"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


domingo, 17 de marzo de 2013

¿Por qué no me gusta ser "ateo"?


Si les soy sincero, tenía planeado publicar este artículo dentro de una semana más, pero qué mejor momento para dar a la luz una reflexión personal sobre el ateísmo que en la semana atea.

Desde que tenía 15 años (ahora tengo 20) me declaré abiertamente ateo. De hecho, no recuerdo haberme declarado católico en ningún momento; no digo que no creyera en dios antes, sino que no le tomaba importancia a la religión a tal grado que no tengo recuerdos de cuando decía que era católico (eso porque, supongo, no levantaba controversia ni hacían gestos aquellos que me preguntaban). Como sea, lo cierto es que ya tengo un tiempo razonando este asunto de la religión y la existencia (o inexistencia) de un dios personal, y por más que trato de comenzar desde cero, la verdad es que me resulta absurdo  pertenecer a una religión solo porque “me lo inculcaron”.

Sin duda alguna me parece una abominación el fanatismo y el fundamentalismo religioso, me considero un defensor del estado laico, denunciante de tonterías como el creacionismo o la intromisión de instituciones religiosas en la política o la educación, además de estar en contra del adoctrinamiento de niños y la difusión de las creencias religiosas por ser promotoras de la irracionalidad y el dogmatismo.

No creo en ninguna religión, no creo que exista ningún dios, soy intolerante con la intolerancia a la libertad tanto de credo como de pensamiento, me gusta refutar los argumentos a favor de la existencia de dioses, ángeles o demonios, y considero que la ciencia demuestra que la idea de un dios creador o diseñador del universo es simplemente una idea innecesaria. Sí, soy ateo, y un militante. Soy ateo a mucho orgullo, pero no “por gusto”. ¿Por qué? ¿A qué me refiero con que no me gusta ser ateo?

No piensen mal, no estoy renegando de mis “no-creencias” ni mucho menos empezaré a creer en un dios personal indiferente y lógicamente contradictorio. No empezaré a decir, como dirían antiguos ex-ateos como Antony Flew, que “las evidencias me han llevado a Dios”. Seguiré considerándome ateo por no creer en la posibilidad de un dios y por considerar dicha idea contradictoria, irracional e innecesaria.

De lo que reniego es de esa etiqueta social que se conoce como “ateo”. Una etiqueta que en la sociedad se mira casi tan mal como las etiquetas de “materialista”, “comunista”, “anarquista” o “marxista”. Cuando mis amigos me presentan con otras personas, una de las primeras cosas que destacan de mi es que soy ateo, y lo hacen muchas veces con la intención de empezar a debatir.

Otra cosa de la que no me gusta la etiqueta “ateo”, es que incluso aquellos que se autodenominan ateos miran al ateísmo como un movimiento homogéneo, en el que todos somos del mismo pensamiento, compartimos las mismas cosas y los mismos gustos (por ejemplo, muchos piensas que ser metalero ya es sinónimo de ser ateo, o viceversa, siendo que el Metal no es “mi fuerte”).

Bajo la etiqueta “ateo”, los racionalistas críticos extremos piensan que el ateo que crea en ovnis o en medicinas alternativas no es un verdadero ateo, sino un pseudoateo. Para los “ateos” que creen en ovnis o en medicinas alternativas, no creer en ovnis o en medicinas alternativas no es ser un buen ateo.
Bajo la etiqueta “ateo”,  los anticatólicos y anticlericales extremistas piensan que querer quemar una iglesia, usar la Biblia como papel de baño o acusar al papa de pedófilo es ser un buen ateo, a la vez que mientras que los que piensan (pensamos) que quemar iglesias no es más que un acto de vandalismo tonto, que la Biblia es un libro que debe mirarse con una perspectiva tolerante de escepticismo y pensamiento crítico, y que acusar al papa de pedófilo no tiene sustento (pero sí tiene sustento acusar de cómplice y encubrir casos de pederastas) no son “verdaderos ateos”.

Bajo la etiqueta “ateo” se quiere mirar un montón de cosas: el género, la ideología política, la forma de vida, el nivel de conocimientos, lo que debes y lo que no debes atacar, la intolerancia hacia las religiones o hacia los religiosos (esta última es simplemente estúpida).

En fin, esto es por lo que no me gusta ser “ateo”:

No son pocas las imágenes en pro del ateísmo
militante que muestra publicidad falsa, como esta
que muestra algunos agnósticos (Carl Sagan,
Charles Darwin y Benjamin Franklin) e incluso
panteístas (Albert Einstein) como
auténticos ateos.
No me gusta que las personas piensen que soy diferente a ellos, como si tuviera una moral distinta,  o un comportamiento diferente o como si tratara de iniciar la segunda revolución comunista, solo porque saben que soy “ateo”.

No me gusta que algunos que se proclaman, igual que yo, “ateos” piensen que nos gustan las mismas cosas y que pensamos de la misma forma, como si el ateísmo fuera una especie de religión dogmática que nos dice qué pensar y qué no. Muchos de esos otros ateos no comparten los mismos gustos, hábitos, pensamientos o incluso creencias que yo tengo. En más de una ocasión he tenido debates sobre este punto.

No me gusta ser “ateo” porque es una etiqueta social que se mira como un grupo rezagado de la sociedad, cosa que no son las personas que se reclaman ateas (o que por lo menos yo no soy).

Si bien, me considero un  libre pensador, no me gusta que se generalice, porque la generalización es una tontería. Muchos ateos piensan de forma cuadrada y sesgada, y aun así no creen en dioses.

No me gusta sobre todo, que los ateos piensen que por ser ateos son más inteligentes que las demás personas que viven “hundidas” en la ignorancia de la religión, ni que las personas que sí tienen una religión piensen que el ateísmo (o que yo, como ateo) es un sinónimo de arrogancia y mentalidad cerrada. Yo no creo ser de tal manera.

Pero sobre todo, no me gusta ser ateo porque la idea de que no hubo nadie que nos creara con un plan o un propósito, es deprimente. Me encantaría que alguien viniera conmigo y me diera evidencias y razonamientos (no choros y adoctrinamientos) que demostraran sin lugar a dudas que la postura del ateísmo (que por cierto, solo es eso, una postura) está equivocada.

Sería fabuloso que el Universo entero girara alrededor de nosotros, que somos un “algo” aparte de los animales y de cualquier otro tipo de vida en la Tierra. Me encantaría pensar que el mundo está siendo soportado por elefantes que a su vez están encima del caparazón de una tortuga (y cambiamos el tema si se les ocurre preguntarme sobre qué está la tortuga).

Estoy muy seguro que muchos “ateos” que leen esto, también les gustaría que cosas como la trinidad, el plan de salvación o la segunda venida de Cristo son reales (habrá quienes piensen que no, tal como Christopher Hitchens lo mostraba).


Sí, no me gusta no creer, pero qué se le va hacer. Las creencias religiosas carecen de fundamento, son irracionales y promocionan vicios culturales como el dogmatismo, la ignorancia, la discriminación y la intolerancia. Las creencias religiosas han sido utilizadas para manipular grandes masas y cometer los peores crímenes contra la humanidad y contra la naturaleza misma.

Me encantaría creer, pero la ciencia y la lógica nos muestran que debemos dejar de lado lo que “nos gustaría que fuera”  para así empezar a ver lo “que en realidad es”.

No me creo más inteligente, ni superior, ni perteneciente de una elite solo por ser ateo, pero tampoco me considero un tonto, dogmático o fundamentalista intolerante que deja de escuchar cuando lo contradicen (y jamás he dicho que los que son creyentes en alguna religión son así). De hecho, me caen bien las personas que son capaces de defender sus creencias de forma respetuosa y racional.

