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viernes, 11 de agosto de 2023

Ovnis del Pentágono: Mucho mame y pocas nueces



Vamos para tres semanas después de la Audiencia sobre Fenómenos Aéreos No Identificados, en donde ex-militares y un ex-agente de inteligencia declararon ante el Congreso de EEUU que existen pruebas tanto de ovnis (bueno, UAPs, o fanis en español) como de restos biológicos "no humanos" de sus presuntos tripulantes. Tres semanas en las que los explotadores del misterio y la conspiranoia han hecho su agosto (literalmente), apareciendo como "expertos" para analizar las declaraciones tan asombrosas en medios de comuniación masiva clásicos, asegurándonos que estamos en "un momento histórico" (otra vez, ya van por el trigésimo momento así, y nomás no llega) y de una vez desapachando a los escépticos ya que "no hay motivo para prestarles más atención". Tres semanas después de este "momento histórico" que muchos medios informan (basados en su propia desinformación) que se trata de un evento único, en el que se cuenta con testigos de oficiales de relevancia afirmando que existe una conspiración para no hablar de ovnis, ignorando completamente los consejos de mesura que el CSI habría publicado (nadie esperaba algo distinto).

¿Y qué ha pasado? Pues, nada. ¿Dónde están esos supuestos 30 testigos que poseen evidencia directa de UAPs y sus tripulantes "no humanos"? Pues, quién sabe. ¿Y esas evidencias directas? Aún no las hay. ¿La ubicación de donde se pueden obtener? Sigue sin saberse, suponiendo que para empezar existen esos lugares. ¿Hay algún indicio que todo esto sea verdad? No, más allá del testimonio de los que declararon el 26 de Julio. ¿Se dio fundamento a alguna cosa que no conociéramos ya antes del 26 de Julio? Tampoco, solo unos videos igual de malos que los primeros que salieron en 2017 cuando comenzó esta nueva fiebre ovni.  Bueno, entonces, parece que hay algunas cosas que los escépticos aún tienen por decir y que valdría la pena escucharlos, si es que lo que nos interesa es realmente saber cuál es la verdad detrás de estas afirmaciones y si realmente estas declaraciones aportan algo que pueda sugerirnos, aunque sea sugerirnos, que tenemos pruebas de visitas de otro lugar del universo.

domingo, 9 de octubre de 2022

E. O. Wilson, la biología y el racismo científico (III)

Necesitamos tener conversaciones brutalmente honestas sobre las formas en que nuestras disciplinas han fomentado el racismo científico y contribuido a la supremacía blanca. Debemos reconocer y exaltar el trabajo antirracista realizado por académicos negros, morenos e indígenas. Existe una necesidad urgente de que incorporemos ampliamente el antirracismo en nuestra ciencia y divulgación científica. Stacy Farina.

Recapitulando lo que vimos en la segunda parte de este caso, habíamos comentado que el nuevo debate sobre las posturas del difunto biólogo Edward O. Wilson acerca de la raza (y las implicaciones de esto en sus aportes científicos), había pasado de ser un caso débil sostenido en un artículo muy malo de Scientific American (aunque muy tergiversado y sobreexplotado por sus detractores. Véase la primer parte de esta serie para profundizar), a volverse un caso que sacudió a algunos de los defensores iniciales de Wilson cuando la revista Science for the People, con un largo historial crítico contra la sociobiología, publicó el descubrimiento de los historiadores de la ciencia Stacy Farina y Mattew Gibbons sobre la correspondencia que sostuvo Wilson con defensores del nocivo "realismo racial". También comentamos que, en ese momento, otros se unieron al debate, incluyendo al editor de la revista Skeptic, Michael Shermer, quien a su vez introdujo al entomólogo y colega de Wilson, Bert Hölldobler para defender a su amigo muerto.


Solo unos días después de la publicación de Farina y Gibbons, los también historiadores de la ciencia Mark Borrello y David Sepkoski publicaron su propio artículo en The New York Review (TNYR), con el título incendiario de "Ideology as Biology". Aunque la defensa de Hölldobler también lo cita, sería Shermer quien terminaría empecinado en llegar al extremo de buscar desprestigiar a los autores de este nuevo "ataque" contra Wilson, comenzando con una serie de intercambios irónicos e insultantes por Twitter con Sepkoski, y terminando con un artículo en el que se pregunta: ¿Fue un racista el GRAN CIENTÍFICO E. O. Wilson? ¡NO! (Nada más le faltó poner: "y que Dios lo tenga en su santa gloria").

sábado, 30 de abril de 2022

Derechos trans y movimiento escéptico: ¿una trampa retórica contra las atletas trans?

He estado mirando cómo algunos escépticos se han unido al debate sobre los derechos trans, así como a supuestos problemas sociales y de salud mental que habría detrás del aumento en la población de las personas trans, especialmente al hablar de transiciones a una edad muy temprana. Mi primer impresión debería ser de entusiasmo, porque, como he comentado en otros escritos, el movimiento escéptico ha continuado extendiendo su canon más allá de las afirmaciones paranormales y pseudocientíficas "clásicas", cuestionando la evidencia científica de los reclamos extraordinarios en economía, política y las instituciones académicas. Este movimiento escéptico extendido con el que muchos han (hemos) soñado también podría ser de gran relevancia para otros movimientos, como en la defensa de la justicia social (tan cercana a su vez al humanismo secular), precisamente como lo es el activismo trans. Pero la realidad, es que varios autores escépticos han estado cuestionando los movimientos de defensa de los derechos humanos (lo que por sí mismo no es malo, sino completamente necesario para evitar el dogmatismo y su aislamiento como cajas de resonancia), prestando especial atención al activismo trans, incluso uniéndose en ocasiones a grupos antiderechos, como los grupos TERF.

Así, por ejemplo, Michael Shermer escribió un artículo para el dossier del actual número de Skeptic, respecto a los derechos de los atletas trans a competir contra el género con el que se sienten identificados (un primer punto que me parece extraño, es que se concentran en mujeres trans o MTF). Aquí, Shermer hace una revisión de la normativa vigente, así como del historial de la nadadora Lia Thomas, comparando su trayectoria cuando aún competía en la categoría masculina y sus actuales triunfos en la femenina. Con su estilo propio de claridad mezclado con sus experiencias personales en los deportes, Shermer hace un argumento interesante que continúa en un segundo artículo para su blog, con puntos más cuestionables. Lo que me parece especialmente sospechoso, más que los artículos de Shermer, es la postura global que parece estar tomando la Skeptic's Society que dirige, donde varios miembros parecen estar cuestionando distintos puntos del activismo trans y, si se les acepta a todos, lo que terminamos teniendo es una posible actitud restrictiva contra las personas trans, atletas en este caso específico.

lunes, 7 de marzo de 2022

¿Qué pueden ofrecer los escépticos sobre el conflicto Rusia-Ucrania?

