"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


No a las pseudociencias en la UNAM

No a las pseudociencias en la UNAM
Carta abierta a candidatos para el puesto de Rector de la UNAM

domingo, 30 de agosto de 2015

Oliver Sacks (1933 - 2015)

Pensar sobre la mente es una actividad filosófica estimulante. Hacer investigación científica sobre la mente no solo resulta igualmente estimulante, sino que además se vuelve una pasión de toda una vida que, como si fuera un adolescente enamorado, se busca compartir con todos los que se pueda. Eso es por lo menos lo que nos mostraba el ejemplo de Oliver Sacks, neurólogo, divulgador, ser humano.


"Cuando hayamos desaparecido no habrá nadie como nosotros, pero, por supuesto, nunca hay nadie igual a otros. Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano —el destino genético y neural— es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte."

El llamado "poeta laureado de la medicina" dejó de existir el día de hoy, dejando un maravilloso legado de escritos sobre uno de los más grandes misterios del universo: el cerebro humano. El 9 de Febrero de este año, Sacks, quien fue profesor de neurología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, dio a conocer públicamente que padecía cáncer en fase terminal con metástasis múltiple en el hígado a causa de un melanoma ocular (el cual le causó la pérdida de visión en un ojo).

Sacks dedicó años de investigación a los problemas mentales, como el autismo, así como fenómenos que fascinan al público, tales como los miembros fantasma y las alucinaciones. Su libro más popular, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (disponible en línea), impactó a su público, tanto aficionados sobre los misterios del cerebro, como a literatos que llevaron a la novela, el teatro y el cine la temática del libro.

Más allá de un currículum científico y literario, Sacks también fue un duro escéptico de lo paranormal, principalmente por encontrarse tan empapado con todo lo que nuestro cerebro puede imaginar, ver e incluso tocar aún cuando no existe nada "ahí afuera" qué percibir. Es de recordar sus críticas a los que aseguran haber visto el más allá, tal como el neurocirujano (y nuevo gurú new age) Eben Alexander, para darse cuenta que Sacks tuvo pocas consideraciones con aquellos que hacen negocio a partir de una alucinación causada por un cerebro moribundo que volvía a estar consciente:


[...]
Negar la posibilidad de cualquier explicación natural para un ECM [encuentro cercano a la muerte], como lo hace el Dr. Alexander, es más que poco científico -es anticientífico. Se opone a la investigación científica de tales estados.
[...] 
Las alucinaciones, ya sean reveladoras o banales, no son de origen sobrenatural; son parte de la gama normal de la consciencia humana y la experiencia. Esto no quiere decir que no pueden desempeñar un papel en la vida espiritual, o que no tengan un gran significado para un individuo. Sin embargo, si bien es comprensible que uno pueda atribuirles valor, creencias básicas, o construir narrativas sobre estas, las alucinaciones no pueden proporcionar evidencia de la existencia de seres o lugares metafísicos. Proporcionan evidencia única del poder del cerebro para crearlas.

Consciente de todo esto, para Oliver Sacks, igual que muchos otros grandes humanistas de la historia, era más reconfortante pensar sobre lo maravilloso de esta vida que el abrazar las fantasías delirantes de un "más allá", algo que deja bastante claro en su emotivo escrito "De mi propia vida" mostrándonos el lado más humano de alguien que enfrenta su inminente muerte:
No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores. 
Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.
El mundo perdió una de las mentes más brillantes que iluminaba a la humanidad. No exento de críticas y controversias, cuestionando incluso su manera de hacer investigación y sus principios éticos biomédicos, de lo que incluso sus críticos concuerdan, es que Oliver Sacks era un hombre de ciencia dispuesto a recibir las dudas que surgían de su pluma.

Este es mi humilde tributo a un autor que reconozco como uno de los grandes intelectuales de nuestro tiempo. Un maestro que puede enseñarnos y maravillarnos mucho. Un merecido homenaje que se le podría hacer es el leer sus escritos (tal vez buscar alguno de sus libros). De mi parte, comparto un video corto y un enlace a una entrevista realizada por la neurocientífica Indre Viskontas en el CSI, esperando disfruten de las reflexiones del hombre que no confundió a su mujer con un sombrero, pero que charló con una araña filósofa que tenía la voz de Bertrand Russell.





jueves, 23 de julio de 2015

Sincronicidad e inconsciente colectivo: las tonterías del Dr. Jung

"Jung está más cercano a la parapsicología, que a la psicología evolucionista o a la antropología cultural difusionista."
Gabriel Andrade.


La figura de acción de Carl Jung tiene extasiado al
blogger "Urspo", tal como se muestra en esta
foto de su blog.
El psicoanálisis inspiró una serie de corrientes pseudocientíficas tales como la orgonomía de Reich o el charlacanismo, peyorativo que los detractores de Lacan usan para referirse a sus tesis. Pero una corriente que influiría al surgimiento de la anticientífica psicología humanista, sería la psicología analítica de Carl Gustav Jung.

En un principio, Jung era uno de los alumnos, colegas y amigos más cercanos de Sigmund Freud, pero luego de una ruptura tanto académica como emocional con su maestro, Jung crearía su propia teoría psicoanalítica (la psicología analítica), la cual contiene dos conceptos básicos diferentes del psicoanálisis freudiano: la sincronicidad y el inconsciente colectivo.

Como buen psicoanalista, Jung hizo caso omiso de las herramientas de investigación científica, tales como la estadística y el método experimental. En vez de eso, luego de reponerse lentamente de su depresión causada por su ruptura con Freud, se dedicaría a la creación de esta nueva forma de psicología independiente de la freudiana, la cual acusaba de ser reduccionista y exageradamente materialista. Jung era un creyente a pies juntillas en la parapsicología, la astrología y el espiritismo.

A diferencia de Freud, quien dividía la mente en ello, yo y superyó, Jung la dividió en yo, inconsciente personal (o individual) y el inconsciente colectivo. La influencia del psicoanálisis freudiano es evidente en la descripción que Jung hace del yo y el inconsciente personal (no muy diferentes del ello y el yo descritos por Freud); sin embargo, el inconsciente colectivo representa un concepto original.

Según Jung, el inconsciente colectivo es la parte del inconsciente común a todos los seres humanos. El inconsciente colectivo contiene los llamados arquetipos (mientras que el inconsciente personal contiene los complejos), los cuales son las predisposiciones universales de la mente no fundamentadas en la experiencia. De forma parecida al mundo de las ideas platónico, los arquetipos de Jung, según nos dice, no tienen origen en los sentidos, pero tienen existencia independiente y son conocidos directamente por la mente. Sin embargo, la teoría metafísica expuesta por Jung se diferencia de la de Platón en su afirmación que los arquetipos surgen de forma espontánea, y sobre todo en tiempos de crisis.

Jung fue un creyente y practicante en
el espiritismo, la astrología, la clarividencia,
el esoterismo... y el fenómeno ovni, tal como
muestra este libro que dedicó
a los platillos voladores,
descargable en PDF.
Así, las crisis emocionales vienen a ser las puertas hacia el inconsciente colectivo revelando la verdad profunda oculta en la consciencia ordinaria. Jung estudió la mitología antigua asegurando que estas historias se basaban en los arquetipos, pues la mitología es el depósito de verdades profundas  y maravillas ocultas. Aunque aseguraba que estas ideas se sostenían científicamente, lo cierto es que nunca se ha encontrado evidencia que corrobore o sostenga cualquiera de sus tesis sobre el inconsciente colectivo. Lo que Jung muestra, más que una psicología científica, es una doctrina cuyo fondo ontológico es espiritualista, es decir, considera a la mente como una clase de sustancia diferente al cuerpo (tesis filosófica sostenida por todo el psicoanálisis en general), y por tanto resulta incompatible con el grueso del conocimiento científico.

No solo las crisis son la puerta para el inconsciente colectivo. Otro fenómeno que Jung “estudió” (y una de sus ideas principales contrarias a Freud) es el de las “coincidencias significativas”. Según este ex-psicoanalista, existe una clase de fenómeno oculto que consiste en la correlación de hechos arbitrarios, tales como encontrar un escarabajo en su consultorio mientras su paciente en turno le platicaba sobre un sueño con escarabajos (el escarabajo es un símbolo egipcio, y por tanto, concluyó en aquella ocasión, tanto el escarabajo del sueño como el escarabajo en su consultorio ofrecen un mensaje trascendental al paciente: necesita liberarse del exceso de racionalidad). Para Jung, este tipo de cosas no era cosa del azar, sino que existía una sincronía entre la mente y el mundo de los fenómenos de la percepción.


