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martes, 14 de octubre de 2025

Fundamentos para una filosofía de la pseudociencia: introducción y agradecimientos

"De hecho las pseudociencias comparten toda una filosofía, opuesta a la que presuponen las ciencias. En efecto, las pseudociencias son irracionalistas, irrealistas, espiritualistas, etc."
Mario Bunge (comunicación personal, 27 de junio de 2017).


Con el único objetivo de compartir con ustedes mi trabajo de tesis, decidí publicarla por partes y a modo de entradas para este blog, lo que además aprovecharé para actualizar algunas partes o discutir otras con algo más de profundidad de lo que lo hice en su momento. 

Como algunos saben, desde hace tiempo he estado promoviendo el estudio filosófico de la pseudociencia, no solo como una línea de investigación más dentro de la filosofía de la ciencia, sino como una rama completa y autónoma de la epistemología. En mi defensa de tesis, la palabra "autonomía" me acarreó una curiosa discusión con una de mis sinodales. Su interpretacion, más o menos, era que yo sostengo que un campo autónomo es uno que funciona sin intervención ni relacón con otros campos. Así, en el caso que me cuestionaba mi sinodal, yo estaría defendiendo que la ciencia, en tanto "campo autónomo", no se relacionaría con otros (como la política, la religión o la ideología), algo que es factualmente falso.

Como en ese caso, sostengo que la filosofía de la pseudociencia debe ser autónoma, en el sentido de que debería ser un campo académico con objetivos y problemáticas de investigación propios, pero esto implica a su vez que, como campo del conocimiento legítimo, estaría prácticamente obligado a nutrir y nutrirse de otros campos relacionados, como la filosofía de la ciencia y la ciencia misma. 

Como verán, mi tesis no defiende una idea que se encuentre en otro autor sobre algún tema tradicional de la filosofía. Mi trabajo consistió en defender por qué deberíamos construir un nuevo campo de la filosofía, más en particular de la epistemología, recurriendo tanto a ejemplos de problemáticas originales de la filosofía de la pseudociencia, un enfoque en el que puede encuadrarse (el de la llamada filosofía científica), así como un ejercicio especulativo de posibles contra-argumentos inspirados en objeciones clásicas a la legitimidad del problema de demarcación ciencia-pseudociencia.

Ya que en mi tesis usé el formato APA, dejaré el mismo para aquellas referencias a libros y artículos de revista que no estén disponibles en internet, pero lo suprimiré en aquellos artículos, notas, ensayos o videos de internet, colocando un enlace que los lleve a la fuente original desde otra ventana, y así evitar engrosar la bibliografía final innecesariamente.

martes, 3 de noviembre de 2020

Filosofar cientificistamente y encarar el cientificismo filosóficamente

 Reseña de Elogio del cientificismo, compilado por Gabriel Andrade

Como cualquiera metido al mundillo escéptico lo sabe, las etiquetas que la gente usa para describir a otros usualmente sirven para confundir más que para precisar el pensamiento o la postura individual. Dependiendo de la persona que lo usa, adjetivos como "escéptico", "racionalista", "ateo", "hereje", "socialista" o "evolucionista", pueden significar actitudes negativas y rechazadas por el común de la sociedad, como ser cuadrado, de mente cerrada, o contrario a todos. Pocas veces se entenderá que una persona con tales etiquetas tal vez quiere decir que se trata de alguien que se guía por la razón, la ciencia o el pensamiento crítico. Así es como también pasó con otras palabras, que hoy ya no son tan mal vistas, como "homosexual" o "lesbiana", que en otro tiempo (y hoy en día, entre grupos minoritarios de fundamentalistas religiosos... por lo menos "de este lado del charco") eran sinónimos de pervertido, inmoral, o persona condenada a morir por su naturaleza pecaminosa y despreciable.

Sin embargo, muchos de estos adjetivos evolucionaron (culturalmente hablando) para volverse descripciones más o menos claras de la identidad de ciertos grupos, siendo adoptados por éstos. Aunque aún existen personas que no tienen ni idea qué es ser escéptico, ateo u homosexual, es fácil observar que los colectivos que se identifican con tales palabras hoy las portan con orgullo, divulgado definiciones precisas que demuestra que, lo que a ellos los identifica en ciertas circunstancias, está lejos de ser algo malo, incorrecto o falso. Existe abundante bibliografía sobre el estudio detrás de estas palabras, sus distintos significados, la construcción de la identidad individual y colectiva, así como los logros en materia social y educativa de los colectivos que se identifican con éstas.