Tradicionalmente, el movimiento escéptico suele relacionarse con aquellos temas extraños que quedan fuera de la opinión pública "oficial" (por decirle de alguna manera) o que generan debates en la frontera de lo controvertido. La existencia de los fantasmas, las casas embrujadas, los poderes psíquicos, los milagros, los ovnis, los duendes o el chupacabras; la efectividad de la homeopatía, la acupuntura, la oración o el exorcismo; los "misterios sin resolver" resueltos varias veces, como la Atlántida, el triángulo de las Bermudas, los círculos de cultivo, el sudario de Turín, las profecías apocalípticas o los antiguos astronautas; pseudociencias como la parapsicología, el creacionismo, la fusión fría, el psicoanálisis o la grafología; o las conspiranoias mundiales, como las de los reptilianos, los Iluminati o el Nuevo Orden Mundial. (Habría que añadir que, en el mundo hispanoparlante al menos, el escepticismo se ha mezclado con el ateísmo militante, casi desde sus inicios, siendo populares los nombres del nuevo ateísmo como una bandera más del escepticismo). Es solo de un tiempo para acá (un par de décadas, más o menos), que el escepticismo científico parece abordar, de manera prioritaria, problemáticas más cercanas a los problemas sociales, económicos y políticos que cualquier universidad, programa de televisión o libro de ciencias sociales aborda: la salud pública, la desigualdad económica, las instituciones, la industria, el progreso tecnológico... y la guerra.

Aunque ha habido llamados de atención a los escépticos por continuar en problemas que merecen poca investigación y no significan un reto intelectual, como las creencias paranormales y pseudocientíficas, o que causan daños menores en comparación con las decisiones cuestionables en política y economía, lo cierto es que el movimiento escéptico tiene el potencial de aportar mucha claridad sobre problemas importantes, como el que representa el actual conflicto por la invasión de Rusia a Ucrania

martes, 23 de noviembre de 2021

¿Es la negación de la evolución una forma de supremacismo blanco?


Me encontré con un extraño artículo que raya en lo absurdo y habría pasado desapercibido, y de hecho así fue durante un poco más de un par de meses, de no ser por dos cosas: primero, es un artículo de Scientific American (a partir de aquí SA), una de las revistas de divulgación más prestigiosas del mundo, y 2) el artículo fue usado por Michael Shermer como un ejemplo más de cómo Scientific American se está volviendo "woke" (poco después, el mismo artículo de SA fue tuiteado por Richard Dawkins con la descripción: "Scientific American fue una vez una gran revista"). No abordaremos esta última cuestión (para los interesados, dejaré mi reseña crítica del artículo de Shermer; para una opinión favorable a ese artículo, puede mirarse el comentario de Jerry Coyne), y nos concentraremos en este curioso escrito (que, dicho sea de paso, es un artículo de opinión del que SA niega que, por publicarlo defienda cada una de sus afirmaciones). El artículo es "Denial of Evolution Is a Form of White Supremacy", escrito por Allison Hopper en julio pasado. El objetivo principal de Hopper es "desenmascarar la mentira de que la negación de la evolución tiene que ver con la religión y reconocer que, en esencia, es una forma de supremacía blanca que perpetúa la segregación y la violencia contra los cuerpos negros."

La revista generalmente es vista con buenos ojos por proporcionar buenos artículos de divulgación científica, lo que no significa que todo lo que publican es igual de bueno. Y hay que decirlo, más allá de si SA se está volviendo o no un "nido woke", el artículo de Hopper es tan malo, que ciertamente levanta muchas dudas sobre el proceso de revisión que, se supone, debería hacer esta revista para filtrar los buenos escritos.

lunes, 8 de febrero de 2021

Las recomendaciones de un escéptico: los mejores libros de escepticismo científico

Me he dado cuenta que, con alguna frecuencia, me suelen pedir recomendaciones de lectura para tal o cual tema, sea de divulgación científica, ateísmo, pseudociencias, filosofía o escepticismo. Así que me dije a mí mismo: "mí mismo, ¿por qué no haces un top de recomendaciones?" Y aquí estamos, después de eso. Claro, hacer una serie de recomendaciones no es lo mismo a describir cuáles son las obras fundamentales de cierto campo. Una recomendación es completamente subjetiva, de acuerdo a lo que individualmente se ha aprendido, reflexionado y comparado entre varias lecturas. Una recomendación puede presuponerse como buena o completa a mayor formación se tenga en el área. Por ejemplo, tal vez mis recomendaciones de física no sean tan buenas o completas como lo sería una recomendación de un físico profesional.

Teniendo esto en mente, decidí limitarme a un solo campo (o tema) del que considero tener una formación un poco por encima de lo básico, como para que la mía, sea una recomendación que pueda ser útil o enriquecedora para alguien más. Aunque tal vez podría hacer recomendaciones de algunas otras áreas, pensé que esta es una oportunidad perfecta para comenzar una serie de colaboraciones, invitando a distintos especialistas en ciencia, filosofía, historia, periodismo, etc., para que nos compartan los cinco libros que recomiendan para introducirse y/o que son fundamentales en su respectivo campo.

Así que ya saben, por esta ocasión, la recomendación es mía, pero estén atentos a las siguientes con especialistas invitados.

domingo, 25 de octubre de 2020

El Papa y el matrimonio igualitario: por qué no creo que haya un cambio tangible (aún) en la Iglesia católica


Comentario extendido de mi publicación original en mi perfil de facebook. Aprovechando que el mar de comentarios sobre lo que dijo el papa sobre el matrimonio de parejas del mismo sexo está más calmado, van algunas cosillas que quería decir de a rápido. Siempre que salen noticias positivas desde la Iglesia, me es imposible no recordar las cosas que decía (más o menos) Mario Bunge: que él era ateo, pero no comecuras, y que debía elogiarse siempre que la Iglesia, una de las instituciones internacionales más importantes del mundo (para bien o para mal... yo digo que más para mal que para bien), mostrara avances en el camino correcto hacia el progreso y la aceptación de los derechos de todos. Sin embargo, hay mucho más en la ideología aceptada por la Iglesia que me impide creer que estamos ante un ejemplo de progreso ético, aún cuando sea motivo de reconocimiento los comentarios del papa Francisco.

jueves, 11 de julio de 2019

Hitler no era socialista... da pena tener que explicarlo

"Se trata de hacernos creer que lo que hacen los fascistas no es fascismo; que lo que hacen quienes se oponen al fascismo sí lo es. Es una jugada orwelliana; manipular las palabras para controlar el entendimiento: la guerra es la paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza."
Maik Civeira.

Sin duda, publicidad convincente para quien no sabe historia... o sea, para un potencial gran sector de la población, por desgracia.
Hace poco más de un año que terminé una miniserie de cuenta regresiva que llamé "Los mitos sobre Hitler" (aquí la segunda y tercera parte, y acá el de pilón), escritos que me costaron tiempo y algo de esfuerzo en documentarme apropiadamente para tratar cada uno de los puntos que traté. En ese entonces no me había tocado escuchar tan seguido una tontada que hoy, hasta uno de mis autores favoritos la repite como si fuera una verdad obvia: Adolf Hitler era un socialista, y el partido nazi era de izquierda. Insisto, hace un año tal bobada no me era tan familiar (repetida cada vez más en nuestro tiempo por la alt right). Había escuchado más que Hitler era darwiniano, que había establecido contacto con extraterrestres o que era inocente del Holocausto. (O tal vez ignoraba más a los libertarios y sus parientes conservadores).

