"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


viernes, 7 de diciembre de 2012

Bertrand Arthur William Russell: El agnosticismo, el atomismo lógico y el monismo neutral


Por Fabián Granobles Ocampo.

En esta ocasión les presento este interesante artículo sobre la vida y obra del que para mí (y seguramente para el autor de este escrito) fue el mejor filósofo del siglo XX: Bertrand Russell. Escrito por uno de mis ciber amigos, el colombiano licenciado en filosofía y estudiante de sociología, Fabián Granobles, espero (esperamos), sea de su agrado y disfrute. 

El pensamiento de Russell es uno de los mas grandes patrimonios intelectuales que se puede y se debe disfrutar en todo su esplendor. Sin mas por mi parte, veamos quién fue Bertrand Russell y cuales fueron sus mayores aportes a la humanidad. -Daniel Galarza Santiago.

Bertrand Arthur William Russell (1872-1970). Filósofo, lógico, matemático, historiador, escritor y pedagogo agnóstico inglés. Nació en Rovenscreft (Monmouthpiece), estudió en el Trinity College (Cambridge) teniendo como maestros de Filosofía a Henry Sidgwick, James Ward y G. F. Stout. Escribió sobre una amplia gama de temas, desde la Epistemología, Lógica, Matemáticas, Filosofía del Lenguaje, Filosofía de la Ciencia, Filosofía de la Mente, Filosofía de la Religión, Filosofía Política, Ética, Literatura. Siempre en sus escritos hizo gala no sólo de un magnífico estilo literario sino también de un excelente sentido del humor y una habilidad para sorprender y provocar con la ironía, el sarcasmo y la metáfora.

Bertrand Russell es reconocido como uno de los fundadores de la Filosofía Analítica, de hecho, inició diversas vías de investigación. A principios del s. XX, junto con George Edward Moore, Russell fue responsable en gran medida de la rebelión británica contra el idealismo, una filosofía influenciada en gran medida por Georg Wilhelm Friedrich Hegel y su discípulo británico, Francis Herbert Bradley. Esta rebelión tuvo repercusión 30 años después en Viena por la rebelión en contra de la metafísica de los positivistas lógicos.  Russell estaba especialmente disgustado por la doctrina idealista de las relaciones internas, las cuales mantienen que para conocer sobre una cosa en concreto, debemos conocer todas sus relaciones. Russell recurrió a la sociología, a la psicología, a la física y a las matemáticas para refutar el Idealismo, la cual mantenía que todos los objetos percibidos y experiencias son productos de la mente. Bertrand Russell mostró que tal postura haría del espacio, del tiempo, de la Ciencia, y del concepto de número algo sin sentido. Russell junto con Alfred North Whitehead continuó trabajando en ese campo de la lógica.

Bertrand Russell y George Edward Moore se esforzaron para eliminar las suposiciones de la Filosofía que encontraron absurdas e incoherentes, para llegar a ver claridad y precisión en la argumentación por el uso exacto del lenguaje y por la división de las proposiciones filosóficas en componentes más simples. Russell, en particular, vio la lógica y la ciencia como la principal herramienta en la filosofía. Por tanto, a diferencia de la mayoría de los filósofos que le precedieron a él y a sus contemporáneos, Russell no creía que hubiese un método específico para la filosofía. El objetivo de la filosofía, sostiene Russell, radica en el análisis y en la elucidación de los principios y conceptos de la ciencia natural. Creía que la principal tarea del filósofo era clarificar las proposiciones más genéricas sobre el mundo y eliminar la confusión. En particular, quería acabar con los excesos de la metafísica.

Russell adoptó los métodos de Guillermo de Occam sobre el principio de evitar la multiplicidad de entidades para un mismo uso, la navaja de Occam, como parte central del método de análisis y el realismo. “La filosofía por la cual abogo es considerada generalmente como una especie de realismo, y ha sido acusada de inconsistencia a causa de los elementos que hay en ella y que parecen contrarios a tal doctrina. Por mi parte no considero la disputa entre realistas y sus opositores como fundamental; podría alterar mi punto de vista en ella sin cambiar mi opinión sobre ninguna de las doctrinas que más deseo subrayar. Considero que la lógica es lo fundamental en la filosofía, y que las escuelas deberían caracterizarse por su lógica más bien que por su metafísica. Mi propia lógica es atómica, y éste es el aspecto que deseo subrayar. Por lo tanto, deseo describir mi filosofía como un ‘atomismo lógico’ más bien que como un ‘realismo’, con o sin adjetivo”[1]. 

El hecho que Bertrand Russell hizo de la ciencia una parte central de su método y filosofía, fue instrumental en hacer de la filosofía de la ciencia una rama completa y separada en la filosofía, y un área en que filósofos subsiguientes se especializaron. Mucho del pensamiento de Russell acerca de la ciencia se expone en su libro de 1914, “Nuestro Conocimiento del Mundo Exterior” (“Our Knowledge of the External World as a Field for Scientific Method in Philosophy”). Entre las diversas escuelas que fueron influenciadas por Russell estuvieron los positivistas lógicos, particularmente
Rudolph Carnap, quien mantenía que la característica distintiva de las proposiciones científicas era su verificabilidad. Esto contrastaba con la teoría de Karl Popper, también muy influenciado por Russell, que creía que su importancia descansaba en el hecho que ellas [las teorías científicas] eran potencialmente falsificables.

Russell aclamaba con frecuencia que estaba más convencido de su método de hacer filosofía, el método del análisis, más que de sus conclusiones filosóficas. La ciencia, por supuesto, era uno de los componentes principales del análisis, junto a la lógica y las matemáticas. Mientras Russell era un creyente del método científico, el conocimiento derivado de la investigación empírica que es verificada a través de pruebas repetidas, creía que la ciencia sólo obtiene respuestas provisionales, y que el progreso científico se construye poco a poco, tratando de encontrar unidades orgánicas considerablemente fútiles. En efecto, creía lo mismo para la filosofía. Otro fundador de la filosofía moderna de la ciencia, Ernst Mach, le daba menos confianza al método, por sí mismo, pues creía que cualquier método que producía resultados predecibles era satisfactorio y que el rol principal del científico era hacer predicciones exitosas. Mientras que Bertrand Russell sin dudarlo estaría de acuerdo con esto como un asunto práctico, creía que el objetivo fundamental de la ciencia y la filosofía era comprender la realidad, y no simplemente hacer predicciones. Vale hacer notar que fuera de las búsquedas estrictamente filosóficas, Russell siempre se sentía fascinado por la ciencia, particularmente la física, incluso fue el autor de varios libros de ciencia populares, como por ejemplo El ABC de los Átomos (The ABC of Atoms, 1923) y El ABC de la Relatividad (The ABC of Relativity, 1925). 

