"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Las mentiras de los homeópatas II


Hace poco más de un mes que publiqué la primera parte de esta breve serie y desde entonces un buen magufo defensor de los derechos de la pseudociencia no ha dejado de escribir. Por supuesto, platicarles esto no significa que esté molesto con el amigo magufo (a quien por cierto piensa que la sola palabra “magufo” es un argumentoad-hominem. Lo bueno es que busca enseñarme lógica), ni que no tiene derecho a expresar y defender lo que piensa o cree.

Todo lo contrario, si algo ha dejado claro su ejemplo, disponible en los comentarios de la primera parte, es que la defensa de la pseudociencia no cederá terreno ante sus críticos. Como sea, nuestro amigo me ha llegado acusar de charlatán y de pseudocientífico, por supuesto, ignorando el hecho que un charlatán es alguien que le vende algo falso a un público (y aquí no vendo nada falso ¿o si?) y que un pseudocientífico es alguien que asegura hacer ciencia (cosa que jamás he dicho que hago) cuando solo hace magufadas, pero bueno. Quien se fija. Después de todo, él dice que yo soy el que no entiende de ciencia ni de lógica, se nota que él si sabe ¿o no? (sarcasmo).

Como sea, ignorando verdaderos ad-hominem’s, me gustaría aclarar desde el comienzo que esta serie no está hecha para refutar la homeopatía y demostrar que es una pseudociencia, sino que busca demostrar las inconsistencias, incoherencias o irrelevancia de los argumentos que presenta el sitio web, ABC Homeopatía, para asegurar que la denuncia de la homeopatía como pseudociencia solo es “una opinión más” y que los argumentos que usa para sostener tal cosa son falsos o simplemente no se siguen.

Así es como llegamos al artículo de la mencionada página “pro-pseudocientífica”, llamado ¿Qué se esconde tras los ataques a la homeopatía?

El artículo comienza asegurando que los “ataques” que ha sufrido el sitio por parte de escépticos, está basada en la ignorancia y que dichos ataques no son más que opiniones subjetivas. Luego nos dan ejemplos de algunas denuncias internacionales de la homeopatía como pseudociencia, tales como la campaña 10:23, sitios web, programas de radio y televisión, etc, etc.

Después de esto, los autores se preguntan “¿qué es lo que está ocurriendo?” e inmediatamente se “preguntan” con un tono de preocupación “¿Quién puede tener intereses – económicos, como siempre, por desgracia, en nuestra sociedad- en contra de la homeopatía?”

Es a partir de aquí que plantean ciertas premisas, dan ciertas conclusiones y citan a un ciber-defensor de la homeopatía (todo esto lo comento unas líneas más adelante). El problema es que desde aquí podemos observar dos cosas: primero, ABC Homeopatía intenta dar un mensaje al público en el que se busca transmitir que la homeopatía está siendo amenazada, y segundo, el juicio (o prejuicio) de los autores con respecto a los “ataques escépticos” es evidente. Desde un principio ya supone que existe algún interés económico en específico para desprestigiar a la “humilde” industria homeopática, dejando de lado la preocupación real de que se esté dejando que una pseudociencia se meta en la vida cotidiana de millones de ciudadanos. Pero vayamos por pasos y examinemos las premisas que a continuación nos ofrece ABC Homeopatía, con sus respectivas objeciones y dudas de mi parte:

1.       La homeopatía es una terapia con más de 200 años de antigüedad, cuyos medicamentos se venden en farmacias, practicada por cientos de miles de médicos en el mundo, que ha curado y cura a millones de personas en nuestro planeta, cuyas enseñanzas se dan, cada vez más en Universidades de Medicina que se aplica en cientos de hospitales, especialmente en el ámbito pediátrico y que consigue un índice de satisfacción en sus pacientes cercano al 80%.

*Lo que intentan decirnos con esta “premisa”, es sencillamente que la homeopatía se abre paso en la sociedad; la pregunta verdadera aquí sería ¿y? ¿Eso qué demuestra? ¿Demuestra acaso su efectividad, su veracidad o su validez? O ¿demuestra que en la sociedad hace falta de manera urgente una mayor cultura científica y de pensamiento crítico?

