"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


miércoles, 10 de agosto de 2016

El primer avistamiento en la historia de los ovnis pudo ser un encuentro cercano con... ¿pelícanos?

Hace casi 70 años que el fenómeno ovni inició. Desde entonces la fiebre ovni llegó para quedarse. Y  pensar que todo comenzó por un error de periodismo y mucho sensacionalismo. Durante décadas, los ovnis no eran propiamente "objetos voladores no identificados". En realidad los testigos y los periódicos que fomentaban el tema hablaban de platillos voladores, término que se volvió un exitoso meme en la cultura pop norteamericana, exportado después a todo el mundo. Tal vez muchos ya lo sepan, pero para los que no, lamento informarles que en realidad los platillos voladores nunca existieron más allá de la imaginación humana, lo cual es un hecho más que comprobado. ¿No lo cree?

El 24 de junio de 1947 el piloto comercial Kenneth Arnold informó al periodista Bill Bequette, del periódico East Oregonian, que durante un vuelo ese mismo día había divisado unos objetos extraños que no pudo identificar. Arnold comentó al periodista que los objetos “volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua”; el avistamiento ocurrió cerca del monte Rainier (hoy día un lugar de culto para los amantes de los ovnis), Washington. El pequeño error que dio origen a la fiebre ovni fue cometido por el mismo Bequette, quien en vez de publicar las declaraciones de Arnold tal como las había contado, escribió que los objetos tenían "forma de platillo". El daño estaba hecho y de poco ayudó que otros medios como United Press y Associated Press divulgaran la falsa noticia de los ovnis con forma de platillo.



En cuestión de días, los avistamientos de platillos voladores se multiplicaron y al cabo de dos semanas ya se informaba de un platillo volador accidentado en Roswell, Nuevo México. Menos de un año después, los platillos voladores habían cobrado su primer víctima: el capitán Thomas F. Mantell murió la tarde del 7 de enero de 1948. ¿La causa? Mantell, capitán de la Guardia Nacional Aérea de Kentucky, perseguía un platillo volador de aspecto metálico dorado, de grandes dimensiones y que se movía a gran velocidad. El capitán había ascendido a una altura de 9,000 metros para luego caer en picada; Mantell había quedado inconsciente a causa de la falta de oxígeno. Roswell y la muerte del capitán Mantell solo fueron los primeros casos famosos, ¡ocurridos en menos de un año después del error de Bequette!


Hoy en día sabemos que lo que cayó en Roswell no fue otra cosa más que los restos de un proyecto ultrasecreto de espionaje: Mogul, un globo capaz de elevarse a grandes alturas para recabar información de pruebas nucleares realizadas por la URSS. El incidente pasó dos décadas desapercibido hasta que el famoso paranormalista Charles Berlitz (el creador del triángulo de las Bermudas) y William L. Moore, escribieron The Roswell Incident (1980), libro que catapultó al estrellato de la ufología el incidente Roswell. Thomas Mantell, por su parte, murió persiguiendo un globo del proyecto Skyhook, precursor del proyecto Mogul a finales de la década de los 40. Así como estos casos, las explicaciones para muchos otros van desde la confusión con planetas, satélites y aviones espías, hasta cínicos fraudes, tales como los contactados Billy Meier o George Adamski. La fiebre por los platillos voladores es uno de los ejemplos más fascinantes sobre cómo la gente cree ver aquello que los estereotipos de su cultura le enseñan a ver.

¿Pero cómo se explica el caso que dio origen a todo? Ya sabemos que los platillos voladores son un mito inventado por la prensa y alentado por paranormalistas, pero eso no niega el hecho de que Kenneth Arnold fue testigo de algo extraño mientras volaba. A lo largo de los años se dieron muchas explicaciones, las cuales fueron rechazadas por los ufólogos y por el mismo Arnold (que con el tiempo también se volvió ufólogo). Arnold reportó una serie de nueve objetos que se movían como platillos lanzados al agua, pero con forma de media luna o bumeran.

El prominente astrónomo y gran escéptico de los ovnis, Donald H. Menzel, le propuso varias explicaciones a Arnold, todas poco convincentes:

*Primero, en 1953, sugirió que Arnold había visto nubes de nieve desde las montañas del sur del monte Rainier. Esta primer hipótesis fue rechazada, pues no coincidía con lo reportado por Arnold, quien había informado que los objetos parecían reflejar la luz del sol casi como un espejo, mientras que las nubes de nieve son brumosas. Además, Arnold reportó que los ovnis se movían a gran velocidad.

*Una segunda explicación se le ocurrió a Menzel diez años más tarde: tal vez los ovnis eran nubes orográficas, pero de nuevo se descartó esta posibilidad. Arnold también había reportado que el día del avistamiento había cielo despejado, además que una nube orográfica no se mueve a grandes velocidades.

*Por último, en 1971, Menzel pensó que tal vez Arnold estaba viendo  algo dentro de su avión que se reflejaba en la ventana, creando la ilusión óptica de que dicha cosa se encontraba en el aire volando. Tal vez, pensó Menzel, se trató de gotas de agua en la ventana. Esta hipótesis se descarta por la entrevista de Arnold a Bequette, donde menciona que por un momento pensó que lo que veía era el reflejo de algo, pero limpió la ventana y aún alcanzaba a ver esos objetos.