Como firme creyente en lo paranormal, Jung agregaría un nuevo concepto a este conjunto de la irracionalidad: el de sincronicidad, un principio no causal que vincula eventos de similar significado por su coincidencia en el tiempo. Así es como la sincronicidad sería una puerta más a los arquetipos contenidos dentro del inconsciente colectivo. Es evidente que estas ideas rayan en la locura y el absurdo, al carecer de toda base lógica o empírica, más allá de la imaginación (probablemente) trastornada de Jung. La defensa de su principio de sincronicidad ha llegado a ser tachado incluso de estúpido por carecer de cualquier sentido lógico, tal como explica Robert Todd Carroll en su Skeptic's Dictionary. Los casos de “coincidencias significativas” son en realidad explicables por la apofenía, un error de percepción bien estudiado en psicología. 

Jung puede ser justamente considerado
un gurú de la new age, más que
un psicólogo.
Las tesis de Jung, tal como se dijo desde el principio, forman un cuerpo de creencias antecesoras de la psicología humanista. Sus ideas siguen teniendo difusión entre los charlatanes de la new age, en especial los practicantes de pseudotecnologías como el indicador de tipo Myers-Briggs. Jung fue promotor de varios de tipos de irracionalidad, incluido el creerse una clase de profeta: se cuenta que entre 1913 y 1917 Jung pasó por un periodo de enfermedad mental al que solía referirse como una "confrontación voluntaria con el inconsciente". Jung, luego de este "encuentro", se veía a sí mismo como el hombre cuya misión en la vida era llenar el vacío a aquellos pacientes que habían perdido su fe en la religión. De acuerdo a él, todos sus pacientes mayores de 35 años sufrían de "pérdida de religión." La solución era llenar aquellas vidas sin sentido de trascendencia con sus propias invenciones: los arquetipos y el inconsciente colectivo. Con todo, Jung fue sin lugar a dudas, uno de los principales abuelos de las pseudociencias de la mente contemporáneas.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*"Los disparates de C. G. Jung" por Gabriel Andrade en su blog Opiniones.

*"Synchronicity" y "Collective unconscious", entradas en The Skeptic's Dictionary, de Robert Todd Carroll.

*"Synchronicity", por Christopher Bonds, en The Skeptic Encyclopedia of Pseudoscience, editada por Michael Shermer, Skeptic's Society.

viernes, 10 de julio de 2015

Homo sapiens ferus*

Misterios de los niños salvajes

"Rómulo y Remo", Rubens, 1618 óleo sobre lienzo,
Roma, Museo Capitolino.
En 1735 el famoso naturalista, padre de la taxonomía moderna, Carlos Linneo publicaba su Systema Naturae, obra en la que da a conocer el sistema de clasificación de especies que todavía es utilizado hasta nuestros días para describir y agrupar las especies de seres vivos. Algo que en nuestros días nos parece curioso en el Systema Naturae, es la clasificación de varias especies de humanos que según Linneo viven hasta hoy. Linneo diferenció el homo americanus, el homo europaeus, homo asiaticus y el homo afer (los “hombres” de Estados Unidos, Europa, Asia y África respectivamente). Linneo incluyó otras dos especies de humanos más: el homo monstruosus, designando a gigantes y enanos; y el homo ferus u hombre salvaje.

Linneo afirmaba que las características del homo ferus eran las de “mutus, tetrapus, y hirsutus”, es decir, mudos, que se mueven en cuatro patas y peludos. Aunque la clasificación antropológica de Linneo está hoy día más que descartada, es interesante notar la atención que ya en las primeras décadas de 1700 tenía el tema de los llamados “hombres salvajes”, criados de manera aislada de todo rastro de civilización. Para ilustrados como Linneo, era obvio que estos no podían pertenecer a la misma especie a la que pertenecían los hombres de la civilización de avanzada, caracterizada por la educación, la cultura y el lenguaje. Desde luego, incluso ya en esos tiempos, no todos concordaban con Linneo.

El filósofo Jean Jacques Rousseau aseguraba que el estado puro del ser humano era el salvaje, por naturaleza bondadoso, y que era la civilización la que corrompía el buen salvaje, volviéndolo educado pero hipócrita, culto pero egoísta. Estas cuestiones filosóficas sobre la naturaleza humana son imposibles de ignorar cuando se habla de un tema tan extraño pero que puede decirnos tanto sobre nosotros mismos: las historias de niños salvajes, niños abandonados a su suerte en bosques y junglas que de algún modo sobreviven por años, siendo al parecer adoptados por animales como lobos, osos o monos, y desarrollándose como individuos de esas especies más que como humanos.

Como bien lo muestran Linneo y Rousseau, el tema no es nuevo. Popularizado por la mitología y por la literatura, con personajes como los míticos fundadores de Roma Rómulo y Remo, el niño Mowgli imaginado por Rudyard Kipling en El libro de la selva o Tarzán “el rey de la selva” creado por Edgar Rice Burrowghs, las historias de niños salvajes son, probablemente, tan antiguas como la civilización misma. Pero, ¿son reales? ¿En verdad es posible que un animal salvaje elija criar un humano en vez de comérselo? ¿Podría ser que estos casos revelen conocimientos nuevos sobre la naturaleza humana?

Entre los casos documentados, los más antiguos datan de principios de 1300, con reportes de “niños lobos” en Hesse, Alemania. Tal vez el caso más famoso de la historia es el del niño salvaje bautizado como Víctor de Aveyron, encontrado en 1797 y retratado en la película “El pequeño salvaje” de François Truffaut. Víctor fue avistado por testigos desde 1794 en el bosque de Aveyron, Francia, siendo capturado por un grupo de cazadores en 1797; escapó de nuevo hacia el bosque siendo avistado varias veces más entre 1798 y 1799. En 1800 Víctor salió del bosque por voluntad propia. Su procedencia, edad y el tiempo que vivió en el bosque son hasta el día de hoy un completo misterio. Los ciudadanos de la época calcularon que Víctor tenía unos 12 años cuando por fin salió del bosque. Debido a la cantidad de cicatrices en el cuerpo, sus preferencias alimenticias (carne cruda) y su falta de expresión facial, se sospechó que había vivido por años en el bosque, sino es que toda su infancia.
La cultura pop  y las leyendas, desde tiempos
inmemorables se han servido
de las historias de los niños salvajes.
En la imagen la portada de la película
"El pequeño salvaje", en la que se retrata
la historia de Víctor de Aveyron.

El joven feral fue adoptado por un joven médico llamado Jean Marc Gaspard Itard. Después de ser estudiado por biólogos, médicos y naturalistas al ser una posible prueba viviente de algunas hipótesis filosóficas sobre la naturaleza humana (como la de Rousseau), Víctor fue educado por Itard, aunque nunca aprendió a hablar. Víctor fue capaz de aprender a pronunciar lait (leche) y Oh, Dieu (Oh, Dios). Víctor sin embargo, aprendió el significado de las acciones. Un misterio para Itard fue el por qué Víctor nunca aprendió a hablar, a pesar que se demostró que el niño no era sordo. Algunos investigadores, tales como la psicóloga Uta Frith sugieren que Víctor pudo haber padecido de autismo, explicando así su conducta extraña y su incapacidad para hablar. Víctor murió en 1828, dejando una leyenda tras de sí.

Otro caso famoso fue el de las hermanas Kamala y Amala. Se presumía que Kamala tenía 8 años mientras que Amala era una bebé de apenas 18 meses. Su supuesto descubridor, el reverendo Joseph Amrito Lal Singh, aseguró haberlas encontrado en una cueva con lobos en la década de 1920 en Bengala, India. El reverendo Singh mató a la que se supone era la loba que había cuidado a las niñas. Siendo rector de un orfanato, Singh escribió un diario sobre las vivencias que tuvo con las “niñas lobo”. El diario consta de hojas sueltas, algunas más viejas que otras y sin fechas. Las niñas murieron al poco tiempo de estar bajo el cuidado de Singh, aunque vivieron lo suficiente para que el reverendo describiera un comportamiento típico en las historias de niños salvajes: Amala y Kamala rechazaban la comida cocinada, caminaban en cuatro patas, desarrollando callos y durezas en manos y rodillas; se mostraban indiferentes durante el día pero muy activas durante la noche. Singh también afirmó que las niñas podían ver en la oscuridad mucho mejor que cualquier ser humano promedio.