Así que en resumen, no me gusta ser “ateo”, pero lo soy. ¡Soy ateo, y a mucha honra!

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*¿Por qué no soy un verdadero ateo? Ensayo de Robert Todd Carroll.


martes, 12 de marzo de 2013

Mis tonterías favoritas


Parafraseando el libro Mis enigmas favoritos del famoso magufo Juan José Benítez, decidí ponerme a pensar en las afirmaciones paranormales que más gracia me han causado. Dejando de lado las chifladuras 2012 y el asunto del efecto Nostradamus, decidí crear este top 10; debo decir que no fue fácil, ya que existen cientos de tonterías que me resultan bastante cómicas y, siendo sincero, fascinantes.

Si algo bueno tiene la irracionalidad de la pseudociencia y la superstición es que es maravillosa. Pensar que seres de otros mundos nos visitan, que podemos curarnos con cristales, chochitos u oraciones; que existen reptiles marinos nadando en lagos europeos; que existe vida después de la muerte y que podemos contactarnos con los este hipotético más allá; que podemos mirar el futuro o tener contacto directo con el creador del universo. Simplemente es maravilloso pensar en que todo esto fuera verdad.

Sin duda alguna, lo paranormal y lo oculto han hecho que cientos, o tal vez miles, de personas (como yo) se interesaran en la investigación, la ciencia y el pensamiento crítico. Sin embargo, lo decepcionante es ver que una y otra vez, estas bellas promesas resultan ser solo eso, promesas, pero vacías sin contenido verdadero alguno.

El consuelo que encontramos aquellos que nos desaseemos de nuestras fantásticas creencias es la realidad misma. Pensar en un universo que se maneja por ciertos patrones que llegan a ser comprendidos y conocidos, repleto de increíbles proezas que ningún mito en la historia ha podido superar, es un autentico fondo para ese vacío existencial que cualquiera puede sentir a la hora de descartar ilusiones. Cuando comparamos las fantasías pseudocientíficas con las teorías bellas de la ciencia o con la contemplación de la naturaleza, las primeras se vuelven algo chistoso.

Algunos, bueno muchos, se resisten a dejar de lado sus creencias o simplemente ni consideran la posibilidad que lo que creen verdad sean solo fantasías. Lo que es más, siempre hay que tener en mente que, aunque chistosas para unos, para otros este tipo de afirmaciones pueden ser incluso sagradas, basando toda su vida en supersticiones y demás creencias falsas. Muchas personas sienten que son insultadas, o incluso acosadas, cuando uno expone la falsedad de sus creencias.

Aunque nunca faltarán estas personas que se ofenden cuando otros exponen sus creencias, hay que recordar que también existimos quienes nos sentimos insultados cuando afirmaciones supersticiosas y pseudocientíficas.

Puede que la irracionalidad merezca un elogio por despertar la curiosidad natural del ser humano, pero cuando ésta se vuelve premisa o justificación de crímenes contra la humanidad (tal y como ha sucedido a lo largo de la historia con la superstición y la religión) o se considera un autentico peligro para la sociedad actual (tal como sucede con la pseudociencia y el fundamentalismo en la actualidad), no hay duda que es momento de “armas tomar” en contra de estos riesgos.

Ojo, por “armas tomar” no me refiero a una discriminación o ataque directo a los creyentes y/o defensores de la irracionalidad, ni mucho menos un ataque físico con autenticas armas de fuego. Me refiero a un ataque de escepticismo militante, presionando a medios de comunicación, instituciones educativas y programas de gobierno por igual para tratar de concientizar sobre los peligros de pensar de forma dogmática y sesgada. Asegurándose siempre de mantener que el enemigo no son “los otros” sino las ideas, las creencias, que pueden ser combatidas con algo de pensamiento crítico y cultura científica.

Una vez aclarado todo esto, les presento esta cuenta regresiva de lo que en algún momento fueron mis ilusiones favoritas. Aun hoy día, me gustaría encontrar a alguien que fuera capaz de demostrarme que son algo más que bonitas fantasías. Sin embargo, tampoco estoy aguantando la respiración esperando a ese “alguien”.

10. Existió la Atlántida. No existe mito antiguo más fabuloso y genial que el de la Atlántida. Narrado por primera vez en los Diálogos del Timeo y Critias  del filósofo griego Platón (aunque se sabe que se inspiró en fuentes principalmente egipcias), la Atlántida es el nombre de la isla continente que se supone existía más allá de los límites del estrecho de Heracles (tradicionalmente ubicado como el estrecho de Gibraltar).

De acuerdo a Platón, los habitantes de esta isla eran la civilización más poderosa del mundo. Grandes genios tanto en la ciencia y el arte como en la guerra y la estrategia. Sin embargo, en el curso de un día y una noche, una catástrofe destruyó a la civilización; un gigantesco tsunami hundió la isla entera, dejando pocos rastros de lo sucedido.

Según se narra en los Diálogos, la civilización de la Atlántida existió 11, 000 antes de que Platón naciera (y eso que nació cerca del 427 a.C.); la isla era del tamaño de Libia y Asia menor juntas. Aunque el mito original dice que la Atlántida fue creada por el dios del océano, Poseidón, y que fue este mismo el causante de su destrucción una vez que los atlantes dejaron de adorarlo, los autores de la new age han sugerido cientos de hipótesis fantasiosas sobre el origen de dicha civilización: desde aquellos que aseguraron que la Atlántida era el jardín del Edén, hasta aquellos que aseguran que se trataba de una civilización extraterrestre, quizás antiguos habitantes de las Pléyades.

Además de su “enigmático” origen, los buscadores de la civilización perdida la han llegado a situar en casi cualquier parte del globo terráqueo. Algunos sugieren que se encuentra en el océano Atlántico, ya sea en donde se encuentran actualmente las Azores y las Islas Canarias, hasta en el fondo del igualmente mítico triángulo de las Bermudas. Otros la ubican en el Polo Sur, en los Andes, en el mar Caribe (cerca de la Riviera Maya), en un lago de Sudamérica e incluso no ha faltado quien asegure que se encuentra en el planeta Marte.

Aristóteles, pupilo de Platón ya afirmaba que la Atlántida
 no era más que un invento de su maestro.
Lo cierto es que el mito carece de fundamento, prácticamente, desde el propio relato platónico. Ya en su tiempo, Aristóteles (discípulo y amigo de Platón) aseguró que la fábula de la Atlántida era solo una metáfora, no un lugar real. La época en la que se supone existió la civilización de la Atlántida también presenta contradicciones, pues se supone que ésta existió hace más 11, 500 años, lo que no tiene sentido ya que en esa época apenas los seres humanos se juntaban en pequeñas tribus nómadas. En esa época ni la domesticación de animales ni la agricultura se habían inventado, de modo que ¿cómo se podría pensar siquiera en una civilización avanzada?

Otra inconsistencia que hace imposible la existencia de la Atlántida es su tamaño. Si suponemos que Platón en verdad quería referirse a una civilización antigua que debió de haberse ubicado en medio del océano Atlántico, resulta que no hay espacio suficiente para una isla (o continente) de las dimensiones descritas en los Diálogos. Hace aproximadamente 70-65 millones de años existía un super continente que daría origen a los continentes actuales: Pangea. Si miramos la Tierra retrocediendo en el tiempo, como en una película, podemos apreciar que los continentes actuales encajan entre sí a la perfección, sin dejar ningún espacio para un continente extra como la Atlántida.