La teoría del conocimiento de Bertrand Russell atravesó muchas fases. Una vez que hubo desechado el Neohegelianismo en su juventud, Russell se consolidó como un realista filosófico durante el resto de su vida, creyendo que nuestras experiencias directas tienen el papel primordial en la adquisición de conocimiento. Aunque algunos de sus puntos de vista han perdido empuje, su influencia se mantiene sólida en la distinción entre las 2 maneras en que nos familiarizamos con los objetos: “conocimiento por familiaridad” y “conocimiento por descripción”. Durante un tiempo, Russell pensó que sólo podíamos conocer mediante datos sensoriales (percepciones momentáneas de colores, sonidos, y similares) y que todo lo demás, incluyendo los objetos físicos que esas percepciones sensoriales representan, sólo pueden ser inferidos o razonados, es decir conocidos por descripción y no directamente. Esta diferenciación ha llegado a ser de mucho más amplio uso, aunque Russell posteriormente rechazó la idea de una percepción sensorial intermedia. Sin embargo, Bertrand Russell defiende el realismo ontológico, pues afirma que los objetos percibidos tienen una realidad inherente al margen de la mente. El ser humano trata con datos sensoriales (sense data). Lo que el ser humano percibe por los sentidos es un hecho o un agregado de hechos. No es posible considerar los hechos como físicos o como psíquicos (mentales), ya que son neutrales.

Según Russell, los objetos materiales son aquellas series de sensibilia que obedecen a las leyes físicas. Los sensibilia de los que la mente es consciente (datos sensoriales o sense data) proporcionan la base experiencial para el conocimiento de la mente del mundo físico. Russell critica al sentido común (la posición que afirma que existe un sujeto que percibe un objeto independiente con características propias o atributos y que este objeto y estos atributos existen independientemente de que un sujeto los perciba), el cual afirma que se tiene el conocimiento de lo que es la materia y lo que es la mente, y que son de naturaleza diferente, pues según esta concepción, lo que se percibe por fuera del sujeto se denomina físico y lo que se percibe al interior del sujeto (es decir dentro del ámbito de lo privado, y los datos sensoriales son considerados como privados) se denomina mental. Russell sostiene por su parte que todo lo que se conoce sin inferencia pertenece a lo mental y además que sólo se conoce del mundo rasgos abstractos en su estructura espacio-temporal, pero que estos datos son ineficientes para asegurar si lo físico y lo mental son iguales o diferentes. Hace 2 preguntas que ponen en tela de juicio la concepción de lo mental y lo físico del sentido común, las cuales son:

1)    ¿Por qué los datos de las percepciones del mundo exterior deben ser considerados como privados?
2)    ¿Qué motivos conllevan a aceptar los datos sensoriales como signos de algo que no depende de la existencia de un sujeto y de su aparato perceptivo (órganos sensoriales)?

Las razones que refuerzan la concepción del sentido común que considera los datos sensoriales  como privados son de 2 clases:

1)    La física, partiendo de argumentos a favor del sentido común, muestra que no hay ningún fundamento para suponer que los objetos se asemejan a las percepciones que se tengan de ellos, con excepción de ciertos aspectos estructurales abstractos.
2)    La comparación de las percepciones de los distintos sujetos (otras mentes), que según el sentido común perciben lo mismo.

No obstante, si los datos sensoriales son privados, entonces ¿por qué se considera que estas percepciones son causadas por algo externo físico y que son el reflejo de algo físico? El sentido común considera, sin embargo, que los datos sensoriales tienen causas físicas externas, esto debido a la creencia del carácter casi público de muchas de las sensaciones y de que no surgen espontáneamente, porque esto llevaría a pensar que son erradas e inexplicables. El carácter casi público de los datos sensoriales se basa en el argumento de que a pesar que las percepciones sensoriales no son iguales en diferentes sujetos, si son muy similares o parecidas y las características estructurales de un objeto son aproximadamente idénticas a las características percibidas por los órganos sensoriales. Además está lo que denomina Russell el carácter público temporal de las percepciones. Esto significa la inmutabilidad de los objetos externos que no dependen de las diferentes percepciones que tiene el sujeto para poder existir.

Otro argumento que refuerza el carácter público de los datos sensoriales, es el de irregularidad de un mundo compuesto sólo de datos, en el que las sensaciones se producen sin ningún antecedente fijo en la experiencia y si tienen causas se haya parcialmente fuera de la misma experiencia. El sentido común habla de un abismo entre la mente y la materia, sin embargo esta división se hace dentro del mundo mental, ya que la percepción es tan mental como el pensamiento, algunos sostienen que la materia es la causa desconocida de la sensación que no tiene las cualidades ni primarias ni secundarias, y que no es aprehensible para nuestros sentidos, esto se puede ejemplificar cuando se dice que se tropieza con el cuerpo de otro sujeto, pero no de su mente. Además se tiene el argumento del cerebro y la mente como 2 cosas independientes, en el cual sólo es posible percibir el cerebro ya que no se perciben pensamientos, por lo tanto el cerebro y la mente que piensa son cosas distintas. La falacia en este caso consiste en presuponer que un ser humano puede ver la materia, cuando se observa un cerebro es un suceso de la mente, y sólo tiene conexión causal con el cerebro que se magina estar percibiendo.

Para Russell hay que distinguir entre lo que es un suceso físico y un suceso mental. El suceso físico es aquel que proviene de causas físicas que a su vez están conectadas con otras causas (cadenas causales), en las que cada miembro constituye una ordenada estructura compleja en la relación espacio-tiempo, y en los que cada suceso tiene una estructura similar con otros y de los cuales se debe tener un conocimiento aunque sea incompleto por inferencia o deducción porque es exterior. El suceso mental se entiende como aquel en el cual un sujeto tiene un acceso privilegiado a su conocimiento porque es interior. No obstante, Bertrand Russell parte de la distinción entre los sucesos que se producen en el cerebro vivo (que es físico), y los sucesos físicos que se producen por fuera del sujeto, en el cual los pensamientos deben encontrarse en el cerebro y los pensamientos están entre los sucesos que constituyen el cerebro, es decir, en una región del cerebro. Según Russell los sucesos mentales y sus cualidades pueden ser conocidos sin inferencia y los sucesos físicos sólo son conocidos en lo que corresponde a su estructura espacio-tiempo. Las cualidades que componen los sucesos físicos son desconocidas completamente porque no se puede decir si son o no diferentes de las cualidades de los sucesos mentales.

Russell abandonó la idea de que la mente figura entre los constituyentes fundamentales del mundo y adoptó el monismo neutral, defendido por Baruch Spinoza, Ernst Mach y William James. Según el monismo neutral de Bertrand Russell, la mente está formada por un conjunto de eventos que se interrelacionan por medio de las relaciones temporales subjetivas (simultaneidad, sucesión) y por determinadas leyes causales especiales (mnémicas). Sin embargo, en lugar de la experiencia pura de William James, Russell caracterizó la esencia de nuestros estados iniciales de percepción como eventos, una postura curiosamente parecida a la filosofía de procesos de su antiguo profesor Alfred North Whitehead. Así fue capaz de explicar el hecho aparente de que la incapacidad de David Hume para percibirse a sí mismo no es un rasgo idiosincrático. Frente a la teoría de la relación múltiple, Bertrand Russell identificó los contenidos de las creencias con imágenes (proposiciones de imagen) y palabras (proposiciones verbales), entendidas como eventos de un cierto tipo, y analizó la verdad (qua correspondencia) en términos de semejanza y relaciones causales. 

