Las teorías de la conspiración son un objeto de estudio cada vez más interesante e importante para distintas áreas científicas (desde la historia a la neurociencia cognitiva), principalmente, porque en nuestros tiempos han dejado de ser parte de la cultura marginal (como son lo paranormal y los ovnis) y se han convertido en peligrosas herramientas del discurso político, principalmente de la derecha que, aprovechándose de conspiranoias populares, como el
pizzagate, el
climategate, la
teoría del gran remplazo, la
ideología de género, el
marxismo cultural o el invento más reciente, el
Obamagate, confunden al público, infunden miedo y desconfianza institucional, y así ofrecen sus propias soluciones (conseguir más votos a su favor, achicar el poder del Estado, dotar de mayor libertad al mercado, o retrasar los procesos de legalización del aborto, del matrimonio y la adopción igualitaria, y de las regulaciones necesarias a las industrias). No solo eso, la conspiranoia forma parte fundamental de las variadas y nocivas manifestaciones del negacionismo, como lo son la
negación del Holocausto, la
negación del Holodomor, los movimientos tecnófobos (
antivacunas,
antitransgénicos y
antiantenas), la
negación del calentamiento global, y los recién nacidos
negacionismos del COVID-19 y las
teorías del conspiravirus.
Los estudios sobre la conspiranoia arrojan interesantes datos sobre la naturaleza del pensamiento conspiracionista y su relación con otras manifestaciones de la irracionalidad organizada, pero lo más preocupante es que parece la información obtenida no parece estar llegando a las calles. La pandemia actual solo ha demostrado la fuerza del pensamiento conspiracionista, con teorías que van de lo impactante a lo ridículo: de
microchips dentro de la vacuna (que aún no existe) creada por Bill Gates contra el COVID-19, la
propagación del virus a través de las antenas 5G (porque obviamente no es un virus, sino alguna otra cosa que propagan las antenas 5G), a las afirmaciones sobre hospitales genocidas donde matan a los pacientes para agregarlos a la lista de infectados y
robarles líquido de sus rodillas (hay una conspiración opuesta: en realidad están muriendo más personas por COVID-19 y los gobiernos los están ocultando a propósito, porque aparentemente el desastre actual aún no es un escenario tan desastroso, así que debe haber un desastre aún mayor, pero encubierto). Las teorías del conspiravirus solo fomentan la desinformación, la desconfianza institucional y ayuda a que las personas no se tomen en serio la pandemia y sus medidas básicas para evitar el contagio. Es un hecho: las personas no saben identificar una conspiranoia sin la mayor base que un mensaje de Whatsapp.
Pero aún hay quienes siguen de frente a la lucha contra el pensamiento conspiracionista, y hacen todo para que la información llegue a la mayor cantidad de personas posible. En uno de los intentos más recientes, algunos de los colaboradores del portal
Verificiencia tradujeron al español la
Guía para las teorías de la conspiración, escrito por
Stephan Lewandowsky y
John Cook, del Center for Climate Change Communication de la George Mason University. Lewandowsky y Cook, ambos especialistas en el pensamiento conspiracionista y los movimientos negacionistas, elaboraron la guía en un formato accesible para todos, resumiendo los hallazgo de los estudios sobre la conspiranoia, para que cualquiera sea capaz de identificar una teoría de conspiración cuando cada que se tope con una.