Algunos arqueólogos e historiadores piensan que si acaso, las referencias de Platón pudieron haberse inspirado en anécdotas vagas de los sobrevivientes de la isla de Santorini, dentro del mar Mediterráneo, luego de una erupción volcánica que desapareció en un día y una noche a la civilización de los Minoicos. Aunque es una hipótesis potencialmente factible (combinada con la imaginación, la exageración y la metáfora que Platón añadiría por su cuenta en su relato), en la actualidad no se cuenta con evidencia arqueológica o escrita que la respalde, por lo que se queda solo como una especulación alternativa.

Entonces pues, la Atlántida es un mito exquisito y maravilloso, pero la filosofía, la historia, la geología y la lógica nos indican sin lugar a dudas que solo es eso, un mito exquisito y maravilloso… pero un mito al fin y al cabo.

Véase más: El número 11 de la revista El Escéptico, con el Informe Especial: Historia y Pseudohistoria Atlantis, artículo en Bad Archaeology; Atlantis, artículo de The Skeptic’s Dictionary.;

9.  Nessie, Pie Grande, Chupacabras... el fantástico mundo de los monstruos. Cuando era niño creía en toda clase de cosas fantásticas: desde fantasmas y duendes hasta platillos voladores y reptilianos. Pero una de mis fantasías mas amadas era (y aun sigue siendo) la criptozoología. Es imposible negarlo, me declaro un amante apasionado de la criptozoología que mira con fascinación cada artículo o noticia que tiene que ver con algún ser que científicamente es inexistente. Por supuesto, mi fascinación con estas cosas hoy en día es muy distinta a la fascinación de niño.

Y lo cierto es que a poco más de medio siglo buscando monstruos, los criptozoólogos simplemente no la han sabido librar.

La criptozoología es una pseudociencia hecha y derecha, ya que afirma y especula sin sustento verdadero, y trata de hacer pasar estas especulaciones como auténticas teorías o auténticos conocimientos. Otro punto en contra de la criptozoología es su historia llena de fraudes.

Ante esto, muchos criptozoólogos (que no en pocas veces son auténticos biólogos, naturalistas y zoólogos) señalan algunos descubrimientos importantes e inesperados en la zoología, como los casos del panda gigante, el okapi, el dragón de komodo, el gorila o el más impresionante de los últimos tiempos, el celacanto.  Todos estos animales nunca se consideraron que existían antes de tenerlos en una mesa de laboratorio o en una jaula, y solo se tenían algunas pistas en mitos y leyendas locales.

Una cosa es admitir que en cuanto a la vida se refiere, no lo sabemos todo, y otra muy distinta es asegurar que existe un homínido en los bosques de Norteamérica, que hay plesiosaurios en lagos europeos o que un hibrido de quien sabe qué cosa chupa la sangre de las cabras. Otro punto importante es que los “logros” que los criptozoólogos se adjudican, en realidad no son sino logros de la biología, no de la criptozoología.

Los criptozoólogos nunca aportaron pruebas de ninguno de los animales a los que suelen hacer referencia, y no han aportado una sola prueba de la gigantesca lista de monstruos que suelen citar. Así pues, fue interesante cuando se aseguró que se había encontrado un cadáver de pie grande, que Nessie había sido visto en Google Earth, que se había encontrado una criatura extraña en Montauk, o que habían encontrado varios chupacabras en Texas, pero al final, estas historias no resultaron ser más que engaños o confusión con animales conocidos.

Mientras siga careciendo de auténticos métodos científicos, tanto de investigación como de especulación, la criptozoología se seguirá viendo entre niebla: oculta, igual que su “objeto” de estudio.

Véase más: Cryptozoology, artículo en TheSkeptic’s Dictionary; La sección de cryptozoology del Museum of Hoaxes.

8.  La historia de la creación bíblica es científicamente sostenible. La persona a la que nunca le contaron de niño que papá diosito creó al mundo en siete días, simplemente no tuvo infancia. La persona que, una vez adulto,  no se haya leído ya el Génesis, no tuvo curiosidad en saber qué tan realista suena este relato una vez que piensa como todo un supuesto adulto.

Para los que sí nos contaron este cuento de niños y que sí tuvimos la suficiente curiosidad para leer el Génesis, nos queda claro a la mayoría que este es más fantasioso que un cuento de hadas de Disney. Desde la creación hasta el fin del diluvio universal, el primer libro de la Biblia no resulta ser más que un mito cosmológico, similar a otros mitos de culturas antiguas.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, hay quienes se siguieron creyendo el cuento hasta ser adultos, y ahora se enlistan en una campaña de agresiva militancia anti científica que aboga por la “cientificidad” del relato bíblico del Génesis. Aseguran que el hombre y la vida en general son el producto de la creación y no de la evolución, que el mundo se creó hace menos de 6,000, que un diluvio universal ocurrió hace unos 5 o 4,000 años, y que de todo esto existen evidencias científicas.

A esta corriente pseudocientífica se le conoce como creacionismo científico, y que conste, de científico no tiene nada. Los creacionistas [pseudo]científicos suelen recurrir a un montón de palabrería que en apariencia suena muy científica e inteligente, pero que en realidad no es más que un choro que busca hacer ver a su creencia religiosa como igual o superior a las teorías científicas.

Las “teorías” a las que recurren, niegan por completo los conocimientos en cosmología, geología, geofísica y biología evolutiva, y las falacias, errores y sesgos son cosas de cada día dentro de sus discursos.

Actualmente esta corriente pseudocientífica representa una auténtica amenaza para la educación y la laicidad, pues asegura que el secularismo, la evolución y la ciencia solo conducen a un ateísmo materialista dogmático carente de valores. Según esto, la evolución sería la religión de los ateos que buscan crear un mundo materialista olvidándose de los valores cristianos.

No es de sorprender que en casi todo el mundo el creacionismo científico no sea visto de otra forma más que como una variante del fundamentalismo cristiano y no como una auténtica ciencia.

En cualquier caso,  la defensa “científica” del Génesis y del mito de la creación cristiana es tan fuerte como el mito de creación maya o el egipcio o el babilonio. Las disciplinas científicas como la cosmología, astronomía, geología, biología evolutiva, genética, paleontología, antropología… dejan pocas, o ninguna duda sobre el tiempo y creación del Universo, la Tierra, la vida y el ser humano. De 15, 000 a 13, 700 millones de años para el Universo; de 5, 000 a 4, 500 millones de años para la Tierra; de 4,300 a 4, 000 millones de años para la vida; y de 4 a 5 millones de años para el ser humano. Más lejos del mito de creación no podríamos estar.

El creacionismo científico es simplemente religión que se quiere ver como alternativa a la auténtica ciencia.

Véase más: El blog La Ciencia y sus Demonios; el sitio web The Talk Origins; la traducción al español en ChileSkeptic de Top 10 razones: Por qué el Universo, el Sol, la Tierra y la vida no tienen 6, 000 años de antigüedad, Lawrence Krauss.

7.  Santo Sudario. No existe reliquia religiosa más famosa, querida y controvertida que el Santo Sudario de Turín. Descrita en los evangelios como el manto que cubrió a Jesús luego de ser crucificado y bajado de la cruz y “encontrada” a finales de las cruzadas durante la Edad Media, el Sudario de Turín ha sido objeto de devoción y súplica por siglos.