El caso particular de las universidades y los gobiernos que apoyan este tipo de terapias, tal como se dijo en el anterior artículo, no demuestran otra cosa, más que el negocio. Asegurar que algo es cierto o válido porque la universidad x o el país y la apoyan no es más una apelación de autoridad que no merece ni siquiera prestarle atención. Después de todo, los ejemplos de pseudociencias en instituciones gubernamentales y educativas, tal y como nos enseña La Lista de la Vergüenza, no son pocas.
Por último, asegurar que la homeopatía “ha curado y cura a millones de personas en nuestro planeta” es una peticiónde principio, pues es justamente la supuesta efectividad de esta terapia lo que los escépticos que la “atacan” quieren que los homeópatas y sus defensores demuestren. Cosa que no han hecho.

Claro, son capaces de mencionar sociedades o revistas que por estar en inglés suenan científicos o influyentes, pero que igualmente siguen sin mostrar nada.

2.       Su origen natural, sus bajas diluciones y sus nulos efectos secundarios, así como la eficacia a la hora de acabar definitivamente con muchas de las afecciones más comunes que nos llevan de forma repetitiva a la consulta del médico y a la farmacia, la convierten en una medicina extremadamente barata y en una auténtica alternativa al descomunal gasto e ingesta descontrolada de fármacos al que nuestro actual sistema sanitario y farmacéutico nos tiene acostumbrados, especialmente en afecciones y enfermedades comunes (analgésicos, antiinflamatorios, antibióticos, corticoides, etc., etc.)

*Nuevamente, se asegura que la homeopatía es capaz de curar algo, asegurando que, porque es más económica y más accesible para el público es una auténtica alternativa a los medicamentos científicos.

Otro punto a destacar es que se observa un non sequitur (oh sorpresa, una falacia lógica) cuando asegura que “Su origen natural, sus bajas diluciones y sus nulos efectos secundarios… la convierten en una medicina extremadamente barata y en una auténtica alternativa…” antes de que los magufos furiosos me reclamen que por qué ignoré el contenido que está en medio de estas dos oraciones, permítanme sugerirles que miren y lean completa la premisa. La segunda coma que aparece en el párrafo es una coma que busca cortar el argumento para añadir una especie de nota aclaratoria, la cual es la parte media entre las dos oraciones señaladas. Dicho contenido es irrelevante y prácticamente se pudo haber puesto entre paréntesis, pues simplemente es una aclaración y un reforzamiento secundario de la verdadera premisa, que de manera formal diría algo como:

- La homeopatía es de origen natural, tiene bajas diluciones y presenta nulos efectos secundarios.

- Por lo tanto, la homeopatía es una medicina extremadamente barata y en una auténtica alternativa.

Esto tiene tanta lógica como asegurar cosas del tipo: estoy sentado en una silla de madera, por tanto la Luna es de queso.

En la misma “premisa” se hace hincapié en el “…descomunal gasto e ingesta descontrolada de fármacos al que nuestro actual sistema sanitario y farmacéutico nos tiene acostumbrados, especialmente en afecciones y enfermedades comunes…” como si el gasto y la ingesta, no solo de productos homeopáticos, sino de todo tipo de pseudomedicinas no fuera un peligro y un despilfarro irracional para la sociedad actual. De las tres premisas, esta es la principal que tiene poco o nada que ver con la objeción principal de los “prejuiciosos e ignorantes” escépticos, ignorándola por completo: la efectividad y veracidad de la homeopatía.

Los detractores de la homeopatía son (somos) conscientes de que hoy día, la salud es más un negocio que una preocupación para gobiernos y empresas por igual. Pero de esto, no se sigue que las medicinas alternativas signifiquen una “vía de escape” ante los problemas políticos y administrativos. O explicado con manzanitas: las malas políticas son un tema a parte de la pseudociencia, que se toma en cuenta de forma paralela al problema de las pseudociencias en la sociedad.


3.       Por último, resulta que el gasto farmacéutico homeopático supone un 3% del gasto total en nuestras farmacias, un 7% en relación a los medicamentos que en ellas se venden.

