"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


viernes, 19 de agosto de 2011

Desesperación, Duelo e Irracionalidad

Es imposible el no tener al menos un símbolo supersticioso
En estos momentos me es demasiado difícil escribir este artículo por varias razones. En primera estoy bastante cansado pues no dormí en toda una noche; en segundo lugar, por que será bastante difícil el que no mezcle aquí pensamiento crítico con sentimientos subjetivos personales; y por último, pero la más importante razón, es por que ayer acabamos de enterrar a mi abuela paterna: mi abuelita, mi 'ama', mi otra madre.

Hace dos días que ella murió; yo aun tuve la oportunidad de mirarla aun dormida tan solo una hora antes de que entrara en paro respiratorio. Contrario quizás a lo que algunos de mis familiares hubieran -o aun estén- pensado de mí, el dolor es tan grande, la noticia tan dura, que es difícil escribir esto sin que se me esté saliendo una lágrima. Desde hace mes y medio -tal vez un poco mas o un poco menos-, mi abuela empezó a dejar de comer; pronto se veía demacrada, pues, a pesar que tenía 88 años, siempre estuvo reluciente, feliz, nunca cansada; le dolían sus piernas, quizás por la edad y quizás por la enfermedad que desarrolló, eso no lo se y no se si algún día podré saberlo. Cuando mi familia -una gran, gran familia en verdad-, se dio cuenta de que algo andaba mal, mis 10 tíos, mas de 20 primos -son mas de 20 en verdad-, junto con las nueras de mi abuela, sobrinos mios, hermanas y otros familiares cercanos a mi abuela... la visitaban todos los días, insistiendo en que empezara a comer. Sin embargo, algo no estaba bien, cada día se sentía peor, mas cansada y su físico lo hacía notar a todos. Fue entonces cuando la llevaron al hospital, solo para tener certeza de un 'diagnóstico sombrío' -tal y como decía mi tía mayor, una enfermera retirada-, pues el hígado de mi abuela estaba practicamente destrozado: le habían diagnosticado Cirrosis junto con dos tumores posiblemente malignos -y digo posiblemente por que no estuve bien informado-.

Todos y cada uno de los síntomas de la cirrosis los tenía mi abuela. No entrare en detalle por que ese no es el tema y por que, francamente, es algo que me recuerda un dolor muy personal que  preferiría reservarmelo.

Durante el tiempo que estuvo grave, internada en el hospital -aprox. 15 días o mas-, una y otra vez me tocó escuchar de la boca de mi padre y de algunas tías una frase que dice que "un ahogado, a todas va". Con esta frase, explicaban y justificaban muchas de las ideas y creencias que desarrollaron para explicar o ayudar de alguna manera: brujería, mal de ojo, veladoras, envidias, agua bendita, oraciones... y solo por que 'el tiempo se nos vino ensima', no recurrieron a la organoterapia homeopática, una de las ramas de la homeopatía. Tan útil como la homeopatía en sí misma.

En fin, cualquier rito supersticioso y místico que prometiera ayudar en algo a mi abuela, lo utilizaron. Por supuesto, esto no tiene nada que ver con la razón ni tampoco con el conocimiento. Eran intentos por satisfacer varias necesidades que como seres humanos, se han satisfizo por milenios: intentaban dar un diagnóstico alternativo-si es que así se le puede llamar- que aunque la causa fueran demonios, pudiera ser reversible mediante oración y otros ritos; así como la necesidad de esperanza que tanto les hacía falta. Aferrarse en supersticiones a sido un mecanismo casi natural de defensa contra crisis humanas por siglos.

Importó muy poco en verdad el hecho que yo y algunos otros miembros realistas de la familia, opusieran 'resistencia' ante las explicaciones místicas, pues sabíamos que esas explicaciones no explicaban nada, solo justificaban y prometían alivio y esperanza. Promesas que por supuesto, no pudieron cumplir.

Pero aunque todos estaban conscientes de que los ritos no ayudarían -y me consta que estaban conscientes de ello-, preferían practicarlos para siquiera "hacer la lucha". Sentían que en verdad hacían algo por ayudar a mi abuela; sentían que no eran inútiles en momentos como estos; sentían que hacían algo y que los que solo se quedaban 'mirando y criticando' no hacían nada. Yo era uno de los que solo se quedaron 'mirando y criticando'. Sin embargo, a diferencia de ellos, siempre supe y tuve presente todo el tiempo, que el que yo me quedara 'mirando y  criticando' ayudaba tanto a mi abuela, como todos los rezos, limpias y veladoras mágicas que habían puesto. Es decir, todas estas acciones -tanto las mías como las acciones supersticiosas- no servían de nada. Y así fue.