La Iglesia Católica, desde el principio, ha asegurado que esta reliquia es auténtica. En verdad fue la tela que envolvió el cuerpo mortal de Jesucristo; la tela sería la evidencia física del sacrificio, la muerte y resurrección de Jesús. Pero no muchos están (estamos) de acuerdo con las conclusiones de la iglesia. Existen una buena cantidad de pruebas y anomalías que hacen pensar que el sudario de Turín no es otra cosa más que un fraude medieval.


¿Reliquia sagrada o fraude medieval?

Su primera anomalía es del tipo histórico. El sudario es descrito en los evangelios, sin embargo, la tela que hoy día se conserva como el auténtico manto sagrado fue extrañamente “encontrado” catorce siglos después de que (se supone) ocurrió la cruci-ficción, digo, crucifixión de Jesús. ¿Cómo es que una reliquia del siglo primero sobreviviría catorce siglos guardada? ¿Guardada por quién y por qué? ¿No sería más probable que se tratase de una reproducción con base en los evangelios para atraer peregrinos, tal y como se hacía en toda la Europa medieval? Así es como pensaban incluso los escépticos del siglo XIV, quienes aseguraron encontrar al autor del fraude, y que este había confesado su autoría.

Una segunda anomalía histórica es el supuesto hombre de la imagen manchada con sangre. La persona (si es que en verdad es la imagen de una persona real) pareciera ser un hombre  alto, viejo, de piel clara y de barba presumiblemente blanca. El problema con esto es que los habitantes de Israel en el siglo I eran de baja estatura, robustos, de piel morena y de pelo corto (de acuerdo con una tradición judía). Jesús (de haber existido) hubiera sido más parecido a un poblador  latino que a un europeo medieval. Aunque los apologistas demostraran que es una imagen de un auténtico hombre torturado, sería muy improbable que se trate del Jesús histórico en el que se inspiró el cristianismo para surgir. De hecho sería imposible de demostrar tal cosa.

Sin embargo, sus detractores están (estamos) bien seguros de que no se trata más que de un fraude medieval. Una de las razones más usadas para defender esto son las conclusiones de los estudios realizados al sudario en los años 80 por el equipo STRP.

Las pruebas de Carbono 14 realizadas a una tira de la tela del sudario por parte de tres universidades independientes, arrojaron que la tela de la que estaba hecha el sudario no pasaba del siglo XI de antigüedad. Es antigua sí, pero no tan antigua como para haber sido un objeto de la cruci-ficción y resurrección de Cristo.

Otra anomalía con el sudario fueron las conclusiones del microscopista Walter McCrone, quien luego de analizar hilos del sudario concluyó que toda la tela (en especial la imagen impresa del hombre torturado) estaba llena de “pigmento ocre-rojo”. Esto no se traduce de otro modo que no sea decir “la imagen es una pintura, no una impresión de un cadáver”.
Pero las anomalías más ignoradas y que suelen pasar desapercibidas en un debate sobre el tema, son las anomalías forenses y anatómicas. En primer lugar, la sangre no se encuentra proporcionada tal y como estaría en un cadáver cubierto; si la imagen del sudario muestra a una auténtica víctima de tortura, era una persona deforme, pues el cuerpo no está proporcionado. La cabeza es demasiado pequeña, los brazos son exageradamente largos (aunque alguien podría objetar que estos son largos porque tuvieron que ser dislocados para crucificar a este hombre), el tórax es muy grande y las piernas son largas. Casi parece que la imagen se hizo parte por parte, tal y como se haría con una obra de arte.

Los creyentes sostienen que hay muchas razones para creer que es una reliquia auténtica. Incluso han logrado crear una nueva pseudociencia llamada sindonología, la cual se ocupa del estudio “teológico y científico” del sudario. Los sindonólogos  argumentan que el sudario no parece ser una obra de arte porque en la Edad Media no se solían hacer obras de arte de esta forma. Quizás esto sea verdad, no parece ser una obra de arte, pero tal vez eso sea porque su creador no buscaba hacer una obra artística que se pudiera admirar sino una reliquia (fraudulenta) que el pueblo pudiera adorar, tal y como sucedió una y mil veces en los tiempos medievales.

Véase más: Anomalías ignoradas del "Sudario" de Turín, artículo de Hernán Toro en la revista Pensar; El sudario de Turín revisitado, artículo de Daniel Loxton.

6.  La memoria del agua. El 30 de Junio de 1988 apareció publicado en la prestigiosa revista científica Nature un artículo firmado por el equipo de Jacques Benveniste, exponiendo una serie de experimentos sobre degranulación de basófilos disparada por anticuerpos muy diluidos. Benveniste, hasta entonces, era un afamado y respetado científico. Sin embargo, su artículo despertó ciertas sospechas al editor de Nature, John Maddox.

Nature presentó una aclaración al final del artículo de Benveniste, asegurando que era lógico que se mantuviera una postura escéptica ante ciertas afirmaciones de Benveniste, y que se haría una investigación más profunda.

De este modo, Nature organizó un equipo de investigación conformado por el propio Maddox, el científico y experto en errores de investigación Walter W. Stewart y (el integrante que más polémica causó) el mago y conocido caza charlatanes James Randi.

En el artículo, Benveniste aseguraba básicamente que los basófilos (células responsables de dar la señal de alerta en caso de infección, o al ponerse en contacto con alguna sustancia a la que se sea alérgico, y esto lo hacen liberando histamina) liberaban histamina al poner en contacto preparados de leucocitos con suero de cabra cada vez más diluido en agua destilada, y así observar si las células defensivas reaccionaban frente a los anticuerpos anti-IgE presentes en el suero (antisuero anti-IgE), liberando histamina y otros mediadores vasoactivos e inflamatorios.

Al parecer, los experimentos controlados arrojaron resultados positivos; los basófilos reaccionaban aunque se sometieran a diluciones en las que no existía ingrediente activo alguno. Esto despertó las sospechas de los científicos, a la vez que los homeópatas elogiaban los estudios publicados en Nature. Por fin había evidencia científica que parecía respaldar las afirmaciones homeopáticas de que a pesar de sobrepasar el número de Avogadro, se podía tratar enfermedades con diluciones infinitesimales.

Los creyentes de este fenómeno lo nombraron memoria del agua. Los estudios de Benveniste parecían mostrar que  el agua era capaz de “recordar” las sustancias con las que había estado mezclada. Sin embargo, el teatro de Benveniste se vino abajo cuando el trío Maddox-Stewart-Randi publicaron un nuevo artículo en el siguiente número de Nature, titulado 'High-dilution' experiments a delusion.

Los investigadores encontraron una serie de inconsistencias, además de aparentes intereses económicos (dos de los investigadores de Benveniste eran pagados por la empresa homeopática Boiron); por si fuera poco, al repetir los experimentos con sencillos pasos de doble ciego, más un poco de ilusionismo por parte de Randi, no se pudo encontrar evidencia alguna que demostrara la existencia de la memoria del agua. El caso quedó cerrado, el artículo High-Dilution terminó con la reputación de Benveniste y la memoria del agua siguió siendo insostenible.

Algunos años después, la doctora Madeleine Ennis publicaría un nuevo estudio en el que llegaba a las mismas conclusiones a las que había llegado Benveniste años atrás. Nuevamente, James Randi junto con un equipo de investigación de la Royal Society  analizarían y reproducirían los experimentos de Ennis en busca del supuesto efecto de la memoria del agua. El equipo reprodujo con exactitud los experimentos de manera infructuosa, pues nuevamente no encontrarían nada.