*Con esto se enfatiza la aparente poca financiación de la homeopatía por parte de la industria farmacéutica. La pregunta aquí es, nuevamente, ¿y? ¿Eso demuestra exactamente qué? ¿Qué la homeopatía es más efectiva por ser menos financiada?

La conclusión a la que llega ABC Homeopatía es que:

“…la enorme y poderosa industria farmacéutica sería, sin duda, la más perjudicada por la aceptación y expansión de la homeopatía, de darse ésta con la misma progresión y avance con el que está desarrollándose en la actualidad.”

La conclusión, primero  que nada, no refuta ninguna de las principales objeciones que se han mostrado una y otra vez a las afirmaciones homeopáticas. Segundo, la “guerra” entre la industria farmacéutica (los malvados de la historia) y la industria homeopática (los héroes del cuento) es un asunto, más que nada, de apariencias. La industria farmacéutica usa la investigación científica para validar sus medicamentos, mientras que los chochitos homeopáticos no están sometidos a pruebas de calidad o eficacia (no existen, por ejemplo, pruebas de doble ciego para los chochitos de Hasler).

Otro punto importante, es que el público en general tiende a recurrir a la medicina científica y a la homeopática al mismo tiempo; este hecho ha sido promocionado por los propios médicos, quienes incapaces de prohibirles a sus pacientes el uso de terapias no científicas, deciden usar dichas terapias, controlándolas con equilibrándolas con el tratamiento verdadero (el cual, sí está demostrada su eficacia, prevención o apoyo).

Por  último, el que la homeopatía crezca como negocio o como industria, o el que tenga más adeptos y practicantes no demuestra en lo más mínimo la eficacia o veracidad de la practica homeopática.
Aun sin bastarle a ABC Homeopatía con premisas confusas y una conclusión irrelevante, sus autores citan a un magufo cuyas ideas simplemente son más chistosas que racionales, a lo que ni siquiera le prestaré atención en esta ocasión.

Así que de nuevo subrayo el punto que ABC Homeopatía parece ignorar con este artículo suyo:

Los detractores de la homeopatía son (somos) conscientes de que hoy día, la salud es más un negocio que una preocupación para gobiernos y empresas por igual. Pero de esto, no se sigue que las medicinas alternativas signifiquen una “vía de escape” ante los problemas políticos y administrativos. O explicado con manzanitas: las malas políticas son un tema a parte de la pseudociencia, que se toma en cuenta de forma paralela al problema de las pseudociencias en la sociedad.

Ahora sí, magufos indignados troleando en 3, 2, 1…

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*La monografía de Miguel Ángel Sabadell, ¿Es efectiva la homeopatía? , publicada por ARP-SAPC, analiza de forma rigurosa la historia, postulados y afirmaciones que los defensores de esta pseudociencia han esgrimido por años.

*La entrada Homeopatía de El Diccionario Escéptico, muestra de forma enciclopédica el panorama actual de la homeopatía y otras pseudociencias.

*El artículo de la RationalWiki, Homeopatía, es una de las entradas más populares de la sección de las pseudociencias.


viernes, 9 de noviembre de 2012

La pecera de Hawking: Implicaciones epistemológicas del Realismo Dependiente del Modelo

Ya que me encuentro de buen humor, estamos en el cumpleaños de Carl Sagan y el día de hoy me llegó la carta de aceptación a presentar mi ponencia en la IV Jornada Filosófica que se hace en el CUCSH, decidí seguir el día con el pie derecho (sarcasmo supersticioso), dejándoles  aquí mi mencionada ponencia como un  adelanto para aquellos que asistan a la II mesa de filosofía de la ciencia en la jornada, y también para disfrute (o crítica) de aquellos que no irán, pero se sienten interesados en la epistemología y la filosofía de la ciencia (que hasta el día de hoy, no veo razón por la cuál no suponer que estos términos son sinónimos, pero bueno).

Bueno, les dejo mi ponencia, esperando les guste.


¿Qué es lo que existe? ¿Cómo podemos conocer lo que existe? ¿Cómo asegurar que conocemos lo que existe? ¿En qué nos podemos basar para asegurar que algo existe más allá de nuestra propia mente? Seguramente estas son las preguntas que todo interesado en la epistemología y la metafísica se tuvo que plantear como introducción para problematizar sobre el conocimiento, la percepción y la realidad.