Cuando 'platiqué' con una de mis tías que acudió a la superstición, me dijo que estaba totalmente cuerda -y le creo- y sabía que lo que hacían solo era un montón de creencias basadas en la tradición occidental, la ubicación geográfica, el tiempo histórico y las creencias sociales. Me dijo pues, que estaba bien enterada que todo eso no eran mas que construcciones socio-culturales propias de occidente, que aun no teniendo ni la mas mínima prueba ni certeza de efectividad, desidieron creer y practicarlas. ¿Por qué? "por que -decía mi tía- un ahogado a todas va"; además que no consideraban en absoluto peligrosas estas creencias, pues si funcionaban, mi abuela se curaría; y si no, solo continuarían con lo que seguía.

Pero, si de algo sirvieron todas estas creencias metafísicas en mi familia, fue para reafirmar -por lo menos yo lo reafirmo- que toda creencia tiene una consecuencia: En primer lugar, las creencias nos dan una explicación precíentifica, basada en metafísica, no en conocimiento empírico, imposible de demostrar y por tanto, dicha explicación no es una explicación en verdad, solo es una justificación. En segundo lugar, dichas creencias dan una promesa: la esperanza y la fe. Dicha promesa puede dar fuerza a las personas en momentos de desesperación, pero el verdadero problema es que la superstición y lo sobrenatural prometen cosas que en realidad no pueden cumplir. Muchas veces, las personas se aferran demasiado a esas promesas y cuando la realidad se les viene encima, el dolor es aun mayor. Por último, pero no menos importante, las creencias sobrenaturales dan la ilusión de la unión ante un problema, pero esto es solo una ilusión; la realidad es que mi familia se dividió en creyentes, realistas y negacionistas. Mientras unos miraban con tristeza y resignación la situación, otros acudieron con curanderos y brujas blancas; y unos mas simplemente negaban que mi abuela tuviera cirrosis, que lo que tenía no era mas que algo mental o por un marco exclusivamente de depresión y de que no quería comer. Negar la realidad también es parte de la creencia en lo sobrenatural.

Una y otra vez, la humanidad se a divido por sus creencias y convicciones, olvidando que especie humana sólo hay una. Así como en mi familia se olvidó por un momento que familia SÓLO es una. El consuelo destruido de la superstición una vez que mi abuela habia muerto, no sirvió de mucho para hacer entrar en razón que estas ideas son inútiles. El velorio estuvo lleno de símbolos y más supersticiones; el rozario y la oración fueron la norma en toda la noche. En honor a la memoria de mi abuela, se llevarán acabo un trío de misas. Todo esto no es mas que el mismo intento de explicación, justificación y convicción de aferrarse a algo irreal para escapar, aunque sea solo en pensamiento, de la realidad.

Por mi parte seguiré repitiendo que escapar de la realidad no es una opción. Para mí es justo en momentos como este que las promesas de la religión y lo sobrenatural se ven mas vacías y falsas que antes. No veo razones para creer en vida después de la muerte, y la realidad dolorosa que sufro ahora me confirma este punto. Sin embargo, si algo es cierto en todo esto, es que mi abuela seguirá viva en la mente de todos los que la amamos. Así como la superstición y la palabra Dios, tienen vida en la mente de sus creyentes. Todo lo que importa es la verdad: el mundo no funciona de acuerdo a los deseos del hombre. Daría todo lo que tengo y lo que soy, por que fuera verdad la vida después de la muerte; me encantaría aferrarme a estas creencias con toda 'mi alma'. Pero se bien que lo mejor es no engañarnos a nosotros mismos, para así no engañar a los demás.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*Carta de Christopher Hitchens a los Ateos, en momentos en los que otros acuden a la superstición, para personas realistas esas promesas se escuchan sin sentido y sin razón.

3 comentarios:

  1. Lamento lo de tu Abuela, mis mejores deseos para ti.

    Saludos.

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  2. pase algo parecido con mi hermano que murió de cáncer, donde se mezclaron la fe cristiana y las supersticiones.

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