Pero existe una etiqueta que es mal vista incluso por grupos que usualmente batallan por definirse de forma clara ante el público. Es depreciada, usada como peyorativo, y descartada por muchos que se autodenominan escépticos, epistemólogos y humanistas: el cientificismo. Aunque existen defensas del cientificismo dispersas por un lado y por otro, lo cierto es que en español no había una obra que reconociera y se dedicara exclusivamente al concepto como uno digno de estudio y promoción. No había, hasta que la Editorial Laetoli lanzó, hace ya unos años, Elogio del cientificismo (2017), una compilación editada por el filósofo Gabriel Andrade que gira entorno a la reflexión del epistemólogo Mario Bunge sobre el cientificismo, lo que significa ser cientificista y el por qué sentirse orgulloso de serlo. 

martes, 25 de febrero de 2020

Mario Bunge (1919 - 2020)

"Todo auténtico filósofo de la ciencia tiene dos finalidades: la una teórica y la otra práctica. La primera es entender la investigación científica y algunos de sus resultados. La otra es ayudar a los científicos a afilar conceptos, refinar teorías, examinar métodos, poner al descubierto supuestos filosóficos, participar efectivamente en controversias científicas y sembrar dudas acerca de hallazgos que parecen incontrovertibles. Ambas finalidades se complementan."
El día de hoy desperté con una noticia que, aunque todos sabíamos que llegarían en algún momento, lo cierto es que a todos nos parece demasiado pronto: Mario Bunge murió hace solo unas horas, durante la noche del 24 de febrero. Como muchos por aquí sabrán, Bunge es, en mi humilde opinión (la cual he visto que comparten otros tantos) el filósofo más importante en la segunda mitad del siglo XX y de las primeras décadas del XXI, no solo por su capacidad de abordar un abanico de temas de la ciencia, la filosofía y la política, sino por ser el creador de todo un sistema filosófico original y fértil sobre el que se han basado el trabajo de numerosos académicos alrededor del mundo. Justo anoche estaba repasando el "Epílogo" de la versión actualizada de su bella obra, La investigación científica (2000).

Mi opinión también tiene un componente personal: Bunge fue el escéptico que más me ayudó en mi formación contra las pseudociencias, al ofrecer explicaciones sistemáticas de este fenómeno, y esclarecer los motivos por los cuales es importante denunciarlas; pero no solamente deben ser denunciadas pseudociencias como el psicoanálisis, la parapsicología o la homeopatía, blancos relativamente simples, sino también las pseudociencias sociales, aquellas que infectan universidades, instituciones públicas y gobiernos enteros, matando a la gente de hambre, tal como hacen el marxismo y la economía escolástica conocida como modelo neoclásico.


jueves, 21 de junio de 2018

Mi filosofía (hasta ahora) II: La naturaleza de la ciencia


Continuando con el repaso de "mi filosofía" hasta el momento, hablemos un poco sobre uno de los temas que, para mí, son de los más interesantes e importantes: el conocimiento científico (y su imitación). Como comenté en la primera parte de esta serie, y como cualquiera que lea mi perfil en la columna derecha de este blog, no soy un científico (aún) y ciertamente me faltan años para decir que lo soy. En la carrera de filosofía es posible cursar la especialidad en filosofía de la ciencia, la cual tomé. Aunque en general el contenido es bueno (pues abarca los problemas tradicionales de los fundamentos en lógica, matemáticas, física, cosmología y biología, principalmente), me parece insuficiente como para autonombrarme un filósofo de la ciencia.

Como también se explicó ya en la primera parte, para decir que alguien es un verdadero filósofo de x campo, hace falta una preparación multidisciplinar. Para ser un filósofo de la ciencia competente hacen falta años de estudio de historia de la epistemología, estudios en lógica-matemática, en matemáticas propiamente dicho, conocimientos superiores a los básicos en sociología, psicología e historia de la ciencia, así como (de preferencia) tener también una carrera (y por tanto, experiencia) en alguna ciencia, para así poder hablar de primera mano cómo se hace una investigación científica y cuáles son los problemas a los que se enfrentan los científicos al hacerlo. Filósofos de la ciencia con todas esas características hay pocos, creo yo. Los conocedores de la filosofía de la ciencia, aunque saben que la disciplina tiene poco más de un siglo de existencia, saben reconocer también a los gigantes del pasado que también ayudaron a moldear las bases de esta bella profesión; la mayoría, hombres de ciencia y a la vez rigurosos analistas de los problemas generales de esta disciplina como práctica humana.

Por todo esto, no creo ser un (aún) un filósofo de la ciencia, si es que con tal etiqueta quiero decir que soy algo académicamente relevante. Pero eso no implica que en mis estudios hasta ahora no haya podido desarrollar ciertos análisis, cuestionamientos, críticas y conclusiones sobre la naturaleza de la ciencia y la pseudociencia. Desde luego, tales ideas que sostengo, critico o que estoy armando no son absolutas ni en modo alguno finales. El tiempo me dirá qué ideas continuarán sobreviviendo al avance de la autocrítica. Por el  momento, aquí expongo algunas ideas sobre el tema esperando que al menos para alguien les sirva de introducción ultra-básica sobre los complejos problemas de la epistemología actual.

sábado, 20 de enero de 2018

El complejo antifilosofía. Análisis preliminar

"En su best seller más reciente, el científico más famoso del mundo proclama que la filosofía está muerta. Pero aquellos que ignoran la filosofía están condenados a repetirla. Y aquellos que menosprecian la filosofía suelen ser esclavos de algún filósofo difunto." Paul Thagard.