Hoy cada vez son más los grupos y sitios web (usualmente de derecha, en especial de libertarios) que aseguran que Hitler estaba más cercano a dictadores "socialistas" como Stalin, Castro o Maduro, y que el nazismo cumple todas las características de un gobierno (o mejor dicho, una dictadura) socialista. Los autores libertarados liberfachos libertarios que promueven esta mentira, tienen un punto común con aquellos que aseguran una conexión entre el nazismo y la teoría darwiniana, o que el Führer era ateo: se trata de personas ansiosas por encontrar una conexión nefasta de una idea que odian a muerte (la evolución, el ateísmo o el socialismo), con un personaje que se identifica como lo peor que la humanidad llegó a producir (Hitler y el nazismo). Algo conocido como falacia de asociación.  Y al igual que en los casos de cristianos fundamentalistas alegando el ateísmo darwiniano del personaje más oscuro de la historia moderna, las afirmaciones del socialismo de Hitler no tienen pies ni cabeza.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Top 10: Los mitos sobre Hitler (el de pilón)

"En Polonia, ese estado de cosas se ha [...] resuelto: allí, si los judíos no querían trabajar, eran fusilados. Si no podían, se les trataba como al bacilo de la tuberculosis con el que el organismo de un hombre sano se puede llegar a infectar. Esto no es cruel, si pensamos que, cuando se contagian, incluso a las criaturas más inocentes de la naturaleza, como las liebres y los ciervos, hay que matarlas para que no hagan daño a nadie. ¿Por qué a las bestias que querían traernos el bolchevismo habría que ahorrarles más sufrimientos que a esas criaturas inocentes?" Adolf Hitler.

"¿Cuántas citas más hacen falta para demostrar que Hitler ordenó el Holocausto: cien, mil, diez mil?" Michael Shermer.

Por fin hemos llegado al final de este top-serie sobre algunos de los mitos populares alrededor de la oscura figura del dictador por excelencia: Adolf Hitler (aquí la primera, segunda y tercera parte). Como tardé más de lo esperado para acabar este top, decidí compensar a mis lectores con un mito adicional. Como ya hemos visto, existen distintos tipos de mitos que van desde el chisme infundado (como que era darwinista o judío), los fraudes (como sus presuntos diarios), conspiraciones paranoicas (como los platillos voladores nazis), hasta mitos que derivan de curiosidades e incógnitas históricas válidas (como el saber si era ateo, vegetariano o compañero de clase de Wittgenstein).

En esta ocasión examinamos un mito algo distinto: uno en el que se busca reivindicar a Hitler, asegurando que una de las atrocidades más infames de la historia, el Holocausto, no fue ordenado por el Führer. Entre los negacionistas, hay esta vertiente que asegura que Hitler nunca se enteró del Holocausto y por tanto fue inocente de este atroz crimen. Aprovechándose de una auténtica polémica histórica, esta variante de la negación del Holocausto tergiversa datos históricos y controversias a su favor apresurando las conclusiones.

domingo, 16 de abril de 2017

Creacionismo y negación del Holocausto

Las pseudociencias pueden clasificarse de mil maneras, dependiendo qué es lo que queramos explicar o enfocar sobre ellas. Una forma dual de clasificarlas es la división entre pseudociencias que podríamos llamar positivas y aquellas que son negacionistas. Mientras el primer grupo está conformado de pseudociencias que se empeñan en "demostrar" la verdad y/o eficacia de cierta idea, producto o artefacto, la segunda consiste en negar conocimientos bien establecidos.

El primer grupo, casi siempre, busca "integrar" sus supuestos descubrimientos al grueso del conocimiento científico. Este es el caso de aquellos que buscan demostrar la existencia de platillos voladores, la memoria del agua, la influencia de los astros, los poderes psíquicos o el hallazgo de un plesiosaurio vivo en algún lago europeo. También podemos encontrar pseudotecnologías con este mismo propósito, tales como las máquinas de movimiento perpetuo, los detectores moleculares estilo GT200 o los productos milagro anunciados en televisión. Aunque es claro que cada una de estas creencias y prácticas contradicen uno o varios postulados y conocimientos de la ciencia, no hacen énfasis en ello, sino que buscan vender su idea o producto como parte de la ciencia.

Los movimientos negacionistas hacen lo contrario. Se trata de grupos que se empeñan en negar la validez o la eficacia de ciertas partes del conocimiento científico o la ciencia en general: el creacionismo, la negación del Holocausto, la negación del sida, la negación del calentamiento global, la negación de la enfermedad mental, los grupos anti-relatividad, los antivacunas, los antitransgénicos, etc. Son pseudociencias que, más que empeñarse en mostrar "algo", buscan negar explícitamente hechos más que corroborados (la evolución, el origen antropogénico del calentamiento global, el Holocausto) o adelantos tecnológicos que han demostrado ser útiles, seguros y/o eficaces (vacunas, wifi, transgénicos).

viernes, 6 de noviembre de 2015

Recomendaciones (por atrasado)

El tiempo sigue pasando y yo sigo sin tener tiempo (y a veces ganas) para acabar mis publicaciones pendientes (algunos adelantos: una nota sobre el veganismo, algo sobre la tauromaquia, algo de monstruos extraños de la criptozoología, algunos consejos para los curanderos y alternativistas, y algunos mitos sobre personajes como Hitler y Einstein). Por fortuna, internet está plagado de información, de ensayos y videos de contenido por demás interesante. Aquí algunas recomendaciones de las lecturas que durante el mes de octubre consulté (así como estos primeros días de noviembre), esperando les interese. Al final de este mes espero pasar por aquí con más recomendaciones. Sin más por decir, espero lo disfruten.

viernes, 15 de noviembre de 2013

¡Cientificismo sí, positivismo no! Denuncia de la arrogancia filosófica por ignorancia científica

El siguiente escrito lo presenté como ponencia en la VI Jornada Filosófica, en el coloquio estudiantil de epistemología (el único en toda la jornada. Parece que todos se obsesionaron con la filosofía política, dado que se atascó de coloquios sobre este tema). 

Esperando críticas y algo de problemas que tal vez se saldrían del tema al que defiendo en la ponencia, en mi presentación suprimí gran parte del escrito, por lo que aquí lo transcribo con todo y las referencias bibliográficas utilizadas. La referencia 16 fue una referencia agregada después de que mi ponencia fuera revisada por el comité organizador. También cabe señalar que el escrito fue corregido gracias a comentarios y críticas hechas por mi maestro Mario Alberto Lozano, con el fin de que quedara más legible y con mejor contenido.

Sin más aclaraciones, espero disfruten mi defensa de lo que se conoce como cientificismo moderado como una postura personal racional y coherente con la actividad científica y su filosofía. Como ya saben, sus críticas y comentarios son bienvenidos.

Antes de que usted decida retirarse, persignándose y acusándome en su mente de hereje tan solo por tan provocativo título, le pido que cuente hasta diez y escuche mi propuesta. Ahora que se ha relajado, pongámonos claros en este asunto.

Desde tiempos inmemorables, los “intelectuales” han separado la cultura humana con todas sus riquezas en dos grandes bloques que son hoy conocidos como las dos culturas1. Estas son las ciencias por un lado (y por ciencias no entran aquellas que llamamos ciencias sociales, pero sí tienen cabida las ciencias naturales, la tecnología y la técnica) y las humanidades por el otro (comprendiendo por estas a la filosofía, las artes, la política y las ciencias sociales). Ya con el mismo concepto nos refiere que las ciencias no pueden ser “humanas” o “humanistas”, y que las humanidades no pueden ser “científicas” (en el sentido de cientificidad que tienen la física o la astronomía).