El problema lleva milenios siendo planteado una y otra vez por filósofos, teólogos y científicos por igual. Las respuestas ante el problema realidad-percepción es el clásico problema de cómo el sujeto cognoscente puede llegar a conocer el objeto de estudio.

Por siglos los filósofos especularon con reflexiones profundas, llegando en veces a rayas en el oscurantismo, sobre mundos suprasensibles, físicas cósmicas diferentes a la física terrestre, ideas innatas colocadas en nuestra cabeza por una mente creadora, perfecta y absoluta, como si la mente fuera una clase de fantasma mientras que el cuerpo solo era una maquina.
Sin embargo, los días en que se hacía solo especulación oscura quedaron en el pasado. Ahora el paradigma de la ciencia ha cambiado, de manera profunda, la forma en la que el ser humano contempla el universo y así mismo. Sin embargo, contrario a lo que muchos han asegurado al decir que en estos tiempos de ciencia y tecnología la filosofía ha muerto, la realidad es que el quehacer filosófico se encuentra más vivo que nunca.

Hoy en día, la filosofía ya no busca hacer especulaciones oscurantistas con aires de profundidad, sino que busca ser una disciplina racional dispuesta a analizar la problemática moderna, no como una problemática puramente metafísica, sino como una problemática histórica, cultural y (en algunos casos) natural.

Tal es el caso de preguntarnos sobre cómo la ciencia construye conocimientos. Ante esta cuestión no solo nos enfrentamos a un problema del tipo epistemológico, sino que también ontológico, al preguntarnos sobre la base primordial que ayuda al quehacer científico para poder determinar y afirmar que algo es un conocimiento.

El problema es complejo, pero no complicado. Uniéndose al debate, el famoso cosmólogo Stephen Hawking y el físico Leonard Mlodinow hablan sobre este problema en unos de los capítulos de su más reciente libro, El Gran Diseño (Crítica, 2010). Contrario a la afirmación de Hawking, en la introducción del primer capítulo, donde nos dice que tradicionalmente las grandes cuestiones de la humanidad han sido cuestiones filosóficas, pero que hoy día “la filosofía ha muerto”. Pues según el autor, “…La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física.” Algo irónico, y tal vez inadvertido por el propio Hawking, es que hace de su libro una obra fantástica de filosofía de la ciencia, al plantearse problemas como ¿qué es la realidad? ¿por qué existe algo en lugar de nada? ¿por qué confiar en las teorías científicas? o ¿qué hace que una teoría sea “mejor” que otra?

Aunque bien podríamos comentar sobre las implicaciones de problemas como el de la relatividad y la física cuántica, las predicciones de otras dimensiones, universos paralelos, historias alternativas e incluso una explicación teórica que abarque de forma unificadora el universo, en este caso nos concentraremos en cómo la ciencia ha podido deducir y teorizar estos y otros conceptos, los cuales, son de indispensable comprensión para una cultura científica mas enriquecida.

Por siglos, los filósofos han debatido sobre las bases de la ciencia, llegando a conclusiones, en veces, válidas y en veces absurdas. Se ha llegado asegurar realismos ingenuos, materialismos dogmáticos o relativismos culturales; e incluso se puede encontrar quien asegure que la ciencia es una cuestión de opiniones.

 Así pues, alejado de estas interpretaciones sin sustento, Hawking, en el capítulo 3 de El Gran Diseño, se postula la pregunta milenaria que tantos problemas ha causado: ¿Qué es la realidad? Pregunta que conduce necesariamente a otra pregunta fundamental: ¿En verdad conocemos la realidad tal cual es? Hawking entonces nos da una analogía metafórica con la forma en la que un pez en una pecera redonda percibe la “realidad”. Sin duda, la percibe de una forma muy distorsionada si la comparamos con nuestra forma de percibirla.

Pero la pregunta sería entonces, ¿podemos asegurar que la percepción de un pez en una pecera es menos “real” que la nuestra? ¿No podría ser que nosotros mismos estuviéramos en el interior de una especie de pecera curvada y nuestra visión de la realidad estuviera distorsionada por una lente enorme? La respuesta más acertada a estas preguntas es, en principio, ¿cómo saberlo?

