"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


martes, 7 de diciembre de 2010

Resurrección: Entre la historia, la fe y la fantasía


“La Resurrección es uno de los miles de mitos religiosos que merece ser cubierto en un amplio desmontaje de las religiones” Robert Todd Carroll.

Es la base de las creencias cristianas en el mundo. El mayor acontecimiento que dio origen al cristianismo mismo. La “prueba” de la existencia de un Dios todopoderoso y bondadoso, el cual,  se preocupa por nuestra salvación. La resurrección, y más en concreto la resurrección  de Jesús, es la creencia base de la mayor religión del mundo: el cristianismo. Y así ha sido por más de 1500 años (algunos creen que por más de 2000 años, pero no es así).

Según nos han contado desde que éramos niños, Jesús, es el hijo de Dios, él es Dios hecho hombre. Es el redentor prometido a Adán y Eva, luego de que éstos cometieron la letal falta con el pecado original. Entonces, según nos cuentan, Jesús es la única alternativa para la salvación de toda la humanidad.

Según la historia tradicional, cuando Jesucristo llegó, se dispuso a  predicar por cerca de tres años (de sus 30 a los 33 años de su vida);  fue traicionado por uno de sus discípulos, arrestado, mal enjuiciado y por último, crucificado. Cuando el mundo estaba por olvidarse de él, al tercer día, sucedió algo “increíble”: Se levantó de la tumba, se les apareció a sus más allegados y luego subió al cielo.

 Entre todas las historias del catecismo, ésta es la más genial de todas las que escuché, y por mucho tiempo la creí fielmente como todo buen católico. Sin embargo, con el paso del tiempo, me comencé a interesar por la veracidad histórica de la biblia, de modo que comencé a buscar en fuentes de historiadores y arqueólogos bíblicos, para saber qué tan real y precisa era la biblia respecto a la historia y vida de Jesús. Lo que fuí encontrando, en parte me decepcionó, pues creía que iba  a encontrar abundantes pruebas que demostrarían mis creencias religiosas. Aún con todo y a pesar de la decepción,  a la vez que me daba cuenta que estaba equivocado, también me iba interesando cada vez más por la historia de las religiones. Me di cuenta que cada religión cuenta con un propio sistema de creencias, asegurando, cada una de ellas, ser poseedora de la verdad última.

 Luego me propuse encontrar la veracidad histórica de la existencia de Dios, encontrando un punto en el que se origina dicha creencia; así fue como cada vez más me fuí convenciendo de que la creencia en Dios, aunque pueda ser una  creencia reconfortante y esperanzadora, está equivocada desde un punto de vista científico e histórico, pues dicha creencia carece de evidencias y de todo sentido lógico.

Sin embargo con frecuencia  me topaba con algo extraño: algunos autores e investigadores, que se preguntaban sobre la historia de Jesús,  afirmaban que la resurrección era “el  punto” en el que la historia terminaba sus investigaciones y comenzaba la fe. La resurrección, entonces, no es estudiada desde un punto de vista histórico, o es lo que querían dar a entender estos autores. Y entonces la pregunta fundamental que  me venía a la cabeza era ¿qué es la historia? Y me contestaba con más preguntas, ¿no es  acaso una ciencia? Y como tal ¿no tiene la obligación de buscar la realidad de los hechos y fenómenos que estudia, sin importar las creencias propias?


Si aceptáramos el alegato de  estos autores, si no se pudiera desmentir o autentificar un dogma cristiano, entonces tampoco es posible desmitificar o autentificar los dogmas de otras religiones. Por ejemplo, de ser así,  no podríamos decir que si o que no en cuanto se refiere a que el ser humano fue creado  a partir del maíz, como lo afirmaban las religiones prehispánicas; o que Mahoma se encontró con ángeles y de ahí creo el Corán, para después subir al cielo, dejando la huella de su sandalia en una roca; o que Joseph Smith se encontró en un bosque a Dios y a Jesús, y que éstos a su vez le dijeron que encontraría unas placas de oro –las cuales, nadie jamás ha visto- con las que escribiría el Libro del Mormón, fundando así la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (o mormones). Si la historia no se mete con lo que dicen las creencias, entonces no es historia ni tampoco ciencia, sino fe y mala ciencia.