¿Qué hay de malo con ver nuestra cultura de este modo? En primer lugar, esta es una visión falsa e inadecuada de la cultura; en segundo lugar, al ser una falsa visión de la cultura tiene implicaciones obviamente falsas sobre las manifestaciones culturales y su relación en tanto manifestaciones humanas. Expliquemos estos puntos. La noción de las dos culturas es falsa porque no puede haber ciencia sin humanidad, y es indiscutible que no se puede imaginar, hoy por hoy, humanidad sin la ciencia. Es falso que la ciencia o la tecnología deshumanicen al ser humano,  sino todo lo contrario pues hasta donde sabemos, no existe otro ser vivo en el universo que sea capaz de crear conocimiento científico y aplicarlo para producir herramientas con un fin pragmático específico. La ciencia es una de las variadas características de lo que nos hace humanos. La ciencia también es cultura humana y humanista. Y llamarse humanista ignorando la ciencia es, basado en esto, un acto de irresponsabilidad intelectual.

Hace un siglo, quien ignoraba La Iliada era tildado de ignorante o inculto. Hoy lo es, con igual justicia, quien ignora los conceptos básicos de la física, la biología, la química, la economía o las ciencias formales. Y con mucha razón, porque estas disciplinas nos ayudan mucho mejor que Homero a desenvolvernos en la vida moderna; y no solo son más útiles, sino que son también intelectualmente más ricas2. Y es aquí donde entramos en conflicto, pues a menudo muchos “humanistas” sienten ofendido su orgullo por un aparente desprecio hacia todo aquello que se llama filosofía, literatura, arte… en fin, una ofensa al orgullo de “las humanidades”. Hasta cierto punto tienen justa razón para sentir esto, pues muchas veces discursos del tipo “anti-humanismo” son usados efectivamente para menospreciar todo aquello que no entre en lo que se conoce como “el método científico”.

 Los “humanistas” heridos lanzan su ofensiva asegurando que la ciencia solo es un constructo social relativo al contexto histórico y la ubicación geográfica. Algunos, como en un momento lo hizo el showman que se autonombraba filósofo, Paul Feyerabend, buscando una ciencia más “artística” o más humana, llegaron asegurar que “en ciencia todo vale” y que la validez de esta es igual que la de la religión o el mito. Los “científicos” contestan a estas afirmaciones asegurando que estas carecen de contenido real, que son solo palabrería, bonita retórica que demuestra que “las humanidades” han muerto o que no tienen nada que aportar a la sociedad tal como la ciencia lo hace en la actualidad. Así tanto “humanistas” como “científicos” se arrojan grandes trozos de heces fecales menospreciándose unos a otros.


Si un filósofo, un sociólogo o un poeta hablan algo sobre la ciencia, se dice que solo abusa de términos científicos que ni siquiera entiende (y en algunos casos sucede así realmente). En cambio si un biólogo, un físico o un astrónomo habla sobre las implicaciones filosóficas o culturales de alguna teoría, se le acusa de reduccionista (y también en veces ocurre que es verdad), de ignorante de humanidades, de positivista o de cientificista. En fin, se le acusa de hereje por meterse en un campo que presumiblemente ignora. Entre los partidarios principales de ambos bandos se cuentan algunas de las mentes más brillantes que conocemos3. Si bien, es cierto que las humanidades no pueden ser disciplinas confiables ignorando por completo a la ciencia (y viceversa, conocimiento científico no está completo sin una comprensión humanista), es provocativo e insultante las etiquetas que desde estas se lanzan a la ciencia: reduccionista, positivista y, la peor, cientificista. Estos peyorativos no solo se utilizan para satanizar la ciencia, sino que también la confunden con tecnologías y teorías político-económicas con visión de progreso industrial y enriquecimiento privado (a saber, el neoliberalismo). Se asegura que la ciencia es la fuerza que oprime a la sociedad, que es “una verdad relativa”, un “relato” entre muchos. Desde luego que los ataques del mismo estilo lanzados desde la postura “científica” merecen igual espacio para la reflexión y el análisis crítico, pero en este momento concentrémonos en las acusaciones de reduccionista, positivista y cientificista.

Siempre que se critica alguna propuesta del tipo religiosa, filosófica, política, económica o sociológica desde un pensamiento crítico sustentado en la ciencia, por más válidos argumentos que la crítica pueda tener y por más hechos en los que se sustente para decir que el discurso atacado es contradictorio o no se ajusta a la realidad, lo cierto es que nunca falta el que salga gritando ¡reduccionista! ¡positivista! ¡cientificista! Este fenómeno (si es que se me permita llamarlo así) ocurre sin importar la ideología o postura política que se tenga. Desde la derecha se acusa a la ciencia de promover un ateísmo que atenta contra la moral y los valores de la sociedad tradicional; desde la izquierda, se afirma que el imperialismo científico solo existe para “explotar al hombre por el hombre”, para crear armas de destrucción masiva, para contaminar o para envenenar a la prole con alimentos transgénicos y demás cosas sintéticas4.

Además de la innegable carga emocional de este tipo de retórica, la ignorancia científica y las falacias cometidas, es casi una norma el que en discursos como estos se tache de reduccionista, positivista o cientificista al criticado, como si esto fuera equivalente a decir ¡bruja! ¡hereje! o cosa parecida. Se usan (o mejor dicho, se abusa de) estos conceptos como si fueran sinónimos y como si la visión científica pudiera reducirse a los mismos. Es el sello que indica que críticas basadas en la ciencia no tienen cabida en las llamadas “humanidades”. ¿Pero qué tan honesto y correcto es usar este tipo de acusaciones básicamente estigmatizantes?

Cuando hablamos de reduccionismo, a menudo se suele referir a esa idea de que los fenómenos sociales pueden explicarse y reducirse a fenómenos biológicos o, mejor dicho, físicos, de modo que solo bastaría con la biología o más aun, con la física para explicar cosas como la creatividad, la socialización, los sentimientos, la oferta y la demanda o las creencias religiosas. Esto es claramente la peor pesadilla de cualquier humanista. Pero resulta ser una pesadilla infundada, tal como explica Gilber Ryle5 pues esta carece de fundamento no solo por ser un temor contingente, sino que además no tiene sentido tal contingencia. Ryle nos explica que si bien es posible que los físicos encuentren un día respuesta a todos los problemas de la física, lo cierto es que no todos los problemas son problemas físicos. Una analogía de esto es comparar la física con el juego de ajedrez: un físico reduccionista entrenado que no sabe nada de ajedrez mira algunos juegos. Después de mirar por un rato el juego de ajedrez y prestar atención a los movimientos, el reduccionista, aun sin que nadie le haya explicado el juego, deducirá ‘leyes’ generales del ajedrez que siempre se cumplen. Así deduce los movimientos que pueden realizar el peón, el alfil o la reina (junto al resto de las piezas). 

