"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


martes, 20 de diciembre de 2016

Día del escepticismo: La noche que Carl Sagan avistó un ovni


Un día como hoy, pero de hace 20 años, dejaba de existir una de las más grandes personalidades de la ciencia en la segunda mitad del siglo XX: el astrónomo Carl Sagan. Para mí, Carl Sagan es el maestro de maestros en la divulgación científica, el pensamiento crítico y la reflexión por un mundo mejor basado en un espíritu científico. Como ya es tradición en este blog, toca hablar en este día sobre algún aspecto de la vida o pensamiento de Sagan en relación a la ciencia y el escepticismo (aquí pueden ver los artículos del 2011, 2012, 2013 y 2014. Por razones que no recuerdo, no publiqué nada el año pasado).

Sagan fue un científico de primera línea, pero también una gran figura del movimiento escéptico. Desde siempre mantuvo gran interés en el tema de la vida extraterrestre, incluyendo los reclamos de avistamientos de platillos voladores y abducciones alienígenas.  De niño, Sagan encontraba gran fascinación en el fenómeno ovni, fascinación que perduró hasta sus últimos días, aunque no así su credulidad, pues siendo ya un joven y prometedor astrónomo, se ocupó de analizar y estudiar cuidadosamente los reclamos de platillos voladores, llegando a la sencilla conclusión de que estos no podían tener un origen en inteligencias extraterrestres, sino a lo mucho, en la mala percepción de los terrestres a la hora de ver el cielo.

Pero Sagan siempre estuvo atento a los reclamos de avistamientos, tanto así que llegó a ser una figura fundadora del Comité para la Investigación Científica de los Reclamos de lo Paranormal (CSICOP, por sus siglas en inglés), hoy en día conocido como Comité para la Investigación Escéptica (CSI). Aunque escribió mucho sobre el tema en libros, hoy día clásicos de la divulgación, tales como Vida inteligente en el universo, La conexión cósmica, Ovnis: un debate científico (junto a Thornton Page), Cosmos y El mundo y sus demonios, a Carl Sagan le interesaba estudiar de cerca esta creencia tan popular desde los años 70s, que llamaba tanto la atención de la gente, algunas veces, atrayéndola hacia la astronomía y la ciencia en general.

Ejemplo del interés de Sagan en los ovnis fue su cooperación en el famoso Proyecto Libro Azul, un proyecto gubernamental en el que se investigaron cientos de reportes de ovnis desde 1948 hasta 1969. Tal como relata William Poundstone en Carl Sagan. Una vida en el Cosmos, Carl comenzó a prestar especial atención a los ovnis durante la primavera del 66 gracias a Edward Condon, físico de la Universidad de Colorado con el que Sagan ya había trabajado antes. Condon fue el científico al que se le pidió dirigiera una investigación científica del Proyecto Libro Azul. Este físico conocía bien el interés de Sagan por los ovnis, de modo que lo invitó a formar parte del comité investigador. Como era de esperarse, Sagan aceptó, convirtiéndose en el más joven miembro del equipo de seis científicos, ingenieros y psicólogos que compusieron el Comité Ad Hoc para la revisión de Libro Azul.

El comité examinó cientos de informes, incluido un caso en el que un ovni resultó ser una luciérnaga atrapada entre dos lunas de vidrio en la ventanilla de la cabina de un avión. Los casos "difíciles", que carecían de una explicación física clara se dividieron en dos categorías: "luces por explicar en el cielo" e informes de naves espaciales extraterrestres incontrovertibles. Era curioso que, casi a modo de ley física inmutable, los casos de este último grupo siempre carecían de testigos creíbles o pruebas físicas convincentes. Esto fue algo con lo que Sagan se encontró no solo en los casos de Libro Azul.

En una ocasión, según cuenta Poundstone, Sagan se presentó ante el juicio de un hombre por fraude. Se decía que el acusado era un contactado con habitantes de Saturno, los cuales tenían apariencia humana y le revelaron grandes secretos a este sujeto, como que Jesucristo era en realidad un compañero de los saturnianos, que estos poseían tecnología para encontrar minas de oro y otros minerales aún no descubiertas por los humanos y que existía una mina de cuarzo que era capaz de curar el cáncer. Al parecer, el amigo de los saturnianos había conseguido que alguno mecenas, principalmente mujeres mayores solteras, que brindaban apoyo económica (y sexual). La propiedad del supuesto contactado se había ampliado más del 100%, gracias a las acciones que había vendido, de una mina de cuarzo que no era suya.