En busca de una prueba más allá de la fe

Entonces, ¿no es acaso obligación de la historia como ciencia el  buscar la realidad de estos supuestos hechos? La respuesta, tanto por definición como por –prácticamente- obligación, es sí. Como ciencia, tiene la obligación de investigar y profundizar en lo que se piensa pudo ser un hecho histórico; dejando de lado prejuicios y creencias, tanto personales como populares, siempre buscando la verdad sin importar si la verdad es o no del agrado personal.
Y lo que encontró la verdadera historia científica es en parte decepcionante para todos aquellos que creen que Jesús resucitó.

En primer lugar, lo que popularmente se conoce como “la principal evidencia” sobre la resurrección de Jesús son los evangelios. Esto quiere decir que es un caso muy débil de evidencias, pues los evangelios fueron escritos alrededor de  30, 40 o 100 años después de que el Jesús histórico debió morir; por lo que los autores de dichos escritos nunca lo conocieron y, por tanto, no pudieron haber confirmado con su testimonio la resurrección como un hecho histórico. Los evangelios no son evidencia de nada entonces.

La segunda “evidencia” son los documentos del predicador Pablo de Tarso, quien murió por su fe, y –por cierto- fue uno de los primeros mártires cristianos. Pablo fue el primero en  afirmar que Jesús fue crucificado por nuestra salvación (siendo Jesús, supuestamente, la persona que más ha sufrido en la historia) y luego resucitó dando prueba de su naturaleza divina. Sin embargo, Pablo tiene un gran problema con la historia, pues al igual que los autores de los evangelios, él nunca conoció a Jesús. Pablo, era de hecho, un perseguidor de cristianos que, después de caerse de un risco, dijo haber visto a Jesús, mientras estaba inconsciente. Fue  a partir de esta visión  que se volvió al cristianismo. De modo que Pablo tampoco puede ayudar a probar que Jesús resucitó.

Otra “evidencia” que cuentan los creyentes es el número de testigos mencionados en la biblia. Si juntamos los relatos bíblicos, Jesús, luego de resucitar, se apareció en más de once  ocasiones a diferentes personas; desde la aparición a María Magdalena en la entrada de la tumba, e incluso la escena en que Santo Tomas – a quien hacen pasar como alguien escéptico- mete el dedo en las llagas de la crucifixión. Pero, ¿Qué no ya se descartó la biblia como fuente histórica confiable?  Resulta ser que con cada evangelio, se cuenta una historia diferente sobre los testigos de la resurrección.

Contradicciones Bíblicas

Dependiendo del evangelio del que se hable, se narra una historia distinta sobre cómo fue la escena de la resurrección. Por ejemplo, en Mateo 28:1, se narra que al tercer día después de la crucifixión, “fueron María Magdalena y la otra María (según la Biblia Latinoamericana, la madre de Santiago el menor) a visitar el sepulcro. De repente se produjo un gran temblor: el Ángel del Señor bajó del cielo y, llegando al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima.” Luego de tan escalofriante acontecimiento, Mateo nos cuenta que los guardias (en este evangelio había guardias en la tumba) quedaron paralizados del miedo “como muertos”.

El ángel les habló a las mujeres para decirles que no temieran y que vieran con sus propios ojos que el sepulcro estaba vacío. Jesús “ha resucitado tal como lo había anunciado”, asegura el espíritu de luz.

Luego de esto, las mujeres corren hacia donde se encontraban los apóstoles para darles las “buenas nuevas”. Entonces, Jesús se les aparece a las mujeres, anunciándoles que deben ir con los apóstoles a Galilea, donde lo verán.