El físico reduccionista concluiría que todo el juego está regido por leyes inviolables; desde el momento mismo en que uno toma un peón, la jugada que hará con él es predecible en la mayoría de los casos. El curso total de lo que trágicamente denominan “juego” ya está preordenado sin alternativa. El juego entonces, está gobernado por una necesidad inflexible, que no deja lugar para la inteligencia o la atención. Por tanto, el juego de ajedrez es reductible. Desde luego, una conclusión así no sería en lo más mínimo científica ni se ajustaría con la realidad en el juego de ajedrez. Un jugador experimentado se reiría de una conclusión semejante, diciéndonos que, si bien es predecible que al mover un alfil este se detendrá en un casillero del mismo color gracias a las “leyes físicas del ajedrez”, de estas no es deducible si el alfil se moverá en un momento u otro durante el juego.  Existe en el juego un amplio campo para que se ponga de manifiesto la inteligencia o la estupidez para pensar y elegir. Nada de esto es reductible a las “leyes”. Las reglas son inalterables pero las partidas no son uniformes.6

Desde luego, con esta analogía no se busca sugerir que las leyes físicas son similares a las reglas de juego de ajedrez, sino que se busca dejar en claro que no hay contradicción en decir que uno y el mismo proceso, se acomoda a dos principios de distinta clase y que ninguno de ellos es reductible al otro. De modo que no solo un reduccionismo físico total sería un sinsentido, sino que, de igual manera, un reduccionismo sociológico o cultural es igualmente un sinsentido. Esto tampoco significa que no existe un nivel de reducción en la ciencia, sino que la pesadilla de los humanistas en la que sus disciplinas amadas se explican por leyes físicas es falsa, y entonces, la acusación ante algunas teorías y propuestas hechas desde la ciencia de ser reduccionistas ingenuas, no tienen sentido. Tampoco puede usarse dicho término como un sinónimo de cientificista, aunque tal vez sí de positivista, como veremos más adelante.

El  reduccionismo científico real busca entender los fenómenos por medio de las explicaciones más simples y elegantes. Este es un punto que desde las ciencias naturales se tiene bien presente, pues una explicación reduccionista ingenua no puede ser una explicación científica. Sin embargo, es igual de errado suponer que las ciencias naturales no tienen nada que aportar al entendimiento de los fenómenos sociales y psicológicos. Ambos puntos extremos son pseudocientíficos y pseudointelectuales, además de ser por demás ingenuos.

Por otro lado, el concepto de positivismo suele tratarse con más ambigüedad y confusión. En la historia, el positivismo fue una de las primeras propuestas contemporáneas que consideran a la ciencia como base para la reflexión filosófica, propuesto en el siglo XIX por Auguste Comte, quien se le considera el primer filósofo de la ciencia en sentido moderno7. Comte buscaba suprimir los sinsentidos de la metafísica, exaltando el valor único de la ciencia como productora de conocimiento y única guía para la filosofía y la vida8, sin embargo su propuesta se desvío hacia una doctrina religiosa solipsista. Aunque para el siglo XX el positivismo propuesto por Comte estaba muerto, surgió a finales de la década de 1920 el Círculo de Viena, una agrupación de filósofos que buscaban formar una nueva epistemología, denominada por ellos como empirismo lógico, pero pasando a la historia con el injusto nombre de positivismo lógico. Ya desde entonces, el tachar alguien de positivista o de “neopositivista” ya era una etiqueta que te identificaba como un reduccionista que prestaba más atención al análisis lógico del lenguaje que a la actividad filosófica y científica del mundo real.

El empirismo lógico marca el punto de partida de la filosofía de la ciencia como disciplina académica, y es incuestionable su valor histórico y filosófico. El desarrollo posterior de la filosofía de la ciencia se estructura en mayor o menor medida en comentarios y críticas ante las tesis defendidas o atacadas desde el Círculo de Viena. Sin embargo, el empirismo lógico defendía una serie de afirmaciones como únicas características para que un enunciado o una teoría pudiera calificarse de científica o de tener sentido. La teoría o enunciado analizado, se decía, tiene sentido si y solo si existe un procedimiento experimental que lo verifique. De no ser así, es metafísica y no ciencia, y por tanto no tiene sentido. Enunciados que no cumplían con lo anterior eran pseudoenunciados que no hacían otra cosa más que causar pseudoproblemas filosóficos. Esto limita tanto a la ciencia como a la epistemología al ver como únicas formas viables de tener enunciados y teorías con sentido, solo mediante el verificacionismo, el inductivismo y el reduccionismo conceptual9. Tesis que desde las críticas de Popper, Hempel, Kuhn, Lakatos, Moulines y Bunge (entre otros) sabemos que no se sostienen y acaban en una contradicción. El enunciado “existe el mundo más allá de nuestra propia mente”, un enunciado que se acepta como válido para poder hacer investigación científica, se dice desde el empirismo lógico que es un sinsentido ya que no existe manera de demostrar de forma absoluta dicha afirmación. También decir que el principio de verificabilidad es el único criterio de validez científica no puede ser verificado, por tanto es un sinsentido, y por tanto, el empirismo lógico acaba por ser autoaniquilante. Esto hizo que la corriente que todos llaman positivismo lógico muriera más o menos a finales de la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de que el reduccionismo total carece de sustento científico y que el positivismo lógico murió hace más de medio siglo, de nada ha servido que esto sea aclarado una y otra vez, pues una y otra vez las descalificaciones de reduccionistas y positivistas siguen apareciendo, pero ahora con el único fin de descalificar más que señalar que alguna propuesta pertenezca a alguna doctrina o postura que obedezca a dichos conceptos. Ya que en la historia se le recuerda a estas ideas como fracasos intelectuales, cuando alguna propuesta hecha desde la ciencia se hace para complementar alguna idea o teoría en antropología, sociología o filosofía, se le descalifica de positivista o reduccionista de forma ambigua, con el único fin de asegurar de forma implícita que dicha propuesta no sería más que un fracaso intelectual como los de Comte y Carnap. Eso aquí y en China se llama retórica tramposa, una muestra de arrogancia y prejuicio. Pero la ambigüedad y el prejuicio no paran aquí.

En los últimos tiempos, cuando un científico parece presentar una teoría con implicaciones sociales, o se asegura que desde la ciencia se puede explicar los por qué filosóficos10 o el debe ser de la moral11, se asegura, sin análisis previo por lo regular, que ésta será una propuesta cientificista. ¿Pero qué es el cientifismo? Si tratamos de sacar la definición de quienes abusan de este concepto, “el cientificismo es cualquier cosa menos claro”. El cientificismo, en un sentido fuerte, es la postura que asegura que solo las afirmaciones científicas tienen sentido, sin embargo, esta afirmación no es un enunciado científico y por tanto, carece de sentido.12 El cientificismo fuerte es pues, igual que el empirismo lógico, autoaniquilante. Esta concepción parece haber sido formulada por Ludwig Wittgenstein en su Tractatus Logico-Philosophicus (1922) cuando afirma que “la totalidad de las proposiciones verdaderas es el conjunto de las ciencias naturales…”; según se cuenta, Wittgenstein repudió tiempo más tarde esta conclusión.13

Desde esta perspectiva, cualquiera que diga que esto no es una tontería estaría negando algo evidente. Pero este no es más que una forma de interpretar el cientificismo. El uso peyorativo de cientificismo tan negativo usado por “humanistas”, se ha venido lanzando ahora desde las filas de la pseudociencia y la anticiencia. Investigadores del fenómeno ovni, parapsicólogos, defensores del creacionismo del diseño inteligente, psicoanalistas, sociólogos posmodernistas y gurúes de la new age, acusan a todos aquellos que no comparten sus retorcidas formas de ver la realidad de cientificistas, causando mayor confusión aun. El cientificismo ahora se mira más como una palabra para asustar que como una etiqueta para cualquier doctrina coherente14.