Hoy en día, la memoria del agua
es defendida por charlatanes y pseudocientíficos
como Masaru Emoto.
Con el tiempo, han surgido algunos estudios que sugieren la memoria del agua, pero siempre que son verificados, o se encuentran signos de fraudes e intereses políticos con empresas homeopáticas o fallos en la metodología o simplemente los resultados son imposibles de verificar y replicar, de modo que estos experimentos quedan descartados como evidencia de algo. El circo magufo de la memoria del agua aun es sostenida por charlatanes como Masaru Emoto y por los homeópatas, que incluso han llegado asegurar choradas como que la homeopatía funciona con física cuántica.

Algunos magufos homeopáticos aseguran que estudios como los de Benveniste y Ennis son auténticas evidencias de la memoria del agua, y por tanto, de la validez (teórica) de la homeopatía. Argumentan que así como existen estudios negativos, también hay resultados positivos. Por supuesto, el malvado Stablishmen científico y sus agrupaciones “escépticas” hacen que estos estudios queden en ridículo y nieguen la memoria del agua.

Lo que ocurre en realidad es que los resultados positivos no han sido reproducidos en laboratorios independientes a la industria homeopática, nunca se ha encontrado prueba confiable de la memoria del agua o la validez de la homeopatía, y nunca se ha negado la memoria del agua.

Miguel Ángel Sabadell aclara muy bien este punto en su monografía ¿Es efectiva la homeopatía? Científicamente hablando, no podemos asegurar la no existencia del pretendido efecto. Pero sí negamos la existencia de pruebas que lo avalen, y, por tanto, tampoco se justifica la terapia que de ella se deriva.

Véase más: El documental Homeopatía, la prueba del fraude; Homeopatía. Crítica a los estudios clínicos actuales, ensayo de Edzar Ernest en el CSI; La monografía ¿Es efectiva la Homeopatía? de Miguel Ángel Sabadell, publicada por la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico; La memoria del agua I y II, artículos de La Ciencia y sus Demonios.

5. ¡Aliens! Cuando era adolescente no había tema que me fascinara más que el de los ovnis. Aunque siempre me encantaba escuchar y leer sobre el incidente Roswell, las abducciones, los círculos de cosecha y los avistamientos ovni más famosos, lo cierto es que nunca fui fan de Jaime Maussan (no sé por qué).

Como sea, la ufología es una de las pseudociencias más populares en el mundo, y sus seguidores hablan sobre visitas intergalácticas que “explican” con física teórica, raptos extraterrestres en los que los aliens tienen relaciones sexuales con los humanos, y conspiraciones malvadas de gobiernos tratando de ocultar la evidencia.

Personalmente he sido testigo de objetos tubulares, esferas metálicas y puntos de luz con la intensidad de una estrella lejana que avanza con una velocidad constante. Sin embargo, hoy por hoy pienso que suponer que he sido testigo de visitas extraterrestres sería algo “fuera de este mundo”. Los aviones, cuando se encuentran muy lejos casi no se aprecia su movimiento y pueden verse como un tubo o cigarro volador; los globos de helio pueden elevarse a alturas sorprendentes y parecer estáticos, además por ser de colores brillantes, como plateado o rojo, reflejan mucha luz creando la apariencia de esferas con luz propia; ahora, los satélites geoestacionarios son satélites que pueden verse orbitar la Tierra si uno presta atención al cielo de una noche despejada y estrellada. La distancia y la velocidad de sus órbitas explican perfectamente el por qué parecen naves con un destino fijado.

Si mi testimonio no puede ser tomado como una muestra de la visita de ET, tal vez alguna de las evidencias que han dado a conocer los ufólogos sirva de algo ¿o no? Bueno, lo cierto es que los ufólogos jamás han dado evidencia de abducciones, romances intergalácticos, conspiraciones mundiales o naves accidentadas. Todo lo que dan son testimonios vagos y de dudosa confianza, hipótesis y especulaciones muy aventuradas que hace pensar que estos tipos no tienen “los pies sobre la tierra”, fotografías y videos que bien podrían mostrar aves, meteoritos, aviones… o ser simples fraudes.

Son pocos los casos en los que se trata de mostrar alguna evidencia física de visitas extraterrestres. Tal son los casos de los anillos de las hadas, los implantes alienígenas y los residuos de ovnis como el objeto de Bob White. Sin embargo, estos casos también tienen explicaciones muy terrestres. Los anillos de las hadas, una extraña anomalía en pastos cortos en los que una región de plantas deja de crecer o crece demasiado y en forma circular, son en realidad causados por el crecimiento de un hongo; los implantes alienigenas, aunque se cuentan por cientos los que los ufólogos presumen tener, nunca han demostrado ser de origen espacial. Estos fragmentos metálicos que aparecen dentro de la piel de algunas personas parecen ser fragmentos de elementos comunes como trozos de un auto que se incrusta en la piel luego de un accidente; por  último, los residuos de ovnis como el objeto de Bob White presentan historias increíbles de una persecución de un platillo volador en auto, pero resulta ser solo hierro fundido, idéntico a un montón de hierro fundido que se encontraría en el basurero de una herrería.

Las historias de ovnis son fascinantes, pero platos arrojados al aire, hongos que hacen crecer plantas, testigos influenciados por ideas de la ciencia ficción, especulaciones sin evidencia y pedazos de metal fundido no sirven como evidencia a favor de visitas extraterrestres.

Véase más:El blog de Robert Sheaffer, Bad-UFO.

4. Dios es infinitamente bueno. El concepto Dios ha sido, es y muy posiblemente seguirá siendo uno de las mayores polémicas en el mundo filosófico. Sin embargo, para la ciencia, dios ha pasado a la historia, siendo a lo mucho, una hipótesis obsoleta.

Pero los apologistas y teólogos insisten en que no puede haber vida plena sin dios. Y en occidente, no puede haber vida plena si no es a través del dios cristiano llamado… Dios. Sin revolvernos con las palabras, el discurso de los apologistas se divide principalmente en dos partes: la primera asegura que para que la moral tenga un fundamento objetivo (es decir, fuera de un relativismo cultural o histórico, y más allá de la convención humana de un contrato social) debe decirse que los valores son creación divina. Ideas innatas insertadas en el hombre para llevar una vida virtuosa. Si Dios no es la fuente objetiva de los valores morales, entonces los valores morales no son objetivos. Sin embargo los valores morales, tal y como los entendemos, son objetivos, y por tanto Dios existe.

La segunda parte de la retórica teísta asegura que todo es demasiado perfecto, con un orden y un diseño. Todo orden y diseño no se originan de la nada y por azar, sino que alguien los origina y causa. Ese alguien no puede ser otro más que Dios. Existe orden y diseño en el universo, por tanto existe un diseñador. El diseñador es Dios, por tanto, Dios existe. En esta ocasión, no hablaré mucho sobre el problema del diseñador.

Estas dos formas de argumentar (que para muchos son argumentos tajantes e irrebatibles) muestran como base dos conceptos que a todos nos enseñaron en la doctrina del templo de la colonia cuando éramos niños. Se supone que son dos propiedades esenciales de Dios, y de no tenerlas, este no podría ser llamado Dios: la omnipotencia y la infinita bondad. Pero ¿realmente pueden estas dos  “propiedades” ser lógicamente imaginadas  como esenciales en un ser?

Aclaro esta pregunta con apariencia oscura: ¿es posible imaginar un ser que es a la vez omnipotente y a la vez todo bondad? Más aún, ¿es posible imaginar un ser que no solo es omnipotente e infinita bondad, sino que además es omnisapiente (lo supo, lo sabe y lo sabrá todo)? Sin duda para un teísta la respuesta más fácil es “por supuesto, Dios es omnipotente, omnisapiente e infinitamente bueno”. Sin embargo, la lógica y la filosofía no parecen estar de acuerdo con esto.