Tal vez algunos podrían asegurar que nuestra interpretación de la realidad es más acertada debido a que somos capaces de describir y predecir fenómenos naturales a partir de la observación analítica y la abstracción matemática. Vamos, porque somos capaces de postular leyes inmutables de la naturaleza.

Sin embargo, si un pez fuera capaz de crear abstracciones matemáticas, podría fácilmente elaborar leyes físicas que sean capaces de describir y predecir fenómenos observados desde su pecera esférica. Por ejemplo, mientras nosotros postularíamos leyes físicas a partir de un objeto que percibimos en movimiento rectilíneo, un pez podría postular leyes físicas a partir del mismo objeto observado pero siendo percibido en un movimiento curvado.

Tanto las leyes físicas postuladas por el ser humano como las del pececillo en torno a ese objeto observado en movimiento, serían exactas, descriptivas y predictivas, aunque la percepción del movimiento y otras propiedades físicas hayan sido distintas.

 Las leyes físicas postuladas por humanos serían inexactas y erróneas dentro de la pecera, mientras que las leyes postuladas dentro de una pecera serían inexactas en un laboratorio o en una investigación de campo al que los científicos humanos están acostumbrados.

De modo que volvemos al inicio del problema: ¿Cómo saber que nuestra percepción es más fiel a la realidad que la de un pez en una pecera? La respuesta en realidad es que, si los peces pudieran formular teorías y leyes científicas que sean tan validas como las nuestras desde su percepción, tenemos que admitir entonces que los peces, aun en una pecera esférica y con una percepción distinta a la de nosotros, tendrían una imagen tan válida de la realidad como nosotros.

¿Quiere decir esto que incluso las leyes fundamentales de la física y los modelos teóricos que explican con elegancia los fenómenos observados serían contingentes y no universales?

La pregunta no es un asunto que se pueda tomar a la ligera. Después de todo, estamos hablando sobre la forma en la que los seres humanos observamos el mundo real, y sobre cómo éste es interpretado a raíz de nuestras percepciones. La metáfora del pez dentro de la pecera bien puede ser análoga a un centenar de ejemplos históricos en los que una teoría que explica de forma coherente y elegante el universo, se contrapone con otra que presenta una misma coherencia y elegancia para explicar el mismo universo de forma distinta.

Tal vez el más famoso de estos casos sea el de la lucha por encontrar el lugar de la Tierra en el espacio.

Hacia el 150 d.C, el astrónomo griego Claudio Ptolomeo publicaría en la obra que más tarde se conocería (gracias a los árabes) como el Almagesto, un modelo teórico que explicaba el movimiento de los astros hasta ese entonces observados. En el modelo ptolemaico, la Tierra estaba inmóvil en el centro del universo, siendo un objeto increíblemente diminuto, todos los demás astros giraban a su alrededor en órbitas complicadas en las que había epiciclos, o círculos cuyos centros giraban a lo largo de otros círculos.

Dicha postura había sido sostenida por los griegos clásicos siglos atrás, al creer, por razones teleológicas (hoy mejor conocidas como místicas) que la Tierra (y el hombre en sí) debía ser el centro del universo.

Sin embargo, el modelo ptolemaico parecía un modelo válido. Para empezar no notamos que la Tierra se mueva por bajo nuestros pies. El modelo también ayudaba a predecir el movimiento de las estrellas, las órbitas de los planetas hasta entonces conocidos, las estaciones del año y los eclipses lunares y solares. Se trataba de un modelo que explicaba con cierta elegancia un número de fenómenos observados.

El modelo ptolemaico (también conocido como geocéntrico), fue sostenido como dogma oficial por más de 1400 años por parte de la Iglesia Católica. No fue hasta 1543 cuando un modelo alternativo (no nuevo, pues ya el astrónomo griego Aristarco había postulado la idea principal, diecisiete siglos atrás) fue propuesto por un tal Copérnico en una obra escandalosa: Sobre las Revoluciones de las Órbitas Celestes.