La fiscalía de Nebraska, donde se llevaba acabo el juicio, mandó un telegrama al Departamento de Astronomía de la Universidad de Harvard, donde Sagan impartía clases, buscando algún expertos en temas de astronomía planetaria, a lo que el joven Carl se apuntó gustoso. En el juicio, se cuestionó a Carl Sagan sobre la posibilidad de que en Saturno pudieran existir humanoides. Sagan, como buen profesional, mencionó las temperaturas sumamente bajas, los gases nocivos, la falta de oxígeno y demás condiciones que hacían de Saturno un lugar imposible de habitar por humanoides. Sagan añadió que no descartaba la posibilidad de encontrar alguna forma de vida en Saturno (difícil de imaginar para nosotros), pero que en modo alguno podían ser extraterrestres de apariencia humana.

El abogado defensor preguntó a Sagan desafiente: "Dr. Sagan, no quisiera ser irrespetuoso, pero ¿no es cierto que hace cuatrocientos o quinientos años los científicos universitarios como usted mismo sostenían que la Tierra era... plana?" El defensor del contactado también cuestionó al joven astrónomo sobre el hecho que Sagan estaba dando por supuesto que las leyes físicas que gobiernan la Tierra eran las mismas que las de Saturno. ¿No era posible que este supuesto fuera falso, por ejemplo, hablando sobre las pruebas espectroscópicas empleadas para determinar que la atmósfera de Saturno contenía el venenoso gas de amoníaco? También fue cuestionado sobre las lecturas de temperatura de Saturno. ¿Cómo podíamos saber que las temperaturas tan bajas que se medían en realidad solo eran las temperaturas de las nubes más altas, mientras que al interior del gigante con anillos podía tener temperaturas más cálidas? Carl Sagan respondió a todas las dudas del abogado.

Para empezar, era altamente improbable que las complejas pautas de líneas de absorción vistas en los espectros de Saturno coincidieran con las del amoníaco en la Tierra si las leyes de la naturaleza fueran  completamente distintas. Sobre las cuestiones acerca de la Tierra plana y la idea de que en el interior de Saturno existiesen temperaturas más favorables para la vida inteligente, Sagan admitió que toda la astronomía se basa en pruebas indirectas (lo que no significa que toda idea carente de pruebas podía ser más probable). Llegado a este punto, la defensa interrumpió el interrogatorio.

Luego de una proyección del contactado, una dramatización sobre lo que ocurría en sus viajes con los saturnianos, en vista de que carecía de material auténtico, el jurado encontró al acusado culpable de fraude, y Sagan había hecho su parte para hacer justicia contra un vulgar estafador. Los casos "inexplicables" del Proyecto Libro Azul tampoco hicieron mucho para que Sagan encontrara alguna razón para descartar su escepticismo. Sagan suponía que el interés y el secretismo gubernamental sobre los ovnis tenía una explicación más terrenal: en los tiempos más calientes de la Guerra Fría, los EEUU estaban alertas sobre cualquier cosa que se veía en el cielo que pudiera ser algún nuevo avión y otro artefacto soviético que pusiera en peligro la seguridad nacional. Este supuesto era correcto.

Durante la Guerra Fría, EEUU y la URSS llevaban acabo un ejercicio llamado "suplantación", enviando a territorio enemigo (o a su propio territorio) cazas a reacción de alto rendimiento para ver cuánto tardaba alguien en darse cuenta y dar la alarma. Muchos de los avistamientos difíciles de explicar podían  ser en realidad casos de personas que confundieron  aparatos secretos soviéticos o estadounidenses en el radar o por encima de sus cabezas. En ese entonces, la fuerza aérea tenía razones tanto para recoger estos informes como para guardar silencio sobre lo que en realidad estaba sucediendo. En 1966, el Comité Ad Hoc produjo un breve informe que recomendaba que los archivos de Libro Azul se pusieran a disposición de la comunidad científica y el público en general. A esto siguió, en 1969, la publicación del Proyecto Libro Azul en tamaño de un libro (no exento de censura por parte de la CIA), dando fin a las investigaciones gubernamentales oficiales sobre avistamientos de ovnis.