Primero que nada, imaginemos por un momento que en verdad hay pruebas de un diseño y un diseñador. Que este diseñador no es otro sino el dios cristiano que narra la Biblia; el relato bíblico es absolutamente verdadero, y ya de paso pensemos por un momento en unicornios rosas invisibles. La primera duda que me podría surgir, si todo esto fuera verdad, sería ¿por qué Dios ha permitido el sufrimiento y el mal en el mundo?

Los cristianos suelen excusarse diciendo que el mal no lo provoca dios, sino el hombre al obedecer al diablo. Pero no se olviden que estamos tomando en cuenta que todo el relato teísta es verdad, lo que significa que esta excusa es irrelevante. Dios es omnisapiente, y por tanto, debió de haber sabido miles de millones de años antes de crear al diablo que éste haría caer en pecado a su creación dentro de miles de millones de años más adelante.  Aun sabiendo que su creación sería condenada, mucho antes de siquiera crearla, decidió crear todas las circunstancias idóneas para que el diablo se revelara, Adán y Eva fueran tentados, y la historia de la humanidad estuviera llena de sufrimiento e injusticia.

¿Se nota la infinita bondad de Dios, verdad?

Si Dios en su omnipotencia y omnisapiensa sabía lo que ocurriría con su creación y podía evitarlo, y aun así no lo hizo, concluimos forzosamente que Dios no es bueno (tal y como entendemos bondad) y que por tanto el concepto Dios no es lógicamente imaginable. Por otro lado, si suponemos que Dios hizo al ser humano porque Dios es bueno, pero no sabía que la humanidad se condenaría (tal y como parece sugerirse en el Antiguo Testamento), entonces Dios no es omnisapiente y por tanto tampoco es omnipotente (porque no puede saberlo todo), y por tanto, volvemos a caer en una contradicción con el concepto.

Los teólogos buscan escapatorias ante este problema inevitable: algunos aseguran que Dios sí sabía de la condena del hombre antes de siquiera haberlo creado, pero que éste no quería intervenir con el libre albedrío del hombre. Por tanto, el hombre se condena a sí mismo.

Otros (como los Testigos de Jehová), además de asegurar lo anterior, aseguran que la humanidad solo sufre por un momento, pues el juicio final está cerca. Entonces, solo sufrimos por un tiempo el gobierno del diablo pero este sufrimiento lo debemos aguantar para poder ser merecedores de estar en el gobierno de Dios.

Si ignoramos la última excusa, digo argumento, que se utiliza para salvar al concepto Dios y nos quedamos solo con la aparentemente profunda (la del libre albedrío), encontramos que es más oscura que profunda. Uno bien podría suponer que el libre albedrío existe y aun así se encuentra con el mismo problema, pues podemos preguntar ¿Dios no fue capaz de crear al ser humano con la capacidad de siempre elegir el bien?

La pregunta nuevamente hace ponernos a pensar sobre la omnipotencia. Si Dios podía haber creado al ser humano con la capacidad de elegir siempre el bien, y no nos creó de esta forma (pues es obvio que tenemos la capacidad de elegir el mal), quiere decir que eligió el crear seres humanos con la capacidad de equivocarse, sufrir y luego ser juzgados en el más allá solo para sufrir más. Por tanto, ¿cómo se podría pensar que Dios es bueno?

Por otro lado, si Dios no podía crearnos con la capacidad de elegir siempre el bien, entonces no es omnipotente, y por tanto, no es lógicamente imaginable un ser como Dios.

Estos problemas son bastante como para asegurar que desde la lógica y la filosofía, el dios personal en el que creen millones de personas no es más que una tontería. Un concepto contradictorio, igual de posible que un círculo cuadrado.

Ojo, esto es solo un planteamiento que la filosofía analítica arroja sobre dios, aun faltaría explicar tantos otros, así como los problemas al comparar las religiones, el problema en el que el dios del Antiguo Testamento es un sanguinario, racista, machista y completo amoral;  el conocer historia de las religiones y los principios de simplicidad y necesidad en las teorías científicas, etc. Podrá ser la mayor creencia en el mundo, pero igual es una tontería, sin importar que millones la crean.

Véase más: An Atheist Manifiesto, de Sam Harris, traducido al español por el blog Razón Atea; ¿Por qué la religión no es necesaria para una vida moral? Artículo de mi autoría; Dios no es bueno, de Christopher Hitchens;  Elogio de la Irreligión, de John Allen Paulos.

3. Voces del más allá... ¿o del más acá? Las creencias en fantasmas, espíritus y vida después de la muerte son tan antiguas como la humanidad misma. La idea de que luego de la muerte existe otra vida, y que esta “forma de vida” puede interactuar con la vida terrenal fascina y asusta a las personas, y así ha sido a lo largo de la historia.

Hoy en día cuando se habla de fantasmas es casi obligatorio pensar inmediatamente en sitios embrujados. Las casas encantadas se cuentan por cientos, sino es que por miles, en todo el mundo. La Torre de Londres, la casa 112 de la avenida Ocean en Amityville, los cementerios escoceses o la afamada casa Cañitas. En todos estos lugares, las personas reportan más o menos los mismos fenómenos: objetos que se mueven o transportan por sí solos, ruidos y voces extrañas, cambios de temperatura, pasos cuando aparentemente no hay nadie, sentir presencias…

Para un ciudadano común, el que este tipo de cosas pase en su patrimonio es inaudito. Se pierde el control incluso en su propiedad, se siente como si no le perteneciera y estuviera a merced de entes sobrenaturales. Para las personas que sufren este tipo de cosas, es ver para creer; y hasta donde pueden ver (o sentir), los sucesos son reales. De hecho la psicología moderna considera los casos de fantasmas como reales dentro de las experiencias humanas.
Esto no quiere decir que existan entes descarnados, sino que las personas que tienen “encuentros” o reportan este tipo de cosas en verdad lo creen. Creen que en verdad están sucediendo, creen que en verdad lo experimentan, y así es, experimentan algo. Pero es poco probable que experimenten algo paranormal.

Personalmente he llegado a escuchar pasos en mi escalera por las noches. En mi familia sobran las anécdotas sobre fantasmas: mi abuela solía contar cómo una noche sintió que mi abuelo la besaba, a pesar que ya llevaba unos días muerto; ella contaba que cuando ocurría esto llegaba a sentir su boca fría. Una de mis tías asegura que fue curada de una enfermedad misteriosa por una monja fantasma que probablemente murió en ese hospital (el Hospital Civil “viejo” de Guadalajara, a un lado del famoso y embrujado Panteón de Belén). Otra tía narra cómo una vez que se despertó estaba frente a ella una mujer vestida de blanco; mi tía cuenta que fue aterrador porque sentía que no podía moverse ni gritar. Mi mamá cuenta que cuando era niña vio una sombra en el baño de su casa; cuando regresó con su mamá, ya no había nada. Mi papá vio una noche cómo mis hermanas subían las escaleras como arañas, fue a su habitación y se dio cuenta que mis hermanas estaban profundamente dormidas; más tarde esa noche sintió una presencia oscura asomada en su ventana. ¿Por qué no creo en fantasmas a pesar de todo esto? Y ¿por qué las personas suelen creer en fantasmas luego de experimentar este tipo de cosas?