El modelo expuesto por Copérnico en la mencionada obra, fue considerado contraria a las enseñanzas bíblicas, y por tanto era una obra herética que (de acuerdo a la Iglesia) no merecía atención alguna. Sin embargo, aquella obra que “debía” ser ignorada, trajo un virulento debate en el que se cuestionaba la verdadera posición de la Tierra (y el hombre) en el Cosmos. El debate culminó con el juicio de Galileo en 1633 por postular el modelo copernicano y por pensar que “se puede defender y sostener como probable una opinión tras haber sido declarada y definida contraria a las Sagradas Escrituras”.

La Batalla por las estrellas (refiriéndose al pleito teórico entre geocentrismo y heliocentrismo) que daría como herencia a las generaciones futuras un sistema más amplio y que explica mayor cantidad de fenómenos tomando como base los postulados copernicanos, no solo debe verse como una lucha entre la ciencia y la religión; sino como una lucha por la supremacía de un modelo teórico por encima de otro.

En pleno siglo XXI sonaría tonto el no admitir que el modelo de Copérnico era el modelo correcto que supo ubicar el verdadero lugar de la Tierra en el sistema solar. Sin embargo, no es verdad asegurar que el modelo ptolemaico era falso o estaba equivocado.

Al igual que la metáfora de los peces en la pecera, podemos mirar a estas teorías como dos formas de observar la realidad; siendo ambas teorías, modelos que permiten explicar y predecir fenómenos. Como vemos, nuestra observación del firmamento puede ser igualmente explicada tanto si suponemos que la Tierra está o no en reposo en el centro del sistema solar. La ventaja real del sistema copernicano es simplemente que las ecuaciones de movimiento son mucho más simples en el sistema de referencia en que el Sol se halla en “reposo” y en el centro del sistema solar.

Ejemplos de este tipo no solo los podemos encontrar en la historia de la ciencia,  incluso es posible ubicar ideas similares en  algunas reflexiones propuestas por la ciencia ficción. Ante todo esto, Hawking afirma llegar a una conclusión importante: No hay imagen –ni teoría- independiente del concepto de realismo dependiente del modelo.

El autor define este concepto (con apariencia metafísica) denominado realismo dependiente del modelo (RDM) como “la idea de que una teoría física o una imagen del mundo es un modelo (generalmente de naturaleza matemática) y un conjunto de reglas que relacionan los elementos del modelo con las observaciones”. Esto proporciona un marco en el cual interpretar la ciencia actual. Marco que da respuesta a muchas interrogantes aparentemente incontestables.

La ciencia clásica descansa bajo el supuesto de que existe un mundo real más allá de nuestras mentes, cuyas propiedades son definidas e independientes del observador que las percibe. En esta visión en las que los objetos tienen propiedades físicas, las teorías científicas son intentos de describir dichos objetos y sus propiedades, y las medidas y percepciones deben corresponderse con ellos.

Tanto el observador como el observado son partes de un mundo que tiene una existencia objetiva, y cualquier distinción entre ambos no tiene importancia significativa.Sin embargo, aunque aceptar una postura realista es tentador, no se debe caer en ingenuidades. Un ejemplo que aplasta una visión ingenua del realismo la otorga la física cuántica, la cual, es una descripción muy precisa de la naturaleza; en dicho modelo, una partícula no tiene ni una posición definida ni una velocidad definida, a no ser que dichas magnitudes sean medidas por un observador. Por tanto, no es correcto decir que una medición da un cierto resultado porque la magnitud que está siendo medida tiene aquel valor en el instante de efectuar la medición. De hecho, en algunos casos los objetos individuales ni siquiera tienen una existencia independiente, sino tan sólo existen como una parte del conjunto.

Un realista ingenuo a menudo asegurará que la demostración de que las teorías científicas representan la realidad radica en sus éxitos. Pero tal afirmación queda ridiculizada al observar que diferentes teorías pueden describir satisfactoriamente el mismo fenómeno a través de marcos conceptuales diferentes. La Historia nos muestra que muchas teorías que habían demostrado ser satisfactorias fueron sustituidas por teorías igualmente satisfactorias basadas en conceptos completamente nuevos de la realidad.