Pelícanos en vuelo.
El investigador Philip J. Klass, autor del célebre Skeptic's UFO Newsletters, se convenció de que lo que había visto Arnold en realidad habían sido meteoritos. De acuerdo a esta hipótesis sugerida por el divulgador científico Keay Davidson, quien pensó en los meteoritos gracias a su lectura de un libro sobre el tema escrito por Richard Norton, tal parece ser que el avistamiento de Arnold coincidía con algunas cuestiones básicas sobre meteoritos que conocemos bien: por lo menos de este lado del planeta, el número de caídas de meteoritos llega a su punto máximo al rededor de las 3 pm. Arnold volaba su avión al rededor de las 3 pm cuando vio a los ovnis. Entre 1900 y 1960, el número de reportes de meteoritos rompió record, al ser los años con más actividad en más de 160 años en el hemisferio norte, con especial actividad en el mes de junio. Arnold reportó su testimonio a finales de los 40's en junio. La descripción de objetos con una luz que parece un reflejo del sol que se mueven a gran velocidad también coincide con un meteorito en caída libre.

Klass escribió un artículo corto para su boletín en el que daba a conocer esta posible explicación, titulado "Were Kenneth Arnold's UFOs Actually Meteor-Fareballs?". La hipótesis de Klass y Davidson coincidía en varios aspectos con el avistamiento original de Arnold, pero resulta ser una hipótesis demasiado compleja aún. Desde luego, resulta ser una hipótesis más simple que la de las naves extraterrestres, pero, ¿no sería posible dar otra explicación más plausible?

Dibujo de uno de los supuestos
ovnis visto por Kenneth Arnold.
El investigador británico  James Easton postuló una hipótesis que para muchos les pareció tan simple que sonaba ridícula: tal vez Kenneth Arnold fue testigo de una bandada de  pelícanos. El pelícano blanco americano es el ave más grande de EEUU, y es perfectamente posible que a cierta distancia se les pueda confundir con objetos extraños, dado que a grandes alturas los pelícanos no aletean. Esta idea fue ridiculizada por ufólogos como Jerome Clark, quien acuñó el término "pelicanistas" para designar a los escépticos de los avistamientos como los de Arnold.

Esta posibilidad resulta ser más elegante que la planteada por Klass, pero, ¿puede sostenerse? Hace dos días, el investigador del fenómeno ovni y autor del blog Bad UFOs, Robert Sheaffer, informaba de algunos detalles en las declaraciones de Arnold que lo hacen pensar que lo que tal vez vio este piloto sí fue una bandada de estas aves.

Los pelícanos poseen un vientre blanco capaz de reflejar la luz del sol, pareciendo así como si estuviera hecho de alguna clase de metal pulido. En el vuelo, pareciera que dan una clase de "flash" mientras se mueven. A gran distancia, un pelícano parece un enorme bumeran, bastante similar a las imágenes que Arnold se encargó que popularizar en vida.

Si aún no está convencido, vea este video de pelícanos en pleno vuelo:


La fuerza de esta hipótesis se encuentra en que es elegante y sencilla, brinda una respuesta coherente a un fenómeno extraño presenciado por un testigo (los ovnis con la forma que describió Arnold, curiosamente, serían de los menos reportados en la historia de la ufología). Tal vez nunca sepamos con total certeza qué fue lo que Kenneth Arnold vio aquella tarde de junio de 1947. De hecho, ni siquiera las declaraciones del propio Arnold nos pueden ayudar. Aunque en un inicio reportó su caso por una preocupación de tipo militar (pensó que los objetos podían ser aviones extranjeros de alta tecnología), con la fiebre por los platillos voladores Arnold se dejó seducir por la fama y el sensacionalismo del tema. Tiempo después se volvería un defensor de la hipótesis extraterrestre, asegurando, entre muchas otras cosas, que su número de teléfono se encontraba intervenido, que posiblemente los ovnis estaban vivos y que incluso eran capaces de leer la mente.

Arnold terminó entregándose al mayor de los mitos del siglo XX... y pensar que todo pudo haber comenzado por culpa de un montón de aves supercrecidas.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*"Kenneth Arnold and Pelicans", artículo de Robert Sheaffer en su blog Bad UFOs.

*"The Singular Adventure of Mr. Kenneth Arnold" una investigación monográfica de Martin Shough de 147 páginas. Shough descarta la hipótesis de los pelícanos, aunque no muestra alguna hipótesis mejor.

*"SUNlite. Shedding some light on UFOlogy and UFOs", escrito monográfico del Martin Kottmeyer de 34 páginas sobre las explicaciones a diversos casos de ovnis. Kottmeyer apoya la hipótesis de los pelícanos.

*"Mount Rainier: 'Saucer Magnet'", artículo de James McGaha y Joe Nickell en la revista Skeptical Inquirer.

*"El verano de los platillos volantes", artículo de Luis Alfonso Gámez en su blog Magonia.


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