Debido a la ambigüedad del cientificismo como peyorativo, algunos autores como el historiador de la ciencia y columnista de Scientific American Magazine, Michael Shermer, se vieron en la necesidad de hacer una definición coherente de este concepto en un sentido débil o moderado. En esta se asegura que la ciencia, si bien no es perfecta ni una verdad última y revelada, es la mejor fuente conocimiento, la mejor herramienta para explicar el mundo natural y social. “El cientificismo es una visión científica del mundo que abarca las explicaciones naturales para todos los fenómenos, evita las especulaciones sobrenaturales y paranormales, y abraza el empirismo y la razón como los dos pilares para una filosofía de la vida adecuada para la Era de la Ciencia” asegura Shermer.15

De Izquierda a Derecha: Michael Shermer, Sam Harris, Stephen Hawking, Steven Pinker, Richard Dawkins y Mario Bunge.
Cada uno de estos grandes pensadores se han declarado, implícita o explícitamente, cientificistas.
A pesar de esto, es posible distinguir un "nivel" de cientificismo en cada uno, pues mientras unos
consideran a la ciencia como única vía del conocimiento (Hawking y Dawkins), otros consideran que disciplinas no
científicas como la filosofía y las humanidades también juegan un papel importante en la comprensión del cosmos, la vida,
el ser humano y su historia. (Pinker y Bunge). Algunos otros consideran que problemáticas que hasta ahora han estado
relegadas a la filosofía, como la moral, pueden en realidad ser objetos de estudio científico (Shermer y Harris).
El cientificismo, sin embargo, ha sido criticado en todos sus niveles. Uno de sus principales críticos es el filósofo Massimo Pigliucci.

Es a este punto al que he querido llegar a lo largo de esta brevísima revisión de la denuncia infundada y ambigua, el punto en el que se define el cientificismo, no como un calificativo negativo que muestra ignorancia y arrogancia, sino como una postura. Para una definición más completa, defendible y que se ajusta con la auténtica visión de los científicos con intereses filosóficos y de los filósofos que buscan filosofar científicamente, Steven Pinker en su artículo “La ciencia no es su enemiga”, publicado en agosto de 2013 en New Republic nos dice que el cientificismo… no es la creencia de que los miembros del gremio profesional llamado ‘ciencia’ son particularmente sabios o nobles. Por el contrario, las prácticas de definición de la ciencia, como el debate abierto, la revisión por pares, y los métodos de doble ciego, se han diseñado expresamente para eludir los errores y pecados a los que los científicos, siendo humanos, son vulnerables. El cientificismo no significa que todas las hipótesis científicas actuales son verdaderas; la mayoría de las nuevas no lo son, ya que el ciclo de la conjetura y la refutación es el elemento vital de la ciencia. No es una unidad imperialista para ocupar las humanidades; la promesa de la ciencia es enriquecer y diversificar los instrumentos intelectuales de la erudición humanista, no destruirlos. Y no es el dogma de que lo físico es lo único que existe. Los propios científicos están inmersos en el medio etéreo de la información, incluyendo las verdades de las matemáticas, la lógica de sus teorías, y los valores que guían su empresa. En esta concepción, la ciencia va de la mano con la filosofía, la razón y el humanismo de la Ilustración. Se distingue por el compromiso explícito de dos ideales16, y son éstos los que el cientificismo  pretende exportar al resto de la vida intelectual.”17

Este punto es, en mi opinión, lo más importante, la aceptación de que la cultura no se compone de ciencias “Y” humanidades, sino que cultura solo hay una. La cultura que une las humanidades con la ciencia, a saber, la cultura científica es lo que mejor nos puede ayudar no solo a entender el mundo que nos rodea, sino a expresar nuestros sentimientos, anhelos y decisiones sobre este. Es además esencial para una correcta educación, además de ayudarnos a definir lo claro de lo oscuro. En la sociedad, la ignorancia, el oscurantismo, la superstición y la pseudociencia que se venden como verdades reveladas, representan una amenaza en variados grados. La cultura científica, la postura cientificista moderada, es la mejor herramienta para defendernos del ataque de la irracionalidad. La ciencia es vital para entender a la sociedad.  Nadie ha expresado mejor este punto que el astrónomo y gran divulgador científico, Carl Sagan, quien escribe: “Hemos preparado una civilización global en la que los elementos cruciales  dependen profundamente de la ciencia y la tecnología. También hemos dispuesto las cosas de modo que casi nadie entienda la ciencia y la tecnología. Eso es una garantía de desastre. Podríamos seguir así una temporada pero, antes o después, esta mezcla de combustible de ignorancia y poder nos explotará en la cara…Me preocupa, especialmente… que la pseudociencia y la superstición se hagan más tentadoras de año en año, el canto de sirena más sonoro y atractivo de la insensatez. ¿Dónde hemos oído eso antes? Siempre que afloraron los prejuicios étnicos o nacionales, en tiempos de escasez, cuando se desafía a la autoestima o vigor nacional, cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea. Tiembla su pequeña fuente de luz. Aumenta la oscuridad. Los demonios empiezan agitarse.”18

*Por Daniel Galarza Santiago.
Departamento de Filosofía, CUCSH, U de G. Estudiante de licenciatura en Filosofía.

*Referencias

1.       Término Tomado de la Conferencia de CP Snow, Las dos culturas y la revolución científica (La Conferencia Rede, 1959), Cambridge University Press, Nueva York, 1961.

2.      Cfr. Bunge, Mario; “Filosofar científicamente y encarar la ciencia filosóficamente” (Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires, 1957), en La Ciencia, su Método y su Filosofía, Siglo Veinte Editores, México, 1991.

3.      Cfr. Bonfil Olivera, Martín; “¡Ciencia vs Filosofía!” en blog La Ciencia por Gusto. http://lacienciaporgusto.blogspot.mx/2012/10/ciencia-vs-filosofia.html

4.       En su articulo Sciences is not your enemy ( http://www.newrepublic.com/article/114127/science-not-enemy-humanities ) , el profesor de psicología de la Universidad de Harvard y columnista de The New Republic , Steven Pinker, pone de EJEMPLOS Fragmentos de dos Discursos Lanzados desde la izquierda de Como from La Derecha Política. El Primero, Una "Crítica" de izquierda aparecida en 2011 en The Nation ( http://www.thenation.com/article/160236/same-old-new-atheism-sam-harris#axzz2bloIygM3 ) Hacia tres libros de Sam Harris , Por instancia de parte del historiador Jackson Lears dados:

“Los supuestos positivistas dieron fundamentos epistemológicos para el darwinismo social y las nociones pop evolutivas del progreso, así como para el racismo científico y el imperialismo. Estas tendencias se unieron en la eugenesia, la doctrina de que el bienestar humano se podría mejorar y eventualmente perfeccionar a través de la cría selectiva de los "aptos" y la esterilización o la eliminación de los "no aptos". ... Cada colegial sabe lo que sucedió después: la catástrofe del siglo XX. Dos guerras mundiales, la masacre sistemática de inocentes a una escala sin precedentes, la proliferación de armas de destrucción inimaginable, guerras en la periferia del imperio - todos estos acontecimientos involucraron, en distintos grados, la aplicación de la investigación científica a la tecnología avanzada.”