Russell no fue el primer filósofo en sugerir que el lenguaje tenía una importante significancia en cómo entendemos el mundo; sin embargo, más que nadie antes que él, Russell hizo del lenguaje, o más específicamente, cómo utilizamos el lenguaje, una parte central de la filosofía. Sin embargo, parece improbable que filósofos tales como Ludwig Wittgenstein, Gilbert Ryle, John Langshaw Austin y Peter Frederick Strawson, entre otros, se hubieran embarcado por el mismo rumbo, por mucho que lo que ellos hicieron fue amplificar o responder, a veces de modo crítico, a lo que Russell había dicho antes que ellos, usando muchas de las técnicas que él desarrolló originalmente. Russell, en conjunto con George Edward Moore, compartía la idea que la claridad de expresión era una virtud, una noción que desde entonces ha sido un punto de referencia para los filósofos, particularmente entre los que tratan con la filosofía del lenguaje.

No acepta la distinción de
Gottlob Frege entre sentido y referencia, sino que las identifica. Quizás la contribución más significativa de Russell a la filosofía del lenguaje es su teoría de las descripciones, la cual permite constatar las limitaciones del lenguaje común, que fue presentada en su ensayo Sobre el Denotar (On Denoting), publicado por primera vez en (1905) en el Journal de Filosofía Mind, el cual el matemático y filósofo inglés Frank Plumpton Ramsey describió como un paradigma de filosofía. La teoría es normalmente ilustrada utilizando la frase El actual rey de Francia, como en El actual rey de Francia es calvo. ¿Sobre qué objeto se trata esta proposición, dado que no existe en la actualidad un rey de Francia? (difícilmente el mismo problema surgiría si hubiera dos reyes de Francia en la actualidad: ¿a cuál de ellos se refiere El rey de Francia?). Alexius Meinong había sugerido que debemos asumir la existencia de un reino de entidades no-existentes que podamos suponer sobre las que nos estamos refiriendo cuando usamos expresiones como ésa; pero esto sería una teoría extraña, por decirlo al menos. Frege, empleando su distinción entre sentido y referencia, sugirió que tales frases, aunque significativas, no eran ni verdaderas ni falsas. Pero algunas de esas proposiciones, tales como Si el actual rey de Francia es calvo, entonces el actual rey de Francia no tiene cabello en su cabeza, no parece sólo verdadera en su valor sino en efecto obviamente verdadera.

El problema es general a lo que son llamadas las descripciones definidas. Normalmente esto incluye todos los términos comenzando con él, y algunas veces incluye nombres, como Walter Scott (este punto es bastante controvertido: Russell a veces pensaba que estas últimas no deberían ser llamadas con ningún nombre, sino sólo descripciones definidas encubiertas; sin embargo, en trabajos posteriores han sido tratadas completamente como cosas diferentes). ¿Cuál es la forma lógica de las descripciones definidas: cómo, en los términos de Frege, las podríamos parafrasear a modo de mostrar cómo la verdad de ese todo depende de las verdades de las partes? Las descripciones definidas aparecen como nombres que por su propia naturaleza indican exactamente una cosa, ni más ni menos. ¿Qué, entonces, somos nosotros para decir algo sobre la proposición como un todo si una de sus partes aparentemente no está funcionando correctamente?

La solución de Bertrand Russell fue, antes que todo, analizar no el término por sí solo, sino la proposición entera que contenía una descripción definida. El actual rey de Francia es calvo, entonces sugirió, puede ser replanteado como Existe un x tal que es el actual rey de Francia, nada más que x es el actual rey de Francia, y x es calvo. Russell exigía que cada descripción definida en efecto contenga una afirmación de existencia y una afirmación de unicidad que da esta apariencia, pero éstas pueden ser descompuestas y tratadas separadamente de la afirmación que es el contenido obvio de la proposición. La proposición como un todo entonces dice 3 cosas sobre algún objeto: “La descripción definida contiene 2 de ellas y el resto de la frase contiene la restante”. Si el objeto no existe, o si no es único, entonces la frase completa resulta ser falsa, aunque no sin sentido.

Una de las mayores quejas en contra de la teoría de Russell, debida originalmente a Strawson, es que las descripciones definidas no exigen que su objeto exista, ellas sólo presuponen que sí.
Peter Strawson también señala que una frase que no indica nada puede ser supuesta a seguir el rol del valor verdadero invertido de Widgy y expresa el significado contrario de la frase pensada. Esto puede ser mostrado utilizando el ejemplo de El actual rey de Francia es calvo. Aplicando la metodología del valor verdadero invertido el significado de esta frase se convierte en Es verdad que no existe un actual rey de Francia que es calvo que cambia el significado de 'El actual rey de Francia' de uno principal a uno secundario. Wittgenstein, estudiante de Russell, logró una considerable prominencia en la filosofía del lenguaje luego de la publicación póstuma de Investigaciones Filosóficas. Según la opinión de Russell, el trabajo más tardío de Wittgenstein no fue dirigido correctamente, y desacreditó su influencia y seguidores (especialmente los miembros de la llamada Escuela de Oxford de la filosofía del lenguaje ordinario, a quienes los veía como promotores de una especie de misticismo). La creencia de Bertrand Russell que la tarea de la filosofía no está limitada a examinar el lenguaje común u ordinario es nuevamente aceptada ampliamente en filosofía.

Quizás el tratamiento de análisis filosófico más sistemático y metafísico, y su logicismo centrado en el empirismo, es evidente en lo que él llamó
Atomismo Lógico, explicado en una serie de conferencias llamada La Filosofía del Atomismo Lógico, dictada por Bertrand Russell. En esos discursos, Bertrand Russell expone su concepto de un lenguaje ideal, isomórfico, uno que reflejaría el mundo, donde nuestro conocimiento puede ser reducido a términos de proposiciones atómicas y sus componentes de función de verdad (lógica matemática). Para Russell el atomismo lógico es una forma radical de empirismo, quien además creía que el requerimiento más importante para tal lenguaje ideal es que cada proposición significativa debe consistir de términos que se refieran directamente a los objetos que nos son familiares. 

Bertrand Russell excluyó ciertos términos lógicos y formales como todos (all), el o la (the), es (is), y así otros, de su requisito isomórfico, pero nunca estuvo completamente satisfecho acerca de nuestra comprensión de tales términos. Uno de los temas centrales del atomismo de Russell es que el mundo consiste de hechos lógicamente independientes, una pluralidad de hechos, y que nuestro conocimiento depende de los datos de nuestra experiencia directa con ellos. Más tarde en su vida, Russell comenzó a dudar de los aspectos del atomismo lógico, especialmente su principio de isomorfismo, aunque continuó creyendo que el proceso de filosofía debiera consistir de cosas desmenuzadas en sus componentes más simples, aunque nunca alcanzaríamos la última verdad (hecho) atómica.