La escena que narra Mateo tal vez sea bastante familiar a como lo retratan las películas de poca calidad de semana santa, pero lo importante en este pasaje es distinguir las características del supuesto hecho: primero, las personas que van y visitan la tumba son solo dos mujeres (la Magdalena y la otra María); segundo, lo que sucede es un terremoto, un ángel baja del cielo y mueve la piedra del sepulcro; en la tumba, había guardias romanos; Jesús apareció a las mujeres antes de que éstas llegaran con los discípulos.

En cambio, el evangelio de Marcos narra una historia distinta. En Marcos 16:1 se asegura que María Magdalena, la otra María y Salomé fueron a la tumba temprano. Luego se nos dice que la piedra de la tumba ya estaba movida; al entrar al sepulcro, las mujeres vieron a un “joven sentado al lado derecho, vestido enteramente de blanco…”, al parecer, se trata de un ángel que les dice que Jesús ya resucitó, y que ellas tienen que avisar a los discípulos. Luego dice que por miedo, las mujeres no dijeron nada. Al párrafo siguiente, Jesús se aparece solo a María Magdalena para ella informe a los apóstoles. Éstos no le creen.

 Si bien el relato continúa, hasta aquí hagamos comparaciones: en Mateo se dice que solo fueron dos mujeres las que visitaron la tumba el domingo por la mañana. En Marcos, son tres; en Mateo, se narra que había guardias, que ocurrió un gran temblor y que la piedra fue movida por un ángel que bajó del cielo. En Marcos nada de esto ocurre; en Marcos, dentro de la tumba se encontraba lo que parece ser un ángel (aunque el evangelio no lo dice) que les dice a las tres mujeres que Jesús resucitó. En Mateo, las dos mujeres ni siquiera entran a la tumba, pues el ángel que movió la piedra les dijo que su maestro había resucitado; en Mateo, las dos mujeres van con los discípulos, y ahí mismo Jesús se aparece. En Marcos, Jesús primero se le aparece solo a María Magdalena.

 Las anomalías y contradicciones son evidentes: ¿fueron dos o tres mujeres las que visitaron la tumba? ¿Fue un ángel que bajó del cielo el que movió la piedra o la piedra ya estaba movida con un ángel dentro de la tumba? ¿Había o no guardias romanos? ¿Hubo o no un gran temblor? ¿Jesús se apareció a todos al mismo tiempo, o primero a María Magdalena?
Si continuamos con la comparación de la escena de la resurrección en los evangelios de Lucas y Juan, encontraremos aún más anomalías. Lo mismo puede hacerse con cualquier escena bíblica. El nacimiento, la huida a Egipto, el periodo de prédica, los milagros y sus testigos, la última cena, la traición, el juicio, el vía crucis… los testimonios y la forma en las que “ocurrieron”, dependen del evangelio del que se hable. ¿Qué cosa demuestran las contradicciones e historias distintas entre los evangelios?

Teorías ¿alternativas?

Antes de responder a esta pregunta, debemos recordar que todo en la biblia fue escrito por personas que nunca conocieron a sus protagonistas y,  por tanto, gran parte de esto pudo ser exagerado o simplemente inventado, para que más personas creyeran en esa época –plan que 2000 años después aun sigue resultando-.Entonces, ¿qué pasó con Jesús después de la crucifixión? Es algo que, debido a que no tenemos fuentes confiables de esa misma fecha, probablemente nunca lo sepamos con certeza. Sin embargo, historiadores, filósofos  creyentes, agnósticos, ateos y escépticos teológicos,  autores de ciencia ficción y otros, han sugerido varias teorías al respecto. Teorías que, por cierto, la Enciclopedia Católica se encarga de descartar sin mucha necesidad de recurrir a la explicación sobrenatural.

La primera teoría expuesta afirma que Jesús fue dejado en la cruz hasta que las aves carroñeras lo despedazaron. Esto lo harían los romanos con el objetivo de que sus seguidores desistieran de toda esperanza que su mesías les había dado. Otra variante de esta teoría dice que los romanos arrojaron el cuerpo de Jesús ya muerto a una fosa común donde otros carroñeros lo devoraron. La teoría fue ampliamente sostenida y defendida por filósofos de la Ilustración anti-religiosos. La Enciclopedia Católica dice que esta teoría no tiene sentido porque, el día en que crucificaron a Jesús era el día antes del Sabbat y que los difuntos debían ser enterrados según la ley judía. Este es un hecho que la historia corrobora.

