmáticos y hasta furiosas personas que no están dispuestas a debatir ni aceptar que no siempre tienen la razón. Bien lo comentaba Julian Baggini en su último libro Los límites de la razón (2017): los peores enemigos de la razón, en veces, son sus propios defensores o quienes dicen defenderla.