Casos más recientes han llamado tanto la atención como en su tiempo lo hicieron Víctor y las niñas lobas de Bengala. El caso de John Ssebunya sobresale entre varios. Ssebunya, también conocido como el “niño mono de Uganda” fue investigado por la antropóloga Mary-Ann Ochota. Según cuenta la historia, Ssebunya fue encontrado arriba de un árbol en 1992. Al parecer, Ssebunya había vivido por 12 años en la selva, sobreviviendo con monos verdes, los cuales se ocuparon de su crianza. Ochota, al principio de su investigación presentó una sana actitud escéptica:
El reto de la investigación de un supuesto caso de niño salvaje es que es muy probable que se trate de un engaño desde el principio. Alguien ha sacado un niño discapacitado cuyas vocalizaciones sin palabras pueden ser interpretados como el aullido de un lobo en el niño; su espasticidad se convierte en evidencia de imitar las alas, garras o patas de sus especies huésped.

Nosotros los humanos nos gustan las historias. Buscamos constantemente maneras de explicar - especialmente cuando se enfrentan por la desgracia incomprensible, o la crueldad, o diferencia física.
Ochota encontró una característica interesante que no se presenta en los casos de engaños. Ssebunya fue visto como un demonio del bosque que traería mala suerte a la aldea, de modo que muchos de los aldeanos votaban para matarlo. Parece ser que para Ochota esta anécdota fue suficiente para convencerla que se encontraba frente a un caso real de un niño salvaje:
El hecho de que la gente quería matar al niño no era parte de la historia que esperaba oír. Esto no era parte del hilo estándar de la broma niño-salvaje. 
Siempre atentos a que se les diga lo que quieren oír, el hecho de lo inesperado fue lo que me dio la corazonada de que estábamos investigando un caso real.
El caso de Ssebunya tal vez no sea un engaño fabricado, pero esto no necesariamente significa que estamos frente a un verdadero caso de niño salvaje. El niño mono de Uganda, al igual que otros niños salvajes encontrados en el pasado, mostraba un comportamiento anormal. Hasta el día de hoy, Ssebunya es incapaz de hablar, teniendo, de acuerdo a estudios psicológicos, una capacidad de aprendizaje de un niño de 4 años.

Pero, ¿en verdad es posible que existan niños salvajes criados realmente por animales? De hecho, las historias de niños salvajes han sido altamente cuestionadas. Desde el caso de Amala y Kamala hasta las historias recientes como la de John Ssebunya. Ochota, sin embargo, ha utilizado el caso de Ssebunya y otros para formar un perfil psicológico de los niños salvajes, creando un sitio web dedicado exclusivamente a las conclusiones a las que ha llegado. Ella parece estar convencida de la realidad de los niños salvajes.

Pensemos por ejemplo en una característica especial de éstos: su incapacidad de hablar. Varios estudios demuestran que es en los primeros años de vida cuando el desarrollo del cerebro humano se encuentra “maleable” para aprender algún lenguaje. Conforme se acerca a la pubertad, el cerebro del individuo será incapaz de aprender de forma correcta algún lenguaje estructurado. ¿Cómo ocurre esto?

El periodista científico Mauricio-José Schwarz, explica que una de las peculiaridades de la evolución humana es la indefensión que tienen los recién nacidos, así como nuestra prolongada infancia, un proceso conocido como "neotenia" que, se ha teorizado, se produjo entre los humanos dándonos, como individuos, un precioso tiempo necesario para aprender y formarnos en la cultura y sutilezas sociales peculiares de nuestra especie. Pero lo que parecen habernos enseñado los niños ferales es que sin el entorno social, esa preparación genética es inútil.Schwarz continúa explicando que “el aparato fonador que produce nuestro lenguaje es una peculiaridad de la naturaleza, pero más lo son las estructuras neurológicas que lo sustentan. Nuestra capacidad de producir un lenguaje se concentra en la llamada "área de Broca", por el médico francés Jean Pierre Broca que la identificó. Se encuentra en un solo lado del cerebro (comúnmente el izquierdo) en el pliegue del lóbulo frontal, aproximadamente encima y delante de nuestros oídos. En esa zona se procesa la producción del habla y parte de la comprensión, aunque la mayor parte de la capacidad de comprensión parece hallarse en el "área de Wernicke", una estructura ubicada donde se encuentral el lóbulo temporal y el parietal, en el mismo hemisferio cerebral donde se encuentra la de Broca. Siendo parte de la corteza cerebral, estas dos áreas son estructuras "modernas" en términos evolutivos.”

Es claro entonces que, si un niño es aislado de todo contacto social por demasiado tiempo, éste se verá en serias dificultades para comunicarse a través del lenguaje. No solo los casos de niños salvajes pueden ilustrar esto. También existen casos de niños torturados y aislados de todo contacto civilizado. Un triste ejemplo es el de la niña “Genie.”

En 1970, luego de años de maltrato, la señora Irene Oglesby escapó de su casa junto con sus hijos. Irene, quien sufría de cataratas y se encontraba en una seria crisis económica (como era de esperar), acudió a una casa beneficencia, en donde no tardaron en darse cuenta de que su hija de 13 años que las autoridades llamaron “Genie”, mostraba claros signos de maltrato. La niña era incapaz de hablar, tenía pañal, miraba puntos indefinidos en el espacio y sostenía sus manos como si estuviera apoyada en una barandilla.

Lo que las autoridades descubrieron fue una historia de terror: resulta ser que la familia de Genie vivió años de maltrato y aislamiento a manos de su padre Clark Wiley. Genie fue quien la pasó peor. Cuando aún era un bebé, el médico de la familia Wiley diagnosticó a Genie con problemas de aprendizaje y posiblemente retraso mental. Clark Wiley (con fuertes tendencias depresivas y autodestructivas) se tomó esto demasiado a pecho. Se especula que Genie pasaba los días encerrada en una habitación, ataviada únicamente con un pañal y atada a una silla-orinal. Cuando era de noche, su padre la colocaba en una especie de bolsa de dormir, la ataba y la dejaba dentro de una jaula hecha de alambre y madera, cuando no se le olvidaba y la niña pasaba las noches sin protección alguna en la silla (de acuerdo al testimonio de su madre). Tenía prohibido emitir sonidos o hacer ruido. Si llegaba a hacerlo, su padre la golpeaba o le ladraba como un perro feroz para asustarla. Ni siquiera le enseñó a comer o a ir al baño por sí sola. Su alimentación, hasta los 13 años, consistió en comida de bebé, cereales y huevos cocidos, todos los cuales le eran proporcionados de mano, sin entrenamiento.

Cuando Genie quedó bajo custodia de las autoridades, apenas podía entender 20 palabras, entre las cuales la mayoría eran de significado negativo. La historia de Genie recuerda un poco a los niños salvajes, pero el punto central en estos escalofriantes casos de maltrato es la corroboración sobre el desarrollo del cerebro y la importancia que tiene en éste la socialización.

Parece que al menos, la neurociencia y la antropología biológica pueden explicar por qué pareciera que los niños salvajes presentan cuadros de retraso mental, pero hay una cuestión importante que sigue sin quedar clara del todo: ¿ha existido alguna vez un verdadero niño salvaje? Es decir, un niño realmente criado por animales salvajes, adaptándose a la conducta animal y la vida en la jungla o el bosque. Crear una historia fraudulenta sobre niños salvajes no es difícil, tal como lo demostró en su tiempo la ninfa de Nullarbor.

En 1972, la pequeña ciudad de Eucla, Australia se convirtió en el centro de atención del mundo, luego de que unos lugareños reportaran haber visto a una “chica canguro” al borde de la llanura de Nullarbor. Al parecer, un caso más de un niño salvaje encontrado: se reportó que se trataba de una joven rubia que corría y brincaba desnuda junto a un grupo de canguros. Se cuenta que incluso se le preguntó al entonces presidente de EEUU, Richard Nixon, sobre el caso (parece ser que su respuesta no podía salir al aire). En poco tiempo la zona se llenó de curiosos y morbosos buscando a la chica canguro, apodada por los diarios como “la ninfa de Nullarbor.”