Una teoría más dice que Jesús simplemente era un farsante y todo su grupo de seguidores lo sabía. Según esto, Jesús utilizó distintos trucos de magia para hacer creer que él era el mesías salvador. Cuando fue crucificado, sus apóstoles escondieron el cuerpo y luego afirmaron que éste había resucitado. Otra vertiente de la teoría  afirma que no fueron los apóstoles, sino los enemigos de Jesús (quizás los romanos o los sacerdotes judíos) quienes escondieron el cuerpo para evitar disturbios. Los creyentes afirman que esto carece de sentido, pues si la resurrección era un fraude perpetrado por los apóstoles, entonces ¿por qué darían sus vidas por una mentira? También afirman que los enemigos de Jesús no necesitaban para nada el cuerpo. Esta teoría, junto a la primera, suelen ser sostenidas por grupos y autores anticatólicos, haciendo que éstas tengan una carga ideológica, quizás comparable con la carga ideológica de su lado opuesto que asegura el evento sobrenatural.

Otra teoría (mas fantasiosa que las anteriores) dice que Jesús estaba todavía estaba vivo cuando lo bajaron de la cruz. El libro The Jesus Conspiracy, de Holger Kersten, afirma que las evidencias que ofrecen la biblia e incluso el famoso sudario de Turín, apuntan a que Jesús sobrevivió y después de la cruz vivió una larga vida. Esta misma idea suele ser sostenida por tradiciones islámicas, las cuales afirman que Jesús sobrevivió a su tiempo y huyó hacia alguna parte del medio oriente (tal vez hacia Cachemira, en la India o incluso en Japón) para vivir una larga y tranquila vida.  Sin embargo la Enciclopedia Católica dice, con mucha razón, que desde el punto de vista forense, es improbable que Jesús haya sobrevivido a torturas y a una crucifixión. Otro punto en contra son las fuentes que Kersten utiliza para sostener su hipótesis: la biblia y el sudario de Turín, las cuales son fuente de información poco confiable. De modo que esta también es descartada, tanto por ser improbable (hay teorías más simples y con menos supuestos) como por carecer de evidencias.

Por último, una teoría propuesta por fanáticos de los ovnis, asegura que Jesús era en realidad un extraterrestre y que se curó por sí solo; cuando subió al cielo, en realidad volvía a su nave espacial. Esta idea descansa bajo interpretaciones sesgadas en las que se intenta ver en un libro viejo (la biblia) un fenómeno nuevo (los ovnis). La teoría busca a como dé lugar una interpretación al estilo astronautas del pasado. Esta idea es  por demás  ridícula,  carente de evidencias y de sentido común.

Un campo fértil para hacer teología llamarla historia

Existen otras teorías, pero debido a que muchas realmente rallan en lo absurdo, no serán mencionadas en este escrito. Entonces, especula la Enciclopedia Católica, que  debido a que ya no hay evidencias para sostener que alguna de estas teorías sea la correcta, tenemos que admitir,  por tanto, que Jesús resucitó en verdad, o por lo menos eso concluyen los escritores de la citada fuente. Pero concluir este tipo de cosas no solo es incorrecto, sino que además incoherente, pues el que haya ausencia de evidencias que respalden otras teorías, no necesariamente significa que tenemos evidencia de nuestra teoría personal.
                                                                                                    
Dicho de otra manera, el ejercicio de refutar teorías que expliquen lo que sucedió con Jesús después de su muerte, es excelente para el pensamiento crítico, mas sin embargo el que no haya pruebas de que alguna de estas teorías sea la correcta, tampoco es evidencia de que Jesús haya resucitado.