La segunda “crítica” a la ciencia que muestra Pinker como acusación paradigmática por parte de la derecha política viene del extracto de un discurso del 2007 de Leon Kass, asesor de bioética de George W. Bush, dice:

“Las ideas y los descubrimientos científicos sobre la naturaleza viviente y el hombre, perfectamente bienvenidos e inofensivos en sí mismos, están siendo reclutados para luchar en contra de nuestras enseñanzas religiosas y morales tradicionales, e incluso nuestra autocomprensión como criaturas con libertad y dignidad. Una fe cuasi-religiosa ha surgido entre nosotros -déjenme llamarla "cientificismo desalmado"- que cree que nuestra nueva biología, la eliminación de todos los misterios, puede dar una explicación completa de la vida humana, dando explicaciones puramente científicas del pensamiento humano, el amor, la creatividad, el juicio moral, e incluso por qué creemos en Dios. ... No se equivoquen. Las apuestas en este concurso son altas: la cuestión radica en la salud moral y espiritual de nuestra nación, la vitalidad continuada de la ciencia, y nuestra propia autocomprensión como seres humanos y como hijos de Occidente.”

Jackson Lear respondió a Pinker acusándolo de deshonestidad intelectual al sacar su cita fuera de contexto. Pinker, al parecer, acepta el reclamo al añadir al final de su artículo original la réplica de Jackson Lear.

5.      Ryle, Gilbert; El Concepto de lo Mental, Paidos, Buenos Aires, 1967.

6.      Cfr. Ibid. Pág. 68-69.

7.       "Auguste Comte" en la Stanford Encyclopedia of Philosophy, http://plato.stanford.edu/entries/comte/

8.      “Comte, Auguste”, Doce Mil Grandes, Los Mil Grandes de la Filosofía y la Religión (Tomo 8), Promexa, México, 1982.

9.      Cfr. Moulines, C. Ulises; El Desarrollo Moderno de la Filosofía de la Ciencia (1890-2000), UNAM, Instituto de Investigaciones Filosóficas, México, 2011.

10.  El astrofísico y divulgador científico, Lawrence Krauss afirma, tanto en su obra Un Universo desde la Nada (Pasado & Presente, 2012) como en un debate sostenido con el filósofo Julian Baggini (http://www.theguardian.com/science/2012/sep/09/science-philosophy-debate-julian-baggini-lawrence-krauss), que los “por qué” hechos desde los albores de la filosofía (como el clásico ¿Por qué hay algo en vez de nada?), no tienen sentido y pueden traducirse al “cómo” (¿Cómo llegó a existir algo en vez de nada?), pregunta que la ciencia se ocupa de resolver.

11.  El licenciado en filosofía y doctor en neurociencias, Sam Harris, lleva desde hace un tiempo proponiendo una teoría moral basada en la ciencia que aunque en principio habló de ésta en The End of Faith, dio a conocer abiertamente en su propuesta extendida en su más reciente obra The Moral Landscape (Free Press, 2010). Harris asegura que los valores morales objetivos existen, pero que estos no se basan en la idea de un Dios personal ni en ninguna religión sino en el conocimiento científico y en lo que éste nos aporta sobre el mal o el bien que podemos causar a terceros, incluido el medio ambiente. Su teoría ha sido duramente criticada por sus colegas como Massimo Piggliucci: http://rationallyspeaking.blogspot.mx/2010/04/about-sam-harris-claim-that-science-can.html.

12.   Carroll, Robert T .; "Cientificismo" en The Skeptic's Dictionary , http://www.skepdic.com/scientism.html

13.   Ibid.

. 14   Pinker, Steven; "Science is not your enemy", en The New Republic , http://www.newrepublic.com/article/114127/science-not-enemy-humanities   

. 15   Shermer, Michael; "The Shamans of Scientism", cuarto de Scientific American , Septiembre, 2002. http://www.michaelshermer.com/2002/06/shamans-of-scientism/

16.  Pinker señala que los dos ideales con los que la ciencia se encuentra comprometida son: que el universo es comprensible y que la adquisición de conocimiento es difícil. Es importante reconocer que este y otros puntos del ensayo de Pinker han sido ampliamente criticados por Massimo Pigliucci (http://rationallyspeaking.blogspot.mx/2013/08/steven-pinker-embraces-scientism-bad.html)

. 17   Pinker, Steven; "Science is not your enemy", en The New Republic, http://www.newrepublic.com/article/114127/science-not-enemy-humanities

18.  Sagan, Carl; El Mundo y Sus Demonios, Planeta, México, 2002.

sábado, 8 de octubre de 2011

Los Fallos del Creacionismo parte IV: Perdidos con el Eslabón Perdido

Así es como los creacionistas y los libros incompetentes de primaria ven a la evolución














Definitivamente ustedes pensarían que ya con tres partes del mismo tema sería bueno dejar por la paz a los creacionistas del diseño inteligente, ¿cierto? ¡Pues NO! Claro, ustedes podrían preguntar "¿por qué no? ya para que sigas con tu vida y superes a las choradas creacionistas". La respuesta es muy simple. Como persona, respeto las creencias y opiniones de todos, pero ODIO cuando creencias personales las llegan a hacer ver ante los demás como ciencia. O en palabras simples: ¡Odio las Pseudociencias!

Entre las nuevas pseudociencias que plagan a la comunidad se pueden nombrar a los grupos anti-vacunas, los idealistas dawkinianos de la genética mental, los médicos homeópatas, productos milagro, cazadores de ovnis, negacionistas del cambio climático, mercaderes del supermercado new age... y los creacionistas militantes. Todas estas manifestaciones de la pseudociencia representan un peligro potencial a la sociedad y en especial a la educación, así como a la correcta divulgación de la ciencia y el pensamiento crítico.

En México, los médicos homeópatas, los productos milagro y el supermercado de la new age pueden verse como las principales nuevas pseudociencias que tienen a los medios de comunicación y -por supuesto- al público idiotizados, digo, hipnotizados por esta propaganda de lo absurdo. El creacionismo en México es un tema brumoso pero es sin duda una amenaza latente para la educación científica; y aunque casi no se escucha sobre creacionistas por aquí, lo cierto es que la evolución es enseñada de una forma tan pobre y burda que me atrevería a decir que 8 de cada 10 estudiantes de preparatoria conocen el principal mecanismo de la evolución: la selección natural. El poco entendimiento de la evolución -aunque sea de la forma más básica- hacen de este país un potencial caldo de cultivo para la semilla creacionista. Algunos podrían decir sin embargo, que esa amenaza educativa se ve frenada por la creencia dominante del catolicismo... y en parte es cierto. Los escasos difusores del anti-darwinismo se ven en las filas de los testigos de Jehová, los protestantes, evangélicos y demás denominaciones que mas que nada, son puras sectas comparadas con el monstruo del catolicismo.