Bertrand Russell tuvo una gran influencia en la lógica matemática moderna. El filósofo estadounidense Willard Van Orman Quine dijo que el trabajo de Russell representaba la más grande influencia sobre su propio trabajo. El primer libro matemático de Russell, Ensayo Sobre los Fundamentos de la Geometría (An Essay on the Foundations of Geometry), fue publicado en 1897. Este trabajo fue fuertemente influenciado por Inmanuel Kant. Bertrand Russell pronto se dio cuenta que el concepto aplicado haría imposible el esquema espacio-tiempo de Albert Einstein, al cual lo consideraba como superior a sus propios sistemas. Desde ahí en adelante, rechazó todo el programa de Kant en lo relacionado a las matemáticas y a la geometría, y sostuvo que su trabajo más temprano en esa materia carecía de valor.

Interesado en la definición de número, Russell estudió los trabajos de George Boole, Georg Cantor y Augustus De Morgan, mientras que en los Archivos Bertrand Russell en la Universidad McMaster se encuentran notas de sus lecturas de lógica algebraica por Charles Sanders Peirce y Ernst Schröder. Se convenció de que los fundamentos de matemáticas serían encontrados en la lógica, y siguiendo a Frege aplicó un acercamiento extensionista en donde la lógica a su vez se basaba en la teoría de conjuntos. En 1900 participó en el primer Congreso Internacional de Filosofía en París, donde se familiarizó con el trabajo del matemático italiano Giuseppe Peano. Se convirtió en un experto del nuevo simbolismo de Peano y su conjunto de axiomas para la aritmética. Peano definió lógicamente todos los términos de estos axiomas con la excepción de 0, número, sucesor y el término singular 'el' (the), los que eran primitivos de su sistema. Russell se dio la tarea de encontrar definiciones lógicas para cada uno de éstos. Entre 1897 y 1903 publicó varios artículos aplicando la notación de Peano en el álgebra clásica de relaciones de Boole-Schröder, entre ellas Acerca de la Noción de el Orden, Sobre la lógica de las relaciones con aplicaciones a la teoría de series y Acerca de los Números Cardinales.

Russell al final descubrió que Frege había llegado de forma independiente a definiciones equivalentes para 0, sucesor y número; la definición de número es actualmente referida como
la definición Frege-Russell. En gran manera fue Russell quien trajo a Frege a la atención del mundo angloparlante. Hizo esto en (1903), cuando publicó Principios de las Matemáticas (The Principles of Mathematics), en el cual el concepto de clase es inextricablemente ligado a la definición de número. El apéndice de este trabajo detallaba una paradoja surgida en la aplicación de Frege para las funciones de segundo (y más alto) orden que tomaban funciones de primer orden como argumento, para luego ofrecer su primer esfuerzo en resolver lo que luego sería conocida como la Paradoja de Russell. 

Antes de escribir Principios de las Matemáticas, Russell se había enterado de la prueba de George Cantor sobre que no existía el número cardinal más grande, lo que Russell consideraba un error. La Paradoja Cantor a su vez fue considerada (por ejemplo, por Crossley) como un caso especial de la paradoja de Russell. Esto hizo que Russell analizara las clases, donde era sabido que dado cualquier número de elementos, el número de clases resultantes es mayor que su número. Esto, a su vez, llevó al descubrimiento de una clase muy interesante, llamada la clase de todas las clases. Contiene dos tipos de clases: “Aquellas clases que se contienen a sí mismas, y aquellas que no”. La consideración de esta clase lo llevó a encontrar una falta grave en el llamado principio de comprensión, el cual ya había sido asumido por los lógicos de la época. Demostró que resultaba en una contradicción, donde y es un miembro de y, sí y sólo sí, y no es un miembro de y. Ésta es la conocida Paradoja de Russell, la solución que fue esbozada en un apéndice de Principios de las Matemáticas, y la que más tarde desarrolló como una teoría completa, la teoría de los tipos. Aparte de exponer una mayor inconsistencia en la teoría intuitiva de conjuntos, el trabajo de Russell condujo directamente a la creación de la teoría axiomática de conjuntos. Esto paralizó el proyecto de Frege de reducir la aritmética a lógica. La Teoría de los Tipos y mucho del trabajo subsecuente de Russell han encontrado aplicaciones prácticas en las ciencias de la computación y la tecnología de la información.

Russell continuó defendiendo el logicismo, la visión que las Matemáticas es en un sentido importante reducible a la Lógica, y junto a su ex-profesor
Whitehead, escribió la monumental Principios de las Matemáticas, un sistema axiomático en el cual todas matemáticas pueden ser fundadas. El primer volumen de Principios fue publicado en 1910, y es en gran manera atribuido a Bertrand Russell. Más que ningún otro trabajo, estableció la especialidad de la lógica matemática o simbólica. Dos volúmenes más fueron publicados, pero su plan original de incorporar la geometría en un cuarto volumen nunca fue llevada a cabo, y Russell nunca mejoró los trabajos originales, aunque se refirió a nuevos desarrollos y problemas en su prefacio de la segunda edición. Al completar Principios de las Matemáticas, tres volúmenes de extraordinario razonamiento abstracto y complejo, Russell estaba exhausto, y nunca sintió recuperar completamente sus facultades intelectuales de tal esfuerzo realizado. Aunque Principios no cayó presa de las paradojas de Frege, más tarde fue demostrado por Kurt Gödel que ni Principios de las Matemáticas, ni otro sistema consistente de aritmética recursiva primitiva podría, dentro de ese sistema, determinar que cada proposición que pudiera ser formulada dentro de ese sistema era decidora, esto es, podría decidir si esa proposición o su negación era demostrable dentro del sistema (Teorema de la incompletitud de
 Gödel).El último trabajo significativo de Russell en matemáticas y lógica, Introducción a la Filosofía Matemática, fue escrito a mano mientras estaba en la cárcel por sus actividades antibélicas durante la Primera Guerra Mundial. Este trabajo fue principalmente una explicación de su obra previa y su significado filosófico.