Este largo debate ha llevado algunos a concluir que nada existe si no es percibido (Berkeley), o que aunque no tengamos una sola razón para pensar que existe el mundo real, no nos queda de otra más que actuar como si dicha realidad fuera verdadera (Hume).

Ante estas complicaciones tanto epistémicas como ontológicas, el RDM zanja todos estos debates y polémicas entre realismos ingenuos y antirrealismos. Para el RDM, carece de sentido preguntarse si un modelo teórico es real o no; sólo tiene sentido preguntar si dicho modelo concuerda o no con las observaciones. Si hay dos modelos que concuerdan con las observaciones (como nuestra percepción y la de un pez en una pecera), no se puede decir que uno sea más real que el otro. Podemos usar el modelo que nos resulte más conveniente en la situación que estamos considerando.

Otra implicación importante, es el estar conscientes de que no solo se hacen modelos en ciencia, sino también en la vida cotidiana de cada uno de nosotros. De este modo, el RDM no solo se aplica a los modelos científicos, sino también a los modelos mentales conscientes o subconscientes que todos creamos para interpretar y comprender el mundo cotidiano.

No hay manera de eliminar el observador –nosotros- de nuestra percepción del mundo, creada por nuestro procesamiento sensorial y por la manera en que pensamos y razonamos. Nuestra percepción no es directa, sino más bien está conformada por nuestra pecera propia, a saber, la estructura interpretativa de nuestros cerebros humanos.

Un modelo teórico será satisfactorio si a) es elegante, b) contiene pocos elementos arbitrarios o ajustables, c) concuerda con las observaciones existentes y proporciona una explicación de ellas, y d) realiza predicciones detalladas sobre observaciones futuras que permitirán refutar o falsar el modelo si no son confirmadas.

Otro problema que el RDM resuelve, o mejor dicho, evita, es el debate sobre qué significa la existencia. Por ejemplo ¿cómo estar seguros que una mesa no deja de existir luego que dejamos de percibirla? Ante esto, podemos responder simplemente que el modelo en que la mesa sigue existiendo da una explicación mucho más simple y concuerda con la observación. Es todo lo que se pide para el RDM.

El RDM proporciona también un marco para discutir cuestiones como: si el mundo fue creado hace un tiempo finito, ¿qué ocurrió antes? Ante esto, podemos asegurar que un modelo llamado teoría del Big Bang nos ayuda a comprender que el tiempo y el espacio comenzaron hace unos trece mil setecientos millones años, en una gran explosión. Este modelo, explica la mayoría de nuestras observaciones presentes, incluyendo las evidencias históricas y geológicas, ante lo cual, el modelo del Big Bang es la mejor representación que tenemos del pasado.

Algunos bien podrían sostener modelos en los que el tiempo existía antes del Big Bang, pero hasta ahora, no resulta claro sin un modelo de este tipo explicaría mejor las observaciones actuales, porque parece que las leyes de la evolución del universo podrían dejar de ser válidas en el Big Bang. Si es así, no tendría ningún sentido crear modelos que comprendan tiempos anteriores al Big Bang, porque lo que existió en ese entonces (si es que existió algo) no tendría consecuencias observables en el presente, y por tanto nos podemos ceñir a la idea de que el Big Bang fue la “creación del mundo”.

La ciencia con el RDM como su fondo ontológico, no solo ayuda a construir teorías que explican un número específico de fenómenos, sino que también podría llegarse a postular algún día, una teoría eficiente, coherente y predictiva que ayude explicar un todo; es decir, una teoría del todo. Tal vez ya se ha encontrado con la famosa teoría M, pero esa es otra historia.

Por ahora, será mejor continuar preguntarnos sobre las estrellas desde nuestra respectiva pecera.


Bibliografía consultada

*Hawking, Stephen, y Leonard Mlodinow; El Gran Diseño, Editorial Crítica, México, 2010.

*Bunge, Mario; La Ciencia. Su Método y su Filosofía, Ediciones Siglo Veinte, Argentina, 1989.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*¿Qué es la realidad? capítulo tercero de El Gran Diseño en el que se basó esta ponencia. 

Para consultar más rápido