Hay muchas razones por las cuales, la gente quiere creer en fantasmas. Una de ellas es porque quieren creer que hay vida después de la muerte, que hay algo más  que esta vida. Otra razón es porque la imaginación se apodera de ellos, y ven cosas, está oscuro y es natural buscar una explicación en lo fantasmal” afirma Benjamin Radford, investigador  del Comité para laInvestigación Escéptica y editor de la revista Skeptical Inquierer.

Desde un punto de vista científico, las anécdotas, como las que cuentan en mi familia, no son suficientes para demostrar que en verdad ocurre un fenómeno paranormal. El problema con las anécdotas es que carecen de sustento, no pueden demostrarse pero tampoco pueden refutarse, de modo que pasan a ser irrelevantes para la validación científica de un fenómeno.

Otro problema es que la experiencia y los sentidos no son una buena fuente de certezas. Nuestros sentidos pueden engañarnos y nuestra experiencia puede ser exagerada por causas físicas y psicológicas cuando nos encontramos en momentos de estrés y miedo. Nuestros recuerdos pueden transformarse en falsas memorias al añadirse con el tiempo más contenido, en la mayoría de los casos de forma inconsciente.

La naturaleza de las experiencias paranormales es un fenómeno psicológico bien estudiado y a menudo ocurre de la siguiente forma: en un lugar determinado hay uno o más testigos que experimentan algo potencialmente extraño, pero que podría tener una explicación racional. Sin embargo, la explicación racional es ajena a los testigos, ya sea porque esta solo se encontraría con una revisión a fondo del fenómeno o porque los testigos no piensan en términos racionales debido a la sugestión, la ignorancia y el miedo que sienten en ese momento. Luego de esto arguyen que fueron testigos de algo extraño y que por tanto fueron testigos de algo paranormal.

La conclusión a la que se llega en esta forma de razonamiento no se deriva ni de la experiencia ni de las premisas del razonamiento, sino más bien de la cultura y el hábito. Estamos acostumbrados a recibir toneladas de información sobre casas encantadas en la cultura popular, de modo que cuando alguien experimenta “algo” que se supone ocurre en una casa encantada, concluimos que en verdad experimentamos un fenómeno paranormal.

Esta forma de razonar es un non sequitur, pero hay que recordar que en ese momento lo último que al testigo se le ocurre es pensar de forma lógica. El miedo hace que la experiencia se intensifique sesgando el juicio y experimentando cosas que en realidad no están ocurriendo. Sin embargo, los creyentes bien podrían asegurar que, si bien los sentidos y la experiencia pueden ser sesgados, lo cierto es que su experiencia sí tiene un origen externo a ellos mismos. Ellos son testigos de un fenómeno extraño que no pudieron explicar.

¿Existe una explicación para pasos en una escalera, monjas inexistentes, besos fríos, o el no poder moverse cuando despertamos y vemos a alguien parado en frente de nosotros?  En realidad, para cada fenómeno de apariencia "inexplicable" es posible pensar en varias explicaciones terrenales. Por ejemplo,pensemos en mis anécdotas familiares: resulta ser que mi casa está pegada a otras dos, y lo que hacen en la casa de al lado puede escucharse en mi sala o en mi habitación con toda claridad. El relato de mi tía de la monja fantasma es de hace, por lo menos, 30 años, y el hospital en que fue internada es frecuentado por misioneras que ayudan enfermos y no es imposible que den de forma clandestina algunos remedios caseros para curar dolencias. Mi abuela, en los tiempos en que sentía el frio beso de mi abuelo recién fallecido, pasaba por una etapa de duelo y cansancio, lo que bien podría explicar sueños lúcidos o simple sugestión al aun digerir la terrible perdida. Mi tía que vio a una mujer parada en frente de ella probablemente experimentó un caso de parálisis del sueño acompañada con alucinaciones (comunes cuando se experimenta parálisis del sueño). La anécdota de mi madre es muy antigua y probablemente se disolvió el recuerdo original a lo largo de los años.  Mi padre no está seguro si lo que vio lo estaba aun soñando, como un sueño muy vívido, despertándose aun aterrado; sería como cuando soñamos que estamos cayendo.

Tal parece que los fantasmas y las casas embrujadas pueden resumirse tal y como lo hace Robert Todd Carroll en el Diccionario de los Escépticos: Como escéptico, lo único que puedo decir con seguridad es que cuando uno considera los requisitos para una historia de fantasmas, la posición más razonable es que hay una explicación natural para todas estas historias, pero a menudo no quieren o no pueden tener todas los detalles necesarios para esa explicación.

Véase más: Ghost, entrada del Skeptic’sDictionary.

2. La “teoría” del antiguo astronauta. Si pudiera describir una tontería que es divulgada con descaro cínico pensaría, antes que cualquier otra cosa, en la teoría del antiguo astronauta. Y es que el descaro con el que esta idea se presenta como una teoría alternativa para explicar la historia de la humanidad en canales [pseudo]culturales que no mencionaré para mantener la discreción (ejem, ejem, The History Channel, ejem ejem); y es tal, que baja el autoestima al ver cuánto se lucha por divulgar auténtica ciencia y pensamiento crítico, y cuán fácil es que charlatanes como Erick von Daniken tengan voz y difusión masiva.

Los teóricos de los antiguos astronautas
aseguran que imágenes como esta son
prueba irrefutable de extraterrestres
en la antigüedad.
La idea de astronautas antiguos consiste en la creencia en que una civilización extraterrestre visitó la Tierra en tiempos cuando la civilización humana recién comenzaba. Los extraterrestres ayudaron a los primitivos y retrasados humanos a crear fantásticos monumentos como las pirámides de Egipto, Stonehenge o los templos de la India; también fueron los extraterrestres los creadores de la religión, los mitos, el lenguaje, la ciencia y la filosofía, pues se supone nos enseñaron matemáticas, agricultura, astronomía y minería.

Luego de estar por aquí un tiempo (al parecer de vacaciones espaciales o algo así), después de enseñarnos lo que sabían, extraer oro y  reproducirse con los humanos, decidieron irse. Entonces, los humanos miraban como dioses a estos seres. De aquí nacen la religión y el mito, en los que más que dioses estarían hablando de extraterrestres con tecnología avanzada.
Tan ilógico como todo esto pueda sonar, los partidarios de la teoría del antiguo astronauta aseguran que hay evidencias en todas partes. ¿Quién construyó las pirámides de Egipto? ¡Aliens! ¿Quién hizo las líneas de Nazca? ¡Aliens! ¿A quienes se refieren los mitos antiguos cuando hablan de seres bajando del cielo? ¡Aliens! ¿Quiénes fueron Buda, Jesucristo o Mahoma? ¡Aliens!

Así como en la antigüedad las personas respondían ante lo que ignoraban gritando "¡Dioses!" Ahora los astroarqueólogos (un término demasiado técnico para este tipo de magufos) responden ante todo lo que les parece extraño "¡Aliens!" Por supuesto, la evidencia que apoya esta afirmación es la misma que la que apoyaba la afirmación de los dioses, o sea ninguna.

Los promotores de esta chifladura aseguran que las “pruebas” como los mitos de origen de las antiguas culturas hacen que, por lo menos, nos entre la duda sobre si realmente eran solo mitos. Más allá de esa “duda”, los astroarqueólogos interpretan algunos objetos extraños como obra de extraterrestres antiguos. Los objetos arqueológicos que parecen no pertenecer a la edad antigua se les conoce como ooparts, y si bien son efectivamente extraños, no hay pruebas que demuestren que sean de origen extraterrestre.