El activismo social y político ocupó gran parte del tiempo de Bertrand Russell durante su larga vida, lo que hace más remarcable sus escritos sobre un gran rango de temas éticos, sociales y políticos. Analizó críticamente temas como el socialismo, el anarquismo, el sindicalismo, la guerra, los derechos femeninos, el matrimonio, la prostitución, la homosexualidad, la naturaleza del amor, la educación sexual, el divorcio, la religión y otros temas vinculados a la moralidad sexual. No fue un ejemplo de convencionalismo ni de adhesión a los valores establecidos. Se convirtió en un héroe para muchos de los miembros jóvenes de la Nueva Izquierda. Las labores extraacadémicas de Russell le hicieron emprender numerosos viajes en los cuales observaba de primera mano la situación en diversos países y se entrevistaba con las personalidades relevantes del momento. Así, viajó dos veces a Alemania con Alys Pearsall Smithen (1895), el año siguiente viajaría a EUA. Más adelante, en 1920, junto con una delegación del Partido Laborista Británico, viajaría a Rusia y se entrevistaría con VladimirIlich Ulianov Lenin, viaje que acabaría con las esperanzas que inicialmente tenía con respecto a los cambios que el comunismo produciría. Poco después, junto con Dora Black, que en 1921 acabaría siendo su segunda esposa, viajó a China y permaneció allí durante un año, para volver a Inglaterra a través de Japón y EUA nuevamente. La estancia en China resultó muy provechosa, y Russell apreció en su cultura valores tales como la tolerancia, la imperturbabilidad, la dignidad y, en general, una actitud que valoraba la vida, la belleza y el placer de una manera distinta a la occidental que consideró valiosa. Todos estos viajes se tradujeron en libros, artículos o conferencias. En 1949, Bertrand Russell fue galardonado con la Orden del Mérito y en 1950 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

Russell fue un intelectual comprometido, un humanista y pacifista convencido. En 1955 escribió junto con Albert Einstein el ManifiestoRussell-Einstein, un documento que pedía el desarme nuclear y el cual fue firmado por once de los físicos nucleares prominentes e intelectuales de la época y que dio vida a las Conferencias de Pugwash conferencias internacionales sobre ciencia y asuntos mundiales como el desarme nuclear y la responsabilidad social del científico en temas como el crecimiento demográfico, el deterioro medioambiental y el desarrollo económico del planeta, convocadas a sugerencia de una serie de científicos, filósofos y humanistas, entre los que se contaban Albert Einstein, Frédéric Joliot-Curie y Bertrand Russell. A partir de 1958 fue el organizador y principal dirigente del movimiento por la desnuclearización en Gran Bretaña. Eso hizo que perdiera su cátedra en Cambridge y que fuera condenado a prisión. Muy preocupado sobre el peligro potencial a la humanidad debido a las armas nucleares y otros descubrimientos científicos, también se unió a Albert Einstein, Robert Oppenheimer, Józef  Rotblat y otras eminencias en el ámbito científico del momento para establecer la Academia Mundial de Arte y Ciencia constituida en 1960. Bertrand Russell permaneció políticamente activo hasta el final, escribiendo y exhortando a los líderes mundiales, además de prestar su nombre a numerosas causas. Desde 1938 hasta 1944 fue docente en varias instituciones educativas estadounidenses. Sin embargo, y debido a sus ideas liberales radicales, la Corte Suprema de Nueva York le prohibió impartir clases en el College de esta ciudad (actual City College de la Universidad de Nueva York) por lo que consideraban sus ataques a la religión y a la moral tradicional en varios de sus textos. En la crisis de los misiles de Cuba de 1962, ante la amenaza de una guerra nuclear trató de mediar telegrafiándose con Jhon Fitzgerald Kennedy, Nikita Kruschev, Fidel Castro, el Secretario General de las Naciones Unidas U. Thant  yel Primer Ministro Británico Harold Macmillan. En 1963 se convirtió en el primer galardonado del Premio Jerusalén, un premio para los escritores interesados ​​en la libertad del individuo en la sociedad. En 1965 rompió con el Partido Laborista porque sospechaba que el partido iba a enviar  soldados para apoyar a EUA en la Guerra de Vietnam. Fue miembro del Consejo Asesor de la Asociación Humanista Británica y Presidente de los Humanistas Cardiff hasta su muerte. Desde un comienzo Russell fue crítico con la historia oficial en el asesinato de J. F. Kennedy. Su escrito 16 preguntas sobre el asesinato de 1964 es aún considerado un buen resumen de las aparentes inconsistencias del caso.

Russell no desconoce ni ciertas exigencias de la sociedad de masas actual ni las debilidades de la fe progresista. Por ese motivo ha intentado encontrar solución a los conflictos entre el Individualismo y el Socialismo, entre el Pesimismo y el Optimismo y entre la exigencia de la Libertad y el Orden. Según Russell no hay una relación unívoca de determinación entre las condiciones sociales e históricas y las manifestaciones culturales. Por un lado, las manifestaciones culturales son a la vez efecto de una situación histórica y factor para otra situación histórica. Por otra parte, la influencia de la estructura histórico-social cambia según el carácter más o menos técnico del producto cultural correspondiente: “Las manifestaciones culturales más técnicas (como la lógica o las matemáticas) están menos sujetas a los cambios históricos y a las condiciones histórico-sociales que las menos técnicas (teorías sociales, metafísicas, religiosas, artísticas, entre otras)”.

Bertrand Russell inicialmente expresó tener mucha esperanza en el Experimento Comunista. Sin embargo, cuando visitó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y se reunió con Lenin en 1920, encontró al sistema imperante poco impresionante. A su regreso escribió un tratado crítico llamado La Práctica y Teoría del Bolchevismo (The Practice and Theory of Bolshevism). Estaba infinitamente descontento en esta atmósfera (sofocada por su utilitarismo, su indiferencia hacia el amor y belleza y el vigor del impulso).Consideraba que los métodos para alcanzar un sistema comunista eran intolerables y que los resultados obtenidos no justificaban el precio que se estaba pagando. Para Bertrand Russell, Lenin era un tipo que se pretendía científico y que presumía de actuar siguiendo las leyes de la historia, pero no veía en él ninguna traza de ciencia. Los seguidores de Lenin eran, para Russell, fundamentalistas y fanáticos. Afirmaba ver algo interesante en su fanatismo, pero nada que ver con las leyes de la historia, que para Bertrand Russell estaban subordinadas a la ciencia como único método de análisis. Creía que Lenin era similar a un fanático religioso, frío y poseído por un desamor a la libertad. Políticamente, Bertrand Russell imaginaba un tipo benévolo de Socialismo afirmando su simpatía por el Socialismo Libertario o Anarquismo, similar en algunas formas a, aún poseyendo diferencias importantes, el concepto promovido por la Sociedad Fabiana. De esta fusión de criterios surge en la década de 1920 su respaldo al Socialismo Gremial, una forma de Socialismo Individualista/Cooperativo y Antiestatal, de mando distribuido y no centralizado. Bertrand Russell criticaba fuertemente al régimen de Stalin, y las prácticas de los Estados que proclamaban al Marxismo y Comunismo en general. Siempre fue un entusiasta consistente de la Democracia y el gobierno mundial, y abogaba por el establecimiento de un gobierno internacional democrático que lograse poner fin a todas las guerras. 

