jueves, 20 de septiembre de 2018

El demonio negro: ¿Megalodón en playas mexicanas?


Hay veces que el tiempo vuela y no nos damos cuenta de ello. Esta es una de esas ocasiones; ¡han pasado siete años desde que escribí el último artículo de esta serie! Para los que sean nuevos por aquí y no sepan de lo que hablo, aquí pueden ver la primera, segunda y tercera parte. Los monstruos marinos son ya un tema tan común en la cultura pop, que incluso se ha vuelto trivial en nuestros días. Este año hemos visto por lo menos dos de estos en el cine, en Jurasic World II con el exagerado (y genial) mosasaurio, y hace cosa de unas semanas con el enorme tiburón de la película Megalodón.

Pero algunos piensan que en verdad existen monstruos aún por reconocer en las profundidades. Una leyenda común de los pueblos pesqueros de Baja California es la del "demonio negro", descrito por los testigos como un tiburón muy agresivo, capaz de atacar focas y ballenas por igual, que aparece de la nada en la superficie para después volverse a sumergir sin dejar rastro alguno y, como su nombre lo indica, es de color negro. Sobran los criptozoólogos que especulan si los avistamientos de esta criatura podrían corresponderse con un animal desconocido o aún mejor, uno extinto: el mítico Megalodón.



¿Megalodón en Baja California?

Representación del "Demonio negro", el cual
es famoso por sacar la cabeza del agua para después
desaparecer.
La historia del demonio negro, como la de la mayoría de críptidos, se ha transmitido de generación en generación entre los pescadores de la zona donde se supone ha sido avistado. Los testigos que han tenido un avistamiento directo de la supuesta criatura, la describen como de color oscuro y lo bastante grande como para chocar contra botes pesqueros y detenerlos por completo. Se asegura que una silueta negra es apreciable debajo del agua, la cual desaparece al sumergirse. La leyenda también asegura que el monstruo ha devorado pescadores y exploradores que tuvieron la mala suerte de toparse con éste, aunque no se menciona ningún caso en específico.

Desde hace algún tiempo, el demonio negro se ha vuelto de especial interés para los criptozoólogos y otros amantes del misterio, volviendo esta leyenda local en un gran mito donde, según se afirma, podría ser el caso de un Megalodón vivo en la actualidad. La evidencia existente a día de hoy muestra que este tiburón prehistórico, propio de una pesadilla, habitó los océanos desde hace 23 a 2.6 millones de años, en un período conocido como Neógeno. Este tiburón pudo haber medido hasta 18 metros, aunque los cálculos actuales lo ubican con un tamaño no superior a los 10 metros de largo, nada remotamente cercano a la criatura de la película de monstruos en cartelera.

Los amantes de la criptozoología suelen citar al menos lo que sería una prueba circunstancial de la supervivencia del megalodón: un diente encontrado en 1872 durante la expedición del HMS Challenger. Los métodos que un primer momento se usaron para datar este fósil indicaban que tenía unos 10 mil años de antigüedad, una enorme distancia en el tiempo entre la época en la que se supone se había extinto, ubicando a esta bestia en la Edad de Hielo. Si el megalodón, que se creía extinto desde hace más de 2 millones de años, pudo sobrevivir a épocas tan recientes como la Edad de Hielo, no sería tan imposible pensar que aún existe en nuestra época, ¿o sí?

También se suele asegurar que es posible que el megalodón lograra sobrevivir en el fondo del mar, adaptándose a este nuevo entorno y logrando permanecer anónimo hasta nuestros días. Se citan ejemplos de criaturas como el celacanto o el tiburón anguila, animales que se supone "no deberían de seguir existiendo" en la actualidad pues, por el registro fósil, se les creía extintos. Otra analogía que ofrecen David Heylen, Gustavo Sánchez y José Gregorio González, autores de El gran libro de la criptozoología (2008), es del Megaboca o tiburón de boca ancha, criatura descubierto hasta 1976, la cual llega a medir hasta casi los 6 mts. de longitud. Si una criatura tan enorme fue descubierta hace apenas unas décadas, ¿por qué tendría que ser inverosímil la posibilidad de un mega tiburón escondido en las profundidades?