La teoría del antiguo astronauta presenta una retórica muy similar al ya mencionado creacionismo [pseudo]científico: se hace ver como una legítima hipótesis alternativa a las que ofrecen ciencias como la historia, la arqueología y la antropología evolutiva; asegura que las hipótesis oficiales son insuficientes o ineficientes para explicar el pasado histórico y evolutivo del ser humano, llegando a la conclusión que su hipótesis es, sino más certera, de la misma calidad y validez que las hipótesis científicas; ignora o niega (ya sea de forma inconsciente o intencionada) hechos y evidencias que contradicen o falsean a su hipótesis defendida; cuenta con instituciones y asociaciones dedicadas exclusivamente a su divulgación en la sociedad, mostrando información exagerada, datos incorrectos y deshonestidad académica; cuando es sometida a críticas suele escapar con hipótesis ad hoc, haciendo de su discurso más confuso y oscuro para el público ajeno a la investigación historiográfica y antropológica; cuenta con el apoyo de algunos académicos excéntricos y rezagados, muchos de los cuales con antecedentes de deshonestidad académica.

Los estudiosos del pasado ignoran la teoría del antiguo astronauta tanto por carecer de evidencias sólidas como por ser una hipótesis que no simplifica el problema histórico-antropológico, sino que lo complejiza. Esto último tiene que ver con una antigua pero eficaz norma de la ciencia llamada navaja de Occam.

La navaja de Occam consiste en elegir la hipótesis más simple para explicar un fenómeno específico. Se sostendrá la hipótesis más simple como la más probable y elegante hasta que existan evidencias que sugieran que otra hipótesis es correcta. Hasta que no llegue ese momento, el investigador debe guiarse por la hipótesis más simple.

Si aplicamos esto al pasado humano resulta más simple suponer que las pirámides de Egipto fueron creadas por los egipcios y no por extraterrestres; o es más fácil suponer que los mitos de dioses son solo mitos y no descripciones de naves espaciales. Si a esto le sumamos el hecho de que existen evidencias que demuestran que todo esto es obra humana, suena lógico que los arqueólogos e historiadores serios consideren a los astronautas del pasado un sinsentido propio de la pseudohistoria.

Véase más: El documental Ancient Aliens Debunked; Extraterrestrials entrada del sitio web Bad Archaelogy.

1. Jesucristo resucitó al tercer día y subió al cielo¿y luego qué? Por fin llegamos a mi tontería número uno, que irónicamente, suele ser la creencia favorita de millones de personas en el mundo: la resurrección de Jesucristo.

Durante poco menos de 2000 años, los cristianos han creído fielmente que el mesías llegó a la Tierra, fue sacrificado tal y como las profecías del Antiguo Testamento, y resucitó reafirmando su divinidad y humildad para con todo el mundo. Sea un hecho histórico o solo ficción, la resurrección es la base dentro del mensaje del cristianismo, una doctrina con más de 2, 200 millones de seguidores.

El relato bíblico nos dice que luego de ser traicionado, negado como maestro y sometido a juicios injustos, Jesús de Nazaret fue condenado a morir crucificado. Luego de pasar alrededor de 3 a 6 horas en la cruz, Jesús ya no mostraba signos de vida. Después de convencer al gobernador romano Poncio Pilatos de que se bajara a Jesús para enterrarlo, el cuerpo del aparentemente falso mesías fue llevado a una tumba nueva. Luego de pasar la tarde del viernes y todo el día sábado, en la mañana del domingo se encontró la tumba vacía y se presumía que Jesús había resucitado. Hasta aquí el relato que a todos nos enseñaron en el catecismo.

Pero hace falta algo más que un relato para niños para convencer a un historiador de que este episodio en verdad ocurrió. Y resulta ser que tenemos poca o ninguna evidencia del afamado suceso que da sentido a la promesa de Dios a Adán para salvarlo de la muerte. No solo no existen evidencias que apoyen el mito, digo, el relato de la resurrección, sino que además tenemos pruebas en contra.

En primer lugar los evangelios (la única fuente que relata la resurrección) parecen presentar hechos distintos entre sí. Si uno busca la escena de la resurrección y la compara en cada evangelio encontrará añadiduras, exageraciones o discrepancias en cada uno. Mientras un evangelio relata que tres mujeres fieles vieron cómo un ángel bajaba del cielo para mover la piedra de la tumba y petrificar a los guardias que la custodiaban, en otro narra que el ángel ya estaba dentro de la tumba vacía y no hay guardias que custodian la tumba; en otro evangelio el único testigo es María Magdalena. Como es evidente, casi parece un teléfono descompuesto en el que cada evangelista relata el episodio como si se lo hubieran contado en un barrio. La Biblia simplemente no ofrece seguridad histórica como para considerarla una fuente confiable.

La resurrección es un mito que suele repetirse en otras tradiciones antiguas. En la mitología egipcia el dios Osiris (quien es hijo de una virgen, Isis) es partido en pedazos solo para resucitar y salvar a su pueblo de la destrucción. El tema suele ignorarse de forma intencionada por los historiadores de la religión, asegurando que es el episodio en el que “termina la historia y comienza la fe”.

Este acto es una irresponsabilidad por parte de los historiadores bíblicos, pues su propósito es descifrar qué es historia y qué es fantasía en las afirmaciones de la Biblia. Es como si dijéramos que cuando Mahoma sube al cielo o cuando Joseph Smith descubre las planchas de oro para fundar la iglesia mormona, son escenas en las que la “historia termina y comienza la fe”; si un historiador hiciera semejante afirmación lo tacharíamos de irresponsable y se vería como un caso más de deshonestidad académica.

La idea de durar un promedio de tres días muerto, resucitar, aparecerse a sus allegados y después subir al cielo es una serie de sinsentidos que no solo ignoran las leyes básicas de la física, la biología y la lógica, sino que las violan. Ante semejante afirmación extraordinaria deberíamos poseer evidencias igualmente extraordinarias. Sin embargo, no tenemos nada. Más allá de la fe que se pueda depositar en textos antiguos que buscaban ser mensajes mesiánicos y no relatos de historia, no hay razones para suponer que algo como la resurrección haya pasado alguna vez.

Esto parece importar poco cuando se trata de creer en esta historia. Más de 2, 000 millones de personas creen a pies juntillas que Jesucristo resucitó de entre los muertos, trayendo consigo un mensaje de esperanza y redención. Millones más han esperado (y aun esperan) la segunda venida de Jesucristo a la Tierra, y con este advenimiento se espera el día del juicio final.

Véase más: Resurrección: entre la historia, la fe y la fantasía, artículo de mi autoría.   
    
Desde la Atlántida y los monstruos, hasta extraterrestres en la antigüedad y mesías que resucitan, todas estas creencias representan una característica muy humana bien enraizada en la cultura: la irracionalidad. Y es que no podríamos decir que somos seres humanos si no fuéramos irracionales, siendo capaces de razonar e investigar, decidimos creer, ya sea por miedo o esperanza, en lo increíble. Hacemos de lo paranormal algo normal y de lo metafísico algo físico. Como si lo inverosímil tuviera que ser esencia de la civilización.

La influencia de lo irracional en la cultura, la historia y el ser humano en sí, es algo de lo que se debe aprender, pero también repeler en una época de responsabilidad para con el planeta a causa de la ciencia y la tecnología. Por esto es que estas son mis tonterías favoritas.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*El Mundo y sus Demonios, de Carl Sagan, Editorial Planeta.

*Destejiendo el Arcoíris, de Richard Dawkins, Editorial Crítica.

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