La historia, que parecía un excepcional hallazgo (tanto por el hecho de ser un nuevo caso de niño salvaje, como por el morbo que causaba ver una joven rubia desnuda corriendo de manera sensual entre canguros). La historia no tardó en revelarse como un fraude, de hecho, el mayor fraude en su tipo en la historia de Australia.

El investigador fenómenos extraños y miembro de la hoy extinta Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica, Luis Ruiz Noguez, narra cómo nació el engaño:

La historia comienza la noche del 26 de diciembre de 1971. Sentados en la barra del bar del Amber Motor Hotel, en Eucla, se encontraban cuatro amigos limpiando, con cerveza, sus gargantas del polvo de la Planicie de Nullarbor. Eran Steve Patupis, dueño del hotel; Laurie Scout, cazador de canguros, Ron Sells, cazador de conejos, y Geoff Pearce, un consultor de relaciones públicas. Del otro lado de la barra estaba el camarero, Philip Lewis, quien los observaba.

Eucla era un pueblo en medio de la nada habitado por ocho personas y rodeado de unas cuantas casas. Se encuentra al occidente de Australia y está unido con Ceduna por la autopista recta más larga en el continente.

Las noches (y también los días) debían ser muy aburridas, por lo que aquel grupo de hombres comenzaron a maquinar lo que es todavía el mayor engaño jamás perpetrado en Australia. La idea era en parte para poner en el mapa a Eucla, pero también promover el hotel de Patupis.
De este modo, la historia de la ninfa fue un engaño con fines propagandísticos y humorísticos. ¿Y qué pasa con otros casos como los de Amala y Kamala o más recientes como el de John Ssebunya?

“A través de los siglos muchas historias de niños salvajes se han relatado; afortunadamente, prácticamente todos ellos más tarde se han revelado como engaños”, afirma en un artículo para el sitio web LiveScience, el editor en jefe de la revista Skeptical Inquirer y miembro del Comité para la Investigación Escéptica (CSI, por sus siglas en inglés), Benjamin Radford.
Fotografía donde, supuestamente, se muestra a las
niñas lobo de Bengala, Amala y Kamala.


Si los casos de niños salvajes son engaños, ¿cómo se explican los casos como los de Víctor o de las niñas lobo de Bengala? Algo que a menudo es criticado en los casos de niños salvajes es, primero que nada, la manera tan acrítica que tanto investigadores como medios de comunicación llegan a tratar los casos. Algunos autores, como el investigador Luir Ruiz Noguez menciona en sus escritos, cuestionan los casos debido a que los niños salvajes nunca desarrollan el habla o no recuerdan nada sobre sus años en el mundo salvaje, de modo que el testigo principal para saber qué ocurrió con ellos en su infancia, se pierde en su memoria haciendo imposible asegurar con certeza qué fue lo que vivieron durante su aislamiento o si realmente estuvieron totalmente aislados, sin nadie que por lo menos, vigilara que siguieran con vida. Esta crítica se aplica en casos como el Víctor.

Una tercera crítica es la falta de documentación adecuada de los casos y/o contradicciones lógicas en los que sí existe documentación. El ejemplo perfecto de esto último es el caso de las niñas lobo de Bengala, Amala y Kamala. De acuerdo al libro L'Enigme des enfants-loup (El enigma de las niñas lobo, 2007) del médico cirujano Serge Aroles, el caso de Amala y Kamala no es más que un fraude. En palabras del propio Aroles, es la estafa más escandalosa relacionada con los niños salvajes.

Aroles investigó a fondo los diarios del reverendo Singh, junto con archivos y fuentes poco consultadas por los investigadores. Lo que Aroles encontró le hizo concluir que se trata de un fraude. Aunque las niñas en verdad existieron, toda la historia de su procedencia resultó falsa. El reverendo Singh aseguró en su tiempo que había escrito un diario que actualizaba todos los días al convivir con las niñas lobas, cuando en realidad, el manuscrito original que se identifica como el diario de Singh se escribió en 1935, seis años después de la muerte de Kamala. Las fotografías tomadas a las niñas en las que se les aprecia comiendo carne cruda y caminando en cuatro patas, en realidad fueron tomadas en 1937, varios años después de la muerte de las niñas. La zona donde se supone fueron encontradas las niñas, era una de las preferidas por Singh para cazar, frecuentándola demasiadas veces como para que nunca se hubiera percatado de la manada de lobos y las niñas que se encontraban en ésta. De acuerdo con el médico encargado del orfanato, las niñas no presentaban nada de lo que Singh informaba: desde la callosidad por caminar en cuatro patas hasta colmillos más afilados, olfato desarrollado o visión nocturna.

Tal vez las historias de niños salvajes sí reflejan parte de la
naturaleza humana: el lado oscuro en que un ser humano,
siendo padre o madre, abandona a su hijo en medio de un ambiente
salvaje, del que casi con seguridad no sobrevivirá.

Lo que es más, Aroles denuncia un interés económico para sostener el mito de las niñas lobas con el que Singh y su orfanato se beneficiarían. La conclusión sobre el caso: las niñas presentaban defectos de nacimiento y de desarrollo (Aroles afirma que Kamala padecía una extraña enfermedad genética conocida como síndrome de Rett), sin embargo, toda la historia de Singh que aseguraba haberlas encontrado en una cueva de lobos y el comportamiento de las niñas como animales, resultó ser exagerado o falso.

En el caso de John Ssebunya, aunque la antropóloga Mary-Ann Ochota no encontró evidencia de engaño, no significa que Ssebunya sea un auténtico niño salvaje. Según se cuenta de su historia, los monos que se supone lo criaron, lo llegaron a alimentar con sus propias manos e incluso le daban de beber agua en una hoja doblada a manera de cono. El problema con este relato es que no existe evidencia etológica que demuestre que los monos verdes sepan usar herramientas como un cono, además que se sabe que éstos dejan sobras de comida por todo el suelo de la selva, lo que pudo haber servido de alimento para el joven John, más no significa que los monos lo estuvieran cuidando.

El escepticismo que se ha generado en torno a las historias de niños salvajes parece estar bien justificado, pero no se debe ignorar una parte importante de estos casos: más allá de los estudios antropológicos y biológicos, o las controversias sobre si los animales son capaces de cuidar humanos o no, todos estos casos nos hablan de auténticos salvajes, pero no son los niños. Los auténticos salvajes aquí vienen a ser adultos, padres, que abandonan a sus hijos con problemas de desarrollo a su suerte.

Durante los siglos XVII y XVIII, lamentablemente se sabe que era relativamente común que los padres abandonaran a sus hijos cuando estos mostraban signos de retraso mental o eran aislados evitando todo contacto social. Estos casos monstruosos sobreviven hasta tiempos tan recientes como los años 70s, con historias como la de Genie. Probablemente niños como Víctor de Aveyron en 1800, o John Ssebunya en 1992 también pudieron haber sido víctimas de este lamentable crimen. Pero estos son solo los casos de los niños que fueron rescatados, casos que probablemente no representan la mayoría de aquellos que fueron abandonados y no sobrevivieron, siendo olvidados por la historia.

Aunque aún se discute la autenticidad de animales criando humanos, a la vez que revelan como fraudes o exageraciones otros tantos, las historias de niños salvajes sí nos cuentan una parte de nuestra naturaleza humana, tal como asegura Ben Radford:

Parte de la razón por la que los niños salvajes han capturado mucho la imaginación del público es que simbolizan la ambigua relación de la humanidad con otros animales. Estos jóvenes humanos salvajes -como el Bigfoot en cierto modo - nos fascinan porque viven en el crepúsculo entre lo que no es del todo humano y lo que no es del todo animal.

Pero quizás nos revelan un poco más sobre nuestra naturaleza. Tal vez, la principal lección que nos dan los niños salvajes es el cómo queda en evidencia nuestro lado oscuro e inhumano (salvaje) en el que alguien como un padre es capaz de abandonar a su hijo, dejando las hipótesis de Rousseau en el cesto de basura de la filosofía y a nosotros los espectadores cautivados y a la vez indignados por tan atroces crímenes contra seres humanos indefensos.



* Este es un ensayo que presenté a manera de trabajo final en una clase de Antropología biológica. Por falta de tiempo, decidí transcribirlo aquí sin revisión previa y sin agregarle enlaces de referencia, esperando aún así resulte de su agrado.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*National Geographic Society, serie-documental Is It Real? (Revelaciones), “Feral Children” (Niños salvajes), capítulo 26, EEUU, 2006.