Por último, se suele citar una lista interesante (pero en veces demasiado fantástica) de avistamientos únicamente basados en testimonios. Un relato notorio se encuentra en el libro Tiburones y rayas de los mares australianos (1963), del biólogo marino David Stead, según relatan Heylen, Sánchez y González. De acuerdo a lo escrito por este naturalista de principios del siglo pasado, en 1918 registró un caso sensacional en el Puerto Stephens, donde un grupo de pescadores de cangrejos se negaron a pescar cerca de la isla de Broughton, en aguas profundas, luego de que su mercancía fuera atacada por un tiburón de proporciones apocalípticas. Los pescadores le dijeron a Stead que la criatura medía 90 mts de longitud, mientras que otros estimaban el tamaño en 35 metros (tal como el tamaño del muelle donde se encontraban).

Una triste realidad: no hay megalodones en nuestros días

Imagen de un tiburón blanco visto desde el aire con un dron.
Contrario a lo que muchos quisiéramos, en realidad la evidencia que sugiere la supervivencia de este mega tiburón en nuestros tiempos en realidad es menos que la presentada por los criptozoólogos, mientras que la evidencia de su extinción  hace casi 2 millones de años es demoledora.
"Megalodón se extinguió antes de que empezara el Pleistoceno, cuando cambios ambientales producto de alteraciones en la circulación de las corrientes marinas enfriaron el mundo. En este nuevo mundo las presas de "Meg" comenzaron a escasear; algunas se extinguieron y otras empacaron sus maletas y se mudaron a las aguas más frías, lejos del tiburón que, al no poder adaptarse, pereció. Eso pasa cuando los bichos se hiper-especializan  en la explotación de uno o muy pocos recursos."
Así explica el paleontólogo mexicano y autor del blog "Paleos. La historia de la vida en la Tierra", Roberto Díaz Sibaja, en su video divulgativo sobre el megalodón. Pero, ¿qué hay del diente del HMS Challenger, supuestamente de 10 mil años de antigüedad? El problema es que tal datación no es concluyente y muy seguramente está equivocada. Para llegar a esta cifra se midió el tiempo de deposición de la cantidad acumulada de manganeso en el fósil, un método más que cuestionable, pues es posible que el diente ya estuviera fosilizado desde mucho antes que la costra de manganeso se desarrollara. La única conclusión de los fósiles encontrados por el HMS Challenger es que sería erróneo deducir de ellos la supervivencia del megalodón a épocas tan recientes como 10 mil años, tal como explica el zoólogo Ben S. Roesch en sur artículo "A Critical Evaluation of the Supposed Contemporary Existence of Carcharodon megalodon", en la revista The Cryptozoology Review, una publicación dedicada al análisis crítico de los reclamos sobre críptidos co-editada por el propio Roesch.

Tal vez no tengamos evidencia física, pero, ¿qué podemos decir de las analogías con casos célebres como el celacanto y el tiburón boca ancha? Del hecho de asombrosos e inesperados descubrimientos de animales, como los ya mencionados, no se sigue que el megalodón siga vivo en la actualidad, del mismo modo que no se deduce la permanencia de cualquier otro animal extinto hace millones de años. "Puede ser que el megalodón aún exista", resulta ser un enunciado que nos dice tanto como el "puede ser que exista vida extraterrestre inteligente"; o sea, de tal posibilidad lógica no se puede concluir su auténtica existencia ni es razón suficiente para suponerla. Algunos aferrados a los misterios insisten en que tal vez el gran tiburón prehistórico se adaptó de alguna manera a vivir en aguas profundas, cazando de modo similar a como cazan los Cachalotes, los cuales se alimentan de calamares gigantes y otras criaturas en el fondo del mar. Roberto Díaz, por su parte, no está convencido de llamar a tal criatura como "megalodón":

"Supongamos que nuestra tecnología de alguna manera Deus ex machina, no nos ha permitido saber de megalodontes del abismo. Allá abajo no es precisamente un supermercado; no hay casi nada qué comer, al menos no para un megalodonte y la presión del agua aplastaría al pobre bicho. Supongamos que se adaptó, se hizo más pequeño para cazar a esas presas pequeñitas de las profundidades, y cambio la forma de su cuerpo para soportar la presión, tanto en perfil como en las aletas. ¡Oh rayos! Ese nuevo bicho hipotético ya no tiene casi nada de "Meg". Entonces, ¿por qué llamarlo así?"
Eso, por no mencionar además que, a diferencia del cachalote, no existe evidencia alguna, como un cadáver con marcas de mordida, cicatrices o dientes de magalodón actuales, que demuestre la existencia de un cazador como el megalodón en las profundidades.