"La filosofía de la ciencia es una disciplina académica híbrida joven, vigorosa y en plena etapa de crecimiento y diferenciación. A través de su breve historia (apenas 2 siglos) ha pasado por varias etapas, unas dominadas por los filósofos y otras por los científicos. En mi opinión, ha llegado el tiempo para que en este campo del conocimiento surja una nueva clase de personajes, humanistas de corazón con la experiencia profesional de científicos, o bien hombres de ciencia experimentados con intereses serios en la filosofía. Y si ya hemos llegado a ese momento, los personajes no sólo surgirán muy pronto sino que probablemente ya se encuentran entre bambalinas, esperando oír su clave para aparecer en escena, iluminados y sonrientes, como corresponde a los principiantes llenos de confianza en su destino." Ruy Pérez Tamayo.

Así comienza el primer capítulo de El gran diseño (2010),
de Hawking y Mlodinow. ¿Fin de la filosofía
o solo un libro de mala filosofía?
Esta es una entrada a modo de "prefacio" a otra que estoy preparando en respuesta al periodista Mauricio-José Schwarz, quien en una larga entrevista donde habla del contenido de su más reciente obra, La izquierda feng shui (2017), despotrica nuevamente incoherencias sobre la filosofía. Estoy bastante interesado en comprender de la mejor manera lo que hoy conocemos como el complejo anti-filosofía, un padecimiento imaginario creado por el filósofo de la biología, Massimo Pigliucci, rebajándose al nivel de algunos divulgadores como el cósmologo Lawrence Krauss, quien en una entrevista aseguraba que los filósofos al parecer padecen de un complejo de envidia a la ciencia porque, después de todo, la ciencia ha producido conocimientos sobre el mundo en que vivimos (y sobre nosotros mismos), mientras que la filosofía, evidentemente para Krauss, Schwarz y otros, no. Si los divulgadores se pueden inventar complejos para "explicar" (?) la supuesta envidia de los filósofos a los científicos, ¿por qué un filósofo no podría jugar el mismo juego? Claro está, que a diferencia de estos divulgadores y sus hipótesis ad hoc sobre el trabajo de los filósofos, el objetivo final es el demostrar que tal competencia entre ciencia y filosofía es ficticia.

Sería injusto dejar esta imagen en la que (todos o la mayoría de) los divulgadores científicos padecen del complejo anti-filosofía. Lo cierto es que, por lo menos hasta donde he alcanzado a constatar, hay un "consenso" en divulgación científica sobre la importancia y el lugar que le corresponde a la filosofía, sobre todo a la filosofía de la ciencia, para comprender una actividad humana tan asombrosa como es la ciencia. Esto es algo que podemos constatar a través de artículos de divulgadores como Sean Carroll, Steven Novella, Ruy Pérez Tamayo,  Martín Bonfil Olivera, o (esta traducción hecha por) César Tomé López.

jueves, 5 de octubre de 2017

Jesús Mosterín (1941-2017)

"La vida es formidable si tiene elementos formidables. Si no, es una farsa sin sentido."
Ayer por la mañana me enteraba de una lamentable noticia: el filósofo de la ciencia y activista Jesús Mosterín falleció a los 76 años de edad, debido al cáncer de pulmón que padecía. Por dos o tres segundos me quedé pasmado. No podía creer que uno de los máximos representantes de la filosofía científica moderna, de quien tengo varios libros, siendo un autor tan prolífico y admirado, ahora estaba muerto. La filosofía de la ciencia ya había sufrido un gran golpe a inicios del año cuando falleció el epistemólogo mexicano León Olive. Ahora Mosterín, llamado el "Bertrand Russell de España" por mi asesor de tesis (y por muchos más).

Estudioso, divulgador y con excelentes aportes a casi toda la filosofía, Mosterín era un ejemplo de lo que él  mismo llamaba la "Gran filosofía", es decir, en sus propias palabras: "la filosofía que se parece a lo que hacían Aristóteles, Descartes, Leibniz, Kant o Russell". Aquella filosofía que se ocupa de los grandes problemas siempre haciendo uso del mejor conocimiento científico disponible. Por Gran filosofía Mosterín se refería a los sistemas filosóficos coherentes y precisos, en los que sus partes se conectaban y eran consistentes. La lógica de Aristóteles era consistente con su  retórica y lingüística, y estas eran consistentes con su ontología, la que a la vez mostraba consistencia con su cosmología, su ética, su filosofía natural y su filosofía social.

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