*Feral Children. An antropology of wild, savageand feral children, sitio mantenido por Mary-Ann Ochota.

*”Feral child”, entrada en Wikipedia (english version).

*“The Nullarbor Nymph”, entrada del Museum of Hoaxes.

*“Kaspar y los niños salvajes”, artículo de Bernardo Jefferson de Oliveira en la revista Ciencias 105, enero-junio 2012, 34-41.

*“Feral Children: Lore of theWild Child”, artículo de Benjamin Radford en LiveScience.

*“Los niños salvajes (36)”, artículo de Luis Ruiz Noguez en su blog Marcianitos Verdes, donde resume la serie de artículos que llevan el mismo nombre.

*“Los niños salvajes y el lenguaje”, artículo de Mauricio-José Schwarz en su blog Los expedientes Occam, donde narra de forma breve lo que los antropólogos pueden estudiar de los casos de niños salvajes.

domingo, 7 de junio de 2015

Humanistas contra el nuevo ateísmo

"A mi juicio, los ateos militantes son demasiado mezquinos con la religión. La mayoría de las doctrinas religiosas son efectivamente falsas (y muchas son absurdas), pero la religión ha tenido una función social destacable a lo largo de la historia de la humanidad, y es menester reconocerlo." Gabriel Andrade.



Tengo aproximadamente unos dos meses con este artículo en mis borradores. Por razones de trabajo y escuela (combinado con una fatiga que no me ha dejado escribir nada más allá que publicaciones de facebook y trabajos finales) no había venido para por fin acabar con éste, uno de mis artículos que seguramente me costará más ciber-amistades de las que en este momento me puedo imaginar. Sin embargo, en vista a las recientes polémicas, como el intercambio de opiniones entre Noam Chomsky y Sam Harris (aquí vea una opinión crítica hacia Harris), las "reflexiones" sobre los movimientos escéptico-ateos en Scientia Salon (aquí mi humilde opinión sobre este artículo), así como la inspiradora lectura de un bello ensayo sobre los 60 años de historia del ateísmo intelectual contemporáneo, decidí apresurarme a terminar de una vez por todas este humilde escrito.

Como muchos de nosotros sabemos bien, el nuevo ateísmo es el nombre popular en el que se engloban una serie de autores que se distinguen sobre todo por su agresividad en tinta y papel contra la religión organizada, la fe que sirve de fundamento al fanatismo y la irracionalidad anticientífica característica de toda creencia en lo sobrenatural. La mayoría de estos autores son reconocidos intelectuales, críticos sociales, científicos y filósofos. Entre los más destacados se encuentran el biólogo y divulgador Richard Dawkins, el filósofo de la mente Daniel Dennett, el difunto periodista Christopher Hitchens y el filósofo y escritor Sam Harris (los llamados jinetes del nuevo ateísmo). Otros nombres frecuentemente identificados como nuevos ateos: el biólogo Jerry Coyne, el difunto cosmólogo y filósofo Victor Stenger, el polémico biólogo PZ Myers, el filósofo de la religión John Loftus, el físico teórico Lawrence Krauss, el psicólogo Steven Pinker, el presidente de la Skeptic's Society Michael Shermer, el filósofo humanista AC Grayling, el comediante Bill Maher, el agresivo videoblogger Pat Condell y los activistas anti-islámicos Ibn Warraq y Ayaan Hirsi Ali, entre otros.

En 2013 Daniel Dennett comentaba que el nuevo ateísmo ha cambiado la manera de ver el tema de la religión en EEUU (yo diría que en buena parte del mundo también). El nuevo ateísmo, comentaba el filósofo, ha permitido que las personas se replanteen la cuestión de la validez de la religión; comentaba además que el número de ateos y defensores del estado laico ha ido creciendo cada vez más, asegurando que han sido las obras de él y sus colegas del nuevo ateísmo las que han hecho que muchas personas pierdan el miedo a hablar sobre su incredulidad religiosa.

Un aporte innegable del nuevo ateísmo es justamente el impacto que su discurso ha tenido en la sociedad para hacer que las personas dejen de ver el tema de la religión como un tabú o un tema que debe respetarse en nombre de la "buena educación", mientras que en el mundo se cometen crímenes contra la humanidad motivados y/o justificados en rituales, creencias e instituciones religiosas. También es cierto que el nuevo ateísmo ha llegado a ser una bandera formidable de la divulgación científica y el pensamiento crítico (lo que no necesariamente significa que divulgar la ciencia desde el ateísmo sea una buena idea), haciendo que cientos o miles de personas en el mundo se vean atraídos por los temas de la biología, la cosmología, la física teórica, la geología, las ciencias sociales y la filosofía.

La militancia del nuevo ateísmo, a diferencia de la militancia de cualquier religión, se ha mostrado siempre agresiva con las ideas y dogmas de las religiones, más nunca contra las personas que profesan estas creencias que así se las inculcaron desde niños. Se ha hecho una indudable defensa de la racionalidad, el pensamiento crítico, así como los valores morales, los derechos humanos y las enseñanzas de la Ilustración. Con todo, y aunque el nuevo ateísmo busca llegar a las personas comunes (incluidos los políticos) más que a los círculos intelectuales, numerosos académicos de distintas especialidades (desde la filosofía de la religión hasta las matemáticas) han lanzado una serie de críticas a los autores de este movimiento. Críticas buenas en veces y horrendos hombres de paja en otras ocasiones.

Como era de esperar, teólogos y apologistas crean rebuscadas refutaciones a las afirmaciones de los nuevos ateos, junto con algunos estudiosos que parecen no entender que el nuevo ateísmo es más un movimiento activista que una disciplina para estudiar la religión o una ideología política que busca poner de acuerdo a sus simpatizantes en un mismo credo secular. Entre las críticas que convendría darles una revisada (un par de minutos) y luego ignorarlas se podrían destacar las del teólogo y sofista William Lane Craig, el apologista Dinesh D'Souza,  el teólogo John Haught, el teólogo (traumado con Dawkins) Alister McGrath, el filósofo tomista Edward Feser, el periodista cristiano Chris Hedges, el teólogo modal Alvin Plantinga, el filósofo Thomas Nagel, el apologista cristiano Peter S. Williams, el [pseudo]historiador de la resurrección Gary Habermas, el matemático y apologista John Lennox, e incluso algunos de los hombres de paja de Noam Chomsky.

Sin embargo, también hay buen material que vale la pena mirar con atención (lo que no significa que todo lo que se diga en éste sea acertado en todo) serían el humanista Tom Flynn, el escritor Reza Aslan, la historiadora de las religiones Karen Amstrong, el psicólogo Jonathan Haidt, el matemático y divulgador Amir D. Azcel, el filósofo (nietzscheano) Steve Neumann, el antropólogo Jack David Eller, los psicólogos Scott O. Lilienfield y Rachel Ammirati, el filósofo Alain de Botton, el biólogo David Sloan Wilson, la filósofa Martha Nussbaum, el periodista científico Chris Mooney, el filósofo (feyerabendliever) Ian James Kidd, el autor del Skeptic's Dictionary Robert Todd Carroll, y el filósofo de la ciencia Philip Kitcher, entre otros. Por el momento no nos concentraremos en las críticas de estos pensadores (si alguien está interesado puede seguir los enlaces).

Las críticas variadas se pueden resumir en tres posturas que se complementan unas a otras, expuestas por tres destacados humanistas de nuestros días: el filósofo de la biología Michael Ruse, el escéptico y filósofo Massimo Pigliucci y el padre del humanismo secular Paul Kurtz. Mientras que uno mira al nuevo ateísmo como una nueva fuente de pensamiento mágico, otro analiza la pobreza filosófica de sus principales autores, mientras que el último problematiza sobre una alternativa que no sea tan negativa para el público general.


Michael Ruse: el nuevo ateísmo ¿una nueva religión?

Uno de los principales críticos del nuevo ateísmo, casi desde sus inicios, es el filósofo de la biología Michael Ruse. Autor, junto a Stephen Bullivant, del Oxford Handbook of Atheism y fundador de la revista Biology and Philosophy, Ruse es un destacado biofilósofo con críticas bastante incómodas para los nuevos ateos, con dedicatoria especial a Richard Dawkins. De acuerdo a Ruse, algunos autores hacen el ridículo al hablar de temas que no conocen, tal como demuestra Dawkins  en El espejismo de Dios (según nos dice Ruse); Dawkins  hace una vulgar refutación de las vías tomistas, mostrando que de filosofía medieval este biólogo no sabe nada (algo que ni el mismo Dawkins ha contradicho, claro) y que por tanto, no tendría por qué hablar de lo que no sabe. Pero la crítica no termina aquí.

