Me acabo de dar cuenta que ya tengo más de medio año sin escribir nada original en este espacio. He dejado pasar muchos temas, tendencias y noticias de los que me hubiera gustado hablar, pero por falta de tiempo y de ganas no lo hice. Sí, admito que he pasado por un bloqueo de escritor y he descuidado tanto este blog como aquellos grupos de facebook que había dedicado para estudio e intercambio de fuentes sobre pseudociencias, ateísmo y criptozoología. Aún me he mantenido activo por facebook, aunque cada día que pasa se hace más evidente que esta red social ya no es suficiente para llegar a más personas.
Pero nada como una de esas polémicas con obvias motivaciones políticas en donde la pseudociencia o, siendo más precisos, la pseudohistoria, se vuelven parte del discurso del demagógo del momento en México (el mismo, por lo menos y siendo muy amables con él, desde 2018). Me refiero al expresidente Andrés Manuel López Obrador. Y es que AMLO, como sus panas y antipanas (?) lo llaman, ha publicado Grandeza (2025), su más reciente obra, donde busca "demostrar que los mejores principios éticos y la bondad que poseemos como pueblo y nación provienen de aquello que heredamos de las grandes civilizaciones del México prehispánico".
Hay por lo menos un punto más que cuestionable en esa sola oración: que los principios éticos sean algo exclusivo de una nación, especialmente una que no solo contó con varias culturas prehispánicas con costumbres y principios diversos, sino que además fue conquistada, colonizada, independizada, vuelta a conquistar y vuelta a independizar, para después pasar a formar parte de un proceso de globalización que ha durado los dos siglos de su existencia y que desde hace décadas se encuentra bajo la influencia de cierta hegemonía política, económica y cultural. Todo eso acarrea no solo un lado oscuro de tragedias, guerra y mucha sangre, sino también de diversidad cultural y una influencia innegable de culturas internas, sí, pero también externas al territorio y el contexto nacional.
Lo cierto, y es importante aclararlo de una vez antes que los amlovers decidan ya no leer más, es que no he leído el nuevo libro de AMLO. [De hecho, no he leído ninguno de sus libros, aunque sí tengo uno, Fobaproa, expediente abierto (1999) y me interesa conseguir tanto el de La mafia nos robó la Presidencia (2007) y Neoporfirismo (2014), por si alguna alma caritativa me quiere dar un regalo de navidad, ahora ya conoce dos opciones]. Siendo muy sincero, no creo que lo vaya a leer, a menos que el asunto que voy a tratar crezca de tal modo, que Grandeza se vuelva una de esas obras magufas de referencia al estilo Mundos en colisión, El retorno de los brujos o Cañitas, o sea, referencia para libros que no se les puede dar credibilidad ni por el título.
Parece que AMLO, para sorpresa de ningún mexicano según yo, ha decidido ignorar a historiadores y arqueólogos nacionales, algunos que incluso han dedicado sus carreras enteras a estudiar un fenómeno que el expresidente ha negado en su libro, pero también durante su presidencia en una curiosa manera de minar la legitimidad del indigenismo que pregona: los sacrificios humanos y la antropofagia en las culturas prehispánicas.