En todo este tiempo, Sagan nunca fue testigo ni investigador directo de algún fenómeno extraño. Pero esto cambió pronto, de acuerdo a la fuente de Poundstone: el libro Ovnis. Un debate científico, de 1972. Luego de una conferencia en Harvard, donde contestó a varias preguntas sobre ovnis, unos policías se encontraban señalando al cielo. Al parecer estaban apuntando hacia un ovni. No queriendo encontrarse con su público (pues Sagan tenía una cena con unos amigos), Sagan no se detuvo y se fue a su compromiso. Para cuando llegó al restaurante el ovni seguía allí. Fue entonces cuando entró y les dijo a sus amigos que salieran a ver. El interés por lo que pasaba contagió a todo el restaurante de curiosidad, haciendo que todo mundo saliera a ver el cielo.

El ovni era una luz cuyo brillo aumentaba o disminuía mientras avanzaba. De manera intermitente, era posible escuchar una clase de zumbido. Sagan estaba lo bastante cerca de su casa como para ir por sus prismáticos antes de que el ovni se marchara. Los prismáticos alcararon que el objeto eran dos luces blancas permanentes y dos luces parpadeantes: era un avión, según se supo luego, un avión meteorológico de la NASA. La decepción fue grande, pero no haber sido por los prismáticos de Sagan, todo el mundo del restaurante se hubiera ido a casa contando su anécdota de un ovni. Probablemente, concluye Poundstone, muchos de los testigos habrían desechado la sugerencia de que solo habían visto un avión. Así fue como Carl Sagan fue testigo de un ovni que no resultó ser nada fuera de este mundo.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*Carl Sagan. Una vida en el Cosmos, de William Poundstone, Akal Editores.

*La conexión cósmica, de Carl Sagan, Editorial Televisa.

Carl Sagan aún vive. Discurso de Neil deGrasse Tyson


El siguiente es un estracto del discurso de Neil deGrasse Tyson en "Celebreting Carl Sagan", evento de la Biblioteca del Congreso, celebrado en 2014, cuando narra cómo fue el festejo de Carl en su cumpleaños 60. El resto del evento puede encontrarse disponible en YouTube o en el DVD original de la serie Cosmos. A espacetime odyssey:
“Durante la cena, no dejaban de llegarle elogios de estudiantes, maestros, amigos, seres queridos y de estudiantes y maestros otra vez, de colegas y no paraban. Y estos eran elogios que normalmente se oyen después de que alguien muere. Hay un viejo dicho que dice: se permite la exageración después de que alguien ha muerto. No tiene que ser completamente fidedigno porque tratas de reflejar todo lo bueno que tenía esa persona. ¡Esto pasaba mientras Carl vivía! Él moriría dos años después. Estábamos oyendo testimonios como si alguien hubiera muerto y todos compartían sus mejores recuerdos. Y yo pensaba: '¿Alguien merece tantos elogios en vida? Sí, al morir, diez años después, uno dice, ¿pero en vida? ¿Es posible siquiera?'

Después de la cena, él habló en público en el auditorio más grande de Cornell. Todos estábamos ahí. Dio una charla fascinante, cautivadora, informada científicamente, intelectualmente precisa y emocionalmente sincera acerca de nuestro lugar en el universo. Hasta el día de hoy, fue la mejor presentación que haya visto. Y cada minuto de esa clase, yo pensaba: 'Sí, merece todo lo que acabo de escuchar'. Esta persona es real. No imaginemos esto con su muerte. Son recuerdos precisos en vida.

Este hombre me influenció porque dije: si alguna vez soy divulgador científico quiero ser así de cautivador. 
[…] 
¿Quiénes somos si no nos medimos por nuestro impacto en los demás? ¡Eso somos! No somos quien decimos que somos. No somos quienes queremos ser. Somos la suma de la influencia y el impacto que hemos tenido en otros durante nuestra vida. Muchos me lo han preguntado. ‘Estés donde estés, Carl’, Carl está aquí, en este momento.”

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