En 2011 Ruse publicó un provocativo artículo en The Hoffington Post, titulado "Is New Atheism a Religion?", en el que problematiza sobre una serie de cosas que le hacen pensar que aquel que afirme que el nuevo ateísmo es otra forma de religiosidad no está del todo equivocado. ¿En base a qué es capaz de decirnos esto? Ruse nos dice de manera implícita que no se está refiriendo  los ideales que dicen defender los nuevos ateos, sino que se concentra en lo que sucede con la audiencia que sigue a estos autores, su forma casi fanática de agredir verbalmente a aquel que no esté de acuerdo con lo que aseguran y la notable admiración (casi adoración) de las figuras principales del nuevo ateísmo por parte de sus seguidores.


"Mi conclusión es que si alguien argumenta que los nuevos ateos tienen una religión -o tal vez mejor, que son religiosos (a causa de su ateísmo)- no pienso poder decirles que están completamente equivocados."

Uno de los puntos más interesantes en su crítica es el de la cuestión sobre el creacionismo del diseño inteligente. Ruse es un defensor de la enseñanza de la evolución y la separación entre Iglesia y Estado. Es un duro crítico de las pseudociencias, incluyendo el diseño inteligente. Pero mira los aportes del nuevo ateísmo en este terreno como negativos. Autores como Richard Dawkins, Sam Harris y Vic Stenger aseguran básicamente que los conceptos sobrenaturales tales como el de "Dios" son en realidad hipótesis científicas refutadas. La religión pues, sería una clase de "mala ciencia." Pero las leyes (refiriéndose a EEUU) no prohíben en sí la enseñanza de "mala ciencia" o de hipótesis refutadas, sino que prohíbe la enseñanza de las creencias religiosas en las escuelas públicas. Al causar esta confusión entre conceptos científicos y conceptos religiosos, nos dice Ruse, además de hacer auténtica mala ciencia, los nuevos ateos pueden causar daño a la defensa de la educación científica (sobre esta crítica entre la confusión de conceptos volveremos más adelante).

Ruse afirma que la conexión entre ciencia y ateísmo, que con frecuencia hacen los nuevos ateos, puede ser igualmente perjudicial para la defensa de la enseñanza científica:
Si enseñar "Dios existe" es una enseñanza religiosa -y lo es-  entonces ¿por qué enseñar "Dios no existe" no sería una enseñanza religiosa? Obviamente está enseñando religión. Pero si la enseñanza de la ciencia en general y el darwinismo específicamente implican que "Dios no existe", entonces la enseñanza de la ciencia en general y el darwinismo específicamente ejecutan un golpe contra la Primera Enmienda.
Las opiniones de Ruse no han pasado desapercibidas por los nuevos ateos, teniendo un historial de controvertidas respuestas a sus críticas de parte de Richard Dawkins, Jerry Coyne y PZ Myers. Es bien sabido que entre los seguidores del nuevo ateísmo Ruse es conocido como un "acomodacionista", o un ateo que piensa que es posible la conciliación entre ciencia y religión. Sin embargo, esta es una etiqueta injusta para describir las opiniones de Ruse (aunque él mismo la acepta), ya que como buen ateo, este biofilósofo considera que lo sobrenatural no tiene cabida en las explicaciones científicas. Lo que Ruse nos dice, es que es perfectamente posible que exista un ser humano que posea una cultura científica intachable y a la vez profese alguna religión sin ser idiota, malvado o ignorante, tal como muchos seguidores del nuevo ateísmo afirmarían. Un ejemplo de este tipo de seres humanos, serían el genetista Francis Collins o los científicos que trabajan en el Vaticano. Otros más serían los ateos "acomodacionistas" como los biólogos, español y mexicano respectivamente, Franciso J. AyalaAntonio Lazcano Araujo.

Otro punto a destacar del "acomodacionismo" de Ruse, es que este es capaz de identificar entre los humanistas trazas de espiritualidad, tal como lo ejemplifica con el entomólogo y sociobiólogo E. O. Wilson. La espiritualidad en Wilson se observa en el hecho que éste cree abiertamente que un humanismo evolutivo sería un sustituto de la religión, buscando algún tipo de significado de sus vidas respaldado objetivamente. A diferencia de este tipo de espiritualidad que podríamos decir está bien justificada, Ruse se siente enfermo al ver que otros, como Dawkins y demás personalidades similares, muestran un lado negativo de religiosidad, haciendo que en el nuevo ateísmo se vean síntomas del verdadero creyente: la intolerancia (verbal), el culto a la autoridad, la certeza de estar en una verdad moral, y la condena de justicia propia de los no creyentes (si usted es ateo, pero no está de acuerdo con lo que los nuevos ateos afirman, entonces seguramente es idiota o ignorante).

Véase más:  Los artículos de Michael Ruse: "Is New Atheism a Religion?" en el HuffPost Religion; "Has Humanism become a religion?" en Aeon; "Why I think the New Atheism are a bloody disaster" en la sección "Science and the Sacred" de la Fundación BioLogos; "Dawkins et al bring us into disrepute" y "Why Richard Dawkins' humanists remind me of a religion"en The Guardian.

Massimo Pigliucci y la decadencia cientificista del nuevo ateísmo

Si usted busca un "peso pesado" contra el nuevo ateísmo, seguramente lo encontrara en el biólogo y filósofo Massimo Pigliucci, reconocido por su defensa de la enseñanza científica y filosófica, sus aportes a la promoción de la síntesis extendida en biología y por ser un destacado filósofo de la pseudociencia (término inventado por el nombre de su más reciente libro, editado junto a su alumno Maarten Boudry: Philosophy of Pseudoscience). Pigliucci, al igual que Ruse, es un destacado filósofo de la biología con comentarios que han hecho que los nuevos ateos se pongan rojos del coraje en varias ocasiones. Las controversias que ha sostenido con autores como Víctor Stenger, David Silverman, PZ Myers, Richard Dawkins y sobre todo con Sam Harris y Jerry Coyne, han mostrado un gallo de pelea digno de respeto.

En 2013, Pigliucci publicó un artículo académico en la revista Midwest Studies in Philosophy, titulado "The New Atheism and the Scientistic Turn in the Atheism Movement", en el que hacía una crítica sistemática de los supuestos y afirmaciones que manejan algunos de los principales autores del nuevo ateísmo, tales como Dawkins y Harris. Para Pigliucci, casi todos los autores del nuevo ateísmo (con excepción de algunos, como su colega Daniel Dennett) son un claro ejemplo del anti-intelectualismo al ser tan poco sofisticados en su conocimiento sobre filosofía y la confusión de problemas filosóficos con problemas científicos (crítica bastante parecida a la de Michael Ruse). Pero Pigliucci, a diferencia de Ruse, diagnostica la principal afección del nuevo ateísmo: el cientificismo.

El nuevo ateísmo, nos dice Pigliucci, no tiene nada nuevo más allá de la actitud exageradamente cientificista de sus principales voces y la adoración de los seguidores hacia estos, haciendo que las "superestrellas" del nuevo ateísmo sean casi intocables. Pigliucci pues, concluye que el nuevo ateísmo es un "fracaso conceptual" al ser confuso y nocivo para el entendimiento público de la ciencia, la filosofía y el ateísmo.

Los ejemplos más claros de un cientificismo extremo (y por tanto, una postura filosófica bastante deficiente) del nuevo ateísmo se encuentran, según Pigliucci, en Richard Dawkins y Víctor Stenger por un lado, y Sam Harris (junto a Michael Shermer) por el otro. Dawkins y Stenger defienden la idea conocida como "la hipótesis Dios", asegurando que el dios abrahámico puede mirarse como una hipótesis científica, y por tanto, es posible refutarlo en base a la evidencia científica. Sam Harris, por su parte, ha incursionado en la ética, asegurando que la clásica distinción definida por David Hume entre el "ser" y el "deber ser" resulta ser ficticia. Para Harris, los valores morales tratan sobre los hechos bien establecidos que causan bienestar social, hechos que son estudiados y descritos por la ciencia.