Por último están los testigos, tanto en lugares lejanos como la Australia de 1918 descrita por Stead, como las actuales costas mexicanas donde se ha "visto" al demonio negro. Como en la historia relatada por Stead se puede ver, los pescadores, por más expertos que sean en su oficio, son también malos identificando y midiendo lo que llegan a observar en el mar, como para tener un rango de medidas tan distantes de entre 90 a 35 metros de longitud. Los pescadores que cuentan la leyenda del demonio negro en el Golfo de Baja California, aunque no hablan de tamaños tan exagerados, reportan un tiburón de color oscuro de 6 a 18 metros de largo. Un tiburón con tales características, de hecho, existe y es posible verlo en las aguas poco claras de Baja California: el tiburón ballena, el pez vivo más grande conocido en la actualidad, alcanzando los 12 mts. de longitud. Incluso para los equipos de entusiastas investigadores de la no muy imparcial serie MonsterQuest, de History Channel, esta explicación encaja a la perfección, y es una solución bastante plausible al misterio del demonio negro.

Recreación artística de un megalodón, por Jhon Conway, para el libro Cryptozoologicon (2013).

La leyenda asegura que el demonio negro ha sido el causante de la desaparición de cientos o incluso miles de pescadores a lo largo de la historia, pero no existe un registro verdadero de ataques ni de desaparecidos por esta causa (además que los nombres específicos de las supuestas víctimas siempre salen sobrando en este tipo de narraciones). Una mala identificación, junto a un largo de tiempo de anécdotas, seguramente exageradas más de una vez, de encuentros con tiburones ballena y tiburones blancos (que también existen en esta región), más la atención de criptozoólogos y medios de comunicación deseosos de mostrar una buena historia de terror, debieron haber contribuido para la creación de este monstruo, un proceso típico en la elaboración de leyendas.

El consenso es, creo yo, bastante claro: no existe ni una sola razón para pensar que existe aún el megalodón ni que haya existido después del tiempo en que la paleontología moderna ubica su extinción. El legendario demonio negro, aunque resulta en una fascinante historia de terror marina, muy seguramente se trate de solo eso, una historia, eso sí, elaborada a partir de avistamientos auténticos y errores de identificación con verdaderas criaturas como los mencionados tiburón ballena y tiburón blanco. El que esto sea seguramente así, no detendrá a los consumidores del misterio; siempre que existan abismos inexplorados en las profundidades, habrá creyentes en la supervivencia del megalodón, del mismo modo en que siempre que existan rincones de nuestra galaxia por revisar, existirá la esperanza en civilizaciones avanzadas aún por descubrir.

Nadie puede culpar a estas personas de tales anhelos tan fáciles de entender y de compartir. Incluso para un científico acostumbrado a maravillarse con aquello que se descubre en la realidad, es imposible el no soñar con megalodondes vivos, tal como nos muestra Robert Díaz:

 "Aceptémoslo, sería genial encontrar a uno de estos bichos vivos, pero es casi seguro que no es el caso."     
SI TE INTERESA ESTE TEMA

* "A Critical Evaluation of the Supposed Contemporary Existence of Carcharodon megalodon", artículo de Ben S. Roesch, publicado en The Cryptozoology Review, 1998.

* "Facts About Megalodon: The Long-Gone Shark", artículo de Alina Bradford, en LiveScience.

* "Prehistoric Survivors? They Are Really Most Sincerely Dead", artículo de Sharon Hill publicado en el CSI.

* "El demonio negro", reportaje de Luis Gerardo Andrade en el portal de Frontera.

* "Por qué los biólogos están tan seguros de que no existe ningún megalodón oculto en el fondo del océano", artículo de Carlos Zahumenszky, en Gizmodo.

* "¿Qué mató al megalodón?", artículo de Roberto Díaz Sibaja, en el blog Paleos. La historia de la vida en la Tierra.

* El video "10 cosas que quizá no sabías sobre el verdadero megalodón", por Roberto Díaz Sibaja en el canal Paleos:


2 comentarios:

  1. Toda la "evidencia demoledora" son solo especulaciones de cientificos mas escepticos que curiosos. Desconfío enormemente de un supuesto cientifico que no muestra ni apice de curiosidad y mas que eso ignora lo mucho que no sabe la ciencia de un monton de cosas. De megalodon solo se han recuperado mandibulas y es imposible saber algo acerca de sus habitos o alimentacion y much menos las aguas que frecuentaba. Todo elarticulo es tan ridiculo como los que hablan de que pie grande existe

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    1. Primero, no soy científico. Segundo, hay que tener una abrumadora ignorancia en paleontología, o una gran arrogancia, como para pensar que todo lo que sabemos del megalodón es que tenía dientes grandes.

      El único que hace el ridículo aquí eres tú al hacerte pasar como un gran conocedor del tema, pero ni a criticón aceptable de barrio llegas. Qué triste.

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