Como lo he comentado en otras ocasiones, soy un amante de los insectos (en general de todos los artrópodos, de hecho), y siempre me emociona saber que los insectos llegan a volverse noticia. Pero en estos días, la atención de los medios de comunicación sobre un insecto ha ido más lejos de lo que cualquiera podría pensar. Y es que hace no tanto se confirmó la existencia de nidos de avispones asiáticos gigantes en Washington, lo que ha disparado las alarmas tanto porque es una especie de importancia médica para los humanos, como por representar un riesgo a los ecosistemas y a la apicultura.
Los avispones gigantes están en mi top de los más bellos y fascinantes del reino de los insectos, tanto por su forma y tamaño, como por la manera en que sobreviven, lanzándose a sus presas directamente (en ocasiones, más grande que ellas) sin importar si se trata de otro insecto, un roedor o un pequeño lagarto. Pero si algo distingue a esta especie para los insectolovers, es su capacidad de hacer la guerra a colmenas de abejas melíferas y a otras avispas por igual. Pero es este último comportamiento el que preocupa a las autoridades norteamericanas, que se vuelva en una especie invasora causante de serias pérdidas económicas y ambientales.
Sin embargo, han salido muchos artículos periodísticos que rayan en el sensacionalismo y asustan a la gente con el mame del "Ahora el 2020 nos trae esto". Que el avispón asiático esté en América es tanto un problema como un enigma interesante, pero está lejos de representar una catástrofe como la que insinúan algunos portales, ya de por sí famosos por su falta de rigurosidad científica.