"No estoy acusando al [los autores del] nuevo ateísmo por ser populares. Obviamente lo son . Estoy acusándolos de que (algunos) son pensadores descuidados cuando se trata de las implicaciones del ateísmo y de una visión del mundo científico."
En el caso de Dawkins, Stenger y demás , Pigliucci nos muestra que esta analogía con las hipótesis científicas es en realidad errónea y bastante ingenua. Aunque da crédito en que en base a conocimientos científicos bien establecidos es posible afrontar las reclamaciones religiosas como las de los creacionistas o los hacedores de milagros, lo cierto es que pensar que el dios personal de origen judío es una hipótesis científica, es tener una enorme confusión de conceptos en la cabeza. Primero que nada, los conceptos sobrenaturales son increíblemente vagos y, dado a que no suelen basarse en hechos sino en creencias aceptadas por la tradición, siempre es posible formular un "hueco legal" dentro de la argumentación que trate de negar dichos conceptos. Lo que es más, a la hora de establecer una crítica completa a un concepto sobrenatural dado, no solo se utilizarán conocimientos científicos, sino también argumentos filosóficos, algo que parece que Dawkins et.al. ignora.

Pigliucci pone de ejemplo el escenario hipotético en el que el universo hubiera sido creado apenas el jueves pasado por algún dios aburrido, que además implantó en la humanidad el falso recuerdo de toda una historia de descubrimientos en cosmología, geología, genética, paleontología, etc, los cuales dan muestra que el universo tiene varios miles de millones de años de antigüedad. En un caso así, importa muy poco que se tenga evidencia científica para defender la antigüedad del universo en miles de millones de años, ya que el hueco legal nos dice que esa evidencia, en realidad no demuestra con certeza que el universo sea antiguo. Solo nos demuestra que "así parece ser", pero no que "en realidad es así." ¿Qué se hace en un caso de estos? ¡Recurrir a argumentos filosóficos! Se invoca de inmediato la navaja de Occam, el naturalismo y el materialismo científico, el realismo y el cientificismo, pues se nos asegurará que dadas las evidencias, lo más simple de suponer acorde con éstas es que el universo en antiguo; el universo es cognoscible ya que opera mediante leyes que rigen fenómenos de naturaleza material, en el que lo sobrenatural sale sobrando para explicarlo y conocerlo; se nos dice además que este universo existe más allá de nuestra mente y que la mejor manera de conocerlo es utilizando la ciencia. ¡Eso es filosofía!, tal como Pigliucci identifica.

Con Sam Harris parece que ocurren confusiones similares. Pigliucci le reconoce a Harris la crítica que este último propina al relativismo cultural defendido por autores posmodernos y a la nociva afirmación de que la religión es la base de la moral. Pero reclama a Harris el no darse cuenta que la mejor arma contra estos enfoques es de tipo filosófico (filosofía científica, claro), no científico. Para Harris los juicios y valores morales son una clase de hecho, que por tanto pueden y deben ser objeto de estudio de la ciencia. Pigliucci ve en este razonamiento una clara falacia non sequitur, y como analogía utiliza las matemáticas: uno puede asegurar que en geometría euclidiana las propiedades de un triángulo son "hechos" bien establecidos, pero no necesitamos hacer investigación científica (refiriéndose a una investigación empírica) para saber que la suma de los tres ángulos de un triángulo da 180°.

Pigliucci prosigue con sus ejemplos, y de paso nos señala que en todo el libro que Harris dedica a su propuesta ética, The Moral Landscape, no hay un solo ejemplo de cómo la neurobiología nos ayuda a tomar una mejor decisión moral. Harris indica que la mutilación genital que se practica en algunas regiones del mundo a las niñas es moralmente incorrecto (o sea está mal), pero el estudiar los mecanismo neuronales sobre el dolor y las sustancias que el cerebro segrega a la hora que una parte del cuerpo es mutilado, no proporciona nada nuevo ni de valor a la conclusión moral que la mutilación infantil es moralmente incorrecta. De nuevo con la analogía de las matemáticas, es posible hacer interesantes estudios neurológicos y evolutivos sobre el razonamiento matemático, pero esto no hace que las matemáticas se vuelvan una rama de la neurociencia ni que esta última nos ayude a resolver los problemas en matemáticas.

Pero, ¿y si Harris tuviera razón? Pigliucci se cuestiona sobre qué pasaría si en un mundo posible, tomando por válida la idea de que los hechos científicos determinan los valores morales, se demostrara que golpear a los niños o a las mujeres, es benéfico para su salud o su inteligencia. ¿Estaría dispuesto Harris a asegurar que la violencia intrafamiliar sería entonces moralmente aceptable? ¡Desde luego que no! Y la razón de su negativa no tendría nada qué ver con los descubrimientos científicos, sino con una serie de principios y razonamientos filosóficos, tales como la dignidad humana, el respeto, la tolerancia y la integridad individual. Lo que Harris hace es confundir los tres tipos de cuestiones que se pueden formular sobre la ética: 1) las preguntas acerca del origen evolutivo de la conducta moral, campo de la biología evolutiva y la antropología; 2) las preguntas acerca de cómo funciona la conducta moral, campo de la neurociencia y las ciencias cognitivas; y 3) la última, las preguntas sobre cómo debemos pensar de manera moral y qué sistemas de razonamiento moral son los más adecuados para la convivencia social y el bienestar individual, campo de la filosofía, en especial de la ética y la meta-ética.

Las confusiones conceptuales que autores como Dawkins, Stenger y Harris presentan causan daño a la correcta divulgación de la ciencia y la comprensión de los problemas científicos y filosóficos, además que el enfoque cientificista ingenuo que presentan hace un flaco favor a la ciencia y al ateísmo. Ya ni hablar sobre las críticas a Jerry Coyne quien más de una ocasión ha mostrado una arrogancia fría contra Pigliucci, los jalones de orejas a Lawrence Krauss y Neil DeGrasse Tyson por sus afirmaciones sesgadas sobre el valor de la filosofía,  o los ad hominems que Pigliucci sufrió en 2011 por parte de Coyne, Dawkins y compañía por compartir artículos que criticaban a Christopher Hitchens. En fin, Massimo Pigliucci hace de "escéptico de los escépticos", algo necesario para evitar caer en aquello que se supone se critica: el dogmatismo y la adoración ciega de ídolos.

Véase más: los artículos de Massimo Pigliucci: "The New Atheism and the Scientistic Turn in the Atheism Movement" en Midwest Studies in Philosophy; "About Sam Harris' claims sciences can answer moral quiestions" en Rationally Speaking; "On Coyne, Harris an PZ (whit thanks to Dennett)" en Rationally Speaking; "The Undergraduate Atheists' Thesis" en Rationally Speaking; "Dawkins' "Delussion" discussed at American Atheists" en Rationally Speaking.

Paul Kurtz y el "ir más allá de la crítica religiosa"

El último humanista que propina sus buenas cachetadas al nuevo ateísmo no es otro que el padre del humanismo secular, el filósofo Paul Kurtz. El nuevo ateísmo, según Kurtz, es un lado de un extremo (el otro lado del extremo es el fundamentalismo religioso) que ha alcanzado una popularidad que eclipsa una opción más racional, tolerante y positiva: la del humanismo secular. En respuesta a esta situación, Kurtz se dio a la tarea de crear un nuevo manifiesto que pusiera en evidencia tanto a las deficiencias de la religión como al activismo negativo del nuevo ateísmo, mostrando su propuesta re-bautizada "Neohumanismo."

Kurtz, como los críticos anteriores, reconoce que el nuevo ateísmo ha tenido un impacto significativo en el debate público sobre la cuestión de Dios, y la crítica general a la religión. Pero eso no es suficiente, hace falta concentrarse en una propuesta positiva y constructiva. El nuevo ateísmo, aunque sí presenta una propuesta "positiva" (la de una Nueva Ilustración, con una sociedad secular que abrace la razón y la ciencia), es un punto que pasa casi inadvertido dentro del discurso de sus promotores.