Cuando era joven, Russell fue miembro del Partido Liberal de Reino Unido y se mostró en favor del libre comercio y el voto femenino. En su panfleto de 1910, Ansiedades Anti-Sufragio (Anti-Suffragist Anxieties), Russell escribió que algunos hombres se oponen al sufragio porque temen que su libertad para actuar de maneras que son ofensivas hacia las mujeres sea reducida. En 1907 se presentó a las elecciones para apoyar esta causa, pero perdió por un alto margen. A pesar de que Bertrand Russell escribió sobre numerosos temas éticos, no creía que la materia perteneciese a la filosofía, ni que lo escribiese en virtud de filósofo. En su etapa temprana, Russell estaba influenciado en gran medida por el Principia Ethica de George Edward Moore. Junto con Moore, Russell creía que los hechos morales eran objetivos, pero sólo conocidos a través de la intuición, y que eran simples propiedades de los objetos, no equivalentes (por ejemplo el placer es bueno) a los objetos naturales a los que habitualmente se les asocia (falacia naturalista), y que esas sencillas propiedades morales indefinibles no podían ser analizadas usando las propiedades no morales a las cuales se asociaban. Con el tiempo, sin embargo, acabó estando con su héroe filosófico, David Hume, quien creía que los términos éticos manejados con valores subjetivos no podían ser verificados de la misma manera que los hechos tangibles. Junto con otras doctrinas de Russell, esto influyó a los positivistas lógicos, quienes formularon la teoría del Emotivismo, que sostienen que las proposiciones éticas-morales (junto con las pertenecientes a la metafísica) eran esencialmente sinsentidos, o como mucho, algo más que expresiones de actitudes y preferencias. A pesar de su influencia en ellos, Russell no interpretó las proposiciones éticas tan estrechamente como los positivistas lógicos, para él las consideraciones éticas no eran sólo significativas, sino que eran objeto de importancia vital para el discurso civil. De hecho, Russell fue a menudo caracterizado como el abanderado de la racionalidad, él estaba de acuerdo con David Hume, quien dijo que la razón debía estar subordinada a consideraciones.

Sus opiniones en el campo ético-moral, especialmente en lo referente a la educación y a la sexualidad, son liberales, pues era un defensor de la libertad sexual. Argumenta que las relaciones sexuales fuera del matrimonio son relativamente aceptables. En su libro Sociedad Humana, Ética y Política (Human Society in Ethics and Politics) de 1954, aboga en favor de la perspectiva de que deberíamos atender los asuntos ético-morales desde el punto de vista de los deseos de los individuos. Los individuos pueden hacer lo que ellos quieran, siempre y cuando no existan deseos incompatibles entre individuos diferentes. Los deseos no son malos en sí mismos, pero en ocasiones sí lo son su poder o consecuencias reales. Russell también escribe que el castigo es importante sólo en un sentido instrumental, y no debería utilizarse nunca sin justificación.

Russell escribió en contra de las nociones conservadoras victorianas sobre moralidad. En Matrimonio y Moral (1929) expresó su opinión sobre que el sexo entre un hombre y una mujer que no están casados entre sí no es necesariamente inmoral si ellos realmente se aman, y defendió los matrimonios experimentales o matrimonios de compañía, relaciones formalizadas donde jóvenes podían tener de forma legítima relaciones sexuales sin esperar permanecer casados a largo plazo o tener hijos (una idea propuesta por primera vez por el juez y reformador social estadounidense Ben Lindsey). Esto puede no parecer extraño hoy en día, pero fue suficiente para desencadenar acaloradas protestas y fuertes denuncias en su contra durante su visita a EUA poco después de la publicación del libro. 

Bertrand Russell también estuvo adelantado a su época al apoyar una educación sexual abierta y un amplio acceso a métodos anticonceptivos. También apoyó el divorcio fácil, pero sólo si el matrimonio no había tenido hijos (la visión de Russell era que los padres deberían permanecer casados pero tolerantes hacia las infidelidades del otro. Esto reflejaba su vida en ese momento) su segunda esposa Dora tenía públicamente un amante, y pronto quedaría embarazada del mismo, pero Russell deseaba que sus hijos John y Kate tuviesen una vida familiar normal. Russell participaba activamente dentro de la Sociedad de la Reforma de Ley Homosexual, siendo uno de los signatarios de la carta de Anthony Edward Dyson que hacía un llamamiento por un cambio en la ley que respecta a las prácticas homosexuales. La vida privada de Russell era aún más libre de lo que revelaban sus escritos públicos, pero eso no era muy conocido en esa época. Por ejemplo, el filósofo Sídney Hook da cuenta que Bertrand Russell con frecuencia habló de su destreza sexual y de sus numerosas conquistas. Sin duda alguna Russell fue uno de los pensadores más interesantes, profundos, mordaces, irónicos y activos del s. XX y dejó un enorme legado de escritos de los cuales podemos extraer importantes lecciones.


Frases Célebres

“Como filósofo, si estuviera dirigiéndome a una audiencia puramente filosófica, debería decir que tendría la obligación de describirme a mí mismo como un Agnóstico, porque no creo que hay un argumento concluyente por el cual uno demuestre que no hay un Dios. Por otra parte, si voy a expresar la idea correcta al hombre común en la calle, pienso que tendría que decir que soy un Ateo, porque, cuando digo que no puedo probar que no existe un Dios, debería igualmente agregar que no puedo probar que no existen los Dioses Homéricos”.

“El agnóstico cree que es imposible saber la verdad en los asuntos que le interesan al Cristianismo y otras religiones, como Dios y la vida futura. O si no imposible, al menos imposible por ahora

“Si todo tiene que tener una causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede haber algo sin causa, tan bien podría ser el mundo como Dios, de modo que ese argumento no puede tener ninguna validez”.

“No hay imposibilidad lógica en la hipótesis que el mundo se creó hace cinco minutos, con una población que “recordaba” un pasado completamente irreal. No hay conexión necesariamente lógica entre eventos de épocas distintas; por lo tanto, nada de lo que sucede ahora o sucederá en el futuro puede refutar la hipótesis que el mundo comenzó hace cinco minutos atrás”.

“No pretendo probar que Dios no existe. El Dios Cristiano puede existir; igualmente pueden existir los Dioses del Olimpo, del Antiguo Egipto o de Babilonia. Pero ninguna de estas hipótesis es más probable que la otra: Se encuentran fuera de la región del conocimiento comprobable y, por lo tanto, no hay razón para considerar ninguna de ellas... Dios y la inmortalidad, los dogmas centrales de la religión cristiana, no son esenciales a la religión, ya que ninguno de ellos se encuentra en el budismo.... pero en Occidente hemos llegado a considerarlos como el mínimo irreductible de la teología. Sin duda la gente continuará teniendo esas creencias, porque son agradables, como es agradable considerarnos a nosotros mismos virtuosos y considerar malvados a nuestros enemigos”.

“La religión se basa, a mi juicio, primordial y principalmente en el miedo. En parte es terror a lo desconocido y, en parte, deseo de sentir que se tiene una especie de hermano mayor que estará junto a uno en todas las aflicciones y disputas. El miedo es la base de todo: el miedo a lo misterioso, el miedo a la derrota, el miedo a la muerte. El miedo es el padre de la crueldad y, por lo tanto no es de extrañar que la crueldad y la religión vayan de la mano”.

“La religión sirve para impedir el conocimiento, promover el miedo y la dependencia. Es responsable en gran parte de la guerra, opresión y miseria del mundo”.

“La religión en la mayoría de sus formas podría ser definida como la creencia de que los dioses están de lado del gobierno”.