Empero, la mayoría de los que son católicos -de nuevo estoy especulando, no tengo estadísticas que corroboren lo que digo-, podríamos llamarlos católicos de etiqueta, ya que son 'católicos' de dientes para afuera. Muchos de ellos no tienen idea de los ritos y dogmas de la fe católica o simplemente no les interesa y ven a su religión mas que nada, como algo con lo que deben cumplir por pura tradición. En fin, después dedicare un artículo al catolicismo, pero al punto al que quería llegar, es que con esta combinación de ignorancia, desinterés y pésimas clases de biología, no veo cómo los divulgadores de la ciencia mexicana no toman en serio al creacionismo militante. Ese es un problema que esperemos se arregle en el futuro, por mientras veamos que quiere decir estar perdidos con el eslabón perdido.

No hay preguntas tontas, solo tontos que hacen preguntas

Si usted se encuentra con un creacionista -ya sea de forma directa o por la red-, y defiende la evolución como un hecho científico,  lo mas seguro es que le haga algunas de estas preguntas como estas: si el ser humano evolucionó del mono, ¿por qué aun hay monos? ¿por qué los un mono no tiene de vez en cuando un ser humano? o ¿cómo sabes que el hombre evolucionó si ni siquiera estabas ahí? Algunas veces podrían aparentar ser mas 'inteligentes' y preguntar cosas como: ¿Dónde están las pruebas empíricas de macroevolución? o lo que es lo mismo ¿Tienes evidencias de fósiles transitivos? Seguramente podría tener una primera impresión de esa persona como alguien que en verdad podría tener conocimientos sobre el tema. Pero esa es justamente la intención, solo aparentar. Las tres primeras preguntas no son mas que derivados de la primera, mientras que las últimas dos se resumen con de manera simple con esta otra pregunta: ¿Tienes pruebas de un eslabón perdido?

Contestemos en orden. Dijimos que las primeras tres preguntas se reducen a: ¿Por qué aun hay monos si el hombre evolucionó de los monos? La pregunta es evidencia de la completa ignorancia de esa persona respecto a la evolución humana, por que de saber sobre evolución, sabría que la teoría evolutiva NO dice que el hombre desciende de los monos, sino que los monos -entendiendo a los primates actuales- y el humano son parientes, primos cercanos que descienden de un ancestro común que vivió hace millones de años y que daría la diversificación de los primates tal y como la vemos hoy. "Ok [podría responder el creacionista], ¿y que pruebas tienes de eso?" Usted podría responder que se cuenta con un registro fósil detallado y bien estudiado, junto con evidencias genéticas, así como pruebas de embriología y anatomía comparadas además de amplios estudios sobre biogeografía. A todo esto, lo más seguro es que solo se objete a una cosa, la primera afirmación: la del registro fósil.

Fósil del Tiktaalik
El creacionista, probablemente, le preguntará ¿tiene usted pruebas de un fósil transitivo? Ante esto podríamos responder que sí. Un ejemplo es el llamado Tiktaalik, una criatura que vivió hace 375 millones de años. El Tiktaalik muestra una serie de escamas y aletas iguales a la de los peces; pero tiene una serie de rasgos anfibios: un cráneo plano, cuello, costillas robustas. El Tiktaalik es un fósil de transición, pues muestra una separación entre las especies hasta entonces existentes.  ¿Con esto demostramos que la evolución es cierta ante el creacionista? La respuesta es un grandísimo No. El creacionista seguramente preguntara, "okTiktaalik y los peces?" la respuesta mas inteligente es un "¿qué?" y es aquí donde el creacionista dirá "¡Aha! no hay pruebas de un fósil transitivo entre anfibios y peces así como tampoco entre humanos y simios".

La clave para entender lo que pide el creacionista es el lenguaje. Podríamos preguntarle qué es para él un fósil transitivo, y nos respondería -probablemente- que un fósil que muestre el punto intermedio de los peces y los anfibios (o sea un pez-anfibio) o de los monos y humanos (un mono-hombre). Aquí es donde encontramos la inconsistencia y falta de cultura científica de esta persona, ya que lo que nos pide es un eslabón perdido. De acuerdo a este tipo de creacionistas -por que los hay de muchos tipos, en variados colores y sabores- el  encontrar un eslabón perdido daría la prueba de que la evolución es verdadera. Mientras no se encuentre el eslabón perdido, la evolución está perdida como teoría por que -según ellos- está incompleta. Este burdo error se le conoce de muchas maneras. Algunos lo llaman ignorancia, otros lo llaman creacionismo ingenuo, algunos mas como el argumento del coco-pato... pero en términos formales parece mas correcto denominarlo falacia del fósil.

En el genial blog de pensamiento crítico, La Ciencia y sus Demonios, nos traducen la definición de falacia del Fósil -un término creado por el escéptico Michael Shermer- como "la creencia de que un único fósil —un solo bit de datos— constituye la prueba de un proceso multiforme y complejo como la secuencia histórica. De hecho, las pruebas se derivan de la convergencia de numerosas líneas de investigación. Son múltiples inducciones independientes que, todas juntas, apuntan a una conclusión libre de error”. La táctica del fósil transitivo en el creacionismo no se refiere en absoluto a lo que el paleontología se denomina fósil de transición, sino al término obsoleto del siglo XIX de eslabón perdido. Esto solo puede ser el resultado del poco entendimiento del proceso de evolución.

La historia evolutiva de la Ballena es otro ejemplo rico en fósiles de transición y sin eslabones perdidos


Resulta ser que las especies evolucionan -es decir, cambian- si así es necesario para la supervivencia de la propia especie. Las adaptaciones evolutivas que forman a una nueva especie ocurren a través de cientos o miles de generaciones por miles o millones de años. Un cocodrilo no dará a luz un pavo real y un chimpancé tampoco dará un humano. Las adaptaciones que hicieron a los humanos, justamente, humanos, así como las adaptaciones que hicieron a las especies tal y como son ocurrieron a través de largas secuencias de ensayo y error de pequeños cambios o adaptaciones -conocido en veces como microevolución-, que después de acumular una cantidad de adaptaciones distintas a las de la especie con la que empezamos dan como resultado una nueva especie -lo que se llama en veces macroevolución-. Un creacionista podría decir que no hay pruebas que muestre que la microevolución da como resultado la macroevolución, a lo cual lo mas inteligente que hay que responder es un "si usted lo dice".
 
De responder de otra forma nos llevará a un círculo vicioso con la falacia del fósil, pues no importa cuantas veces se le explica o se le muestre, usted jamás convencerá a un creacionista que las pruebas de la evolución son prácticamente irrefutables. El creacionismo, al igual que toda pseudociencia le importa muy poco la argumentación lógica correcta y las evidencias que, juntas, muestran un proceso que hoy en día nadie en la ciencia cuestiona por su peso en pruebas, evidencias y hechos que explica.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

*La Entrada Eslabón Perdido, de El Diccionario Escéptico, ofrece una explicación simple sobre esta idea obsoleta de la ciencia

*El Blog de La Ciencia y sus Demonios muestra semana tras semana artículos nuevos que refutan una y otra vez las falacias de los creacionistas, entre ellas, la falacia del fósil.

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