Una idea de especial importancia, expresada a su vez en el "Neo-humanist statemen of secular principles and values" escrito por Kurtz, es que los nuevos ateos se declaran abiertamente anti-religiosos. Autores como Dawkins, Harris y Hitchens aseguran con elocuentes palabras que aún las posturas religiosas moderadas deben ser repelidas por representar una gran amenaza. De acuerdo a esto, adoctrinar a un niño en un credo religioso es un crimen contra la humanidad, algo que Kurtz, Pigliucci y Ruse consideran absurdo. Piense en esto: más de las dos terceras partes de la humanidad posee un credo religioso, con costumbres, ritos, santos, oraciones y demás, y que estos son transmitidos de generación en generación. ¿Considera que más de las dos terceras partes de la humanidad está abusando de sus hijos? Muy probablemente, usted fue adoctrinado en alguna religión cuando era niño. ¿Considera que sus padres abusaron de usted al adoctrinarlo? ¿Sus padres cometieron un crimen contra usted y contra la humanidad? ¿Los acusaría si dicho crimen estuviera penado por la ley?  Sinceramente, lo dudo bastante. Pero volvamos a las críticas de Kurtz.

Para este "neohumanista", no se trata de ser anti-religioso, sino que se tiene que ser no religioso, que no es lo mismo. No se trata de acusar a todo religioso de ser un delincuente abusador de niños, perpetrados del mayor virus de la cultura, sino de establecer alianzas y un diálogo racional con aquellos que, aún profesando algún tipo de fe, tienen la mente abierta y una capacidad de ponerse de acuerdo con no religiosos para la lucha de causas sociales. Esta es una actitud similar a la expresada por Carl Sagan.


"[Los humanistas seculares] no somos anti-religiosos, somos no religiosos. Criticamos la religión , pero no nos limitamos a culpar de todo a las religiones del mundo. Quiero decir que eso no nos llevará a ninguna parte."
Kurtz es un realista así como un hombre que mira las ventajas del pragmatismo. En un país como los EEUU (y como casi cualquier otro país del mundo) las personas religiosas son mayorías. Las comunidades religiosas son capaces de hacer grandes servicios a la sociedad en general, y una buena parte de estas comunidades son religiosos por tradición más que por convicción, interesados en la labor social y bastante de acuerdo con los postulados del humanismo. Kurtz, en su Neo-Humanist statemen, postula 16 recomendaciones que pueden verse como características de todo humanista secular, quien además es capaz de ponerlas en duda con el objetivo de despertar el debate racional y tolerante:

1. Aspirar a ser más incluyentes, apelando a ambos tipos de humanistas religiosos y no religiosos, y a los creyentes religiosos que comparten objetivos comunes.
2. Ser escépticos del teísmo tradicional.
3. Definirse mejor por lo que son, no por lo que están en contra.
4. Se desea utilizar el pensamiento crítico, la evidencia y la razón para evaluar pretensiones que reclaman ser conocimiento.
5. Aplicar consideraciones similares a la ética y los valores.
6. Comprometerse a un conjunto clave de valores: la felicidad, la actualización creativa, la razón en armonía con la emoción, la calidad y la excelencia.
7. Destacar el crecimiento moral (en especial en los niños), la empatía y la responsabilidad.
8. Defender el derecho a la intimidad (individualidad).
9. Apoyar la forma de vida democrática, la tolerancia y la equidad.
10. Reconocer la importancia de la moral personal, la buena voluntad y una actitud positiva hacia la vida.
11. Aceptar la responsabilidad por el bienestar social, garantizando varios derechos, incluyendo los de la mujer, los derechos raciales, étnicos y de las minorías sexuales; el apoyo a la educación, la salud y el empleo remunerado, y demás beneficios sociales.
12. Apoyar una economía verde.
13. Abogar por una defensa del pueblo, la protección al medio ambiente y la protección a otras especies.
14. Reconocer la necesidad de que los neo-humanistas participen activamente en la política.
15. Tomar posiciones progresistas sobre la economía.
16. Sostener que la humanidad necesita ir más allá del individualismo egocéntrico y del nacionalismo chovinista para desarrollar instituciones planetarias transnacionales para hacer frente a los problemas globales -tales esfuerzos incluyen un fortalecido Tribunal Mundial, un eventual Parlamento Mundial,  y una Agencia de Monitoreo Ambiental Planetaria que establezca normas para el control del calentamiento global y la ecología mundial.-

Entre las decenas de académicos, activistas y ciudadanos que firmaron dicho documento, se encuentran el filósofo Robert Todd Carroll, la escritora (última esposa de Carl Sagan) Ann Druyan, el escéptico y ex-presidente de la Fundación James Randi para la Educación, DJ Grothe; el filósofo de la ciencia Philip Kitcher, el filósofo de la religión John W. Loftus, el investigador escéptico Joe Nickell, el psicólogo Steven Pinker, el mago James Randi, el periodista científico Mario Mendez Acosta, el epistemólogo Mario Bunge... e incluso uno de los jinetes del nuevo ateísmo, el filósofo Daniel Dennett (a quien bien podríamos agregar a la lista de críticos, ya que también ha lanzado sarcásticos cuestionamientos a sus colegas jinetes, como a Sam Harris así como opiniones más constructivas sobre la educación religiosa).

El Neo-humanist statemen es una obra de lectura obligatoria, de reflexión y análisis críticos para cualquier interesado en el verdadero papel de la racionalidad y la cultura científica en nuestra sociedad, sin dejar de lado la crítica escéptica y sistemática de aquellas afirmaciones carentes de evidencias y coherencia, tal como las afirmaciones religiosas. A la vez, es un llamado para unir fuerzas, recordándonos que, antes que ser ateos o religiosos, todos somos humanos.

Véase más: "Neo-humanist statemen of secular principles and values" en el sitio oficial de Paul Kurtz; "Paul Kurtz- The New Atheism and Secular Humanism" episodio del podcast del Center for Inquiry, Point of Inquiry, grabado en Septiembre del 2007.

Como podemos notar, las críticas se centran más en la "práctica" que en la "teoría" que se "enseña" desde el nuevo ateísmo. Algo importante a destacar aquí, antes que aflore cualquier comentario ad hominem, es que estos críticos son tan ateos como Richard Dawkisn o Christopher Hitchens o cualquier otro autor del nuevo ateísmo. Sus críticas radican en la vaguedad y la confusión de los nuevos ateos con conceptos como los de Dios, ciencia, filosofía, o ética; se concentran también en las campañas negativas que incitan a la agresión y la intolerancia, volviendo al nuevo ateísmo casi un fenómeno religioso; y se analiza si de verdad el nuevo ateísmo es la alternativa que se buscaba a las creencias religiosas.

Con todo lo ya dicho, mantener una defensa doctrinaria del nuevo ateísmo solo perjudicaría los logros que éste ha tenido, tal como las campañas en contra de la discriminación a los ateos, haciendo "salir del closet" a aquellos que temen expresar sus dudas sobre la religión. El nuevo ateísmo es un movimiento social cuya influencia e importancia resultan imposibles de negar, pero es hora de cuestionarnos sus límites y lo que este nos puede enseñar sobre el pensamiento crítico, aplicándolo ahora al mismo nuevo ateísmo.

Un último punto más por aclarar (aunque luego de una lectura completa, espero salga sobrando), es que lo que aquí expongo es solo la síntesis de las variadas críticas que destacados escritores han realizado al nuevo ateísmo. Pero no critico el nuevo ateísmo en primera persona. Para ver una crítica mía al nuevo ateísmo (y al ateísmo en general... ojo, crítica constructiva) tendrán que esperar un ensayo que estoy preparando para Filosofía en la Red. Para ver algunas críticas propias dispersas en el blog, pueden dar click a mis artículos "La retórica del ateísmo", "Difundir la ciencia desde el ateísmo, ¿más mal que bien?",  "¿Por qué no me gusta ser ateo?" y en "La hipótesis Dios o el error de Dawkins" (junto a su segundo round).

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*"Beyond New Atheism?", artículo de Caspar Melville, publicado en The Guardian, y traducido al español en el blog La Media Hostia bajo el título "La hora de dejar atrás el nuevo ateísmo."

* "The New Atheism and the Scientistic Turn in the Atheism Movement" ensayo de Massimo Pigliucci, publicado en  Midwest Studies in Philosophy. Altamente recomendable  también la réplica de Victor Stenger y la contra-réplica de Pigliucci. Algunos fragmentos fueron traducidos en el Blog de un ateo renacido (como se puede ver aquí y aquí).

*"60 Years On: Academic Atheist Philosopher The Now", por Graham Oppy, en el que se muestra la historia del ateísmo moderno desde sus inicios a mediados del siglo XX.