“Cuanto más intensa ha sido la religión en cualquier período y más profunda la creencia dogmática, tanto mayor ha sido la crueldad y peor el estado de los negocios públicos”.

“Lo que deseo sostener que toda fe hace daño. Podemos definir “fe” como la firme creencia en algo de lo que no hay evidencia. Cuando existe la evidencia, nadie habla de “fe”. No se habla de tener “fe” en que dos más dos son cuatro o que la Tierra es redonda. Sólo hablamos de “fe” cuando deseamos sustituir la emoción por la evidencia”.

“Mi punto de vista ante la religión es el de Lucrecio. La considero como una enfermedad nacida del miedo, y como una fuente de indecible miseria para la raza humana. No puedo, sin embargo, negar que ha contribuido en parte a la civilización. Primitivamente ayudó a fijar el calendario, e hizo que los sacerdotes egipcios escribieran la crónica de los eclipses con tal cuidado que con el tiempo pudieron predecirlos. Estoy dispuesto a reconocer estas 2 contribuciones, pero no reconozco otras”.

“Lo que el mundo necesita no es dogma, sino una actitud de cuestionamiento científico, combinada con una creencia de que la tortura de millones no es deseable, sea infligida por Stalin o por una Deidad construida a imagen y semejanza del creyente”.

“Uno de los engaños más perjudiciales que los hombres y las naciones pueden sufrir es el creerse un instrumento especial de la Divina Voluntad”.

“Me opongo a toda superstición, sea musulmana, cristiana, judía o budista”.
“William James solía predicar la “voluntad de creer”. Yo, por mi parte, quisiera predicar la “voluntad de dudar”. Lo que se persigue no es la voluntad de creer, sino el deseo de descubrir, que es exactamente lo opuesto”.

“Observo que una gran parte de la especie humana no cree en Dios y no sufre por ello ningún castigo visible. Y si hubiera un Dios, me parece muy improbable que tuviera una vanidad tan enfermiza como para sentirse ofendido por quienes dudan de su existencia”.

“Yo estoy tan firmemente convencido de que las religiones hacen daño, como lo estoy de que son falsas”.

“Hasta donde puedo recordar, no hay una sola palabra en los Evangelios en alabanza de la inteligencia”.

“Las matemáticas y el mar, y la teología y la heráldica, las 2 primeras cosas me gustan porque son humanas, las 2 últimas porque son absurdas”.

“Deseo proponer a la favorable consideración del lector una doctrina que, me temo, podrá parecer desatinadamente paradójica y subversiva. La doctrina en cuestión es la siguiente: que no es deseable creer una proposición cuando no existe fundamento para suponer que sea cierta”.

“Creo que en términos filosóficos estrictos, en el nivel donde uno duda de la existencia de los objetos materiales y mantiene que el mundo puede haber existido desde hace sólo cinco minutos, debería llamarme a mí mismo agnóstico; pero, para todos los propósitos prácticos, soy ateo. No considero la existencia del Dios Cristiano más probable que la existencia de los Dioses del Olimpo o el Valhalla. Para mostrarlo de otra forma: nadie puede probar que no hay entre la Tierra y Marte una tetera de porcelana girando en una órbita elíptica, pero nadie cree esto suficientemente plausible como para ser tomado en cuenta en la práctica. Yo considero al Dios cristiano igual de improbable”.

“Afirmo deliberadamente que la religión cristiana, tal y como está organizada, ha sido y aún es el principal enemigo del progreso moral en el mundo”.

“La peor característica de la religión cristiana, sin embargo, es su actitud ante el sexo, tan mórbida y tan innatural que sólo puede entenderse en relación con lo enfermizo del mundo civilizado durante la caída del Imperio Romano”. 

“Constantemente se me pregunta: ¿Qué puede usted con su frío racionalismo, ofrecer al que busca la salvación, que sea comparable con la cálida comodidad del refugio de un credo dogmático? La respuesta a esto tiene muchos aspectos. En primer lugar, yo no digo que pueda ofrecer tanta felicidad como la que pueda obtenerse abdicando de la razón. No digo que pueda ofrecer tanta felicidad como la que se obtiene de la bebida o de las drogas o de amasar grandes riquezas defraudando viudas y huérfanos. No es la felicidad del converso individual la que me importa; es la felicidad de la Humanidad. Si deseas genuinamente la felicidad de la Humanidad, ciertas formas de felicidad personal innoble quedarán cerradas para ti. Si tu hijo está enfermo, y eres un padre concienzudo, aceptarás los diagnósticos médicos, aunque sean dudosos y desalentadores; si aceptas la alegre opinión de un charlatán y tu hijo muere en consecuencia, no puedes tener como excusa lo agradable de la creencia en el charlatán mientras duró”.

“Estoy persuadido de que dios no creo al mundo, pero sí de que el mundo está creando a dios”.

“Todo el concepto de dios es un concepto derivado del antiguo despotismo oriental. Es un concepto indigno de hombres libres. Cuando se oye a la gente en la iglesia humillarse y proclamarse miserables pecadores, parece algo despreciable e indigno de seres que se respetan”.

“El hombre religioso actúa por emociones y no por argumentos racionales”.

“La percepción, sin comprobación ni fundamento, no es garantía suficiente de verdad”.

“En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras”.

“No es mediante la oración y la humildad que logras que las cosas se hagan como quieres, sino mediante la adquisición del conocimiento de las leyes naturales. El poder que adquieres de esta forma es mucho mayor y más confiable que el que antes se suponía adquirir por medio de la oración, pues nunca podías saber si tu oración era favorablemente respondida en el Cielo”.

“El comunista, como el cristiano, cree que su doctrina es esencial para la salvación, y es esta creencia la que hace la salvación posible para él. Son las similitudes entre el Cristianismo y el Comunismo las que los hacen mutuamente incompatibles”.
“Es costumbre entre los apologistas cristianos el ver al Comunismo como algo muy diferente del Cristianismo, y contrastar sus males con las supuestas bendiciones que disfrutan las naciones cristianos. Esto me parece un profundo error. Los males del Comunismo son los mismos que existían en el Cristianismo durante la Edad de la Fe. La OGPU difiere sólo cuantitativamente de la Inquisición. Sus crueldades son de la misma clase, y el daño que hace a la vida intelectual y moral de los rusos es de la misma clase que la que cometieron los inquisidores dondequiera que prevalecieron. Los comunistas falsifican la historia, y la Iglesia hizo lo mismo hasta el Renacimiento. Si la Iglesia no es ahora tan mala como el Gobierno Soviético, se debe a la influencia de aquéllos que atacaron a la Iglesia; desde el Concilio de Trento hasta el presente, todas las mejoras que ha puesto en efecto se han debido a sus enemigos”.

“Quien cree como yo, que el intelecto libre es la principal máquina del progreso humano, no puede sino oponerse fundamentalmente al Bolchevismo tanto como a la Iglesia de Roma. Las esperanzas que inspiran al Comunismo son, en lo principal, tan admirables como aquellas inculcadas por el Sermón de la Montaña, pero ellas se sostienen fanáticamente y son igual de probables de hacer tanto daño como ellas”.