Lo cierto es que en cuanto a la vida y verdaderas enseñanzas de Jesús se refiere, es poco probable que algún día sepamos la verdad, pues como ya lo han expresado antes otros investigadores: “la vida de Jesús es un campo fértil para hacer teología y llamarla historia”. El Jesús histórico es muy diferente del Cristo de la fe, es en lo único en que han concluido los historiadores. Los científicos, rechazan por completo la idea de la resurrección, pues esto es una violación total a las leyes de la física y una imposibilidad desde la biología.

El autor de El Diccionariode los Escépticos, Robert Todd Carroll, concluye de la siguiente forma: “A los que dicen,  que mil millones de cristianos no pueden estar equivocados, les recuerdo que ellos piensan que mil millones de musulmanes están equivocados y que mil millones de hindúes y budistas están equivocados.  Cada una de estas religiones piensa que los otros son engañados. Creo que están siendo todos engañados….Los dos, ateos y teístas, creemos que miles de millones de personas se engañan sobre los dioses y la religión; acabamos de estar en desacuerdo sobre cuáles son los que se  engañan.”

Utilicemos un poco de lógica y sentido común. Supongamos que Jesús resucitó en cuerpo y “alma”, ¿A dónde fue al subir al cielo? ¿A la luna, al sol o quizás era en verdad un extraterrestre? La realidad, ante las evidencias y ante la imposibilidad de violar las leyes de la naturaleza, es que Jesús simplemente no resucitó.  

Aunque, para aquellos que no deseen dejar de creer en los dogmas de fe, pero que a la vez se den cuenta de  la abundancia de evidencias en contra de esta creencia, hay una alternativa intermedia: creer que Jesús resucitó y subió al cielo en espíritu, así el cuerpo se  queda en la Tierra y la fe en que era “hijo de Dios” puede continuar sin que haya  un conflicto con los acontecimientos históricos que envuelven su  vida.
Para aquellos que deseen seguir creyendo que resucitó en cuerpo y alma, pueden seguir creyendo lo que más les plazca, ¿pero entonces donde queda el espíritu investigador y curioso que hace que queramos conocer la verdad? ¿Dónde queda el “afirmaciones extraordinarias necesitan siempre de evidencias extraordinarias”?
Personalmente,  no creo que exista necesidad de creer en lo sobrenatural como fuente felicidad,  para poderse sentir a salvo, o como una razón de existir. ¿Por qué no mejor hacer a un lado lo sobrenatural, lo metafísico, supersticioso y pseudocientífico, y dar pie a la ciencia y a la razón, la cual, además de dar un reconfortante sentido de existencia, proporciona verdades de hecho?   Estas cuestiones quedan al criterio de cada uno de nosotros.
SI TE INTERESA ESTE TEMA

*El artículo Resurrection of Jesus Christ de la New Catholic Encyclopedia ofrece interesante información y una defensa a la explicación sobrenatural.

*El artículo Resurrection de The Skeptic’s Dictionary, de Robert Todd Carroll, contiene reflexiones importantes sobre por qué es importante criticar las creencias religiosas.

*El ensayo The Case Against Immortality , de Agustín Keith, publicado la Skeptic Magazine en 1997, ofrece las principales razones a por qué es imposible que Jesús resucitara.

*El ensayo Las Guerra de Jesús. Otras Visiones Acerca de su Historia, de Miguel Ángel Sabadell, publicado en la edición especial de la revista Muy Interesante de diciembre de 2009, contiene interesantes reflexiones sobre la importancia de separar el Jesús histórico del Cristo de la fe.

*Reciclando el mito de la resurrección, artículo de Ferney Yesyd Rodríguez en el Blog Sin Dioses.

3 comentarios:

  1. Lo único malo con tu blog es que creo que solo lo leemos ateos :P

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  2. Interesante artículo.

    Más personas deberían de leer estas cosas, no necesariamente ateos, escépticos y relacionados. Lamentablemente, y como bien sabemos, los religiosos no se interesan por saber más (no generalizo), porque no les interesa y menos, desarrollar un pensamiento critico.

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