“¿Pensáis cristianos que si se os concediera la omnipotencia y omnisciencia y millones de años para perfeccionar vuestro mundo, no habríais producido algo mejor que el Ku Klux Klan o el Fascismo?”.

“Cualquier sistema moral que tenga una base teológica se convierte en unos de los instrumentos a través de los cuales los poderosos conservan la autoridad y dañan el vigor intelectual de los jóvenes”.

“No son los argumentos racionales sino las emociones las que hacen creer en la vida futura”.

“El hecho de que una opinión ha sido ampliamente extendida no es evidencia alguna de que no es absurda; en vista de la estupidez de la mayor parte del género humano, es más probable que una creencia ampliamente extendida sea una tontería”.

“Existen 2 objeciones a la religión: Una intelectual y otra moral. La objeción intelectual reside en que no hay razones para suponer que ninguna religión sea verdadera; la objeción moral consiste en que los preceptos religiosos datan de una época en que los hombres eran más crueles que ahora y, por lo tanto, tienden a perpetuar conductas inhumanas que la conciencia moral de la época habría superado de no ser por la religión misma”.

“No bien se sostiene que una creencia, cualquiera que sea, es importante por alguna razón que no es la de que es verdadera, sobreviene un cúmulo de males. El primero de ellos es que desalienta la indagación, pero muy pronto siguen otros. Las posiciones de autoridad pueden permitirse ser ortodoxas. Se falsean los registros históricos que arrojan dudas sobre una opinión establecida. Antes o después lo no ortodoxo pasa a considerarse un delito que merece la hoguera, la purga o el campo de concentración. Puedo respetar a un hombre que dice que la religión es verdadera y que por eso hay que creer en ella, pero sólo puedo sentir una profunda reprobación moral por los que dicen que hay que creer en esa religión porque es útil, y que cuestionar su verdad es una pérdida de tiempo”.

“Toda la actividad humana está motivada por el deseo o el impulso”.

“Muchas personas preferirían morirse antes que pensar; en realidad eso es lo que hacen”.

“El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”.

“La ciencia en ningún momento está totalmente en lo cierto, pero rara vez está completamente equivocada y tiene en general mayores posibilidades de estar en lo cierto que las teorías no científicas”.

“El hombre puede ser científicamente manipulado”.

“Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer lo posible imposible”.

“En el arte, nada que merezca la pena se puede hacer sin genio; en ciencia, incluso una capacidad muy modesta puede contribuir a un logro supremo”.

“Cuando encuentres oposición, aun cuando sea de tu esposa o de tus hijos, esfuérzate por vencerla con argumentos y no por la autoridad, pues la victoria basada en la autoridad es ficticia e ilusoria”.

“No temas parecer excéntrico al opinar, pues todas las opiniones ahora admitidas fueron antes excéntricas”.

“Sé escrupulosamente veraz, aun cuando la verdad sea inconveniente, pues será aún más inconveniente si tratas de ocultarla”.

“Mira con más agrado la discrepancia inteligente que el asentimiento pasivo, pues si valoras como es debido la inteligencia, lo primero supone un asentimiento más profundo que lo segundo”.

“El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía va por la vida prisionero de los prejuicios que se derivan del sentido común, de las creencias habituales en su tiempo y en su país”.

“Si la filosofía no puede responder a tantas preguntas como deseamos, tiene al menos el poder de presentar preguntas que aumentan el interés del mundo, y muestran lo extraño y lo maravilloso que se ocultan a ras de la superficie aún en las cosas más comunes de la vida diaria”.

“La filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas definitivas a sus preguntas, desde que las respuestas definitivas en general no se pueden saber verdaderas, sino más bien en virtud de las preguntas mismas; porque estas preguntas aumentan nuestro entendimiento de lo que es posible, enriquecen nuestra imaginación, y disminuyen la seguridad dogmática que cierra la mente a la especulación; pero sobre todo porque, a través de la grandeza del universo contemplado por la filosofía, la mente se engrandece y se hace capaz de su unión con el universo que constituye su mayor virtud”. 

“En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras”.

“Muchos hombres cometen el error de sustituir el conocimiento por la afirmación de que es verdad lo que ellos desean”.

“El mundo, ahora y antes, está basado en una competición a vida o muerte; lo que se disputaba en la guerra era qué niños, si los alemanes o los aliados, debían morir de hambre y de miseria”.

“El patriotismo es la disposición de matar y dejarse matar por razones triviales”.

“A veces se estipula que la mezcla racial es indeseable. No existe evidencia alguna para tal opinión. No existe, aparentemente, ninguna razón para pensar que los negros son congénitamente menos inteligentes que los blancos, pero eso será difícil de juzgar hasta que ellos tengan las mismas oportunidades y buenas condiciones sociales”.

“Por mi parte, mientras soy un socialista convencido tanto como el más ardiente marxista, no considero al Socialismo como un Evangelio de venganza proletaria, ni siquiera, principalmente, como un medio de asegurar justicia económica. Lo considero principalmente como un ajuste a la máquina de producción requerido por consideraciones de sentido común, y calculadas para incrementar la felicidad, no sólo del proletariado, sino de todos excepto una minoría pequeña de la raza humana”.

“Las máquinas son veneradas porque son hermosas, y admiradas porque confieren poder; son odiadas porque son odiosas y despreciadas porque imponen esclavitud”.

“Métodos modernos de producción nos han dado la posibilidad de bienestar y seguridad para todos; hemos escogido, en vez, tener sobrecarga de trabajo para algunos y hambruna para el resto. Hasta ahora hemos continuado ser tan enérgicos como éramos antes que hubieran máquinas; en esto hemos sido estúpidos, pero no hay razón para que sigamos siendo estúpidos por siempre”.

“Uno de los defectos de la educación superior moderna es que hace demasiado énfasis en el aprendizaje de ciertas especialidades, y demasiado poco en un ensanchamiento de la mente y el corazón por medio de un análisis imparcial del mundo”.

“Se dirá que el placer de la aventura mental es raro, que pocos pueden apreciarlo y que la educación ordinaria no tiene en cuenta un bien tan aristocrático. Yo no lo creo. El placer de la aventura mental es mucho más común en el joven que en los hombres y mujeres mayores. Es raro en la vida adulta porque se hace todo lo posible por matarlo mientras dura la educación”.

“La humanidad tiene una moral doble: Una que predica y no practica, y otra que practica y no predica”.

“El ser capaz de llenar el ocio de una manera inteligente es el último resultado de la civilización”.

“Quiero decir, con toda seriedad, que la fe en las virtudes del trabajo está haciendo mucho daño en el mundo moderno, y que el camino hacia la felicidad y la prosperidad pasa por una reducción organizada de aquél”.

“Las matemáticas poseen no solamente la verdad, sino una belleza suprema, una belleza fría y austera, como la de las esculturas”.

“Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos”. 




[1]Logical Atomism.,Contemporany British Philosophy, Edición J. H. Muirhead, 1935, pág. 359.

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